Simpatía por el diablo
Así es la vida…eso es lo que la gente dice...
Estás en la cima en Abril, derribado en Mayo…
Pero sé que cambiaré eso cuando vuelva a la cima, vuelva a la cima en Junio…
Verde, así era el cabello de mi muñeco. Pues bien, el mío también lo será! Tiño mi cabello con pintura verde. El color salpica las paredes, el espejo y el lavamanos. Las gotas de pintura corren por mi torso desnudo, dejando rastros verdes sobre mi piel. Hay algo en mí que despierta debajo de la superficie, me consume y se apodera de mí. No en contra de mi voluntad, estoy de pie junto a mi propio reflejo una vez más.
Así es la vida…
Y por curioso que parezca, algunas personas se divierten…
Pisoteando un sueño…
Hay música corriendo por la sangre que fluye en mis venas… la música no se la escucha con los oídos, se la siente en los huesos… vibra! Y hoy la siento más fuerte que nunca, ya no es solo una melodía solitaria, es una orquesta completa! Cómo es que nadie más la puede percibir?
Pero no dejo…no dejo que eso me desanime...
Porque este buen y viejo mundo…sigue girando…
Sin Penny el apartamento es solo mío. Tiro sus cosas al suelo y con un cigarrillo entre los dedos me siento delante del espejo en la habitación. Ese espejo obsoleto que usaba para maquillarse para los novios que ya no tenía. Peino mi cabello verde hacia atrás y con una brocha me aplico pintura blanca sobre todo el rostro, incluso sobre la lengua. Me separo de esta cara que conocía, pues no es mía en verdad. Me divorcio de todo lo que me contenía. Nadie, ni yo mismo, me reconocería. Pero es ésta mi verdadera piel.
El sol comienza a ponerse. El reloj me resta vida pero me acerca a mi gran momento. Siento que despierto de un largo sueño. He estado sentado entre las sombras, viviendo para un mañana, pero ya no voy a quedarme sentado a esperar un milagro. No seré un ruido de fondo. Quiero salir a jugar con la tormenta. Venga lo que venga, se lo dejo todo al azar. Sea cual sea el final, sé que aún me aguarda mi mejor hora!
He sido un títere, un pobre, un pirata, un poeta, un peón y un rey…
Ésto es lo que soy en verdad! Siempre estuve en el fondo, abajo, en el último de los escalones. He sido pisoteado por todos. Pero ahora estoy en la cima y me siento en un trono como rey de los desgraciados, el rey de todos los payasos! Soy fuerte como una tormenta, elegante como la noche y grandioso como el fin del maldito mundo.
Alguien toca la puerta. Solo pueden ser los detectives. Insisten otra vez. No puedo dejarme atrapar, no ahora que estoy tan cerca. Pero hay un problema, solo me queda una bala en la pistola y es para mí. Necesito otra arma. Busco entre los cajones a mi izquierda y encuentro un par de tijeras. Compruebo que estén afiladas y las guardo en el bolsillo de mi pantalón. Pero al abrir la puerta me encuentro con algo inesperado. Son Randall y Gary. Qué hacen aquí?
- Hola Arthur- dice Gary - Cómo estás?-
- Oh, hola muchachos!- digo un tanto sorprendido - Pasen!-
- Conseguiste un nuevo trabajo?- pregunta Gary.
- No…
- Ah debes estar de ida a esa protesta afuera del ayuntamiento. Dicen que será una locura.- comenta Randall.
- Es hoy?- pregunto. Honestamente no tenía idea.
- Sí.- replica Randall y me mira extrañado - Entonces por qué estás maquillado?-
Me apoyo relajadamente contra la pared y sigo fumando.
- Mi mamá murió…estoy celebrando…
- Ah, sí…nos enteramos… por eso vinimos. Pensamos que quizás necesitabas levantar el ánimo.- dice Randall, señalando una botella en las manos de Gary.
- Oh, qué amables…pero no! Me siento bien. He dejado de tomar mis medicamentos y me siento mucho mejor.
- Ah, de acuerdo. Qué bueno...- dice Randall -Escucha…no sé si te enteraste, pero la policía ha estado viniendo al trabajo, interrogando a todos los muchachos acerca de esos asesinatos en el metro…-
Apago mi cigarrillo en la pared.
- No me interrogaron a mí…- interrumpe Gary.
- Porque el sospechoso era un hombre de estatura normal. Si fuera un maldito enano, ya estarías tras las rejas!- responde Rndall.
- Jajaajajajaj- finjo reírme de su chiste.
- Como sea…- continúa Randall -Hoyt dijo que hablaron contigo y ahora me están buscando a mí. Solo quería saber qué les dijiste para que nuestras historias concuerden…sabes? Que sepan que eres mi muchacho y…-
No escucho lo que dice después de eso. Randall… fue él quien me dio esa pistola, hizo que perdiera mi trabajo y me convirtiera en un asesino.
- Por qué te preocupa tanto, Randall?- digo dando un paso hacia él.
