Entre la luz y la sombra

El apartamento está oscuro y en absoluto silencio. Siento que mi ropa quedó impregnada con los sucesos de hoy. Me arranco las prendas del cuerpo y las tiro a una esquina, quedándome únicamente con la ropa interior. Tiro la carpeta en otra esquina, como si al alejarla de mí pudiera deshacer todo el daño que me hizo. Me dejo caer en el sofá, intentando dormir. Pero cuando las luces se apagan hay voces que me hablan y me atormentan. Desaparecen cuando enciendo la lámpara, pero entonces me invade el miedo al silencio. Pareciera ilógico, pero el silencio no es mudo, tiene también una voz. Haga lo que haga, la noche no me deja en paz.

-JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA

Mi risa es más fuerte y más dolorosa que nunca.

-CÁLLATE!- grita el vecino de arriba.

Ni siquiera sé quien vive ahí…

Camino de un lado a otro, me apoyo contra la pared de la cocina y me deslizo hasta quedar sentado en el piso. Estoy perdiendo mi conexión con la realidad. Me siento caer en un vacío. No hay nada que me detenga, nada que me pueda salvar. Las escenas vuelven a repetirse ante mis ojos una y otra vez como una película de terror y no importa cuanto lo intente, no logro detenerlos. Ya no quiero más! Por favor! Comienzo a golpear mi cabeza contra la pared para callar mi mente. Hay tanto ruido aquí adentro! Quiero que pare, quiero que pare!

Pero no logro nada. Y entonces mi vista cae sobre el refrigerador. Congelar los pensamientos, congelar los sentimientos. Eso es! Abro la puerta y comienzo a vaciar el contenido, tirando a un costado las repisas y los pocos alimentos que encuentro hasta que hay suficiente espacio para mi cuerpo.

Al cerrar la puerta todo queda completamente oscuro, no veo nada. Tiemblo por varios minutos hasta que mi cuerpo termina cediendo ante el frío y se comienza a entumecer. Lo mismo sucede con mis pensamientos. El tiempo parece detenerse, los latidos de mi corazón se vuelven cada vez más lentos, hasta hacerse casi imperceptibles. Ya no escucho nada, ya no siento nada…es así como se siente morir?

Algo me devuelve vagamente a la conciencia. Todo sigue oscuro, no siento mi cuerpo, pero creo oír algo a la distancia…una voz…parece venir desde muy lejos.

-Arthur?

Quién es? Conozco esa voz.

-Arthur, dejaste la puerta abierta!

La voz se acerca, pero dónde está? Dónde estoy yo? Escucho ruido y pasos que se aproximan.

-Arthur!

Y de pronto…todo se ilumina! Una luz brillante golpea mis párpados y abro ligeramente los ojos. Estoy desorientado.

-Arthur!

-S-Sophie?- murmuro.

Mis ojos se adaptan a la luz y entonces distingo las facciones de Sophie.

-Arthur, qué haces aquí?- pregunta estupefacta.

Mis labios tiemblan y no logro decir nada. Sophie me toma de la mano.

- Ven.

Doy un paso hacia afuera pero a penas puedo sentir mis piernas. Mis rodillas se doblan y caigo en los brazos de Sophie que detiene mi caída. Me sujeta por debajo de las axilas y yo me apoyo en sus hombros. A pesar de lo delgado que soy, mi cuerpo sigue siendo pesado para ella. No sé cómo logra guiarme hasta la sala donde finalmente mis piernas se rinden y caigo sentado en el sofá. El apartamento parece girar, el suelo se mueve debajo de mis pies. Qué fue lo que pasó? Siento las manos de Sophie sobre mis brazos desnudos. Dónde está mi ropa?

-Estás helado, Arthur. Cuánto tiempo estuviste ahí adentro?

No lo sé. Estoy confundido. No logro hablar. Mi mirada se pierde sobre un punto en el suelo. Siento como si mi cuerpo se hubiera separado de mis pensamientos.

Sophie coloca sus dedos sobre mi muñeca y me toma el pulso.

-Dios mío…

Debajo de la almohada sobre la que duermo en este mismo sillón está una camisa roja que uso a veces. Sophie la encuentra y la desabotona.

