-INFINITAMENTE-

Capítulo cuatro: Nunca olvidarás mi nombre

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Este no es el final para mí. Este es el comienzo.

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Pasaron cinco estaciones antes de que el celo del capitán se sincronizara con el suyo, pero pasaría mucho más antes de que el alfa se animara a intimar con el omega.

El capitán le ayudaba en cada uno de sus celos, le enseñó cómo debía tocarse y que la sensación que se pegaba en su entrepierna era buena. Eren solo cerraba los ojos y volvía abrirlos cuando todo el mundo estallaba en colores y se quedaba viendo la pálida mano del alfa manchada por su esencia. Eso hacía que se le quemaran las mejillas y se cubriera el rostro con las sábanas hasta escuchar las pisadas alejándose fuera de la habitación para darle privacidad.

Los omegas no debían mostrarse tímidos con sus alfas, decía la gente, y Eren siempre procuraba besar los labios de Levi cuando iba a recogerlo de la escuela.

Era íntimo y personal, olía a menta y crema de afeitar y Eren cerraba los ojos y apretaba las pestañas, parado en puntas, esperando que el mayor se inclinara para provocarle ese constante cosquilleo en el vientre.

El beso de buenos días y el beso que todos sus amigos de colegio miraban de reojo, todo eso era especial, algo que solo él compartía con Levi.

Como ver al hombre desarmarse del traje de capitán antes de entrar a la cama o ser testigo de las pequeñas manías que convertían a su héroe en un ser tan humano como real.

A Levi le gustaba que la ropa sucia fuera lavada ese mismo día y que su estuchera estuviera clasificada por colores, que los manteles de la mesa tuvieran los bordes rectos y que el jabón que compartían fuera lavado luego de usarlo.

A veces era peor que mamá y le obligaba a comerse todas las verduras del plato y lavar el plato, algo que escandalizaba mucho a Eren.

Otras era día de descanso y se tomaba sus pastillas rojas y azules y lo volcaba al derecho y al revés en la cama, jadeando y aspirando su nuca como si fuera lo único que tuviera para sobrevivir. Era en esos momentos cuando tentativamente colocaba las manos en esa cabellera suave y silenciosamente frotaba su cuello contra la glándula de olor del alfa para que los escalofríos que le hacían sentir gracioso en la planta de los pies recorrieran todo su cuerpo, nunca supo si Levi era consciente o no, pero siempre le dejaba marcar su aroma con el suyo.

Entonces Eren se pondría nervioso e hiperactivo e intentaría construir un nido, deshaciéndolo y armándolo y empujando la evidencia debajo de la cama cuando Levi salía de la ducha y le dijera que era hora de dormir en la gran cama que era de Levi, en el cuarto de Levi, en el departamento de Levi, en la vida de Levi.

Veía a sus padres cada fin de mes y Carla se aseguraba de que fuera inolvidable, aunque Grisha siempre frenaba su emoción recordándole que ya no era un niño y el pecho de Eren se hinchaba de orgullo al escuchar esas palabras.

Y el departamento de Levi ya no era solo el departamento de Levi sino que se convirtió en su hogar.

Incluso, si cerraba los ojos y olfateaba, podía decir que el aroma de ambos estaba mezclado completamente en cada rincón de la casa y eso hacía que su instinto vibrara de emoción, porque su vida estaba tan entrelazada a la del alfa que no podría separarla sin romper algo en el proceso. Y Levi nunca dejaría que eso sucediera.

—Oye, Eren —llamó Armin, sentado a su lado en la gran cama matrimonial, sacándole de su ensueño porque se había demorado en armar su parte de legos para terminar la nave extraterrestre que sus padres le habían regalado en navidad—. ¿En qué estás pensando?

Eren negó con la cabeza.

—En nada —exclamó y continuaron rellenando los bloques faltantes junto con el pegamento, mirando de vez en cuando a su amigo.

Armin era un omega muy bonito e inteligente, leía libros gruesos sobre animales marinos y tenía el cabello rubio y largo como el de una niña porque su abuelo era demasiado viejo y tonto como para preocuparse por algo tan trivial.

Sus ojos azules estaban concentrados en idear una mejor estrategia para que la nave no colapsara y cada bloque estuviera fijado en su lugar, su nuca estaba limpia sin rastro de marca alguna.

—¿Por qué no tienes un alfa? —preguntó entonces.

No hacía más de un año que se conocían y eran buenos amigos.

—Mi abuelo dice que soy muy joven —respondió el rubio.

—Entonces no besaste a nadie —reflexionó Eren y Armin sonrió al dar cuenta de donde quería llegar.

En el fondo sabía que Eren era un petulante.

—Eren, no deberías hablar de esas cosas a la ligera —susurró.

—Pero soy un adulto y entraré a la policía militar cuando sea grande —le dijo y luego de un rato frunció el ceño con decisión— ya lo verán todos.

—Solo los alfas entran ahí.

—También los omegas que pasan el examen de admisión y Levi dijo que era fácil.

—Solo los alfas quieren entrar ahí —rectificó el omega rubio.

—¡Nadie va a decirnos que hacer, Armin! —se exaltó, casi derribando la nave y Armin conteniendo un chillido— Si quieres puedes lograrlo ¿Tú quieres entrar conmigo y demostrarle al mundo que somos fuertes?

