-INFINITAMENTE.

Capítulo dos: Mírame

Levi había sentido que se ahogaba con el asfixiante aroma de Mikasa, su alfa interior se revolcó en desgracia mientras las feromonas de su pareja le rodeaban y rodeaban sin descanso.

Estaba estresado y la media sonrisa que esbozaba vaciló al contacto de la torpe mano de aquella joven omega.

No quería caer en ese abismo, su estómago dio un vuelco y cruzó las piernas tratando de controlar la náusea. Se mantuvo sereno, escuchando y dando respuestas cortas, pero por dentro un millar de gusanos y larvas carcomieron su cordura cerrándole la garganta con lenta pasividad.

Levi Ackerman evitó la mirada de ella, la mujer de su desgracia, concentrado en alguna excusa para abandonar la reunión, aun sabiendo que no había escapatoria alguna y que la fobia que lo había torturado por tantos años solo se haría más fuerte si continuaba apoyando esa farsa.

A este paso tendría el mismo destino que Kenny y su madre y toda su maldita familia. Atrapado mientras todo por lo que había luchado se desvanecía entre sus dedos, por culpa de los omegas.

Se sintió solo y deseó con todas sus fuerzas cambiar ese desgraciado destino, volteando para tomar una bocanada de aire antes de enfrentarse a la amable sonrisa de la chica de cabellos negros.

Entonces escuchó un jadeo y el pequeño golpe de la puerta que hizo vacilar la amable sonrisa de su futura suegra.

Grisha Jaeger dijo que no era nada y continuaron observando el álbum de fotos de la familia.

Su alfa interno volvió a arañar, pidiendo salir de la oscuridad que le rodeaba, la neblina que infectaba su pecho impidiéndole respirar. Frunció el ceño, concentrándose en las suaves palabras de la joven omega, estrujando su rodilla para soportar el suplicio, solo un poco más.

Encontraría una solución, un viaje sabático o un traslado de ciudad, su alfa le dijo que moriría y su instinto supuró angustia. Levi cerró los dientes con fuerza mientras su ritmo cardíaco aumentaba drásticamente y el sudor comenzaba a cubrirle la frente.

Era un alfa defectuoso, roto, nunca tendría una vida normal junto a su pareja destinada. Dejó que el odio recorriera sus venas y confinó su instinto a un lugar lejano en su mente, donde Uri, quien fue como su madre, nunca mataría a Kenny.

Y la puerta de vidrio que daba al jardín de las Jaeger se rompió.

El niño ingresó chillando y llorando, gritándole a su madre por algo que no comprendió bien porque en ese momento el aroma de su omega, y el aroma de todos, fue dominado por las feromonas más fuertes y enfermas que alguna vez había olido en uno de los hospitales de la milicia, donde alguna vez usaron omegas con surcos de calor descontrolados como espías.

Era la enfermedad.

Grisha cubrió su nariz de inmediato, retrocediendo abruptamente para no ceder a los primitivos impulsos alfa, pero él fijó la mirada por primera vez en el extraño y sucio niño casi con desesperación.

Era la luz.

Abrió la boca aspirando, alejando el dolor que le causaba la otra omega, un nuevo aire inundó sus pulmones permitiéndole respirar otra vez.

Era una pequeña ventana que le permitió sentirse vivo otra vez, rechazar el destino y por supuesto no pensó dos veces antes de reclamarlo como suyo.

Levi no era un alfa impulsivo, doblegó su instinto y los instructores le enseñaron a controlar su segunda dinámica, los buenos soldados hacían eso y Levi fue un buen soldado, sirvió y rescató omegas en celo sin inmutarse siquiera un poco, hasta ahora que dejó salir a la bestia, pero en verdad lo necesitaba con desesperación.

El alfa Grisha había gritado y la mujer trató de golpearlo.

Sin embargo todo valió la pena puesto que una vez que hubo mordido el asqueroso lazo que le apretaba el corazón se resquebrajó y se sintió tan libre que quería reír, tan egoísta que sintió el impulso de llorar, pero si algo le había enseñado Kenny fue que nunca debía arrepentirse de las decisiones que tomaba, sean correctas o no, porque eso es lo que hacía un verdadero alfa.

Y sobrevivió.

Casarse con un menor de edad no fue complicado.

No cuando había presentado documentos –gracias, Hanji- que certificaban al niño como su pareja destinada y le otorgaban la libertad de quitarle la custodia a los padres tan pronto como quisiera.

Porque Eren era su pareja destinada, por supuesto.