-Déjame ponerte esto…

Me ayuda a vestirme, pasando mis brazos por las mangas. Luego toma la frazada con la que me cubro por las noches, la coloca alrededor me mis hombros y fricciona mis brazos para devolverle el calor a mi cuerpo. De pronto mis brazos y piernas vuelven a sentir y comienzo a temblar de frío. Mi cabeza empieza a doler y recuerdo los golpes que me di antes. Recuerdo el refrigerador. Veo la carpeta del hospital tirada en el suelo y entonces recuerdo todo con claridad.

-Arthur…qué pasó? Por qué estabas ahí?

Levanto la vista y busco desesperadamente sus ojos. Sophie está arrodillada en la alfombra delante de mí, mirándome con preocupación y esperando respuestas. Quiero responder pero mis labios entumecidos no logran formar ni una sola palabra.

- Alguien te hizo daño?

- …

- Arthur, háblame…por favor, dime algo.

- Y-yo…

No puedo. No respiro, siento que me ahogo.

-Respira. Respira conmigo.- dice Sophie, tomando mis manos.

Inhala y exhala lentamente y trato de hacer lo mismo. Me toma un buen rato recuperar el aliento y cuando por fin logro hablar, mi voz parece la de un fantasma.

- Tuve un mal día…

Mi vista va hacia el archivo tirado en el piso. Sophie sigue mi mirada y lo ve.

-Tiene algo que ver con esto?- pregunta, levantando la carpeta sin soltar mi mano.

-Mhm.

Aparto mis ojos de esa cosa como si fuera el mismísimo demonio.

-Está bien…tranquilo. No lo abriré si no quieres.

Dudo por un instante, pero con un gesto le indico que está bien si ella lo abre. Pues no tengo valor para reproducir el contenido con mis propias palabras. No sabría ni por dónde empezar.

Sophie suelta mi mano y abre la carpeta cuidadosamente. Sus labios se mueven, formando palabras mudas al leer. Mis piernas comienzan a temblar.

- Jajajaja

Mi risa comienza suave y va escalando a medida que Sophie voltea las páginas. Sus ojos se tornan vidriosos y veo que ha dejado de respirar. Bajo la vista. No me atrevo a mirarla.

-JAJAJAJAJAJAJAJJAJAJAJJAJA

- Dios santo…

Sophie cierra la carpeta y la deja en el suelo. Sus manos se apoyan sobre mis rodillas. Cuando por fin me atrevo levantar de nuevo la vista, veo una lágrima correr por su mejilla. Es como un espejo en el que veo reflejado todo mi dolor y de mis propios ojos empiezan a caer lágrimas que multiplican las suyas.

- Arthur…- susurra Sophie con una voz tan suave que se desvanece - Arthur…por Dios, qué te hicieron…?-

- Yo…- comienzo entre sollozos - Yo tenía un muñeco, un payasito…-

Me cuesta formar las palabras.

-Y un día… el novio de mamá me lo quitó.

Las manos de Sophie acarician mis rodillas mientras hablo. Y continúo.

-Dijo que…que si lloraba, nunca más lo volvería a ver. Y entonces él…él me…JAJAJAJAJAJAJAJJAJAJAJAJAJAJJA…

Mi risa se desvanece y ya solo queda el llanto.

Y Sophie, al verme desconsolado, hace algo que yo no esperaba. Me envuelve con sus brazos. Sujeta mi cuerpo tembloroso con fuerza y con ternura y me permite llorar sobre su hombro. Lloro de dolor y lloro ante la sorpresa, pues creí que al saber lo que me hicieron, Sophie nunca más querría tocarme. Lloro porque es la primera vez que alguien me abraza, lloro porque en sus brazos me siento humano, lloro por sus caricias, que son la cura y por la verdad, que es la herida. Lloro hasta que mis lágrimas han empapado por completo su blusa.

Con una mano acaricia mi espalda y con la otra mi cabeza.

- Shhhh, tranquilo…- susurra en mi oído - Nadie te volverá a lastimar…-

Los brazos de Sophie se cierran con más fuerza alrededor mío. Nuestros cuerpos se entrelazan y puedo sentir el latido de su corazón.

- Por qué d-dejó que me hi-hicieran esas cosas? Dejó que m-me convirtieran en ésto…en esta cosa…

- Arthur…quisiera poderte prestar mis ojos… para que veas lo que veo yo.

Sophie me aparta ligeramente de su hombro y levanta mi mentón pero su rostro se ve borroso a través de las lágrimas. Con la manga de su blusa me limpia la cara. Primero me seca los ojos y luego de parpadear un par de veces, logro ver su rostro con nitidez. Me limpia una mejilla, la otra y luego la nariz.

