No soy dueña de Ranma ½. Solo hago esto por diversión. Le pertenece a la gran Rumiko Takahashi.
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HIBAKUSHA
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Capítulo 4.
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Los días seguían pasando demasiado lentos entre el montón deberes que cada uno tenía que realizar durante el día, se levantaban al alba y terminaban al atardecer restándoles cualquier posibilidad de pensar en los suyos, en aquellos por los que darían cualquier precio con tal de volver a ver sus rostros y regresar a tiempos más felices donde su única preocupación era subir las calificaciones de la escuela.
Pero hoy no era uno de los otros días grises y de trabajo como los días anteriores.
No.
La mayoría de los hombres se encontraban ansiosos, no pudieron dormir ni mucho menos aliviar sus quebrantados corazones. Llevaban un par de meses en este lugar inhóspito y al parecer se quedarían por un largo trecho más.
Pero hoy era un día distinto, este amanecer estaba cargado de esperanza, recibiéndolos con pequeños rayos fugaces de lo que sería un día iluminado.
Un día especial muy especial.
Llegaba el correo.
Tendrían noticias de sus familias y cercanos.
Sí, hoy era un buen día.
=0=
El primero en recibirla fue Daisuke. Llevaba días esperando este momento con el alma en un hilo, extrañaba su hogar y quería volver pronto. No recordaba jamás sentir la necesidad de volver al lecho materno en todos estos años, por el contrario, siempre se jactaba de lo mucho que les molestaban sus atenciones innecesarias, pero ya no podía seguir siendo el mismo niño corajudo y rebelde de antes, maduró de golpe y ya lo habían notado hasta sus amigos de toda la vida.
Tenía la carta de su madre entre sus manos temblorosas. Todo el día su mente estuvo perdida en las líneas escritas que releía una y otra vez:
Querido hijo:
Llevamos varios días siguiendo las noticias por la radio, esperando tu regreso. Tu hermanita perdió sus dientes de leche y por fin tiene un diente nuevo. Tu padre encontró un gatito perdido, como los que te gustan y lo trajo a casa. Yo estoy bien, la mayoría del tiempo estoy mirando la puerta esperando tu brillante regreso. Nos alegra saber que estas a cargo de misiones importantes dentro de tu Unidad, solo no te expongas innecesariamente hijo, siempre estamos rogando por ti.
Te extraño hijo, sigue las órdenes y no te comportes mal.
Esperamos tu pronto retorno.
Con amor, mamá.
Quería llorar, pero por sobre todo regresar a casa, leer sus historietas e ir a la escuela a estudiar.
¡Diablos!
Prometía ser un buen estudiante si eso era necesario, pero acá en medio de la nada comiendo arroz y tomando agua en todo el día era abrumador, ni siquiera era un buen soldado, no se podía ni las armas con las que habían intentado enseñarles al tiro al blanco.
¡Era tan frustrante!
Esto no era lo que había planeado hace un par de meses cuando quería invitar a salir a Sayuri.
¡MALDICIÓN!
Apretó fuertemente la carta en sus manos, arrugándola y llevándolas a sus piernas dobladas.
Si yo fuese más fuerte, si solo yo…
Se levantó rápidamente y fue donde dormitaba Ranma.
–Oye Ranma…Despierta. –Lo movió lentamente al principio, para luego zamarrearlo.
– ¿Qué pasa Daisuke? –Dijo con tono cansino.
–Ranma…tú…
El resto de los hombres, que aparentaban dormir dejaron de fingir para escucharlos mirándolos atentamente, sentándose en sus respectivos sacos de dormir, con los ojos perturbados por sus propios pensamientos, luego de leer las cartas de sus familias.
– ¿Si?
– ¿Podrías entrenarme?
– ¿Entrenarte?
–Sí.
–Yo… ¡Vamos Ranma, por favor! – Se sentó muy recto y le pidió llevando su cabeza al suelo. – ¡Por favor!
– ¿Qué haces Daisuke?– Lo enderezó rápidamente, el muchacho era su amigo no tenía que rogar por eso. Si tenía un problema con alguien iba, se lo decía y él lo arreglaba ¿no? – Ryoga se levantó de inmediato al sentir el bullicio, consternado por la situación.
–Ranma, quiero regresar a casa…pero quiero regresar con vida, a mi familia. – Llevó su cabeza al pecho, escondiendo las lágrimas que amenazaban con desbordarse.