El omega rubio alejó su preciado trabajo de las destructivas manos del de ojos verdes.

—Yo quiero ser doctor, Eren.

Eren sonrió y agarró los delgados hombros de su amigo.

—Esa es una excelente idea, sé que tú y yo vamos a lograrlo —le dijo sacudiéndolo— ah, mierda —insultó cuando la base de la nave colapsó—. Lo siento.

—Eren, cuida tu lenguaje.

Juntos pegaron los legos y bebieron las malteadas que estaban en la cocina, Armin abrió uno de sus últimos libros para enseñarle sobre los peces de agua dulce y tiburones blancos. A Eren le gustaron los tiburones.

Sin nada más que hacer, Armin intentó trenzarle el cabello y Eren le dijo, indignado, que ese era un juego de niñas, pero accedió a peinarle el suyo en un desordenado moño dorado.

Entonces Armin dijo que quería jugar al doctor, revisando la marca en la nuca de Eren y contando cada punto y huella que los dientes de Levi habían dejado impreso ahí.

—¿Te dolió mucho? —preguntó luego de un rato.

Eren aburrido porque quería terminar de pegar los legos rodó los ojos a través del techo.

—Ya no lo recuerdo, todo era borroso —Eren se recostó en la cama— ¿Tienes miedo?

—No tengo miedo —negó—, el abuelo tiene muchos libros de biología en casa, pero no me deja leer algunos, dice que soy muy joven para ellos.

—No hay nada fuera de lo común —se animó a decir Eren, aunque el mismo no tenía idea de lo que hablaban.

A Armin le brillaron los ojos y comenzó a contarle todo lo que pudo memorizar, comenzando con las diferencias entre alfas, omegas y betas y los cambios.

—Entonces, los alfas tienen un nudo aquí, pero el libro no explicaba más y el abuelo no quiso contarme cómo funciona exactamente…

—Eso es asqueroso —interrumpió Eren.

—Dijiste que tú lo sabías.

Eren abrió la boca para replicar, pero no quería admitir que había mentido. Conocía el olor de un alfa y conocía las cosas más vergonzosas como masturbarse o babear como un perro rabioso durante el celo, pero Levi nunca dejo que le viera desnudo y las veces que Eren y él se cambiaban juntos no se había fijado precisamente en la entrepierna de su cónyuge.

—Solo crece y crece y…vuele a entrar —razonó luego de un rato.

—¿Qué? —cuestionó Armin—. Tus orejas están rojas. No mientas, Eren, estas inventándolo todo.

—¡No estoy mintiendo!

—Supongo que también eres muy joven para saberlo.

—No —saltó Eren—. Levi me ama y por eso me mostró cómo hacerlo.

Armin se animó ante eso.

—El abuelo dice que te crecen mariposas en el estómago cuando estás enamorado. ¿Levi tiene mariposas en el estómago? ¿Cómo puede ser eso posible y normal?

—¿Qq-ue mariposas? Levi no tiene nada de eso.

—Entonces no te ama.

Eren retrocedió con la boca abierta, dispuesto a replicar e incluso sacudir a su mejor amigo para destruir su macabra teoría, abrió la boca, pero en ese instante la puerta se abrió y el alfa entró a la habitación.

Tenía puesto el uniforme de las fuerzas especiales antidisturbios, un mono negro equipado con varios bolsillos y una gruesa chaqueta, el casco estaba sucio y cuando se lo quitó tenía el cabello pegado a la frente y un feo moretón en la mejilla izquierda.

Sus botas estaban llenas de barro y los guantes gastados.

Tan diferente al Levi limpio que una vez los había perseguido por toda la casa para darles una tunda por haber echado soda sobre el edredón.

—Hola, señor Levi —saludó Armin, indeciso de cómo proceder.

—Llegaste temprano.

Levi respondió con un gruñido y le dio palmaditas en la cabeza a Eren antes de huir y encerrarse en la ducha.

Voces se escuchaban en la sala de estar.

—Tengo una reunión importante en la sala —levantó la voz desde el cuarto de baño—. No pongan un solo pie fuera de esta habitación.

Salió en cinco minutos con una toalla colgando de su cadera, toalla que no cayó a pesar de las inquisitivas miradas de Armin, y chasqueó la lengua al ver el revoltijo de legos sobre la cama.

Se puso una camiseta y salió con los pantalones cortos en una mano.

—Armin —le dijo al omega rubio—, estas a cargo aquí, no dejes que Eren salga.

—Puedo escucharte —protestó el de ojos verdes, pero Levi ya había cerrado la puerta.

Ambos amigos se miraron y con los hombros caídos continuaron con los legos, pese a que de rato en rato las risas de una mujer histérica resonaban por todo el departamento.

—Eso no se oye como una reunión.

—¿Viste su cara?

—Tenía un moretón.

Armin asintió.

—Y ese uniforme es el que usan cuando hay una protesta en la ciudad.

Eren pensó en la masa de omegas que aglomeraban la plaza, las pancartas, los gritos, los insultos y las bombas de gas y luego el infierno antes de que su madre apagara la televisión y le dijera que era hora de dormir.