¿Y la hermana? Forzó una sonrisa diciendo que los errores ocurrían, la chica solo tenía dieciséis, era una adolescente, no sabía lo que decía y no eran pareja.

Eren era su verdadera pareja destinada, los papeles lo demostraban y la ley amparaba su derecho a cerrarles la boca, incluso a su impertinente hija que seguía desvariando en la corte, y por favor que no se acercara mucho a él, que su aroma era molesto.

Contrató un abogado y un notario público esa tarde, Petra y Auruo fueron los padrinos y Levi se compró un mejor traje.

Erwin torció la boca al recibir la invitación, y la esposa de Erwin arrojó la suya, gritando en diferentes idiomas lo desalmados y asquerosos que eran los alfas.

Levi se encogió de hombros, no estaba siendo precipitado y la ley era la ley ¿No? Y los buenos policías daban el ejemplo.

No vendería el departamento, realmente amaba ese lugar, era su territorio, la prueba de que pudo salir adelante en todos esos años de mierda que precedieron la muerte de su tío y la pareja de este.

Además, un niño omega ocuparía poco espacio.

Por cierto... ¿Qué año cursaba Eren en la escuela?

Doce, recordó, cuando esa omega gritó y lanzó golpes había dicho que su hijo solo tenía doce años.

No era un niño, así que no esperaba tener que terminar de criarlo y tampoco era un adulto por lo que los hijos podían esperar, olía bien, lo suficiente para cubrir cualquier olor. Su instinto había aceptado a Eren y su duro entrenamiento le ayudaría a acoplarse con el niño como si en verdad se tratara de su pareja.

Y Eren, el omega, parecía tener una extraña fijación hacía él.

No estaba transgrediendo ninguna norma, solo la del cielo, pero dado que ningún rayo cayó sobre su cabeza y ninguna señal paranormal le fue enviada, significaba que la naturaleza seguiría su curso y estaba bien.

Siempre estaría bien…

—…está mal —murmuró para sí mismo, cuando terminó de atar el nudo de su corbata, cuando sacó el anillo con diamantes pequeñitos que Kenny decía le había pertenecido a Kushel alguna vez, un regalo del abuelo porque las omegas como su madre se merecían cosas bonitas, y nunca lo vendió aunque pasaran hambre y frio.

Ese sería su amuleto.

No importaba.

La decisión ya estaba hecha.

Aun si tuviera que elegir al mocoso otra vez, una y mil veces, nunca iba a mostrar arrepentimiento.

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En casa de los Jaeger, en cambio, todo fue una tragedia desde que Grisha aceptó aquella locura.

Los errores ocurrían y todos pensaron que Mikasa era la pareja de Levi, pero resulto ser Eren. Las circunstancias fueron extrañas y todo el procedimiento apestaba a fraude, pero ¿quién era él para decirle que no a ese alfa?

Le costó trabajo convencer a su esposa, diciendo que el cielo los castigaría porque el enlace de dos personas era lo más sagrado del mundo y ella creía fervientemente en esas cosas, así que aceptó. Le costó trabajo consolar a Mikasa, pero luego de hablarle paternalmente y recordarle que Levi no era su destinado y ella no era nadie para transgredir las leyes del cielo, y que si continuaba insistiendo la llevaría con un terapeuta, logró que dejara de llorar a tiempo para la boda.

Empero ni siquiera trató de decirle la verdad a Eren o hacerle entender, era un niño y los niños no tenían por qué comprender esas cosas. Además parecía entusiasmado con la idea de vivir con el señor Ackerman, su sueño hecho realidad, una prueba más de que el instinto sabía quién era su destinado.

Aunque las cosas nunca eran fáciles para él, no, la desgracia siempre parecía encontrar un punto débil y soltaba su carga sobre sus pesados huesos.

—Explícale —exigió su esposa cuando fueron a empacar las cosas del pequeño.

—Eren —comenzó bajo la mirada de Carla— pronto te convertirás en un Ackerman ¿Estas bien con eso?

—El señor Levi es mi héroe —siguió chillando su retoño, con el cuello vendado y dispuesto a regodearse el pequeño triunfo que tuvo sobre la omega rival que era su hermana, Eren nunca fue un niño avispado ni una lumbrera, solo se dejaba llevar por el instinto—, sale en las noticias y detiene a los malos. Cuando sea grande quiero ser como él.

Ambos padres se miraron preocupados.

