La otra cara de Murray
Hay conmoción afuera del edificio cuando llego a casa. Una ambulancia está parqueada en la entrada y un grupo de paramédicos se apresura, empujando una camilla y gritando a los vecinos y transeúntes que se aparten. Me acerco a la escena y entonces reconozco a la mujer en la camilla. Es mamá!
- Esperen! Es mi madre! Qué sucedió?
-Usted es su hijo?- pregunta uno de ellos.
-Sí.
-Venga con nosotros, deprisa!
Me empujan hacia la ambulancia y me subo junto con mamá.
-Qué pasó?
-Tuvo un ataque. Ella toma algún medicamento?
-No.
No puedo pensar con claridad en este momento. Todo está pasando muy rápido. El viaje al hospital es corto. Aún nadie logra decirme con exactitud qué fue lo que le pasó. Ingresamos por la puerta de emergencias y los doctores me piden esperar afuera de la sala. Estoy muy asustado. Pasan varios minutos y camino de un lado del pasillo al otro hasta que por fin sale uno de ellos y se dirige a mí.
-Usted es el hijo, cierto?
-Sí, cómo está mi mamá?
-Está estable por ahora. Pero tuvo una embolia. Se quedará en cuidados intensivos por unos días.
-Qué le pasó?
-Aún no estamos seguros. Un oficial de policía fue quien llamó a los paramédicos.
Un policía? No entiendo. Mamá siempre se queda sola…
-Debe descansar un momento, luego podrá entrar a verla.
-Está bien. Gracias, doctor.
Necesito fumar.
Salgo por el portón trasero y me siento en una banca. Enciendo un cigarrillo y trato de estar tranquilo.
-Señor Fleck?
Levanto la vista. Dos señores en abrigos negros se me acercan.
-Si?
-Buenas noches- dice el más gordo -Soy el detective Garrity, éste es mi compañero, el detective Burke.-
Detectives…ahora todo empieza a tener sentido.
-Fuimos a buscarlo en su apartamento, pero usted no estaba. Hablamos con su madre.
-Qué le dijeron? Esperen…ustedes provocaron esto?
-Solo le hicimos un par de preguntas. Ella se alteró, hiperventiló y se cayó. Se dio un golpe en la cabeza.
-El doctor dijo que sufrió una embolia!
-Lo sentimos mucho, pero como le decía, tenemos algunas preguntas que hacerle. Es acerca del triple asesinato que sucedió en el subterráneo la semana pasada.
Procuro mantener una apariencia tranquila a pesar del sudor helado que corre por mi cuerpo.
-Sí, oí acerca de eso. Es horrible…- digo, limitándome a fumar de la manera mas casual posible.
-Así es.
No los miro a los ojos. Ahora es el otro oficial quien se dirige a mí.
-Hablamos con su jefe en JAJA, dice que lo despidieron por llevar un arma a un hospital de niños.
-Era de utilería, es parte de mi acto! Soy un payaso de fiestas.
-De acuerdo, entonces, por qué fue que lo despidieron?
-Dijeron que no era lo suficientemente gracioso…pueden creerlo?- les digo molesto.
Apago mi cigarrillo y me levanto.
-Ahora si me disculpan, debo ir a cuidar de mi madre.
Doy vuelta y me dirijo hacia la puerta. Debo irme antes de que se les ocurra hacer alguna pregunta que no sepa responder.
-Su jefe también nos dio una de sus tarjetas.
Me detengo y doy vuelta.
- Esa condición suya…la risa, es real o es por ser payaso?
- Por ser payaso?- pregunto incrédulo.
- Es parte de su acto?
No sé que es lo que quiere escuchar de mí, no sé qué respuesta es más segura y decido responderle con otra pregunta.
-Usted qué cree?!
Por ahora logré quitármelos de encima. Parecen no tener suficientes pistas. Pero no me puedo quedar tranquilo. Es probable que vuelvan a buscarme.
-Señor Fleck!
El doctor sale de la habitación.
-Ya puede pasar.
Veo a mamá recostada en una cama, conectada a un ventilador. Está inconsciente. Me siento en una silla a su lado y tomo su mano.
-Mamá soy yo. Estoy aquí…por favor…debes ponerte bien.
Su cuerpo permanece inmóvil. Podrá escucharme? El televisor está encendido, pero no le presto atención. Odio los hospitales. Me traen recuerdos de cuando estuve internado…o mejor dicho encerrado. Prefiero no pensar en eso. De repente me siento muy cansado. Suceden tantas cosas a la vez. No he estado tomando mis píldoras desde hace varios días, ya no recibo la ayuda de la terapeuta, perdí mi trabajo, maté a tres hombres y la policía me está buscando… Luego Thomas Wayne…y ahora mamá está aquí…basta! Por favor! Ya no puedo con tanto! Quiero que el mundo se detenga aunque sea por un instante y me deje respirar. Ya no quiero seguir luchando. Ya no me quedan fuerzas…
Toc toc.