Siempre me pareció que él era mucho más grande que yo, me parecía intimidante. Pero ahora ya no lo parece. Me siento de su mismo tamaño. Quizás es porque ahora estoy erguido, levanto la cabeza y lo miro directamente a los ojos. Ya no te tengo miedo, Randall.
- No fuiste tú quien le disparó al primero cuando te golpeó, matándolo de un solo tiro. No derribaste al segundo con dos balas en el pecho. No fuiste tú quien hirió al tercero en la pierna y lo persiguió por la estación de tren y vació la pistola disparándole a quemarropa por la espalda. No fuiste tú…cierto?
Y con la velocidad de un rayo saco las tijeras de mi pantalón y se las clavo en el cuello. Todo sucede muy rápido. La sangre de Randall salpica a mi cara cuando lo apuñalo por segunda vez, ahora en el ojo izquierdo. Me tiro sobre su enorme cuerpo y Randall cae al piso. Oigo sus gritos y los de Gary en el fondo.
No soy tu maldito muchacho, Randall! Ahora entiendo por qué siempre me asustabas, por qué te odiaba tanto. Eres igual a él! Querías hacerme lo mismo, cierto?! Pero ahora ya no puedes tocarme! Tomo su cabeza con ambas manos y la golpeo contra la pared una, otra y otra vez. Púdrete en el maldito infierno! Yo también lo haré, de eso estoy seguro. Y cuando te encuentre ahí, te volveré a matar una segunda vez, eso te lo juro con el Diablo de testigo! Los golpes retumban, su cráneo se parte, Randall está muerto.
Su cuerpo queda tirado en el piso y yo permanezco sentado ahí… al lado de su cadáver. Mi respiración es errática, mi corazón late con demasiada fuerza. Estoy cubierto de sangre. Ya van cinco…
- Arthur! No! Por qué lo hiciste?
Recién ahora reparo en los gritos de Gary. Está escondido en una esquina, aterrado.
- Miras el Show de Murray Franklin?- le pregunto. Gary no responde.
- Sí? Estaré en él esta noche! Qué locura, no? Yo en la tele…
- Qué diablos, Arthur?- dice Gary mirando el cuerpo de Randall.
- QUÉ?!
No entiendo cuál es su problema. Ah, cierto…
- Está bien, Gary. Puedes irte. No voy a lastimarte.
No le haría daño a Gary. Él nunca me hizo mal alguno. Fue generoso cuando todos los demás eran crueles. Gary se acerca a la escena cautelosamente, lamentándose al ver el desastre que quedó de Randall.
- Está bien, no mires. Solo vete.
Pasa deprisa por mi lado y se dirige a la puerta, procurando no mirar toda la sangre.
- A-Arthur…podrías abrirme la puerta?- me pregunta asustado.
Jajajajajajaja. Lo olvidaba. Gary no alcanza a retirar el seguro de la puerta. Cuando me acerco a ayudarle, se encoge, como si temiera que fuera a matarlo a él también. Abro la puerta, pero detengo a Gary por un segundo.
- Gary…- le digo.
- Mmm?
- Eres el único que alguna vez fue amable conmigo…
Le doy un beso en la cabeza.
- Ahora vete de aquí.
Mis manos y pies, mi cara…la sangre de Randall está en todas partes. Tendré que rehacer todo mi maquillaje. Pero antes necesito un baño. Lleno la bañera y sumerjo mi cuerpo en el agua caliente. Enciendo un cigarrillo y observo con fascinación como el humo se funde con el vapor, y la sangre se mezcla con el agua. Me lavo, quitándome a Randall de las manos y los pies. Me toco la cara y mis dedos se vuelven a manchar de rojo. Es un rojo intenso como el de la pintura que uso para pintarme la sonrisa de payaso. Mis manos tiemblan cuando las acerco a mis labios y con la punta de la lengua pruebo la sangre de Randall. Tiene un sabor metálico, como los barrotes en las celdas del infierno.
- JAJAJAJAJAJA!
El cenicero está lleno y la bañera se tiñó de escarlata. Es una obra de arte. Tanto querías tocarme, Randall…siempre intentando poner tus sucias manos sobre mí… míranos ahora! Me estoy bañando en ti!
- JAJAJAJAJAJAJJAJAJ!
El agua se enfría, mi cuerpo está limpio. Retiro la tapa y el nivel del agua comienza a bajar. Observo como Randall desaparece por la tubería que lo lleva hasta las cloacas…ahí donde viven las ratas, la última parada antes del infierno. Jajajajaja! El diablo se divierte! Y cómo se debe estar divirtiendo contigo ahí abajo en este mismo instante, Randall! Adiós…envíale mis saludos a Penny y a esos tres sujetos…
Díganle a ese tren que espere por mí. Estaba ciego pero ahora veo. No dejen que parta sin mí. Estaba encadenado pero ahora soy libre. Me ves, mamá? Ahora sí soy feliz. Me estoy divirtiendo. Guárdenme un asiento en ese tren al infierno.