—Tienes que ser bueno con él —sollozó su madre— a principio querrá que seas perfecto, pero así son todos los alfas, ya lo sabes —dijo mientras sacaba toda su ropa del armario para guardarla en una maleta de viaje— no dejes que se sienta insatisfecho contigo, no olvides tomar tus inhibidores, recuerda que la mayor vergüenza para un omega es desobedecer a su alfa

—¿Por qué? —pregunto Eren desde su cama, movía sus pies en el aire sintiéndose pequeño sobre las cobijas con dibujos de aviones.

—Porque esa es nuestra naturaleza —contestó su madre— si fuera por mí no te dejaría ir, pero ya sabes —terminó de empacar las cosas de su hijo— él es tu destinado y el padre de tus hijos.

—No quiero tener bebés, Jean no los tendrá

—Tu amigo es un alfa, Eren —corrigió su padre.

—¡Pero yo soy mejor en deportes! —insistió Eren saltando de su cama hasta pegarse en las faldas de su madre.

Desde siempre había existido cierta curiosa rivalidad entre ambos niños, y todos creían que Jean y Eren eran destinados, aunque al final no resultó ser así.

La vida estaba llena de misterio, Grisha estaba seguro de eso.

Bajó las maletas y se quedó viendo como Carla peinaba a su hijo con esmero.

—Estás listo —Carla abrazó a su hijo— nunca dejes que nadie te diga que no eres especial. Ni siquiera tu alfa tiene derecho a decírtelo, y si te lo dice... no se lo reproches. Así que —le pellizco la mejilla— prométeme que no harás nada tonto. Promételo

—Te lo prometo mamá.

—Carla, es suficiente —Grisha los interrumpió— debemos salir, ya todos están aquí —se llevó la maleta y a Eren dejando sola a su omega— créeme que pensaran mal de ti si no bajas.

Ella fue a lavarse la cara y ponerse algo bonito para la ocasión.

Poda escuchar los susurros bajos y algunas exclamaciones desde su dormitorio y su corazón se aceleró cuando sintió el motor de un auto acercándose hasta el garaje de la casa.

La ceremonia fue privada y sencilla, rápida a petición de Levi que dijo tener trabajo al día siguiente.

Carla lloró un poco más y se disculpó con los ojos hinchados, sonriendo cuando Eren intentaba tomar la mano del alfa que, a juzgar por su reacción, nunca había interactuado con niños.

Poco después Mikasa hizo su aparición con un vestido primaveral que resaltaba sus dieciséis años, sería y sin la sonrisa que tanto había practicado hacia unas semanas.

A Eren no le importó, estaba pendiente de observar a todos y sonreírle al capitán, comportarse bien para que creyera que no era un niño mimado.

Firmaron el acta de matrimonio, Levi dio un breve beso delante de los nerviosos presentes y finalmente brindaron con champan.

—Despídete —ordenó el pelinegro tomando la maleta y la mano de su nuevo omega para arrastrarlo hasta el auto.

Eren estaba aturdido.

Sin lograr procesar todo lo que pasaba en aquel extraño día, alcanzó a darle un beso a su madre.

—Adiós mamá, adiós papá, adiós Mikasa —quiso agregar un "los veré mañana" pero no lo considero prudente.

Solo se dejó llevar por la posesiva mano del capitán hasta el coche, se sentó en el fino asiento de cuero y se abstuvo de preguntarle cosas a Levi porque tenía una cara dura y amargada, con el ceño fruncido como cuando su papá estaba molesto o cansado o las dos cosas.

—¿Esta es tu casa? —preguntó cuándo se detuvieron frente al edifico mayor.

El señor Levi tenía los ojos cerrados y la espalda recta, respirando a bocanadas.

—Está el décimo piso, el balcón blanco con macetas —dijo en voz baja, abriendo la ventana del coche para que pudiera mirar.

—¿Voy a pasar la noche aquí?

—Deja de hacer preguntas, Eren.

Cerró la boca cuando entraron al ascensor y cruzaron un breve pasillo para detenerse en el apartamento.

—Bienvenido —se limitó a decir el capitán para presentarle su nuevo hogar, los muebles, la lámpara del techo, la mesa de cristal, absolutamente todo parecía más reluciente. Como una casa de juguete nueva.

Eren se sintió nervioso, pero su instinto, ese que a menudo le hacía hacer tonterías, le obligó a explorar cada rincón hasta que se hizo de noche y las estrellas iluminaron el cielo.

El capitán dejó que tocara todo lo que quisiera y desapareció en otro cuarto, más tarde le enseñó el dormitorio y le dijo que era libre de escoger el lado de la cama que quisiera.

