El último buen día
Existen momentos en la vida que marcan un antes y un después. Hay decisiones que nos llevan por caminos sin retorno. El problema es que no nos damos cuenta hasta que ya es demasiado tarde.
No sé en qué momento la pistola cae de mis bolsillo. Un instante estoy bailando con los niños del hospital y al siguiente veo la pistola caer al suelo. Me apresuro a recogerla pero ya todos la vieron. Los niños y los doctores. En un último intento por salvar la situación, me río y la escondo otra vez, procurando que parezca parte de mi acto. Quizás engaño a los niños, pero sé que no a los doctores. Al salir del hospital estoy perfectamente consciente de lo que acabo de hacer. Cómo pude ser tan torpe? Por qué no dejé la maldita pistola en el bolso? En este momento Hoyt ya debe estar enterado. Sé que me despedirá. Cualquiera lo haría. Llevé un arma a un hospital infantil. No vuelvo a JAJA. Busco un baño donde poder cambiarme y desmaquillarme. Vuelvo a mi ropa normal y guardo la de payaso en el bolso. No puedo creer lo estúpido que fui.
Salgo y comienzo a caminar sin rumbo. Dejo que mis pies me lleven a donde quieran hasta que llego a un callejón oscuro. No sé ni dónde estoy. Tampoco me importa. Qué haré ahora? A dónde iré si Hoyt me despide? Quién me dará trabajo? Cómo cuidaré de mamá? Una enorme angustia se apodera de mí y rápidamente se convierte en ira. Me desquito pateando y pisoteando las bolsas de basura a mi alrededor. Por qué? Por qué todo tiene que ser siempre tan difícil?! Arremeto contra las bolsas con todas mis fuerzas. Una y otra y otra vez, hasta que mis piernas se rinden y caigo sentado sobre el inmundo asfalto, rodeado de basura. Abrazo mis piernas contra mi pecho y apoyo mi frente sobre mis rodillas. No sé si estoy llorando. Las gotas de lluvia y las lágrimas son difíciles de distinguir.
Por qué sigo enfrentando esta sombría necesidad de vivir? Si al final de cada día solo soy un día más viejo, y a eso se reduce todo. Siento la tentación de dejarme morir aquí mismo. Sea. La muerte es una liberación. Que se acabe todo. Mi mente se queda colgada de ese pensamiento: la nada. Acaso no sería un alivio? No pensar en nada, no sentir nada, no ser nada.
No sé por cuanto tiempo permanezco ahí, completamente inmóvil a excepción de mi pecho agitado que se esfuerza por respirar. Cómo puede mi cuerpo estar tan quieto cuando en mi interior hay una tormenta más fuerte que la tormenta del cielo? El sonido de un trueno y la luz de un relámpago me regresan a la realidad. Mis pensamientos se vuelven a integrar con mi cuerpo. Mi ropa está mojada al igual que mi cabello. El frío me cala los huesos. De pronto me invade un miedo indescriptible. Si me dejo morir aquí, la gente pasará por encima de mi cadáver sin siquiera darse cuenta. Estaré tirado en este oscuro callejón, sobre este suelo sucio y las personas no me verán. No me verán porque nunca miran hacia abajo. Y habré muerto sin jamás haber existido.
No...yo me rehúso a morir así...
Reúno mis fuerzas y me pongo de pie una vez más. Recojo mi bolso que quedó tirado en una esquina y continúo a casa. La lluvia no deja de caer sobre mí y cuando finalmente llego a la puerta de mi apartamento, estoy completamente empapado. Me detengo justo ahí y me doy cuenta de algo. No tengo el valor de llegar a casa y decirle a mamá que temo haber perdido mi empleo. Cómo podré verla a la cara? No, no puedo entrar. No sé qué hacer ni a dónde ir y simplemente termino sentado en el pasillo junto a la puerta.
...
- Arthur?