Siempre le decían que era hora de dormir cuando no querían contarle nada sobre las cosas de adultos.

Él también era un adulto.

Él también iba al colegio y una vez el autobús amarillo que los llevaba al museo quedó atascado en una "protesta de libertad", esperaron media hora sofocados por el calor antes de que el conductor alfa les gritara que todos se agacharan y cubrieran sus cabezas con las manos cuando los vidrios de cada ventana estallaron y Eren vio como una de las piedras alcanzaba a su compañero de asiento provocando que gritara y se pusiera a llorar porque le habían reventado el ojo derecho.

Se preguntó si una de esas piedras era la que había herido a su alfa.

—Eren, creo que podremos terminar la nave si pegamos estos bloques con los verdes y luego… Eren ¿Qué haces?

El chico ya se había movido de su lugar, limpiándose las manos en la camiseta de Dinosaurios vs Alien que Levi había comprado esa vez que fueron al cine y caminó descalzo para entreabrir la puerta.

—Sus invitados son policías de verdad.

—No puedes salir —Armin corrió tras él con su pijama rosa—. Levi va a regañarnos.

Armin era el único que también llamaba al capitán por su nombre de pila luego de que Eren se lo hubiera permitido porque era su mejor amigo.

—No somos niños chiquitos, solo echaré un vistazo.

—Eren.

—Confía en mí.

Armin resopló, pero siguió sus pasos cuando salieron a hurtadillas deslizándose como dos ágiles ratas hasta esconderse detrás del sofá grande.

Los invitados vestían con el uniforme antidisturbios, tres alfas altos y la señorita Petra y una mujer alfa con anteojos y cabello alborotado que reía y sostenía una bolsa de hielo contra su mandíbula.

Levi no estaba a la vista, seguramente hirviendo el té en la cocina.

Armin abrió los ojos cuando vio los bates y armas de fuego que descansaban en la mesa central junto al botiquín abierto con gasas impregnadas de rojo.

—Todos son oficiales de su escuadrón —gimió Eren en voz baja.

—Genial —resopló Armin contagiado por la osadía de su amigo.

Levi hizo acto de presencia con una bandeja humeante y ambos chicos agacharon la cabeza.

—¿Y dónde está tu pequeño, Levi? —comentó la mujer.

Levi resopló junto con el alfa de cara arrugada.

—Ve al punto, cuatro ojos.

Era la primera vez que Eren escuchaba a Levi comentar un apodo con tanta familiaridad.

La mujer sonrió y todos recibieron las humeantes tazas.

Una laptop fue abierta y ella comenzó a hablar.

—Un periodista captó las imágenes, la cámara fue recuperada, pero mi Moblit y yo robamos la memoria.

Corrieron las imágenes que ninguno de los dos pudo ver ya que la pantalla estaba volteada.

—¿Un nuevo grupo, tal vez? —inquirió Petra.

—¿Grupo? Desde cuando los omegas pueden estar organizados —masculló Auruo.

—Joder, cállate.

—Sabes que solo digo la verdad.

—Atacaron a la esposa de Erwin —murmuró Hanji—, ella es la líder de uno de los grupos de omegas pacifistas, supongo que no lo sabían y creyeron que apoyaba a su esposo.

—Un gran golpe.

—Todos son jóvenes, quince y diecisiete años.

Las imágenes rodaron.

—¿Que quieren?

Hanji frunció el ceño, borrando la sonrisa de su rostro.

—La gente pensaría que piden anulación de parejas destinadas, ya sabes —anunció la alfa—es un problema cuando encuentras a tu par destinado y no lo quieres o ya tienes pareja. El tema ha causado controversia estos últimos años.

—Dicen que quieren medicina certificada para romper el lazo —afirmó Petra.

—Eso no es posible —intervino uno de los alfas— nadie ha sobrevivido a los experimentos y es un tema tabú que ni siquiera ellos tocarían.

—Pero la tecnología ha avanzado, dicen que si encuentras una pareja que perfuma feromonas puedes romper el lazo…

—Petra —masculló el alfa arrugado—, no es algo que quisiera saber.

—Lo siento.

—Es indecente.

—Entonces lo que piden en verdad es la libertad para la anulación del matrimonio alfa y omega, quieren cortarse la glándula que los caracteriza como omegas. Supresión de los inhibidores —intervino Levi, cambiando de tema.

—Los alfas también usamos inhibidores —siseó el de cara arrugada— y es culpa suya por ser irresponsables.

—Ellos no lo creen así.

Levi chasquea la lengua.

—Solo son un montón de mocosos —apuntó—. Alguien está detrás de todo esto.

—La mayoría de ellos viene de Mitras, Karanese y la escuela pública de Sina.

Armin abrió la boca como un pez, volviéndose a su amigo.

—Eren, tú estás en Karanese.

—¿Crees que la gente mala venga de ahí?

—No lo sé.

Armin siseó para que se callara y continuaron escuchando.

—Erwin quiere aprobar los inyectables para que los omegas arrestados hablen.

—La comunidad se volverá loca.

Hablaron un poco más sobre temas que Eren no entendía, pero se entretuvo mirando a Levi frotándose la mejilla cada cierto tiempo.