Alguien toca la puerta.
-Adelante!- digo sin voltear a ver. Debe ser el doctor o una enfermera.
Escucho pasos.
-Arthur- susurra una voz cerca de mi oído y una mano se posa sobre mi hombro.
Recién entonces miro a mi derecha, a la persona que está de pie junto a mí.
- Sophie?
Es Sophie! Trae un abrigo ligeramente mojado por la lluvia y por su respiración agitada, parece haber corrido parte del camino. Deja caer su bolso en el suelo y se sienta a mi lado. Qué magia es la suya, que aparece siempre en el momento justo, cuando más la necesito?
-Cuando llegué a casa los vecinos me dijeron lo que había pasado. Cómo está?- pregunta, mirando a mamá con preocupación.
-El doctor dijo que sufrió una embolia.
Sophie me acaricia la espalda suavemente.
-Tranquilo, va a estar bien…
- Sí…- murmuro, tratando de convencerme a mí mismo más que a ella.
Nos quedamos en silencio por varios minutos. Mi mirada sigue sobre la figura inmóvil de mamá, estoy preocupado. Pero la mano de Sophie que recorre lentamente mi espalda hacia arriba y hacia abajo me tranquiliza. Y entonces recuerdo que no la he visto desde el…incidente. La había estado evitando, tenía miedo de encararla. Pero ahora está aquí a mi lado, haciéndome compañía.
-Estuve preocupada por ti, Arthur. Te busqué la otra noche pero no estabas en casa.
-Ah, lo lamento…es que estuve trabajando hasta tarde…
Me siento terrible por mentirle.
-Arthur…estás bien?- pregunta, mirándome con preocupación.
Los ojos de Sophie hacen algo muy especial. Son ojos que acarician.
-Mhm.- murmuro. Aunque creo que no sueno muy convincente.
-Quieres un café?- pregunta.
-Si.
Dejo a mamá sola por unos minutos mientras Sophie y yo nos sentamos en la cafetería del hospital.
Su visita me hace sentir mejor. Cuando está a mi lado, todo cambia. Es como si hubiera luz en medio de la oscuridad. Un poco de tiempo con ella es todo lo que consigo. Pero es todo lo que necesito, porque es lo único que puedo tener.
Compartimos varios cigarrillos y un café. Había olvidado por completo que traía mi libreta adentro de mi saco. Es un poco incómodo llevarla ahí pero cuando iba de camino al teatro más temprano, repasaba las cosas que anoté, las palabras que iba a decirle a Wayne. Nada de eso salió como esperaba…
-Arthur?
-Oh, lo siento…me quedé pensando en algo…no importa.
Saco la libreta y la sostengo entre mis manos. También anoté algunas cosas para Sophie…pensamientos que tuve…cosas que quisiera decirle aunque sé que nunca me atrevería a hacerlo. Sus ojos caen sobre la libreta también. Parece muy curiosa.
-Me encantaría leer los chistes que escribes…
Mis manos aprietan la libreta instintivamente, protegiendo su contenido.
-Ah…tiene muchos errores de ortografía. Me cuesta leer y tampoco sé escribir muy bien.
La vergüenza arde sobre mis mejillas, no solo por mi ortografía, sino por algunos pensamientos, algunas imágenes que contiene mi libreta. No son cosas apropiadas…
-Está bien, Arthur. Un artista es como un mago. Debe guardar sus secretos.
Los ojos de Sophie son atrapados por otro objeto. Un periódico abandonado sobre un asiento. Hasta cuando seguirán las caras de payaso en todas las portadas? Sophie lo recoge.
-Te crees toda esa mierda?- pregunta riendo - Al diablo. Pienso que el tipo que lo hizo es un héroe.-
La miro atónito.
-Tres imbéciles menos en la ciudad…- dice, tirando el periódico de vuelta sobre el asiento. -Solo quedan un millón más…-
Me río también. Héroe…es una palabra que nunca pensé que se relacionaría con mi nombre. Y la verdad es ésta: no sé cómo me siento ni cómo me debería sentir respecto al incidente.
Ambos nos encendemos otro cigarrillo y compartimos en placer de fumar en silencio. Mi mente sigue procesando los eventos de la noche…Wayne, Wayne…Wayne.
-Sophie…puedo preguntarte algo?
-Si, claro.
-Qué sucedió con el papá de Gigi? Él…se fue?
Sophie no dice nada.
