Vamos con la historia de Fu, el científico loco de Dragon Ball Heroes y del videojuego Dragon Ball Xenoverse 2.

Este personaje le pertenece a Toei y al maestro Akira Toriyama.

Quise dejarle el papel de maltratador xD

¡Disfruten!


El chico demonio no me había dirigido la palabra desde que le conté la noticia sobre el embarazo. Al parecer, no le importó. Por ello inmediatamente corrí, yendo al cuarto en donde dormíamos juntos. Cerré la puerta con seguro, sin que Fu me interrumpiera. Mis ojos marrón oscuro se aguaron, intentando contener con el dedo pulgar el líquido salino, como si formara un lago artificial. Desgraciadamente, la punzada sentimental era tan fuerte que esa pared se rompió, derramando lágrimas hacia las mejillas, similar a un río.

—¿Acaso he sido una simple aventura para ti? Debí cuidarme de los anticonceptivos, y… ¡Esto me pasó por ser cabeza de pollo! —La rabia contenida en mi interior hizo que el llanto se intensifique—. Yo no me haré un aborto, ya que no tienes la culpa de nuestras tonterías, criatura. —Acaricié mi vientre—. Seré una buena madre, pequeño o pequeña.

Detuve la melancolía, suspirando y liberando el aire a través de la vía nasal-oral. Ya era el momento de dejar todo atrás y comenzar una nueva vida con este bello ser, en la cual crecería dentro de los nueve meses —según mi anatomía humana—. No obstante, en ese instante temía lo peor: el parto natural. Soy intolerante al dolor, ya que al ser delicada, por ejemplo una simple caída, sollozo de pesadumbre.

Sequé los ojos con un papel higiénico, extraído de mis bolsillos del pantalón azul y comencé a sacar la maleta que se encontraba debajo de la cama. Dejé el objeto encima del dormitorio, avanzando hacia el armario. Extraje todo mi vestuario del colgador, doblando cada tela por orden. Luego, continué con los zapatos, echando en una bolsa aparte, evitando ensuciar el resto de la ropa limpia. En cuanto al estuche de aseo personal, preferí guardarlo en mi mochila color turquesa, floreada al estilo tropical.

Presioné el botón de la maleta, convirtiéndose en cápsula. La señora Bulma me obsequió la caja con comprimidos en caso de una emergencia. Recogí el objeto para esconderlo de las manos de en ese entonces mi novio. Luego tomé la mochila, colgando en mis hombros.

Espero no ser descubierta por el científico.

Abrí la puerta moderna, saliendo de la lóbrega habitación, cuidando de no meter ruido. A posteriori, oí una carcajada fuerte, proveniente de la "alcoba secreta". Caminando en puntitas, entreabrí el pórtico —que por descuido de Fu estaba abierta— y ojee a distancia prudente al mismo demonio de piel violeta, en donde tiene su cabello blanco con una coleta amarrada, medio cabello rapado, el cuerpo trabajado y su camisa negra, que en cada brazo se apreciaba un símbolo amarillo de "X". Él, reía de una forma maniática, observando una pantalla iluminada; pero la cuestión era, ¿de qué?

Jamás me dejó entrar a su laboratorio, ya que yo podría comentar al resto de mis amigos patrulleros del tiempo sobre su existencia y objetivo. Si daba un paso adelante allí, yo sería mujer muerta por traición.

Aprovechando la distracción, inicié el plan de huida. Raudamente y con sigilo, corrí y corrí lo más lejos que podía, sin saber el riesgo que conllevaría. Parecía una chica fugitiva, alejándose del victimario.

Me escondí en uno de los árboles para comer unas galletas rellenas de vainilla y agua mineral sin gas. En ese lapso, la sobrevivencia era lo primordial si anhelaba salir con vida. Mientras comía, recordé un consejo de mamá: "no te dejes humillar por las personas que ni siquiera te dirigen la palabra. Sal de ese ambiente y asóciate con los que te valoran tal y como eres".

Ya estaba decidido. Volvería con mi familia, aunque el dilema era otro: llamar a Trunks del futuro a través del comunicador de los Patrulleros del Tiempo. Revisé la mochila turquesa, hasta que finalmente lo hallé. El ente tecnológico era la única esperanza de ser libre y vivir mi vida como una persona normal. Oprimí el botón, dando inicio al contacto con el encargado de la patrulla. No obstante, la comunicación era nula.

Maldita sea.

Fu bloqueó la señal telefónica. ¿Él se había enterado de mi huida? ¡No, no y no! ¿Dónde está mi ambición de la libertad? ¿Y mis derechos de pasear en cualquier parte del universo? ¿Acaso fueron abolidos?

Mi cuerpo comenzó a temblar de pavor. La hora de la sentencia había llegado. Oí una explosión y volteé el torso completo. En frente mío, estudié de pies a cabeza a mi novio, que se divisaba con una furia extrema. Se había transformado en algo irreconocible. La esclerótica ocular era rojo sangre, iris blanca y pupilas negras; su cabello suelto en forma de erizo y los músculos aumentados de tamaño. El aura se percibía violeta azulada oscura, lo cual significa ira, enojo y rabia.

—Maggie… ¿Creías que te ibas a salir con la tuya? ¡Te sorprendí con el comunicador, llamando a tus amiguitos! —berreó enfadado el demonio tez violeta de gafas redondas negras—. ¡¿Osabas traicionarme?! ¡Contesta de una vez por todas!

Al atender la colérica voz de mi amado, sentía ganas de sollozar, mas bien no lo hice. Mamá solía comentar que demuestre valentía, no cobardía y decir la verdad por delante.

—¡No es eso! Es… es otra cosa… —Mi voz se quebró, soportando la tristeza—. Yo… creía que no querrías a este ser que espero aquí —señalé el vientre dando leves caricias—. Por eso, planifiqué mi huida para no verte.

Mi novio juntó los dientes en señal de exacerbación.

—¡Lo hiciste con alevosía! ¡Te vienes conmigo y recibirás una condena dolorosa! —sentenció Fu, tomando una de mis muñecas con fuerza y brusquedad.

—¡Eres un bruto, me duele! —gruñí de pesadez.

El joven endemoniado no le interesó mi queja, llevándome por arte de magia a su terrible y rara morada, siendo totalmente arrastrada al mismísimo infierno.


¡Gracias por leer esta novela!

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