No soy dueña de Ranma ½. Solo hago esto por diversión. Le pertenece a la gran Rumiko Takahashi y sí, estoy molesta con ella porque no permitió que se besaran en el manga.
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HIBAKUSHA
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Capítulo 2
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– ¡Suéltame Hiroshi! ¡Suéltame si sabes lo que es bueno!
– ¡Sostenlo Hiroshi, sujétalo más fuerte que se va a escapar!
– ¡Eso intento Daisuke! ¡¿Por qué no ayudas también?! –El chico sacó la cabeza por una de las costillas de Ranma para hacerle frente al hombre de cabello castaño claro y lo miró ceñudo.
– Shh, shhh Hiroshi. Tranquilo, ya vamos allí. – El muchacho caminaba de un lado a otro del pequeño vagón prácticamente vacío porque todos los hombres estaban tratando de mantener a Ranma en el suelo con toda su fuerza.
– ¡Vamos chicos! ¡Suéltenme ya! ¡No puedo respirar!
– Oye tú, ¿qué no le estas tomando las manos? – Le pegó con un largo y delgada varilla de madera a un chico flacuchento que trataba inútilmente de sostener uno de sus pies del artista marcial. El chico gritó tan fuerte de dolor que todos le dirigieron la mirada, dejando de hacer su tarea, confundidos. – Oyeeee…Wowwww perdóname Gosunkugi no sabía que eras tú. – Se disculpó avergonzado el castaño. Y era cierto, no había notado su presencia.
– Yo…Estoy… Bien… – El agraviado muchacho, adolorido por el golpe de la barra se puso de pie y corrió rápidamente a afirmar un dedo de Ranma que se salía por uno de los agarres de Hiroshi. El resto de hombres lo miraron confundido y regresaron rápidamente a inmovilizar otra vez al chico de coleta que estaba listo para escapar.
– Bien…Cof cof cof… Después de este pequeño percance, vamos a los que nos convoca hoy. –Los hombres sentaron como pudieron al heredero Saotome en uno de los asientos personales que contaba el vagón, impedido total.
Ranma lo miró maldiciendo por lo bajo y volviendo los ojos. Sabía que sus queridos compañeros no eran una ninguna clase de amenaza para el mejor artista marcial de su generación, pero resulta que en esa cabina llena de hombres enamorados-adoradores de su insufrible prometida lo tenían atrapado por completo. Podía golpearlos a todos y quitárselos de encima, pero no sin destruir medio vagón y vamos, al menos tenían que llegar en una pieza a la toma de lista en el ejército ¿no?
–Bien… – Suspiró derrotado.
–Díganos Saotome…– Daisuke sacó una silla que encontró en el vagón y se sentó, mientras su rostro se oscurecía bajándolo, adquiriendo un aire lúgubre dijo:
– Ilumínenos con lujo de detalles y que le creamos también, eso es muy importante. ¿Desde cuando se le permiten semejantes avances con nuestra Akane-chan?
-¿QUÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉ?
Hiroshi le apretó con el brazo el cuello y le dijo muy de cerca.
– Responda Saotome que lo estamos interrogando, ¡vamos! ¡No sea cobarde!
– ¿Es que se han vuelto suicidas? ¿Qué clase de mangas han estado leyendo para que crean que les responderé tal cosa?
– Ohhh… Entiendo, tenemos un insurrecto aquí mis queridos compatriotas, ¿qué se hace con ellos? – Lo miró con un brillo diabólico en los ojos que se repitió en todos los ojos de sus captores.
– No, no, ¿qué van a hacerme? … Dai, te juro que mataré cuando termine esto. – Le gritó Ranma haciendo crujir sus dedos entre la masa de muchachos.
–Ohh… Quiero ver eso mi estimado Saotome. – Después soltó dramáticamente la silla y se volteó haciendo sonar sus dedos dándoles la señal. – Procedan.
– ¡NO! ¡NO! ¡NO! ¡Daisuke, para esto! ¡Oye tú! ¡Estúpido no te atrevas a tocarme! ¡Paren! ¡PAREN ESTO YA!
Así fue como Ranma Saotome, el prodigio del siglo en las artes marciales del estilo libre Saotome, japonés de nacimiento y heredero del Musabetsu Kakuto Ryu fue abordado por al menos cuarenta hombres que comenzaron a hacerle cosquillas, sí, COSQUILLAS.
