Sonríe

El hospital de Arkham es un edificio sombrío en el centro de la ciudad. Es curioso como las personas actúan en contra de sus instintos. Algo te dice que te detengas, pero no puedes. La necesidad por conocer la verdad parece ser más fuerte que el instinto de preservación.

Me acerco a la ventanilla de la sección de documentaciones y solicito ver el archivo de Penny Fleck. Un muchacho me atiende amablemente y se dispone a buscar el archivo entre los enormes estantes llenos de carpetas empolvadas, llenas de historias que acabaron todas en un mismo lugar. Me inquieta estar aquí.

-Puedo preguntarte algo? Cómo es que alguien termina aquí?- le pregunto al joven -Todos...todos ellos cometieron un crimen?-

- Algunos sí. Otros solo están locos, representan un riesgo para sí mismos y para los demás. Otros simplemente no tienen a dónde ir, no saben qué hacer.

- Sí, entiendo. A veces yo tampoco sé qué hacer. La última vez terminé desquitándome con unas personas...pensé que me molestaría, pero realmente no la ha hecho.

-Cómo dices?

-Metí la pata. Hice algunas cosas malas. Ya sabes a lo que me refiero, es tan difícil tratar de ser feliz todo el tiempo...

-Ehm, escucha, amigo...yo solo soy un oficinista. Solo hago el papeleo. No sé qué decirte. Pero deberías hablar con alguien. Hay programas...servicios sociales y esas cosas.

-Ah si, jajajja...los cortaron todos!

El muchacho se nota incómodo.

-Ah, aquí está. Fleck, Penny Fleck. Veamos...

Abre la carpeta y revisa la primera hoja.

-Diagnosticada por el Dr. Benjamin Stoner...la paciente sufre de alucinaciones y trastorno de personalidad narcisista. Fue encontrada culpable por poner en riesgo el bienestar de su...propio hijo...

-...

-Dijiste que era tu madre? Ehm, lo lamento, no te puedo entregar esto sin una autorización firmada. Si tu madre viene a firmarla, sería más sencillo. Sino no te lo puedo entregar, de acuerdo? Lo siento...

Necesito tener ese archivo. No me iré sin él. Aprovecho un breve instante de descuido suyo para pasar mis manos por el agujero de la ventanilla rápidamente, jalo de la carpeta y se la arrebato de las manos.

-OYE! Regresa!

Salgo corriendo por los pasillos del hospital, encuentro una salida de emergencia y escapo por las escaleras. Corro lo más rápido que puedo y bajo varios pisos. Me detengo recién cuando ya no puedo oír más pasos detrás de mí. Recupero mi aliento y entonces la abro. Son muchas páginas. Mis ojos recorren las palabras.

Paciente: Penny Fleck...

Conducta extremadamente extraña... abuso físico...

Qué significa todo esto? Hay muchas palabras que no conozco, que no comprendo. Paso algunas hojas.

"SOLICITUD DE ADOPCIÓN"

Mi corazón se detiene. Siento que me quitaron el aire de los pulmones.

Padres desconocidos... niño abandonado...

Adoptado? Entonces...Wayne decía la verdad. Se produce una sensación horrible en mi estómago. Mis piernas se sienten débiles y me tengo que apoyar contra la pared para no caerme. Ya siento la risa asomarse. Mis verdaderos padres me abandonaron cuando era a penas un bebé? Quiénes eran? No dice. Por qué me abandonaron? Tampoco dice nada de eso aquí. No me quisieron. Penny...por qué nunca me dijiste nada? Penny, me mentiste! Todo lo que me dijiste fueron mentiras!

Mis manos hojean el resto del archivo. Junto a la solicitud de adopción hay algo que parece la transcripción de un diálogo entre Penny y el doctor que la atendía. Al leerlo, siento como si estuviera ahí, viendo la versión joven de Penny con una bata blanca y la mirada perdida, hablando con el doctor.

-Ya hablamos sobre esto, Penny. Tú lo adoptaste...

