Sueños y otras cosas parecidas
- Arthur!
Alguien grita mi nombre. No sé quién es. No veo nada. Dónde estoy?
- Dónde está mi muchacho?!
Todo está oscuro a mi alrededor y hace mucho frío. Tengo miedo.
- ARTHUR!
La misma voz grita mi nombre. Es la voz de un hombre. De repente se abre una puerta y una luz me ciega.
- Por qué te escondes?!
No veo su cara, solo siento que alguien me toma por las muñecas y me jala violentamente.
- Ven acá, MUCHACHO!
Despierto. Mi corazón late con tanta fuerza que casi lo puedo escuchar. Mi cuerpo está empapado en sudor. La oscuridad a mi alrededor de disipa de a poco y reconozco mi entorno. Estoy en el sofá, estoy en casa. Ah, solo fue un sueño...solo un sueño. No es la primera vez que tengo pesadillas como esta. De hecho son bastante frecuentes, aunque no siempre son tan reales como ahora. Miro el reloj, son a penas las dos de la madrugada. Pero tengo miedo de volverme a dormir. Tengo miedo de volver a soñar. Me levanto. Mis piernas se sienten débiles y temblorosas. Abro la puerta de la habitación.
- Mamá?- pregunto en voz baja.
Pero veo que está profundamente dormida. Me acerco a la cama.
- Mamá...puedo dormir aquí esta noche?
Siempre toma unas píldoras que le ayudan a conciliar el sueño y realmente no quiero molestarla. Procurando hacer el menor ruido posible, me acuesto y me acurruco a su lado.
- Mamá...tengo miedo...
Hay sueños tan reales que no se olvidan tras haber despertado. No siempre tienen sentido pero las sensaciones que dejan, permanecen conmigo a lo largo del día. Comienzo a temer que con la ausencia de mis píldoras, estas pesadillas y alucinaciones se harán más frecuentes y más reales.
Por la mañana, antes de salir a trabajar, saco la pistola de mi bolso y decido guardarla en mi pantalón. El subterráneo puede ser un lugar aterrador. No solo hay ebrios, hay toda clase de criminales. No es un lugar donde quiera llamar la atención y por alguna razón me siento más seguro al llevar la pistola al alcance de mi mano. Me siento protegido.
Esta noche Pogo's está repleto. Hay un gran ambiente. Estoy nervioso. Mis manos sujetan firmemente mi cuaderno de chistes. No quiero arriesgarme a olvidar lo que quiero decir. Esta es mi única oportunidad. Quiero hacerlo bien.
- Por favor, demos la bienvenida a...ARTHUR FLECK!
Subo los tres peldaños que me llevan a la tarima del escenario. Las luces me ciegan, la gente aplaude con expectativa. Me acerco al anfitrión que está delante del micrófono y me cede su lugar. Miro a mi alrededor. Esto es increíble! Es lo que siempre soñé. Y ahora aquí estoy y la gente me ve. Ya no soy invisible! Me paro delante del micrófono, todos las miradas están sobre mí, pero yo no logro ver las caras. La luz es demasiado fuerte. Respiro profundamente y abro mi cuaderno.
- JAJJAJAJAJAJAJJAJAJAJJAJA
No...
Se oyen algunas risas. Intento otra vez.
- JAJAJJAJAJAJJAJAJJAJAJAJJ
No puedo...
Ya no se oye nada. La sala quedó completamente muda. Lo único que rompe el silencio es esta estruendosa risa que me quiebra la garganta y me quita el aire de los pulmones. Me duele. Las personas me miran ahogarme. No entienden lo que está pasando.
Por fin, un poco de aire...vuelvo a intentarlo.
- Cuando era niño...JAJAJAJAJA...cu-cuando era niño odiaba la escuela...JAJJAJAJAJAJJA.
No puedo parar esta risa. Siento como el sudor corre por mi frente. Mi visión se hace borrosa. Al levantar de nuevo la vista, distingo las mesas de la primera fila. Las personas me miran confundidas, impacientes, irritadas. No saben si deben reír o no. Me señalan y murmuran. Quiero desaparecer...
Esperen! Ahí está...ella! Sophie? Es Sophie! Justo ahí, en una mesa a mi derecha. Vino! Vino a verme! Me mira a los ojos y me sonríe dulcemente, dándome valor para seguir.
Tomo aire y vuelvo a intentarlo una vez más.
- Cu- cuando era niño odiaba la escuela. Entonces mi madre me decía: Arthur, un día tendrás que trabajar para vivir.
Miro otra vez hacia donde está Sophie.
- Sigue!- dicen sus labios.
Respiro profundamente.
- Y yo le decía: No mamá, yo seré comediante! Y cuando decía que sería comediante, todos se reían de mí...Pues nadie se ríe ahora!
Abro los brazos, esperando la reacción del público. Lo logré! Mi mirada vuelve donde Sophie. Ella se pone de pie, sonríe y me aplaude. No tengo ni ojos ni oídos para el resto del salón. No escucho si ríen, no escucho si aplauden, solo sé que Sophie lo hace con toda su emoción.
Bajo del escenario y voy directo hacia ella.
- Viniste!
- No pensaba perdérmelo por nada!
Tengo ganas de abrazarla con todas mis fuerzas. Pero creo que sería raro. Solo aprieto mi cuaderno entre mis manos y sonrío con mi corazón latiendo fuertemente en mi pecho.
- Lo hice bien?