Después de al menos diez minutos de tortuosas cosquillas y de una zona particularmente sensible en la planta de los pies, algunas lágrimas derramadas y varios ojos morados de los jóvenes. El jefe matón Daisuke que había conseguido un par de lentes obscuros redondos, volvió a sentarse en la silla de interrogatorios con el respaldo hacia adelante y con los brazos apoyados en ella, con aire solemne le pregunto otra vez.
– Quiero ayudarlo Saotome, pero usted no me lo permite. Vamos, solo díganos lo que queremos escuchar.
– ¿Qué diablos pasa con ustedes manga de degenerados? – Ranma lo miró con los ojos brillantes de lágrimas no derramas aun y con el estómago adolorido por las risas provocadas por terceros, entrecerró los ojos.
– ¿Ha tenido suficiente Saotome? ¿Responderá ahora…?– Le respondió el chico con valor inusitado en él, bien podría tener su pandilla de ahora en adelante y soñó un rato mientras daba la señal para otra tanda de cosquillas.
Una abertura chico listo, pensó el joven de ojos azules.
Ranma aprovechó los segundos que sabía que el resto de hombres dejaba de sujetarlo para escuchar a Daisuke, utilizó sus piernas para inmovilizar a dos y llevarlos rápido al mundo de los sueños. Luego al resto que corrieron buscando refugio, pero los dioses no los escucharon y los golpeó a todos, con rápidos movimientos dejándolos inconscientes de inmediato, sin provocarles ninguna herida grave. Dejó a Daisuke al último que aún no se levantaba de la silla estupefacto, Ranma hizo tronar sus dedos.
– ¡Vamos Ranma! Era una broma, no pensarás que yo…– No alcanzó a terminar de disculparse cuando conoció el paraíso, sigue la luz, sigue la luz Dai.
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– ¿Qué pasa Akane? ¿Estás preocupada por algo?- Suavemente le preguntó Kasumi a su hermana menor.
–No, por supuesto que no. No me pasa nada. ¿Por qué preguntas? – Le dijo la chica frunciendo las cejas en una perfecta v.
–Deben ser imaginaciones nuestras, Akane. – Nabiki le sonrió burlescamente, la muchacha no se había dado cuenta que creó un solo bolso de polvorita envuelto con casi todo el hilo del que disponían para las casi 400 municiones, y además parte de su pierna estaba poniéndose morada.
–Oh, lo siento por eso. – Akane se sonrojó furiosamente tratando de desenrollar y desenrollarse a sí misma del desastre que había provocado.
Nadie quería que su temperamento se dispara y menos en medio de toda esa pólvora que guardaban en bolsas pequeñas y que sería retirada mañana del dojo, como del resto de los hogares de Nerima.
Pasaron treinta minutos más y la chica al fin encontró el coraje y la voz para preguntar.
– ¿Creen que él estará bien? – Todos los presenten la miraron atentamente, ¿quizás estaba reconociendo sus sentimientos frente a todos?
–Claro que lo está, no te preocupes por eso. –Le dijo Kasumi en tono maternal.
–Pero… Pero nadie que fue a la Guerra ha regresado. – Las lágrimas acudieron velozmente a sus ojos y dejó de fingir que estaba haciendo algo.
El pequeño salón quedó en silencio, porque era la misma preocupación que embargaba a todos, pero que ninguno se atrevía a mencionar.
–Por supuesto que lo estará Akane-Chan, es un guerrero. – Nodoka le tomó una de sus manos para reconfortarla, su hijo era un hombre entre los hombres y regresaría sano y salvo a casa.
–Él cumplirá su promesa, Akane-chan. – Kasumi apoyó su cabeza sobre la de Akane y un brazo sobre sus hombros.
–Eso espero Onee-chan, eso quiero…–Y la abrazó mientras lloraba suavemente contra su hombro.
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– ¡Idiota! ¿Qué luz vas a seguir? ¡No tienes que seguirla! –Le decía Hiroshi una vez que regresó del mundo de los sueños a Daisuke mientras lo zarandeaba bruscamente para que despertara.
– Creo que Ranma se ha vuelto más veloz, tuvo el record esta vez. En 30 segundos estábamos todos fuera de combate.