El resto de los hombres se unieron velozmente a las suplicas de Daisuke, comenzando a llorar llevando su antebrazo a la cara para disimularlo y pedirle lo mismo a Ranma y Ryoga, que los miraban de tanto en tanto avergonzados por la situación, al no entenderla del todo.
–Ehhh yo, claro que sí. – Ranma se rascó incomodo la mejilla y Ryoga se sonrojó, pero ambos asistieron mirándose entre sí, aunque no muy convencidos, pero haciendo que los muchachos quedaran más tranquilos.
=0=
Los muchachos comenzaron su entrenamiento a cargo del Teniente Atsuchi, que les enseñaba como apuntar y disparar con un arma a un tiro al blanco.
Veloz, era la palabra para definir sorpresivamente a Hikari Gosunkugi. Era extremadamente bueno en ello y había recibido las felicitaciones hasta del General y la mayoría de sus compañeros.
=0=
Por las noches entrenaban con Ranma y Ryoga que con mucha, muchísima paciencia estaban entrenando a los muchachos en lo más básico, para de a poco escalar a algunas técnicas de nivel medio, que podían necesitar en el futuro en el evento de un ataque cuerpo a cuerpo con alguien.
La verdad, es que sus entrenamientos habían logrado que los muchachos obtuvieran una mejor resistencia, agilidad y mayor fuerza.
Al menos sus corazones desolados ya no se sentían tan inútiles en ese lugar.
=0=
Las provisiones escaseaban y se fueron racionando cada día, habían desaparecido un par de compañeros de algunas divisiones en situaciones extrañas, cada día existían menos soldados en las otras divisiones y muchos de ellos estaban enfermos constantemente.
Shinnosuke tenía sus sospechas, pero no se atrevía a verbalizar sus dudas. Miró con cautela el pozo oscuro donde sacaban agua.
¿Será posible…?
Quizás él podía ayudar.
Ese chico flacuchento, Gosuki, Hinkari…
Ahhhh… ¡Maldición!
No recordaba su nombre, pero desde que lo vio el primer día que llegó se veía enfermo, con ojeras enormes y demasiado pálido para ser solo de la ciudad, incluso en un par de horas había bajado mucho de peso y cada día era peor. Menos mal pudo darse cuenta y lo ayudó con el agua de la vida, pero ¿será posible que sea por esto?
Si seguían perdiendo hombres no tendrían ni la mínima posibilidad de hacer frente a nada de lo que se supone vendría. Destapó con cuidado la botella que siempre tenía anudada a su cintura y vertió un pequeño chorro en el pozo.
Con esto será suficiente.
Tapó la botella y se dio vuelta lentamente, mientras admiraba el paisaje oscuro. La luna estaba tan clara, podía ver millones de esas lucecitas que se quemaban a miles de kilómetros de distancia, consolando su corazón y dando por olvidado sus pequeños grandes temores.
¿Qué estaba haciendo aquí?
Miró a su alrededor y echó otro chorrito de agua al pozo, eso ayudará a que no este contaminada. Sonrió para sí y caminó lentamente de regreso a la cueva que habían construido durante semanas para resguardarse de los ataques de sus enemigos, ese chico con colmillos era bastante útil, tenía la pequeña impresión de haberlo conocido antes, pero era imposible.
¡Tonterías!
Entró y se acostó rápidamente, quedándose profundamente dormido.
–Oyee, oyyeee…– Trató de despertarlo Ryoga que entraba rápidamente una vez que divisó a lo lejos al muchacho entrando a la cueva. Lo movió un poco, suavemente. Al menos había podido regresar esta noche, suspiró cansado. – ¡Este es mi saco! Oyeee... Ahhh…–Ryoga entendió que el muchacho no despertaría y se acomodó como pudo en el saco que le correspondía al guardabosques. ¡Estúpido Shinnosuke! Huele demasiado a hierbas medicinales.
=0=
El General Kuribayashi aspiraba lentamente su cigarro, dejando fluir el humo que inundaba sus pulmones expulsándolo lentamente por la nariz, pensativo sobre todo lo que estaba ocurriendo en este momento.
Sí, definitivamente.
Hay gato encerrado.
=0=
Los japoneses mientras desarrollaban su estrategia militar a manos del General Kuribayashi, tratando de por lo menos hacer frente a sus enemigos y demorarlos lo máximo posible mientras llegaban los refuerzos, es problema era que estos jamás llegarían. Se encontraban solos y abandonados en medio de la nada frente a la invasión norteamericana, porque las naves tanto como los efectivos aéreo-japonés habían sido ya destruidos.