Eren quería dormir en el lado izquierdo que estaba cerca del balcón, pero su instinto señaló que el lado derecho no estaba tan mal y la pared le otorgaría cierta seguridad que nunca antes había querido buscar. Mamá también dormía en el lado que daba a la pared y Mikasa, la maestra había dicho que era algo biológico, natural para los omegas.

Algo le dijo que hiciera caso al instinto y cedió de mala gana, quitándose los calcetines para subir hacia su nuevo lugar y comenzar a perfumar las almohadas, no quería que olieran a alfa.

—Desempaca tus cosas y quiero que dobles tu ropa y la pongas en esas gavetas —indicó el capitán— mi oficina está junto al pasillo derecho, puedes dejar tus materiales de la escuela en el escritorio que te compre.

—¿Tengo que doblar mi ropa solo?

Los ojos del capitán le escudriñaron de pies a cabeza, ya no se parecía en nada al alfa que salía en las revistas y mostraba una tensa sonrisa cuando alguna cámara le apuntaba.

—¿Pretendes que yo lo haga por ti?

Eren negó con la cabeza y se dispuso a luchar entre montones de camisetas y pantalones mientras Levi se quitaba el traje buscando una toalla ente sus cosas. Desapareció por segunda vez y el agua corrió en el otro cuarto, pero cuando se detuvo el alfa no volvió al dormitorio hasta que se hizo muy tarde y sus parpados se volvieron pesados y no tuvo que pensarlo dos veces para buscar el calor de las sábanas y hundir la cabeza en su nueva almohada.

Papá había dicho que todas las parejas destinadas consumaban el matrimonio después de casarse, era algo que no se podía evitar, una necesidad que nacía en sus corazones como un pequeño fuego.

Eren no sintió ese fuego y Levi no volvió en toda la noche.

Papá también le había dicho que tal vez el capitán no iba a intimar, tener sexo, con él porque era muy pequeño, aun así la herida en su cuello picó y tuvo una pesadilla a medianoche, despertando en un cuarto ajeno y vacío.

En casa desayunaban fruta y tostadas que mamá mezclaba con tocino y mermelada.

Aquí, Levi compró dos paquetes de desayuno y aunque los primeros días disfrutó la grasa de las papas fritas y el café prohibido, tuvo dolor de estómago y lloró cuando el capitán le presentó la misma bolsa de desayuno pre fabricado al día siguiente.

Consecutivamente aprendió a encender la estufa y freír huevos. El capitán estaría ahí para vigilar que no se quemara ni ensuciara el suelo y aunque nunca pudo cocinar tan bien como su madre, Levi dijo que sus tostadas quemadas no estaban nada mal.

Conforme pasaron las semanas el capitán Levi desistió y lo llevó al cuartel general para presentarlo como su omega y antes de que alguien hiciera más preguntas le enseñó el garaje de autos y los vestidores y el uniforme antidisturbios que no era tan bonito como en televisión. El casco era pesado y el bastón negro se veía amenazador.

—¿Golpeas a los omegas malos con esto? —preguntó, mirándole inquisitivamente.

Alguien soltó una risa en la otra cabina y Levi frunció el ceño.

—No, golpear omegas está prohibido —dijo quitándole el casco y garrote para ponerlos en los colgadores—, los usamos en alfas.

—¿Alfas como tú?

—Sí.

—Pero tú no eres malvado.

Levi entrecerró los ojos y le dio palmaditas en la cabeza, posteriormente fueron con Erwin Smith quien tosió mucho y nunca se molestó en bajar la cabeza para mirarlo, hasta que la omega pelirroja apareció gruñendo y de mal humor, pero Levi dijo que ya era tarde y debían volver a casa.

No quiso enseñarle las caballerizas a pesar de que se lo había prometido y en verdad quería verlas porque le gustaban mucho los caballos y siempre quiso montar alguno y darle zanahorias, en cambio estaba dentro del auto, de mal humor y con ganas de patear algo. Su omega interno también parecía indignado, Eren decidió dejarlo ser y tuvo su primer berrinche.

—¿Sucede algo? —preguntó Levi, media hora después.

—Mentiroso.

El silencio precedió un profundo suspiro.

—Solo son caballos, Eren.

Normalmente, su madre habría olido su profunda pena y frustración adivinando al instante lo que le sucedía, pero Levi no recogió la información que le daban sus feromonas y tampoco pareció entender su desilusión. No estaban en sintonía y eso hizo gruñir a su joven instinto.

—Pero lo prometiste —dijo después de unos segundos.

—A veces no puedo cumplir mis promesas, Eren.