- Creo que estuviste fenomenal!
No puedo hacer otra cosa que mirarla con adoración. El resto de la sala y el resto del mundo ya no existen. Solo existe ella.
- Sophie...te puedo invitar un café?
Ella asiente.
- De acuerdo.
A pocas cuadras hay un lugar decente a donde invitar a una mujer. No es nada fino, pero está permitido fumar y eso es importante. Nos sentamos frente a frente y en seguida una mesera se acerca.
- Qué les puedo traer?
- Sophie, pide lo que quieras.- le digo.
- Tomaré un café, por favor.- dice ella.
- Yo también. Ah, pero no quieres algo más? Te gusta el pastel de chocolate? Aquí tienen uno muy bueno!
- Hmmm está bien.
- Entonces son dos cafés y dos porciones de pastel?- pregunta la mesera.
- No, no. Solo una porción...- digo - A mí no me gusta tanto el dulce...muchas gracias!-
No me alcanza para pagar dos, pero no importa. Solo quiero que Sophie tenga lo que desea.
- Gracias por venir a verme...
- Me encantó hacerlo!
- En verdad te gustó?
Recuerdo las palabras de Randall y me siento inseguro. Pero Sophie toma mi mano, la aprieta suavemente y me mira a los ojos.
- Claro que sí, Arthur!
Su mirada es sincera. Lo dice de corazón. Sonrío tímidamente sin decir nada.
- No me gustaron mucho los que pasaron antes que tú...sus chistes eran más... ordinarios. Otros un tanto ofensivos. Tú eres diferente. Te gusta jugar con las palabras y su significado...tienes más estilo, eso me gusta!
Sophie es tan gentil. No sé ni qué decirle.
- Estás muy linda hoy...
- Tú estás muy elegante también.
Mis mejillas se ponen calientes. Nunca he recibido tanta atención y halagos de nadie, menos de una mujer.
La mesera vuelve con nuestro pedido. Miro a Sophie endulzar su café. Todos sus movimientos son delicados y siempre me mira a los ojos. Es extraño, cuando me mira siento que ella puede ver a través de mí, como si estuviera hecho de cristal.
Toma la taza y la lleva a sus labios. Disfruta cada trago de café. Hoy trae un pañuelo azul en el cabello. La blusa blanca hace resaltar su piel oscura. Qué derecho tengo yo de contemplarla así?
- Arthur...tu café se va a enfriar...
- Oh, sí...
No me di cuenta de lo absorto que me quedé. Le echo dos cucharillas de azúcar a mi café y revuelvo. Sophie se ríe.
- Arthur, ya le habías puesto azúcar!
- Ay no...
Es verdad. El café quedó demasiado dulce. Mi cabeza está en cualquier parte. No importa. Lo tomo de todas formas.
- Todo ese cuaderno está lleno de chistes?- pregunta Sophie.
Olvidé que lo dejé sobre la mesa. No quisiera que nadie vea su contenido, menos Sophie.
- Pues contiene chistes pero también es una especie de diario...de todo un poco...- le explico y lo guardo en mi bolso.
- Escribir las cosas...es algo que me ayuda...a estar mejor.
Siento vergüenza al hablar de mi enfermedad.
- Creo que a todos nos hace bien descargar nuestros pensamientos en alguna parte...- dice ella.
Sophie es comprensiva cuando nadie más lo es. Donde todos ven a un fenómeno, ella ve a un hombre.
Otra vez me percato de que me quedé perdido en sus ojos. Hay algo en ella que parece un sueño.
Sophie toma su tenedor y corta un pedazo de pastel.
- Mmmm ésto está delicioso!
Corta otro pedazo.
- Come, Arthur!
- Oh no, es para ti, Sophie!
Pero Sophie insiste y me acerca el tenedor a la boca.
- Vamos, abre!
Termino aceptando. De verdad, está delicioso. Un bocado para ella, uno para mí. Y así nos acabamos el pastel entre los dos.
- Tienes un poco de chocolate.- dice Sophie riendo y señala la esquina de sus labios.
Llevo mi mano hacia mi boca para limpiarme. Sophie se ríe de nuevo.
- Al otro lado, Arthur...jaja. Ven, déjame ayudarte.
Sujeta mi mentón con una mano y se siente como una suave caricia sobre mi piel. Con la otra toma una servilleta y con mucha delicadeza limpia el costado de mis labios.
- Ya está...
- Gracias- digo un poco sonrojado.
Caminamos de regreso a casa en silencio, cada quien con las manos en los bolsillos. Hoy las escaleras me parecen cortas. Llegamos a la cima demasiado pronto. Quisiera que esta noche dure para siempre. El viento ya no me parece frío, el edificio ya no me parece horrendo y maldigo al ascensor por llegar al piso 8 tan deprisa. Aquí se separan nuestros caminos.
- Espera...- digo antes de que se marche - Hay algo que quiero darte.-
Del bolsillo de mi saco tomo la flor de papel que fabriqué el otro día y se la entrego.
- La hice para ti...
Sophie se ve sorprendida. Recibe la flor, la contempla con una sonrisa y la gira entre sus dedos.
- Quisiera darte una de verdad, pero parece que en esta horrible ciudad ya no crecen las flores...
- Gracias Arthur, es muy linda! Es mucho más linda que una de verdad...porque la hiciste tú. Gracias por una hermosa noche...
- Gracias a ti por venir...
- Adiós Arthur. Que descanses...
- Adiós Sophie...
