Una taza de té
Sophie...se llama Sophie y acaba de invitarme a tomar té a su apartamento. Me miro en el espejo del baño, mojo mi cabello con un poco de agua y lo peino hacia atrás. También me pongo algo de colonia. Es una suerte que aún no estaba en pijama, no hubiera querido recibir a Sophie así. Tengo puesto un pantalón gris, una camisa blanca y un saco de hilo azul. Practico algunos gestos delante del espejo.
- Sophie, te gustaría oír un chiste?
No no no. Así no.
- Te gustan los chistes, Sophie?...
No, tampoco. Ah ya sé.
- Sophie...toc toc...
Ah no sé. Estoy demasiado nervioso. Tranquilo Arthur, lo harás bien.
Toco la puerta del apartamento 8B.
- Pasa. Está abierto!- dice Sophie.
Empujo suavemente la puerta. El apartamento es igual al mío pero tiene un toque femenino. Está sin duda mucho más arreglado.
- Pensé que ya no vendrías...
- Ah lo siento, tardé un poco ayudando a mamá.
- Está bien, siéntate Arthur. En seguida traigo el té.
Sophie está de pie junto a la cocina preparando dos tazas.
Me siento en un sillón junto a la mesita de la sala.
- Tu apartamento es muy bonito.- digo.
- Jajajjajaj Gigi tiene razón, realmente eres muy gracioso! Es una maldita pocilga!
- Oh! Uso exactamente las mismas palabras para describir el mío!
Sophie se ríe. Qué agradable es.
- Gigi ya se durmió?- pregunto.
- Oh no, se quedó en casa de mi madre hoy.
Sophie se sienta en el sillón de al lado y pone las dos tazas de té sobre la mesa. Sus rodillas casi tocan las mías.
- Gigi dice que eres payaso...
- Sí, soy payaso. Y tú?
- Yo no.
- JAJAJJAJAJAJ
Me río demasiado fuerte y Sophie me mira un tanto sorprendida. Me tapo la boca.
- Lo lamento. Es que tienes un buen sentido del humor. Ehm, tú a qué te dedicas?
- Trabajo en un horrendo banco.
Sophie hace el ademán de dispararse en la cabeza con los dedos.
- JAJAJJAJA
Ah, no quiero reír así pero Sophie es realmente graciosa. No quiero incomodarla. Mis manos tiemblan un poco por los nervios. Nunca he tenido una cita y menos aún con una mujer tan bonita. Sophie me mira con atención, esperando a que yo le cuente algo más. Pero no sé cómo seguir.
Tomo la taza con una mano pero está tan empapada de sudor que se me resbala y cae, rompiéndose en el piso y salpicando el té por todas partes.
- JAJAJJAJAJJAJAJAJJAJAJA
Esta vez no es por algo gracioso, es un ataque de nervios por haber hecho todo mal y eso termina descontrolando mi risa. No quiero esto, por favor no. No aquí y no ahora. Pero no puedo controlarlo. Trato de ahogar mi risa, tapando mi boca con el brazo pero no funciona. Esta vez Sophie me mira asustada.
- Lo s-siento...JAJJAJAJJA. P-perdón! No quiero... JAJJAJAJAJ reír...
Ella me mira sin entender nada. Busco desesperadamente en mi bolsillo hasta encontrar mi tarjeta y se la entrego. Sophie la lee y me mira con una expresión que no logro descifrar.
- Lo s-siento en verdad JAJA...
Ella coloca la tarjeta de vuelta en el bolsillo de mi saquito.
Espero hasta recuperar el aire.
- No quise ser descortés, lo lamento. Estoy enfermo. Perdón... será mejor que me vaya. Solo déjame limpiar ésto y me iré.
Ya estoy acostumbrado al rechazo. Lo veo venir.
Me levanto pero Sophie me detiene, poniendo una mano sobre mi brazo.
- Está bien. Tranquilo...no pasa nada.
- No quise hacer todo este desastre... discúlpame.
- No te preocupes, tengo más tazas...por favor quédate.
Que me quede? En verdad desea pasar tiempo conmigo? A pesar de mi... condición?
Sophie intenta sonreír para reconfortarme pero hay algo más en su expresión, algo que también hay en la expresión de Gigi cuando me mira. Empatía.
Juntos levantamos los restos de porcelana y Sophie seca el piso con un paño. Vuelvo a sentarme. Intento controlar el temblor de mis piernas. Me siento terrible.