¿Acaso le hicieron mucho daño?

Eren sintió un empujoncito en el hombro y creyó que se trataba de Armin, pero el omega rubio emitió un agudo chillido y Eren pegó un salto tirando una de las tazas de té cuando el alfa de cara arrugada sostenía a su amigo por el pijama.

—¡Estúpida perra! —le grito y la laptop fue cerrada con rapidez, todos los alfas manteniéndose alertas.

Eren le mordió la mano al alfa con cara de pasa y liberó a Armin quien se hizo una pelota contra el sofá, pero Eren se mantuvo de pie enseñándole los dientes al mayor.

—¡No soy una niña soy un niño! —chilló— y tampoco soy una perra. Lastimaste a Armin, monstruo.

La cara del alfa se deformó e iba a golpearlo, Eren nunca cerró los ojos, pero otro alfa más grande y moreno detuvo su mano.

—Solo son niños, Auruo —siseó— cálmate.

Ambos alfas se miraron largo rato.

—¿Ese es Eren, Levi? —rebotó la alfa de anteojos—. No dejaste que lo viera cuando fuiste al cuartel… —avanzó a grandes zancadas tirando del omega contra su pecho y alejándolo con disimulo de los dos alfas enojados— Oh, es tan pequeño, Levi.

Levi asintió y se puso de pie, emitiendo fuertes feromonas como advertencia.

Auruo y Gunter se separaron y Auruo arregló su uniforme maltrecho con desdén.

—Dejen de comportarse como animales —señaló— esta es mi casa.

Ambos se separaron, claramente mortificados porque a pesar de que el otro alfa era pequeño emitía una fuerte aura de dominio.

—Lo siento señor.

—Lo sentimos.

Levi asintió, volteando para ver a los otros dos niños.

—Eren, ve a la habitación —ordenó y se puso de cuclillas junto al rubio— ¿Armin? ¿Estas herido?

Armin negó, sin ánimo de mirar a nadie.

—No le hice nada —susurró Auruo.

—Armin es muy receptivo —Eren se enfrentó al mayor—, no le grites si eres alfa.

El alfa contuvo una mueca de desprecio y casi mordiéndose la lengua encaró al niño.

—Cállate.

—No.

—Eren —sostuvo Levi como una advertencia y nadie movió un solo musculo ante su voz.

—Me llamo perra —renegó el omega de ojos verdes, apretando los puños—, no soy una perra.

—Eren…

—Pero Levi…

—¡Eren Ackerman!

Sorprendido por la injusticia violencia ejercida contra él, Eren secó las lágrimas que bordeaban sus ojos y agarrando a Armin por el brazo corrió hacia la habitación dando un fuerte portazo al entrar.

Levi suspiró, frustrado y se dispuso a recoger el desastre del piso.

—Felicidades, Auruo —objetó Hanji con sarcasmo— así nace un progresista.

—Fue un impulso, todos los omegas son iguales, solo sirven para la cría.

Petra se levantó, enojada y encaró al alfa.

—¡Yo también soy omega, Auruo y soy tu omega!

—Sabes que no hablo de ti cuando…

—Haz estado vituperando a la gente de mi género desde que llegamos —gritó, mirando a todos para obtener apoyo—. Piensa en mis sentimientos.

El alfa no pudo refutar ante ella y la omega tomó sus cosas y se fue precedida por Auruo que trataba de pedirle perdón, Hanji tosió para romper la tensión.

—Creo que la reunión termina aquí —comentó—. Tuvimos un día estresante vamos a casa.

—Estoy harto de toda esta situación —vociferó Erd, sobándose la cabeza—. Gracias por todo capitán, nos vemos mañana.

Se despidieron y Hanji guardó todo el material en su bolso, mirando a Levi antes de salir.

—¿Eren no responde a tus comandos? —preguntó, jugando con sus anteojos.

—¿De qué hablas? —Levi se apoyó en el marco de la puerta—Solo es un niño.

—Todos los omegas que conozco responden a la voz de sus alfas. Más que todo los destinados, omegas obedientes, ya sabes —mencionó, chupando su labio inferior y abriendo los ojos—. ¿¡Eren es excéntrico!?…mi dios, Levi déjame examinarlo.

—No.

—Oh Levi, por favor.

—Ambos son tan testarudos —gruñó—, ocúpate de tus asuntos, Hanji—musitó empujando a la alfa para que se fuera—. Ve a casa.

La mancha en la alfombra no saldría con lavandina, pensó luego de un rato mientras recogía las tazas y las lavaba en el fregadero.

La casa estaba silenciosa.

Ordenó un poco y entró en el dormitorio, donde Eren estaba enfurruñando en una esquina de la cama y Armin secaba su cabello con una de las toallas de invitados.

—Lo siento, señor —se disculpó el chico al verlo.

—No chico, ve con tu abuelo —le dijo—. Fuiste un buen omega

—Gracias, la maestra nos enseñó a defendernos de los alfas en una de las clases de gimnasia —sonrió Armin.

—Genial —felicitó Levi, sin ganas, antes de despedirlo—. Hasta mañana.

—¿Eren estará bien?

El alfa miró los grandes ojos azules del pequeño omega.

—Me asegurare de ello.

Eren no se encontraba bien.