– ¿Y cuándo lo estuvimos? – Gritó alguien de atrás.
– Ni que lo digas…Hace tiempo no me dolían tantos los brazos y solo por mantener quietos sus dedos. – Hiroshi trataba de masajear los brazos y elongarlos. Ahora que estaban de vuelta en sus asientos en un muy silente vagón, salvo uno que otro quejido de algunos chiquillos de regreso a la conciencia.
–Ahhhhh, es un maldito con suerte…– Le decía Daisuke entre murmullos recordando como de arriba del vagón del tren habían tenido la vista privilegiada del primero beso de los artistas marciales. –Awwww… Nuestra Akane-chan ha crecido, ya es toda una mujer. – Se secó una lágrima que corrió imaginariamente por su mejilla, abrazando por los hombros a Hiroshi. – ¡Como siempre tan kawaii!
–Sí, que dulce de su parte correr detrás del tren despidiendo a Ranma y confesándole su amor, quisiera tener una novia como ella.
Ranma que estaba frente a ellos mirándolos con una ceja levantada ante la historia que se habían creado esos dos idiotas, los volvió a golpear en la cabeza a ambos.
–OYEEE, ¿por qué fue eso?- Gritaron los maltratados muchachos sintiendo como crecía el bulto en sus cabezas.
– ¡Por idiotas!
– Puaaaajj…– Se quejó otra vez Daisuke, tocándose el chichón mirándolo con lágrimas en los ojos. – Eres malvado Ranma, no te mereces a nuestra Akane-Chan, ¡Me opongo a su noviazgo!
-Serás…- A Ranma se le crisparon los dedos y comenzó a tiritarle la ceja donde se hinchaba una vena en la sien. –Ya veo, ¿te opones?
–Sí…– Y le hizo un puchero lastimero tocándose nuevamente la protuberancia. – Le mandaré una foto con mis golpes, ya verás cuando regreses a casa. ¡Akane-chan me vengará! – Le dijo mientras apretaba un puño y gruesos lagrimones caían de sus ojos cerrados mientras la evocaba en sus pensamientos. – Sácame una foto Hiroshi.
– Oye Dai…
– ¡Sácame la foto! Tengo que enviársela a Akane-chan en la próxima estación.
– No traje cámara Dai, vamos a la guerra.
– ¡Diablos! – Miró a su alrededor buscando a alguien hasta encontrarlo. – ¡Gosunkugi! Mi muchacho amigo, puedes sacarme una foto que muestre mi mejor perfil con este golpe traicionero, de MI AMIGO RANMA. – Gritó a todo pulmón, mientras con un dedo señalaba la hinchazón. Gosunkugi lo miró contrariado y agachándose en su asiento por si Saotome pensaba atacarlo.
Ranma puso su mano sobre sus ojos fingiendo que no lo conocía, mientras el resto del vagón se carcajeaba por las jugarretas del muchacho de cabellos castaños claros.
Todo con total de olvidar que se dirigían a un lugar desconocido, donde terminarían de convertirse en hombres, siendo despojados de su adolescencia para siempre. Ya no habría jugarretas ni risas, luchar por la vida de miles de personas y la propia, enfrentados con la muerte en primera persona.
Muchos no regresarían.
No a casa.
No a sus seres queridos.
Muchos entregarían su vida por los ideales del Emperador…
Pero hoy, solo por este instante era bueno tener almas de niños, risueños a más no poder, habían podido entre todos hacer una hazaña monumental, retuvieron e inmovilizaron al caballo salvaje de la famosa escuela Furinkan y ese sería un grato recuerdo para el futuro que no conocían… O si lo sobrevivirían.
–Cla…Claro. – Un solo flash y ya tenía la instantánea en sus manos. – Gracias Gosu, nos vemos.
–Sí…De nada. – El muchacho ojeroso de sonrojó y llevó ambas manos al rostro, era la primera vez que alguien que no fuese de su familia le daba un apodo.
–Mira Ranma…– Agitó la foto frente a los ojos azules del muchacho. – Ya verás, tendrás tu merecido. – Sonriéndole taimado y guardando la foto cuidadosamente dentro de su pecho.
Ranma no le contestó, entre molesto y abrumado.
No sería capaz de enviarle la foto, ¿cierto?