Sophie vuelve con una nueva taza. Sopla suavemente la superficie para enfriar un poco el té. Se sienta y me la alcanza.
- Sujétala con ambas manos.- dice al ver que estoy temblando.
Coloca la taza entre mis manos y pone las suyas sobre las mías.
- Tranquilo...no pasó nada.
Sus manos cálidas y suaves me transmiten tranquilidad y no me suelta hasta que dejo de temblar.
El poco contacto físico que conozco son los golpes que recibo en las calles de manos de desconocidos. Y las palabras que más oigo son insultos y gritos. Pero las manos de Sophie son gentiles y sus palabras son dulces. Ella tiene algo que nadie en este mundo tiene. Paciencia.
- Te sientes mejor?
Asiento con la cabeza.
- Sí...gracias.
Nuestras miradas se cruzan por un segundo, Sophie me sonríe y siento como mis mejillas se ponen calientes.
- Te molesta si fumo?- pregunta de repente.
- Oh no, para nada! De hecho...
Saco una cajetilla de cigarrillos de mi bolsillo y le ofrezco uno.
- Oh, vaya! Son los mismos que fumo yo. Gracias!
Sophie toma uno y yo lo enciendo para ella.
- Dijiste que vives con tu mamá, cierto?- pregunta después de un rato.
- Sí...ella necesita ayuda. Es muy delicada de salud.
- Entiendo.
- Mamá me cuidó bien cuando era pequeño y ahora me toca a mí cuidar de ella. Pero lo hago con mucho gusto, la cuido bien.
Sophie me mira en silencio mientras exhala el humo de su cigarrillo.
- Eres un buen hombre, Arthur.
No sé qué responder a eso. Solo sonrío tímidamente.
- Hay algo que te quería mostrar.
Sophie se levanta y vuelve con un papel de color verde en su mano.
- En la escuela de Gigi le pidieron a los niños que hablaran sobre alguien importante en su vida. Alguien de su elección. Obviamente son muy pequeños para escribir así que le dictaron sus pensamientos a la maestra para que ella los escribiera. Ésto fue lo que dijo Gigi. Creí que te gustaría leerlo.
Sophie me entrega el papel que está doblado en dos. Lo abro cuidadosamente y lo leo en silencio.
Arthur
Arthur es payaso. Tiene una nariz roja y una peluca verde. Él es mi amigo. Me regaló un globo azul y yo le hice un dibujo. Le gusta reír y es muy divertido. Pero también está triste. Por eso le llevo galletas. Lo quiero mucho.
Gigi
Mis ojos se humedecen. Ésto es muy hermoso.
- Gigi es muy amable...- digo - ...igual que tú...-
Le devuelvo el papel.
- Consérvalo. - dice Sophie - Es para ti.-
Doblo el papelito y lo guardo en mi bolsillo.
- Gracias.
Tomamos té en silencio por un momento.
- Cómo llegaste a ser payaso?- pregunta Sophie después de un rato.
- Pues mamá siempre me dijo que mi propósito en la vida era llevar alegría y risa al mundo.
- Eso suena muy bien.
- Me gusta hacer reír a las personas.
- Gigi dice que eres muy gracioso.
- Oh, bueno...jajajaj los niños son más fáciles de complacer. Los adultos...ellos no tienen tanto sentido del humor...
- Es verdad.
- Pero no solo soy payaso. También soy comediante. Bueno...estoy tratando de serlo. Te gustaría oír un chiste?
- Si! Claro.
- De acuerdo, aquí va: Si estuviera en el medio del mar ahogándome, sabes qué haría?
- Mmm, no lo sé...
- Lloraría! Para desahogarme.
- Jajjajajja
Sophie se ríe. En verdad cree que soy gracioso? Yo río también, pero no con esa risa horrible que no es risa, sino con una verdadera.
Es linda, es buena, le gusta fumar y se ríe de mis chistes! Creo que es maravillosa!
- Muchas gracias por el té, Sophie.- digo y le devuelvo la taza vacía.
- Gracias por venir, Arthur.
Ambos nos levantamos y ella me abre la puerta.
- Sophie...
- Si?
- Ehm...no sé si te gusta la comedia en vivo, pero si quieres podrías venir un día. El lugar se llama Pogo's, en la séptima avenida. Estaré ahí el jueves...
- Quizás lo haga...
- Buenas noches, Sophie.
- Buenas noches, Arthur.