=0=
El correo había llegado esta vez con un pequeño paquete para cada uno de los hombres del regimiento, pero no lo habían entregado por la mañana. Los hombres estuvieron ansiosos todo el día, esperando su entrega. Mirándolos con nostalgia mientras hacían sus quehaceres.
Llegada la tarde, les dieron agua y un pequeño pedazo de pan, junto con el paquete celosamente envuelto. Cada uno de los hombres de las divisiones recibió uno. Ranma se alejó de todos y fue directamente al lugar dentro de la cueva donde tenía su saco de dormir.
Se sentó y comenzó a desenvolver con manos temblorosas el paquete fuertemente cubierto, dejó caer su envoltorio en su regazo. Lo tomó delicadamente entre sus dedos y se recostó en la oscuridad que solo permitía vislumbrar su rostro de perfil gracias a la suave luz dorada de una candil de aceite en la pared, levantó la suave tela a la luz mientras delineaba con uno de sus largos dedos las puntadas.
Sus ojos azules se llenaron de lágrimas mientras tocaba con sumo cuidado la dedicación de su prometida en las puntadas de su Senninbari (o mil puntadas), podría reconocerlas aunque pasaran mil años. El trozo blanco de tela reforzada destinado a ser utilizado alrededor de la cintura de los soldados como amuleto en su paso por la guerra, para volver a casa.
Para volver a ellas.
A ella.
Podía reconocer cada una de las puntadas. Las de su madre, de Kasumi, Nabiki hasta de Ukyo, las de sus compañeras de clase, de Yuka y Sayuri.
Y las de ella.
Se notaba el patrón distintivo de las personalidades de cada una de las mujeres, pero las de Akane, aunque eran del mismo hilo rojo que las otras, tenían una forma distintiva.
Movió la tela, tomándola con ambas manos y girándola. Había intentado crear un patrón con los puntos que solo él podía reconocer, pero jamás lo diría en voz alta. Ahí, frente a él lo miraba un furioso tigre, creado con pequeños puntos bordados con tanto cuidado que le dolió el corazón.
Akane había dicho un día que los tigres tenían un significado especial y le había regalado uno para ponerlo en su bolso de la escuela, te traerá suerte, dijo.
Pero él sabía que significaba algo más.
Encuentra tu camino de regreso a casa Ranma.
Podía escuchar su voz claramente en su mente mientras miraba la imagen. Los tigres solían vagar por mucho tiempo buscando alimento o aventurándose, pero siempre regresaban a la seguridad de su hogar.
Y sonrió para sí mismo, pensando en ella.
Esa boba… Se sonrojó furiosamente, mientras una solitaria lágrima corría por su mejilla.
¿Cuánto tardó en hacerlo? ¿Se había lastimado mucho con la aguja?
Tocó suavemente cada una de las puntadas delineando el tigre que le devolvía la mirada, retador. Con sumo cuidado lo dobló y se acostó abrazando el pedazo de tela para reconfortar los rápidos latidos de su corazón.
Estaba dando todo de sí misma, podía notar su esfuerzo, la dedicación en cada puntada, preocupada por él y su bienestar.
Y él…Regresaría a casa como se lo prometió y si moría volvería del mismísimo Naraka a reclamarla.
Así lo haría.
Volvería a ella, sano y salvo.
Era una promesa.
Y Ranma Saotome siempre cumple una promesa.
=0=
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N/A.
¡Hola a todos! Ha sido un tiempo desde la última actualización, pero han pasado tantas cosas en mi país como en el mundo. Solo quiero dedicar este capítulo a toda la gente que cree y que lucha día a día por un país mejor, a todos mis compatriotas que sufren desde años la violencia y el desamparo de la clase política, creo que podemos construir un país más igualitario y justo para todos, a seguir luchando.
Un abrazo grande a todas las mujeres del mundo, que luchan incansablemente contra todo y todos, el futuro es feminista y eso nos sigue dando luz.
Mucha fuerza, esperanza y las mejores vibras a quienes están sufriendo por el dengue en Perú y a quienes están luchando contra el Coronavirus en todo el mundo. Ojalá pronto podamos contar con una cura o erradicar su contagio evitando más muertes.
A los que pasan por aquí aún y que siempre me han dejado mensajes de ánimo, muchísimas gracias de todo corazón, me han alegrado el día más de una vez.