-Lo siento, no debí preguntarte eso, no es de mi incumbencia. Perdóname.
-No, está bien. Es solo que…hace tiempo que no pensaba ya en eso.
Sophie apaga su cigarrillo y su mirada se pierde sobre el cenicero por un momento.
-Sí, él se fue antes de que Gigi naciera. Quedamos solas las dos…pero está bien, estamos mejor así.
-Lo lamento…
-No te preocupes, Arthur. Es la historia de muchas mujeres, no soy ni la primera ni la última a la que le pasa…
Siento lo profunda que es la tristeza de Sophie. Me siento mal por haberle causado dolor al preguntarle esto. No quiero preguntarle más, pero al mismo tiempo necesito hacerlo. Necesito entender…
-Por qué los padres se van? Es decir…entiendo que el mío se fuera. Pero por qué alguien dejaría a Gigi? Ella es maravillosa! No hizo nada mal…
-Arthur! Tu tampoco hiciste nada mal! No conozco a tu padre, ni sus motivos, pero no creas que tú que tienes culpa alguna! Si te abandonó, fue él quien hizo algo mal, no tú.
-Quién querría un hijo como yo?
-Arthur, no…no digas eso. Tú también eres maravilloso.
Sophie no diría eso si supiera lo que hice…
-Tu mamá es muy afortunada de tenerte. Quizás te falte un papá, igual que a Gigi le falta el suyo, pero tú y tu mamá son una familia, igual que Gigi y yo…no todas las familias son iguales, ni ideales…pero mientras haya cariño en tu hogar, tienes todo lo que necesitas.
Sophie toma mi mano y la acaricia suavemente con su pulgar. Su piel morena contrasta sobre la mía pálida. Imagino caminar a su lado tomados de la mano, entrelazando nuestros dedos…así como lo hacen las personas felices en las películas…
-Debo volver a casa- dice Sophie después de una segunda taza de café y otra tanda de cigarrillos - Dejé sola a Gigi. Estarás bien?-
-Sí, estaré bien… Gracias por venir, Sophie…
La sigo con la mirada hasta que su imagen se pierde detrás del portón de salida.
Regreso a la habitación de mamá. Sigue dormida. Me siento en la silla junto a la cama nuevamente. Ya es hora del Show de Murray. Siempre lo vemos juntos y quiero que ella también pueda verlo conmigo esta noche, por eso me acerco un poco más a la cama y tomo su mano.
Murray es genial, logra hacerme reír incluso en momentos como éste y espero que mamá pueda sentirse así también.
-…Y finalmente…en un mundo donde todos creen que pueden hacer mi trabajo, el club de comedia de Pogo´s nos hizo llegar un video con este tipo que parece pensar que si simplemente se ríe, eso de alguna manera lo hará gracioso…vean a este Joker!
Me pongo de pie de un salto cuando reconozco la escena del video.
-Cuando era niño odiaba la escuela. Entonces mi madre me decía: Arthur, un día tendrás que trabajar para vivir.
-…Jajajajaja debiste hacerle caso a tu madre…
Esperen! Ese soy, ese soy yo! Ay no puede ser! El video me enfoca a mí en la tarima de Pogo´s. No se ve al público. Me quedo mirando la pantalla, río y no logro creer que me estoy viendo a mí mismo ahí! En el show de Murray!
-Y yo le decía: No mamá, yo seré comediante! Y cuando decía que sería comediante, todos se reían de mí…Pues nadie se ríe ahora!
El video se corta, Murray se ríe.
-De eso puedes estar seguro, amigo…
Un momento...nadie se rió. Es posible que haya estado tan absorto en ese momento, viendo a Sophie aplaudirme, que no me di cuenta de que nadie, absolutamente nadie se rió? Acaso imaginé aplausos y risas que no existieron? Esto es como una cachetada. Pero qué hace este video en el Show de Murray? Murray…Murray se está burlando de mí al exhibirlo. Murray se rió de mí. Cada una de sus palabras cae sobre mí como una puñalada. El último pedazo de ilusión que aún sostenía entre mis manos se quiebra como el vidrio cuando cae al suelo, y sus bordes afilados cavan una profunda herida en lo poco de orgullo que me quedaba. Murray…que es todo lo que yo deseo ser…Murray, a quien conocí en mil fantasías, quien en mi mente me decía que yo también era un gran comediante, Murray que me abrazaba y me decía que deseaba tener un hijo como yo…Murray, me traicionó…
Hay algo que se llama desembriagarse. No entendía el significado de esa palabra hasta ahora. Pero se siente como cuando dejas de tomar tus píldoras. Cuando el efecto se pasa, cuando la anestesia se desvanece y solo queda el dolor de la cruda realidad que te golpea en la cara.