-No es cierto. Thomas inventó todo eso...

-Tampoco hiciste nada cuando uno de tus novios abusó de tu hijo adoptivo en reiteradas oportunidades...y te golpeó a ti.

-...

-Penny, encontraron a tu hijo atado a un radiador en tu inmundo apartamento, desnutrido, con múltiples golpes en todo el cuerpo y severo traumatismo en la cabeza.

-Nunca lo escuché llorar...siempre fue un niño tan feliz...

La risa sale de mi garganta con más y más fuerza. No...esto no puede ser real...

-JAJAJAJAJAJAJJAJAJAJAJAJAJ

Penny dejó que me lastimaran! Por qué no me protegió? Dónde estaba ella?

-JAJAJAJAJAJJAJAJAJAJAJAJAJ

Hay recortes de un periódico adjuntados a los papeles. Muestran la imagen de un niño pequeño. Ese...ese soy yo?

"Madre permitió el abuso de su hijo adoptivo"

"Casa de terror para una madre y su hijo"

Las lágrimas corren por mis mejillas, empañando mi vista. Me limpio la nariz con la manga de mi sweater pero es en vano. No puedo dejar de llorar. Ya no quiero seguir leyendo. Pero los recuerdos se rebelan y de pronto vuelven a mí como una avalancha. Todo lo que pensé que había logrado borrar de mi mente de pronto reaparece como un espectro y se vuelve real. Tan real. Siento que estoy de vuelta ahí, en ese lugar espantoso.

Otra vez soy yo de pequeño en ese horrible y oscuro apartamento. Tengo siete o quizás ocho años. No lo sé. Solo sé que estoy asustado. Oigo la voz de un hombre gritando en el cuarto de mamá y la oigo a ella llorar. Estoy parado detrás de la puerta, abrazando a mi payasito de juguete. Mamá me lo regaló para mi cumpleaños y lo cargo conmigo a todas partes. Hay golpes y más gritos. Tengo mucho miedo y corro a esconderme debajo de la mesa, tapándome los oídos con las manos para no escuchar más. De pronto todo se calma, ya no puedo oírlos. La puerta de la habitación se abre y aparece él. Puedo ver sus zapatos por debajo del mantel.

-Arthur! Dónde está mi muchacho?

Abrazo mis rodillas, tratando de esconderme de alguna forma. Pero él me encuentra.

-Qué haces ahí? Ven conmigo.

No confío en él. Me asusta mucho. Intento alejarme, refugiándome en una esquina. Pero él me sujeta por los brazos y me saca de mi escondite. Escondo mi cara en el muñeco y me pongo a llorar. Al verlo el hombre me da una cachetada y me arranca el juguete de las manos.

-Si lloras, no volverás a ver este maldito muñeco nunca más!

-No! Por favor! Duevuélvemelo...

Estiro mis brazos, tratando de alcanzar mi juguete. El hombre se ríe y me vuelve a pegar. Esta vez caigo al suelo. Todo mi cuerpo está temblando. Dónde estás, mamá? Ayúdame! Pero mamá no viene. Los dedos del hombre se clavan en mis pequeños brazos y me sacude violentamente.

-Ríe, vamos, ríe! Ríe como este payaso!

Trato de hacer lo que me pide y entre mis sollozos, fuerzo una pequeña carcajada.

-Eso es! Ríe! Ríe más fuerte!

Río y lloro a la vez. No sé qué es lo que quiere de mí, yo solo quiero que me suelte. De pronto sus brazos me levantan y me tira sobre el sillón. Me sujeta por las muñecas y me inmoviliza. Es imposible defenderme. Él es demasiado fuerte. Y mientras se desabrocha el cinturón y baja el cierre de su pantalón, no puedo hacer más que llorar.

-Vamos, tu madre se pondrá triste si te escucha llorar. No quieres verla triste, o sí, Arthur?!

-No, señor...

-Entonces ríe! RÍE TE DIGO!