Con los labios apretados, pellizcaba en borde de su camisa al ritmo de los segundos del reloj.

Levi se sentó junto al chico, preparado para cualquier arrebato o agresión.

—Yo no soy una perra —susurró después de un tiempo.

Así, que era eso.

—No dejes que la mierda de otro te afecte tanto, mocoso.

Simplemente levantó una mano y masajeó su nuca hasta mantenerlo adormilado. Se quedaron así un tiempo.

—Eren —comenzó entonces.

—¿Umm?

—No respondes mis comandos.

La cama crujió cuando el chico bajó con un salto.

—No me había dado cuentas que usaste la voz —encaró— Lo siento.

—No dejes que la gente se entere.

—Si —titubeó—. Pero ese alfa ¿En verdad es compañero tuyo? No me gusta, es malo, Levi. No merece ser policía.

—Solo fue un mal día, no tomes enserio las palabras de Auruo.

Eren se abrió paso entre sus rodillas para abrazarlo y pegar la nariz en su nuca.

—Tampoco me defendiste.

Levi se tensó.

—Porque sabía que no necesitabas de mi ayuda en ese momento —le dijo, subiendo el brazo para acunar al niño, se sentía cálido— ¿Quieres que pida la cena?

Eren ronroneó en su hombro, botando fuertes feromonas.

—Pide comida china, Levi.

—Como quieras

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Eren cumplía trece en marzo y Carla envió un pastel de chocolate para ellos. Luego de comerlo, Levi hizo que Eren bajara al garaje para mostrarle su regalo.

Una bicicleta.

Eren gritó de emoción y llevó a Armin de paseo al parque.

Ambos volvieron con las rodillas raspadas y los ojos brillantes ese día.

Eren olía dulce una semana después y las maestras lo enviaron temprano a casa, Levi le enseñó cómo hacer un nido y compró mantas nuevas para que el niño no ensuciara su ropa.

Entonces cumplió su deber.

Ocurrió cuando la fiebre no había cesado y la botellita de pastillas rojas y azules estaba vacía y tirada en el fregadero.

Levi besó a su omega desnudo bajo la manta, repasó sus labios con la lengua y acarició todo el pequeño cuerpo tratando de calmar la picazón de la piel.

Su propio pecho ardía y ardía incontrolablemente.

Maniobró unos segundo para no aplastar a Eren y con una mano desabrochar los pantalones y bajarlos hasta sus rodillas, los ojos del omega se oscurecieron a través de la fiebre y se quedó viéndolo demasiado tiempo para que fuera casualidad.

El miembro de Levi era más grande que el suyo y tenía un pequeño abultamiento en la parte donde se separaba del vientre, allí donde se hincharía cuando estuviera lo suficientemente excitado.

—…nudo —suspiró—. Así que eso era un nudo.

Levi comenzaba a perder la razón a través del olor de las feromonas y apenas captó las palabras de su compañero.

Sus celos estaban sincronizados y las píldoras anticonceptivas ya habían sido digeridas.

Flexible y dulce, Levi tarareó como respuesta, moviendo las caderas y cerrando los ojos para imaginar lo que vendría a continuación.

Volvió a besarlo y la mancha de Eren se filtró a través de las sábanas, sus piernas removiéndose inquietas y golpeándole los muslos. Levi detuvo el beso para evaluar que todo estuviera bien.

—¿Ocurre algo malo? —preguntó—. Estas muy tenso.

—No sé. Duele —lloriqueó el omega— Yo solo…me siento extraño. No estoy cómodo.

—Traeré los supresores.

—¡No! Solo mi instinto duele.

—No te esfuerces ¿Eren?

El cuerpo del omega se movió solo, rodando para ponerse en cuatro y presentarse al alfa. La tela de la cama no tocaría las partes más sensibles de su cuerpo y la mancha dulce fluyó por sus muslos con libertad, aliviando su carga.

—Está quemándome, Levi.

Su miembro goteó lastimosamente en respuesta, rodeando la base con suficiente lubricante para entrar, entonces tomó las caderas del chico con delicadeza y lo acercó hacia sí.

Los omegas eran flexibles, se recordó, empujando la punta en la pequeña y pequeña entrada hasta que Eren grito en puro éxtasis, como si eso fuera para lo que está hecho, lo que había necesitado toda su vida.

Y se acoplan perfectamente, la entrada de Eren succionando y apretando como solo un omega puede hacer.

Levi enreda las sábanas en sus dedos y se inclina hacia adelante tocando la espalda del omega, pero sin dejar que todo su peso caiga sobre el cuerpo más pequeño.

Eren muerde la tela y gime bajito mientras babea y se acostumbra a la intromisión Es tan caliente y dulce que Levi puede extraer gemidos y gritos agudos con tan solo comenzar a moverse o rodar un poco en busca del punto dulce de su terso compañero de cama.

—Vamos a ir despacio —avisó fuerte y claro para atravesar la bruma en la que Eren se había zambullido— ¿Estas cómodo?

Eren gimió en respuesta levantando las caderas y sacudiéndose con los ojos entornados.