Conociendo a Akane vendría hasta el mismo ejército a patear su trasero si sabía que estaba lastimando a sus indefensos compañeros no artistas marciales.
No, seguro que no lo haría si no existía la foto. Sus ojos brillaron traviesos, esperando el momento adecuado de actuar.
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Los hombres llegaron a su destino sin novedad, extenuados por el largo viaje y estirando las piernas, después de viajar por tren y seguir su destino por aire. Aterrizando en una isla perdida en el Océano Pacifico, Iwo Jima o Isla del Azufre la llamaron.
Decir que era un bello paisaje, era mentir, había tierra negra volcánica por doquier y montes llenos de ella. Desolador se quedaba corto, pero era parte del Imperio y primer objetivo de ataque de las tropas estadounidenses. Sabían que la guerra estaba perdida hace mucho, con miles de bajas en sus filas, pero jamás dejarían que conquistaran ni mancharan las tierras del Imperio, defenderían cada isla y cada palmo del territorio insular con su vida. Mientras existieran combatientes nipones nunca tendrían la rendición incondicional del Japón.
– ¡Comandante Kimura, los hombres han llegado!
– Bien Atsushi, fórmelos para la presentación.
–Sí, mi Comandante. – El Teniente corrió inmediatamente a cumplir la orden, levantando un rastro de polvo a su paso.
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– ¿Qué clase de broma es esta? – Hiroshi estaba decepcionado por decir lo menos.
– ¿Qué esperabas? ¿Sake y sushi para la bienvenida?
–Wowww, hombre si lo pones así, creo que me hice muchas expectativas. – Ranma los miraba aburrido, esos dos habían pasado el larguísimo viaje hablando de como llegarían a un campo lleno de trincheras y armas, corriendo por su vida.
Y resulta que los habían trasladado a una base militar en una Isla casi desierta en medio del Océano. Observó el lugar con ambas manos en la cabeza y se dio una vuelta completa, esto es sospechoso y entrecerró los ojos.
Estamos en la cima de una isla en medio del océano, pero ¿específicamente para qué estamos aquí?
– ¡PRÉPARATE A MORIR RANMA! –El chico de coleta saltó esquivando el ataque, soportando el peso en una de sus manos sobre la caliente tierra, para aterrizar suavemente y ponerse en guardia de inmediato.
– ¿Qué haces aquí P-chan?
– ¿A quién llamas P-chan estúpido? ¿Cómo pudiste dejar a Akane-San sola imbécil?– E inicio una serie de golpes contra el muchacho de la trenza a una velocidad alucinante, que dejó boquiabiertos a la mitad de los hombres que estaban en la división y a los otros apostando acerca de quien ganaría. Las apuestas estaban en favor de Ranma, solos los incautos y quien no conocía a Saotome apostaron contra él. Daisuke e Hiroshi habían aprendido esto hace tiempo e hicieron maestro de obras con las apuestas. Tendrían artículos de lujo en esta primera noche en el ejército.
–Pues me extraña que tu estés aquí cerdito, ¿cómo llegaste aquí? ¿Te perdiste de camino al baño?
–Guauuuu, guaaaauuuuu. – Lo saludo blanquinegra feliz moviéndole la cola al muchacho Saotome.
–Oye tú, holaaa. – La saludó tocándole las orejas. – ¿Qué diablos estabas pensando al traerla acá estúpido?
– ¡Serás idiota Ranma! ¡Es mi deber como hombre defender la Nación! – Enderezó el cintillo que llevaba en su cabeza y lo convirtió en una serie de chuchillas afiladas que se desparramaron por todo el lugar, algunos hombres tuvieron cortes en sus brazos y piernas, mientras otros corrían afirmándose la cabeza en busca de refugio, pero sin perderse la pelea. Ambos combatientes se encontraban descansando, de frente a unos cinco metros de distancia. Volverían a atacarse en cualquier momento mientras median sus fuerzas con la mirada y se ponían en posición. Y se lanzaron con todo al frente. A medio camino una pequeña piedra impactó en cada cabeza de los hombres, lanzándolos al suelo.
– Cof, cof… Veo que tenemos entusiasmo por aquí. – Dijo el Teniente Atsushi, entre sorprendido y divertido. – ¡FÓRMENSE YA!
–Sí, Señor.