Siento como carga el peso de su cuerpo sobre el mío, siento un terrible dolor, oigo mis propios gritos y luego mi vista se nubla y todo se vuelve oscuro a mi alrededor.

Mi cuerpo se dobla en dos. Entre las carcajadas que suben por mi garganta, se producen arcadas y vomito lo poco que traía en el estómago. Siento que el papel que sujeto en mis manos me corroe la piel y sin embargo me aferro a la carpeta como si mi vida dependiera de ello.

Por qué, Penny? Por qué dejaste que me hicieran esto?

Río tanto que me quedo sin aliento. Mi garganta arde, se siente como si hubiera tragado pedazos de vidrio y me cortaran desde adentro. Las lágrimas caen de mis ojos y corren por mi cara sin cesar. Nada de lo que haga, reír o llorar, ofrece alivio para el dolor que siento.

Debo salir de este lugar.

Camino por la calle abrazando la carpeta contra mi pecho, con la cara empapada, riendo y sollozando. Ya ni siquiera intento secarme las lágrimas, ni me importan las miradas de las personas. Es como si estuviera en una dimensión distinta a todos los demás, el tiempo se detiene, el mundo ha dejado de girar para mí.

En mi cabeza resuena una canción que escuché alguna vez.

Sonríe, aunque te duela el corazón...

Paso por el mismo lugar por donde vine. Creo que estoy andando en círculos, pero no lo sé. Y me doy cuenta de que igual no tengo a dónde ir. Ya no tengo un hogar al que regresar...ya no tengo nada. Estoy solo. Mi vista está empañada. No entiendo como no se ha agotado ya mi reserva de lágrimas.

Sonríe, aunque por dentro te estés rompiendo...

Un cuerpo no puede contener tanto dolor. Las fisuras terminan por fracturarse y siento que me desangro por dentro. Mi pecho se termina de quebrar por completo. Me cuesta mantenerme en pie y caigo rendido sobre mis rodillas en medio de la acera. Ya no puedo más. Mi cuerpo se convulsiona en un llanto silencioso. Llega un momento en el que ya no se llora con los ojos, sino con el alma.

Cuando hay nubes en el cielo, saldrás adelante si sonríes...

A través de tu miedo y de tu pena...sonríe...

Y quizás mañana verás el sol brillar para ti.

La gente pasa por mi lado y nadie se inmuta de ver a un adulto caído en el suelo, llorando como un niño. Levanto la vista hacia el cielo cubierto de negras nubes. Acaso puede haber un sol detrás de toda esa oscuridad? Dios, si estás ahí, viéndome desde tu altura, dime...por qué me pusiste en este mundo? En este mundo que nunca me quiso.

Ilumina tu cara con alegría, esconde cada rastro de tristeza...

Pensaba que mi propósito era llevar risa y alegría a las personas...pero ya no sé cómo sonreír... solo siento dolor en cada rincón de mi cuerpo, mi corazón está envuelto en espinas.

Aunque una lágrima se asome, es el momento en que debes seguir intentando. Sonríe!

Para qué seguir llorando?

Verás que la vida aún vale la pena...si tan solo sonríes...

El viento sopla, barriendo las hojas secas a su paso. Un pajarito marrón pasa volando y aterriza sobre la calzada, a pocos centímetros de mi mano. Se queda quieto y por un instante parece mirarme. Imagino que es él quien me canta.

Sonríe, aunque te duela el corazón...

Sonríe, aunque por dentro te estés rompiendo...

Pero cuando estiro mi mano para tocarlo, se asusta y sale volando. Quisiera se como tú para tener un par de alas y volar lejos de aquí...de este lugar de pena y de dolor.

Soy un condenado, un muerto que camina. Me arrancaron los pulmones y sigo respirando. Mutilaron mi corazón y aún así se rehúsa a dejar de latir. Estoy atrapado en este cuerpo testarudo que se aferra a la vida. Quisiera nunca haber nacido...