Otro surco se elevó entre ellos y el omega lloró adolorido, botando una nube de feromonas que marearon a Levi indicándole que lo único que necesitaba en ese momento era saciar su calor, embestir al chico con fuerza, anudar y criarlo con sus hijos hasta verlo hinchado e hinchado.

Muerde sus labios y jadea roncamente como nunca antes lo ha hecho, es tan difícil mantener cercado al instinto cuando lo único que quiere es salir y morder, pero él es más fuerte que eso. No es Kenny ni Uri, y Eren no se rendirá a la perdición porque todavía está gritando su nombre.

Entonces sujeta las caderas del omega y se mueve en círculos con lentitud hasta salir por completo y entrar con un solo golpe. Lo único que recibe es quejido muerto como respuesta.

Repite eso varias veces hasta encontrar una buena posición que hace que Eren pegue un fuerte alarido y se corra en seco, y todo comience a volverse borroso en su memoria cuando ya sabe que el chico está lo suficientemente estirado y preparado para él.

Solo recordaba haber salido y darle la vuelta a Eren y entrar con fuertes embestidas hasta que su nudo se hinchara y quedara atascado en el ardiente interior del omega, inflando su vientre y sellándolos como una sola carne.

El niño estaba cansado, jadeante y adormilado. Levi lo puso de costado para que durmiera un poco mientras el nudo tardaba en bajar y busco sus labios por cuenta propia.

Eren nunca mendigaría si no fuera consumido por su calor, no era sumiso pero buscaba el afecto por naturaleza. Y Levi dejaría que chupara su glándula y se frotara con posesividad hasta quedar satisfecho.

Sin darse cuenta termino acariciando su cabello. Ambos suspiraron con satisfacción cuando puso apartarse y la esencia blanca salió a borbotones.

—Alfa —agarró su mano, pero fue empujado lejos.

—Es Levi, no quiero que me llames alfa.

Eren lo miro herido y cerró la boca.

Mierda, había rechazado al omega. Actuó sin pensar, como esos alfas egoístas que tiran a sus compañeros luego del sexo. Levi estaba abatido y asustado por la sensación de remordimiento que se rebelaba en la boca del estómago. Así que se levantó abruptamente para buscar una toalla y limpiar al omega antes del siguiente surco.

Eren estaba recostado tal y como lo había dejado, mas no lloraba. Dejo que limpiara el interior de sus piernas y estómago y rodó para que cambiara las sabanas.

—No quise hacer eso —se disculpó entonces sin poder contenerse más.

—Ya no importa.

—Ven. Voy a limpiarte como corresponde

—Levi —se detuvo el omega— esto es…¿solo haces esto para satisfacerte?

Le dolió el pecho y apretó el agarre en el omega, le dolió mucho más porque nunca jamás imaginó que consolaría a una de estas personas de raza secundaria, algo que antes hubiera repudiado, pero ahora lo encontraba altamente gratificante porque no se trataba de un omega cualquiera sino de Eren.

—No —le dijo—. Eres más que eso, más que sexo. Me asegurare de que lo entiendas.

—Ah exhaló el de ojos verdes—entonces tendremos bebés.

—Eres muy joven para eso —contestó envolviendo su brazo alrededor de la cintura del omega, embelesado por la vista de sus bonitas pestañas—. Pero cuando seas mayor… —prometió sin saber porque y sobretodo, sin arrepentimientos.

No quería defraudar a Eren.

Eren abrió los ojos sorprendido y escondió su rostro en su pecho, murmurando bajito y frotándose en su cuello, mezclando sus feromonas y debilitándolo.

Lo peor de todo era que le agradaba.

—Contigo me siento seguro —sonrió el omega— y te amo.

Su instinto se mantuvo callado y Levi también, Uri le había dicho esas palabras a Kenny cientos de veces y Kenny correspondía de la misma manera. No era algo donde él quisiera meter las manos, pero las palabras salían a borbotones antes de poder detenerlas y los sentimientos agolpaban su corazón sin barrera alguna que pudiera parar aquello que estaba brotando en el fondo de su mente.

El surco había terminado tres días después y volvieron a la rutina actual, solo que por primera vez Levi había ido al trabajo con olor a omega y sordo a los comentarios que se levantaron a sus espaldas.

Para alguien que nunca antes había tenido un interés en omegas era un progreso increíble, o eso dijo Hanji en la hora del almuerzo. Erwin también le felicitó por haber sentado cabeza mientras abría una bolsa de frituras y se sentaban a almorzar pacíficamente luego de una ajetreada semana de política y llamadas por marchas y protestas que contener.

Entonces llegó la navidad y Levi dejó que Eren le tocara la polla y se la chupara, fascinado por la torpeza y el deseo que había echado raíces y roto los cimientos de toda sus creencias.

A pesar de todo no sintió temor y se dejó ser, empujando dentro del armario los recuerdos de su infancia donde Kenny había perdido la cabeza por amar a un omega.

Hasta entonces había considerado fuera de todo sentimentalismo. Odiaba que le tocaran y aunque tenía deseo sexual el acto sucio del sexo no le atraía en lo más mínimo a no ser que estuviera dopado por el celo, pero eso no impidió que le hiciera el amor a Eren, lo tocara y besara y se quedara minutos enteros viéndolo deshacerse en sus brazos, embelesado, patético y maravilloso.