–Mi nombre es Atsushi Ogata, para ustedes Teniente Ogata. Se formaran en silencio y esperaran por mis órdenes, ¿entendieron?
–Sí, señor.
Los hombres corrieron rápidamente a tomar su lugar en cinco filas del más alto al más bajo, entre ellas a su cabeza de izquierda a derecha estaban formados mirándose de reojo malhumorados Ranma Saotome y Ryoga Hibiki. En la fila de Ranma y detrás de él lo seguían Daisuke Koyasu, Hiroshi Tsujitani, Yamato Yamaguchi y Hikari Gosunkugi de último. Eran recién las doce del día y llevaban esperando un largo rato a pleno sol, sus rostros sonrojados y sudorosos seguían esperando las órdenes del Teniente, que al parecer decidió castigarlos sin desayunar.
De repente, un sonido los sacó de su letargo, estaba aterrizando un pequeño helicóptero que trajo una brisa llena de polvo que envolvió a todos los hombres formados, sin llamar la atención del resto de las divisiones. Se estacionó frente a ellos, cuando la hélice se detuvo, se abrió una puerta y lanzaron una escala para que alguien descendiera del aparato y la mitad de las filas contuvo la respiración.
– ¿Qué diablos hace ese idiota aquí?
– ¿Acaso la gente acomodada también lucha por el pueblo?
– ¿Puede ser esto más horrible? –Dijo Ranma más para sí mismo que para el resto.
Katewaki Kuno enfundado en una hakama azul con negro, el famoso rayo azul de la escuela Furinkan, campeón de kendo a nivel nacional y heredero de la familia Kuno, bajaba en gloria y esplendor con un bokken en una de sus manos apuntando a Ranma directamente y una katana en su espalda.
– ¡Maldito hechicero! He venido tras tus pasos tras profanar los vírgenes labios de la tigresa Akane Tendo, rogando al ejército poder defender y servir al Emperador y la nación una vez que me haya desecho de tus miserables poderes.
El resto de los hombres formados casi cayeron de espalda con los dichos del hombre que los miraba furioso, debe tener problemas mentales, comentaron algunos en cuchicheos, intentando alejarse de esa plaga. Probablemente sea contagiosa, comentaron otros.
Ranma levantó una ceja, su cuñada había estado ocupada después de su partida y suspiró aceptando su destino.
¿Qué otra cosa podía salir mal hoy?
Algunas sirenas comenzaron a sonar, haciendo que todos los presentes en la base militar miraran hacia dónde provenía el sonido.
– ¡SE ACERCA ALGO A TODA VELOCIDAD POR EL MAR! ¡ATENTOS!
– ¿Qué? – Ranma intentó determinar si se trataba de algún ataque enemigo, pero su vista no lograba distinguir nada ni menos de qué se trataba.
– ¡NO ATAQUEN! ¡NO ATAQUEN! ¡ALTO AL FUEGO! ES DE LOS NUESTROS.
Un hombre de cabellos castaños oscuros y coleta baja descendió de un ornitorrinco gigante que golpeó en la cabeza y lanzó de vuelta al mar con una patada cuando trató de atacarlo.
El hombre rápidamente se acercó al resto de los muchachos formados que lo miraron atónitos con el desplante de su llegada, dejando en el olvido al kempoista. Ranma solo lo miró un poco molesto, ¿por qué no se había quedado callado?
– ¡Estúpido Shinnosuke! –Ranma dijo entre dientes.
– ¿Lo conoces Ranma? –Preguntó Hiroshi, luego de escuchar sus susurros enojados.
–Sí. –Fue su escueta respuesta. Los dos chiquillos lo miraron confundidos y llevaron su mirada al rostro del recién llegado. Con tantas distracciones habían desarmado las filas.
–Ranma no suele reaccionar así por nadie, vamos a investigar Hiro. –Susurró el castaño en el oído de su amigo.
–En eso estoy Dai. – Y corrieron a darle la bienvenida al hombre.
–Siento llegar tarde, no recordaba dónde tenía que llegar. – Les contó un poco avergonzado.
–No hay problema, llegamos hace unas horas también. –Le dijo en tono amistoso Yamato Yamaguchi, un joven delgado y alto.
–Que bien, mi nombre es Shinnosuke Sagara.- E hizo una reverencia presentándose al resto de los hombres del pelotón, que la devolvieron.