—Pero…pero tú eres un héroe y los héroes siempre tienen tiempo y cumplen sus promesas.

Levi le echó una mirada con una ceja perfectamente arqueada en su frente.

—No soy un héroe.

—Lo eres, sales en televisión y tienes un rifle en los desfiles. Golpeas a los malos y rescatas niños perdidos…

—¿Cuántos años tienes? ¿Cinco?

—¡Tengo doce años!

—La vida no funciona como una teleserie de la tv, tienes que comprenderlo —regañó—.Yo no atrapo a los malos, sigo órdenes y hago mi trabajo. No quiero salvar personas o ayudar a ancianos en la calle.

El corazón de Eren se hundió y dejó que su enojo hiciera su parte.

—Cobarde.

Levi pisó el freno y se detuvieron en medio de la carretera vacía.

El semáforo cambio a verde.

—Retráctate —gruño, enojado.

Eren se estremeció y su instinto indicó peligro, algo que no estaba bien, ¿Cómo podía sentir peligro si este era su alfa? ¿Era su alfa?

—Quiero volver a casa —susurró, asustado, comprendiendo algo que estaba más allá de sus fuerzas.

Levi chasqueó la lengua, controlando su ira lo mejor que podía.

—Pronto estaremos en casa.

Eren tembló.

—No. Yo quiero volver con mamá, papá y Mikasa.

Algo estaba mal.

N quería ser obediente y con la mente un poco despejada se dio cuenta de que no sentía el lazo.

No sentía el fuego.

—Las cosas no funcionan de la manera que tú quieres —dijo Levi con los ojos fríos como el hielo.

Su pecho palpitaba y Eren decidió perder el control.

—¡Quiero ir a casa! —gritó, pateando la puerta.

—Contrólate, Eren.

Decidió mirarlo con sus ojos verdes, buscando alguna respuesta, buscando un olor que no existía y su instinto siseó ante lo desconocido.

—Tú no eres mi alfa…

Levi no dejó que terminara, había empujado su pequeño cuerpo contra el asiento, sus manos se convirtieron en garras sobre sus hombros y apretaron con fuerza causándole dolor.

Las lágrimas picaron en la esquina de sus ojos.

Y por primera vez vio al alfa interior de Levi que ardía en ira.

—Mírame.

—No quiero.

—Eren, mírame.

—¡No me toques! —gritó tratando de empujarlo, pero solo pudo rasgarle la mejilla y al instante se vio sacudido con fuerza por esas manos que le hacían daño en la piel mientras las fuertes feromonas de enojo lo dejaban lívin y quieto como una estatua. Su cabeza golpeó muchas veces contra el asiento de cuero, pero no lloró. El frio aliento de Levi se coló en su oído, gritando.

—¡Mírame! ¡Yo soy tu maldito alfa, si te atreves a decir lo contrario te mataré!

No cerró los ojos, permaneció quieto y temblando en silencio hasta que sus labios sintieron el sabor de la sangre y algo húmedo mojó sus pantalones. Era demasiado pequeño para que usaran la voz de mando en él.

Entonces lloró fuerte porque Levi iba a golpearlo por ensuciar su auto.

Levi lo soltó, abriendo mucho los ojos y manteniendo su distancia. Algo que tuvo que aprovechar para arrinconarse y abrazar sus rodillas lejos de la mancha tibia de su vergüenza que goteaba el asiento de cuero, quería ser invisible, pequeñito, diminuto, inalcanzable.

Sus mejillas se pusieron rosas y gimió, tratando de no gritar a pesar de que su llanto seguramente se escuchaba fuera del coche.

—Lo siento —susurró Levi, pero no se atrevió a consolarlo.

Continuará…


¿Cuántos años tiene Mikasa y porque es la hermana de Eren?

Tiene 16 años, es la hermana de Eren porque si…este es un universo alterno.

¿Está interesada en Levi?

Sí, Levi le gusta mucho.

¿Está permitido casarse con un niño?

Si, los alfas pueden hacer lo que quieran aquí, como esos fic omegaverses con omegas únicos y diferentes.

Eren es muy inocente, ¿sabe que significa casarse?

Si, a los omegas de este fic les enseñan eso desde pequeños.

¿Sintió algo por Levi cuando lo vio, aparte de admiración?

Solo admiración, es un niño.

¿A qué se debió su celo?

Eren está enfermo, suelta el doble de feromonas que un omega normal

¿Jean es de su edad?

Sí, es su compañero de clase y un chico alfa.

¿Porque Sasha como pareja de Hanji?

Me gusta ese ship.