- El dolor pasará. Verás que un día volverás a sonreír…y ya no habrán razones para llorar.

Y entonces Sophie toma mi cara entre sus manos y me besa la frente. Cierro los ojos y un suspiro sale de mi pecho. Una sensación imposible de describir con palabras invade cada rincón de mi cuerpo. Es ésto a lo que las personas llaman amor?

Me quedo mirándola y recibo el consuelo de sus caricias en silencio. No sé cuántos minutos transcurren así. El tiempo es tan relativo… El frío que sentía antes se ha transformado en una sensación cálida. Ya no tiemblo. Y por primera vez en muchos días, siento que me sobrecoge el sueño.

- Tus lindos ojos se están cerrando…- dice Sophie - Vamos, necesitas descansar.-

Se pone de pie, me toma de la mano y me guía a la habitación. Me quedo sentado en el borde de la cama sin saber qué hacer. No estoy acostumbrado a dormir aquí. Siempre he dormido en el sillón.

- Vamos, acuéstate.- dice Sophie, corriendo la frazada hacia un costado.

Mi cuerpo se siente tan pesado, no tengo fuerzas para mantenerme sentado. Así que me dejo caer sobre la almohada pero no dejo de mirar a Sophie ni por un segundo. Mis ojos se sienten cansados de tanto llorar y me cuesta mantenerlos abiertos, pero tengo miedo de cerrarlos y que al volverlos a abrir, Sophie haya desaparecido. Ella se sienta en el costado de la cama y sube la frazada hasta mi cintura para abrigarme. Sus ojos me contemplan en silencio y su mano acaricia mi antebrazo, esperando a que me duerma. Ya no sé dónde termina la realidad y dónde comienzan los sueños.

- Sophie…eres real?

Me mira con preocupación, aparta el cabello de mi cara y pone una mano sobre mi frente.

- Tienes fiebre, Arthur…

Entonces Sophie debe ser una alucinación. Ella parece tan real y por momentos tan imposible. Parece venir de otro mundo, un mundo de ilusión donde no hay dolor ni angustia…y donde las personas son buenas.

- Estarás bien, cariño. Todo va a estar bien…- me susurra, acariciando delicadamente mis mejillas.

Me convenzo de que es una aparición, una hermosa fantasía creada por mi mente atormentada. Pero esa aparición me habla con claridad. Esa aparición que parece un ángel y sin embargo tiene manos de mujer, se acerca y se sienta a mi lado. Y esas manos me acarician, esos labios me besan y ese corazón me ama.

Si es una ilusión, que así sea. Por qué no quedarme en este pequeño espacio en mi imaginación en el que existe alguien que me quiere y que me cuida? Qué tiene de malo vivir en un mundo de sueños para no morir de realidad?

Y entonces Sophie inclina su cuerpo hacia mí y apoya sus labios sobre los míos. Son suaves y tibios y su beso es delicado como la caricia de las alas de una mariposa. Una lágrima cae por mi mejilla. Mis labios forman una media sonrisa y agradezco a mi mente por fabricar este momento para mí.

- Ya no llores…- dice Sophie - Mañana será otro día… y te sentirás mejor.-

- No te vayas…por favor, no me dejes solo…quiero seguir soñando contigo.

- Tranquilo, Arthur. Me quedaré a tu lado hasta que te duermas.

Pero acaso no estoy ya dormido?

Sophie coloca su mano sobre mi pecho, a la altura de mi corazón y su melodiosa voz me canta suavemente.

- Quería que supieras que amo la forma en que te ríes…quiero abrazarte y robarte el dolor…

Lo peor ya pasó y podemos respirar de nuevo… quiero abrazarte, tú me quitas el dolor…

Queda tanto por vivir y ya nadie contra quien luchar…quiero abrazarte y robarte el dolor…

Sophie lleva las manos a su cabello y desata el pañuelo azul que sujeta su peinado. De todos los colores que usa, ese es mi favorito. Toma mi mano izquierda y ata el pañuelo alrededor de mi muñeca.

- Cuando despiertes y veas ésto, sabrás que todo fue real, que yo soy real…y que te amo…

NOTA: La letra que inspira la canción de Sophie es propiedad de Seether y Amy Lee (Broken)