Lo dejaba ser y a Eren le encantaba.

Las sensaciones hormiguearon en su estómago y de pronto se encontró sentado en la sala viendo la televisión con Eren y sentado en su escritorio dejando que Eren hiciera sus deberes a su lado y sentado en una sucia silla del descuidado parque, rompiendo y derramando migas para los patos con la única aspiración de ver la sonrisa de Eren cuando el sol del ocaso le quemaba las mejillas y lanzaba el pan al lago.

Sorpresivamente no sintió miedo, pero era consciente de saber cómo se había sentido su tío cuando Uri se coló en sus vidas y lo que se sentía cuando tu maldito mundo se detenía y en lo único en lo que puedes pensar es en esa persona especial.

Y en silencio, Levi aceptó su derrota y se prometió a si mismo que no cometería los mismos errores de su tío y se dejó caer.

Comenzaba la segunda nevada del año cuando Carla insistió en que pasaran navidades en casa y para sorpresa de todos, Levi dijo que sí.

La cena fue buena y silenciosa, con su suegra contando anécdotas y Grisha hablando del trabajo. Eren rebotaba de alegría mirando todos los adornos navideños de la sala con interés y eligió sentarse frente a su hermana que comía con la cabeza gacha y además finos que había aprendido en la universidad que estaba al otro lado del mundo.

Se había cortado el cabello, cielo azabache hasta los hombros, recto y sin puntas.

A la hora del postre Eren habló sobre bebés cuando tuviera quince años y él se atragantó con la comida, agradecido cuando Grisha trató de explicarle que no dejaban que los omegas entraran a la policía militar si tenían bebes antes de los dieciocho.

Ninguno habló demás y Levi estuvo realmente sorprendido cuando Carla les dijo que esperaran y trajo un pequeño pastel con nueces.

—Hoy es navidad y tu cumpleaños —le dijo casualmente, con la encantadora sonrisa que Uri Reiss le mostraba cuando cocía un pastel solo para él y Kenny introducía billetes sucios en su bolsillo.

Era mucho más de lo que esperaba y su corazón latió con fuerza y ligera molestia ante el impacto de tener un cumpleaños en familia, sin embargo estuvo agradecido y apretó la mandíbula forzando una media sonrisa cuando Carla dijo que mañana empacaría comida para ellos.

Más tarde Eren había empujado a Carla y a su hermana hacia la ventana para contemplar las luces de las casas colindantes y Levi se limitó a sentarse con Grisha para tener una conversación decente luego de unos meses sin verse, y pedir más pastillas azules por supuesto, pero el doctor decidió entregarle un inyectable.

—¿Qué es esto? —preguntó, guardando el paquete en el abrigo para que nadie lo viera.

—Los altos mandos quemaron todos los laboratorios donde se logró crear con éxito esta droga porque iba en contra de la naturaleza si te la doy es porque ya sabes de que se trata, es la única que pude robar para ti —explicó Grisha—, creí que estarías al tanto.

—Tengo disturbios por los que preocuparme.

Grisha se miró las manos.

—Sabes que es lo mejor para mi hijo.

—Estoy al tanto.

—Es lo mejor para ambos —suspiró el alfa más viejo, mirando hacia donde los tres omegas estaban parados sin percatarse de la conversación que tenían.

Levi no pudo obligarse a hacer lo mismo, pero sintió que era lo correcto y por primera vez su instinto también estuvo d acuerdo.

—Estoy agradecido —le dijo entonces y se levantó.

—Toma la decisión que te parezca correcta —advirtió Grisha—, no soy quien para imponerte nada.

Era demasiado tarde para retroceder y ambos alfas lo sabían.

Grisha llevó a Carla al festival de medianoche minutos después y ellos fueron a la antigua habitación de Eren donde encontraron una nueva cama mucho más grande que el cohete donde Eren había dormido desde que nació.

El omega estaba cansado y cansado, solo tuvo que bostezar y enrollarse entre las sábanas para dormir como un cachorro, algo que ciertamente envidiaba cuando él tuvo que levantarse para ir al baño, recorriendo los oscuros pasillos a tientas.

Mikasa estaba ahí, con una bata de seda y el cabello corto y el fuerte olor a cafeína que confundió el olfato de Levi… ante la ventana abierta que convertía a la chica en afrodita con la luz de la luna y la delicada pieza de seda violeta que volaba y su instinto rugió confundido, arañando el encanto como una pompa de jabón, sorprendiendo a Levi cuando le forzó a recordar como olía Eren.

Huele a chocolate, recordó, preguntándose en silencio porque los géneros secundarios asociaban a sus compañeros con olores que eran comida. Eren decía que él olía a menta.

Entonces una blanca mano se estiró en su dirección.

—Es tuyo —le dijo ella, entregándole un paquete.

—Justo cuando creí que no recibiría más regalos —bufó, tratando de ser amable con su cuñada.

El delicado pañuelo de seda se extendió en su mano como una trampa de feromonas y su dinámica le mordió hasta el alma.

Frunció el ceño.

—¿Qué demonios es esto? —se obliga a soltar como si todo el peso del mundo no estuviera presionándolo hacia abajo como un montón de ladrillos.

Ella lo sabe.