–Encantado de conocerte Shinno.- Le dijo Daisuke y le palmoteó la espalda. – Buena entrada la tuya, te doy 10 de 10. – Siendo secundado por el resto de los hombres. –Mi nombre es Daisuke Koyasu, estudiante de la famosa Escuela Furinkan de Nerima.
–Owwww… ¿Furinkan? ¿Furinkan? – Preguntó pensativo, ¿dónde había escuchado ese nombre antes? Frunció el gesto haciendo un esfuerzo monumental y el conocimiento llegó a su cabeza como engranajes que funcionan correctamente después de largo tiempo. Sí. Él recordaba, ansiosamente les preguntó: – ¿Y conocen a Akane-Chan? – Lanzó emocionado.
– ¿QUÉ? – Casi toda la masa de hombres dirigió la vista con cara de sospecha a Ranma. Ahora calzaba todo, por eso la molestia de artista marcial.
– Por supuesto que la conocemos, es nuestra mejor amiga. –Le dijo Daisuke contento. – ¿No es así Hiroshi?
–Así es Daisuke, y cuéntanos ¿de dónde conoces a nuestra querida Akane-Chan? –Preguntó Hiroshi interrogante.
–Oigan idiotas, ¿Cuándo se convirtieron en los mejores amigos de Akane? –Ranma estaba echando humo por las orejas de la rabia, estos dos ridículos descubrirían todo.
– ¡¿QUÉ DIABLOS SE SUPONE QUE ESTÁN HACIENDO?! –Gritó enfurecido en Teniente Atsuchi. – ¿Qué se han creído? ¿Por qué no acatan las órdenes directas de su Teniente? Todos al piso. ¡AHORA!
Y así lo hicieron, comenzando la primera ronda de lagartijas de 100 repeticiones y eran mil. A Hikari Gosunkugi se le salía el corazón del pecho, estaba seguro que moriría antes de siquiera comenzar el combate, ya no podía más con tanto sufrimiento, al menos moriría con honor en la base militar.
– ¿Qué hace Teniente? – Le preguntó el recién llegado General Tadamichi Kuribayashi, quien había sido designado para ocuparse de la estrategia de ahora en adelante en la base militar de la isla.
–Mi General, perdone usted. Los soldados estaban realizando conductas de insubordinación en su llegada.
– Debería castigarlos con algo más apropiado, vamos, todos arriba. Es tiempo de las presentaciones. – Todos los hombres se dejaron caer al suelo como peso muerto y dieron suspiros contentos al terminar con ese martirio, levantándose apresuradamente haciendo la formación militar otra vez.
– Soy el General Tadamichi Kuribayashi, encargado de todos ustedes de ahora en adelante. Mi misión es proteger el Imperio de la invasión de los norteamericanos y para eso estoy dispuesto a dejar mi vida en esta isla y su protección. –Algunos hombres no pudieron tragar saliva producto del nudo que se alojó en sus gargantas. – Mientras exista un soldado japonés sobre esta tierra, la rendición no se producirá en mi mando, ¿entendido?
–Sí, señor. – Gritaron a coro los hombres.
–Entiendo que entre mis filas existen algunos artistas marciales, y desde ya les digo: olvídense de sus códigos de honor y su disciplina. Esto es la Guerra señores, acá nadie espera que sean honorables, si están dentro de la mira de las armas enemigas, los mataran a sangre fría, no hay perdón ni rendición. Utilizaremos armas de corto y largo alcance y serán entrenados en ello. Estamos aquí para proteger a la nación, el Imperio y al Emperador. ¡LARGA VIDA AL EMPERADOR!
– ¡LARGA VIDA AL EMPERADOR!
–Teniente proceda con el corte de pelo de los hombres. –El hombre ordenó las filas de derecha a izquierda y las hizo pasar a una tienda blanca pequeña donde darían el primer paso para convertirse en verdaderos soldados, dejando atrás finalmente su adolescencia.
–Esto tiene que ser una broma, ¿qué tiene que ver el corte de pelo con ser soldados? – Se quejaba Ryoga con los brazos y las piernas cruzadas mirando con interés por sobre el resto de los hombres que esperaban su turno para el corte de cabello.