Ella sabe que él sabe.

—Lo escogiste porque es muy pequeño para saberlo.

Ella sonríe, pero huele a miseria y miseria que Levi quiere tomar entre sus dedos y borrar.

Más ya no siente tanta necesidad como antaño y respira. El mundo no se detiene por ellos y nunca lo hará, porque es su decisión y son las riendas de su vida las que no compartirá con nadie jamás.

—Tengo que ir a mear —dice, empujando la caja de pañuelos perfumados contra el pecho de su cuñada.

Y se va.

Nada lo ata ni sus pasos se sienten pesados, incluso su instinto gruñe en aprobación.

No olvidaras mi nombre.

Levi sabe que es cierto.

Nunca olvidaras mi nombre.

Levi sabe que no es tan cierto.

La naturaleza es tan primitiva y arraigada, pero no llega a tocarlo como debería, cuando piensa en ellos solo puede

Le gusta ese niño, le divierte, siente que puede llorar y reír junto a él.

Se enamoró de un niño. Se enamoró de ese niño.

Despierta abrazado a Eren y descubre que ya son las diez de la mañana, que le gustan las tostadas quemadas que Carla preparó para ambos y ríe con la caricatura que su omega está viendo en la tele.

Su propia risa suena extraña, extraña cuando Eren lo mira boquiabierto y todo suena como una canción o una droga que le dice que es el comienzo, no el final.

—¿Dónde vamos, Levi? —le pregunta Eren porque no conoce el camino por el que se desviaron al salir de aquella casa.

—Lejos, lejos de aquí —responde— lejos de todo.

—¿Estás bien?

Nunca estuve mejor, quiere responder.

Nunca olvidaras mi nombre, recuerda en cambio.

Y está orgulloso de decir que ella esta muy equivocada.

En un hotel cerca del mar, Levi compra el paquete de turistas completo y se quedan en la habitación donde empuja a Eren sobre la cama y se introduce en él hasta escuchar el sonido resbaladizo de su piel y los amortiguados gemidos de Eren.

—Muérdeme —pide entonces.

—¿Qué?

—Muérdeme —repite y es cuando Eren parece recuperar un poco de su cordura, se sonroja y lo mira a los ojos.

—…Levi.

—Muerde, Eren.

El omega asiente, extasiado, lo que acaba de pedirle es un regalo precioso que pocos alfas están dispuestos a ceder y de pronto se siente nervioso porque es pequeño a comparación con Levi y se obliga a producir saliva mezclada con feromonas antes de enterrar el rostro en el cuello del alfa e hincar sus dientes.

Acostado de espaldas y con las piernas abiertas el omega cede y lo siguiente que Levi siente antes de correrse es el dolor en la base del cuello y una ráfaga de feromonas mezclándose en sus venas y quemando cada centímetro de su cuerpo.

Levi se hunde y presiona, lamiendo las lágrimas de Eren y meciéndolo suavemente.

Su nudo es grande dentro, palpita y se hincha.

Y Eren jadea sorprendido, apartando la boca y mirándolo con confusión.

—No hueles a menta —dice— es…té verde.

Y la cafeína se evapora para siempre, dejando que sus pulmones se liberen y el nuevo y fresco aire le obsequie una nueva vida.

—Te amo, Eren —susurra y se besan.

Mi dulce omega.

A medida que pasan los meses el chico crece como una espiga de trigo, fresco y bronceado como la caída de las hojas de octubre.

Entonces Carla vuelve a invitarlos a casa y Levi lleva a Armin y Reiner con ellos y muchos dulces.

Carla, quien se toma enserio estas cosas, pinta los ojos de Eren con delineador y le pone un traje de pirata y Reiner encaja perfectamente en el traje del Capitán América, pero Armin se niega a usar el vestido de Rapunzel que el abuelo ha comprado por equivocación hasta que Reiner promete prestará le prestará el escudo cuando vuelvan a casa.

Grisha está trabajando y Levi declina la oferta de salir con ellos y vagar entre un montón de niños y dulces pegajosos, la peor combinación que pueda imaginar, prefiere sentarse y tomar una taza de té, disfrutando el tenue vapor que exhala su taza.

Levanta la cabeza y se encuentra con unos ojos negros y labios de cisne de su cuñada cuando Eren corre y trepa sus muslos para besarle en los labios preguntándole si se ve bien antes de salir con una bolsa vacía en cada mano.

Sus ojos brillan como gemas y tiene el cabello peinado hacia atrás, Levi se deleita un momento probando la delicia de esa boca antes de apartarse.

—Eres hermoso —responde y Eren ríe tontamente antes de salir de casa con Reiner y Armin aferrado al vestido de Carla.

Mikasa se excusa diciendo que tiene dolor de estómago y va a dormir temprano.

—Ella hará un intercambio con una universidad de Europa —comenta Grisha mientras recogen los adornos de Halloween y los van guardando en cajas al día siguiente.

Es un nuevo comienzo.

Sin embargo el instinto de Levi no presta atención y prefiere embeberse con la belleza de Eren que tiene los ojos hinchados y come de su cereal mientras dormita tontamente.

Levi piensa que es el omega más hermoso que haya existido jamás y su alfa interior ruge en aprobación.

Continuará…