–Pues todo, ya ves. –Le respondía Hiroshi un poco lacónico. Realmente no le molestaba llevar el cabello corto, era su estilo. El corte príncipe solía pedirle a su peluquero y le sentaba bien.
– ¿Y tú que piensas Ranma? Estas muy callado. – El hombre de coleta trenzada estaba en un pequeño dilema interno, tendría que dejar de lado su pelo por tantos años cultivado al rigor de sus viajes. ¿Akane lo reconocería sin él? ¿Se vería mal rapado? ¿Me veré como Papá? Un escalofrió recorrió su cuerpo. Pero no pudo pensar más allá de eso con los disturbios que comenzaron a escucharse hasta afuera de la carpa.
– ¡¿CÓMO TE ATREVES A PONER ESA ESTÚPIDA CORTADORA DE PELO SOBRE MI HERMOSA CABELLERA?! ¡CORTARÉ LA TUYA!
– ¿QUÉ PASA AQUÍ? – Dijo el Teniente, ya cansado de lidiar con estos insurrectos.
–Quiere cortarme el cabello. –El kempoista señaló con su bokken a un hombre gordito vestido de blanco con una cortadora de pelo abrazada en el pecho que lo miraba angustiado.
–Son órdenes del General, ahora siéntate ahí o cortaré tu cabeza en este instante.
–Pero…
– ¡Pero nada!
Y así lo hizo, más de una década cuidando su brillante cabello digno de la estirpe Kuno que reflejaban los rayos que salían de su aura magnética, fueron cayendo de a poco sobre la capa blanca que este plebeyo del ejército había puesto sobre sus hombros.
Hoy terminaba una era en su mundo, hoy se convertía en lo que siempre soñó su padre, su querido Tachi.
Tatewaki Kuno lloró como un hombre lo hace, sentado con los mechones de pelos entre sus dedos, resguardándolos para enviarlos en cartas de amor a sus adoradas Akane Tendo y chica del cabello de fuego.
=0=
[Continuará]
N/A.
Lo siento, lo siento. Sé que les gusta el drama, pero también me gusta mucho la comedia y Ranma tiene mucho de ello. Para mí Daisuke es el rubio o pelo castaño claro e Hiroshi es el pelo corto, en el canon no es así, pero desde niña los confundí siempre, además son personajes muy agradables para mí, aterrizan a Ranma y le permiten ser un adolecente normal.
Me gusta mucho Shinnosuke, por eso lo incluí, es uno delos personajes más puros de Rumiko y me encanta, además tendrá un buen papel aquí.
*La isla Iwo Jima sí existe, las tropas estadounidenses buscaron adueñarse del monte Suburachi con el fin de hacer aterrizar sus aviones para después lanzar las bombas atómicas. Si nos ponemos a analizar todo, independiente que Japón se rindiera o no, los países que sabían de estos ensayos nucleares ya tenían hace mucho previsto esta situación. La resistencia nipona lo que hizo fue solo retardar sus lanzamientos, y los soldados que estuvieron en esa batalla fueron enviados a inmolarse por la patria, el General Tamadashi Kuribayashi existió en la vida real y fue quien se hizo cargo de la estrategia militar de resistencia.
La vida real nunca tiene finales felices, pero esta es mi historia [risas malévolas C; ]
Gracias a todos los que me enviaron mensajes, PM y me dieron fav, me han hecho muy feliz y estoy muy agradecida. Espero que les guste este capítulo y me digan que piensan de él. ¡Saludos y hermosa semana para todos!
Mis agradecimientos para:
-Felicius: Muchas gracias, ahora entendí lo que estaba haciendo mal, el autotraductor cambiaba mis textos xD.
: Es cierto, las historias de Guerra son muy entretenidas, pero pocas veces tienen finales felices, ya verás de qué va esta, espero no decepcionarte.
-Ranma84: Sí, el final es el distinto, espero que te siga gustando.
-Haruri Saotome: Soy una mala, pero con corazón romántico C:
-Livamesauribe: Estoy segura que te encantará, muchas gracias por leerme :*
-AzusaCT: Así lo deseo también querida, muchas gracias y espero que disfrutes el capítulo.
-Saritanimelove: Gracias por siempre leerme y comentar mis fic, un abrazo lleno de luz y hermosa semana, espero que te guste este capítulo.
