-INFINITAMENTE-
Capítulo siete: Entrega
Quiero que seas débil, quiero que seas tan débil como yo.
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La celda de contención para alfas se encontraba en el sótano del MP, una cama sencilla y vidrios como espejos que no le permitían ver nada al detenido, pero Levi sabía que detrás de estos los cerúleos ojos de Erwin estaban condenándole con reproche junto con el de los altos mandos.
Las esposas atadas a sus muñecas eran lo único que le impedían tener las manos al nivel suficiente para enseñarles el dedo medio, pero el bajo gruñido que brotaba de su garganta era lo suficiente para mantenerlos lejos de él por un tiempo.
El altavoz de la esquina se encendió y sus ojos lo miraron con furia.
—¿Cómo esta Eren? —preguntó antes de que alguien tuviera la oportunidad.
—Levi —escuchó la voz de Erwin seguida de un suspiro.
—¿Dónde está Eren? —insistió.
Cortaron la transmisión.
Habían pasado tres días repitiendo la misma rutina.
Sabía que había jodido la misión, ni un solo rebelde vivo y uno fugitivo. Tenían las manos vacías y un caso que resolver pisándoles los talones.
No estaba arrepentido y eso lo jodió todo aún más todavía.
Una semana después acepto una entrevista para calmar los ánimos de la gente y los altos mandos. Todos habían alabado el accionar de Eren y su entereza, al parecer eso fue lo que salvó su pellejo de las garras de los abogados que se cernían sobre él con una y mil demandas.
La gente lo quería libre y con su omega, los fiscales pedían su cabeza y Erwin movía todos los hilos a su alcance para sacarlo de ahí.
—Te ves horrible —le dijo Hitch, la periodista con la que había elegido cooperar—. Afuera es un caos por tu culpa, acabaste con la única pista para atrapar a los rebeldes.
—¿Cómo está Eren?
La beta se sentó en una silla, cruzando las piernas y sacando varias fotografías de su bolso.
—Vivo, pero deshecho —le dijo, pasándole el valioso material—. Está en shock, pero es fuerte, resistió el tratamiento de supresores para las marcas que le hicieron.
Levi apretó los dientes, esos malditos habían mordido a Eren.
—¿Ahora responderás todo lo que te pida?
—Si —aceptó.
Grabadora en mano, ella endulzó su voz durante las siguientes horas hasta culminar la entrevista.
—¿Mataste a todos los secuestradores?
—No a todos, una de ellas escapó, era omega y logré cortarle la mejilla —contó—, pero tenía algo tatuado en la clavícula izquierda, una palabra. Karion.
—Karion significa "el centro de todo o el centro del todo" —dijo ella— y también es una marca de motocicletas. Pero guardaré la información en los archivos. ¿Por qué les cortaste el cuello?
—Tenía que asegurarme de que estaban muertos.
—Sé que actuaste por instinto, pero un grupo de personas no está contenta por tu accionar —dijo—, era la única pista para seguir al grupo rebelde y la ley condena a todos aquellos que hayan asesinado a un omega.
—Actué sin pensar, pero no estoy arrepentido —cortó él— solo sacaba a la escoria de este mundo y volvería a hacerlo si quisiera.
Hitch ocultó su sonrisa y apagó la grabadora.
—Tienes el apoyo del público en general.
—Solo quiero salir de aquí.
—¿Sabes que te llevarán a juicio mañana?
—Lo sé.
Hitch asintió, pero su traviesa sonrisa se borró por completo cuando decidió encararlo con la verdad.
—¿Sabías que el funeral de dos de tus subordinados será mañana?
Erd y Gunter habían caído en medio de la batalla, solo por seguirle y proteger su espalda.
—Sí, Hanji me lo dijo.
La beta sonrió y guardó todas sus cosas.
—Escribiré una buena nota solo porque me caes bien —se despidió y Levi cerró los ojos con fuerza.
Los fiscales no fueron amables y el juicio duró tortuosas horas, pero estaba libre y fuera de la maldita celda que ahogaba sus feromonas.
Como prometió, Hitch hizo la mejor nota y las demás cadenas solo se volcaron en favor de la noticia causando una ola masiva de apoyo, aun así fue aplastado como un insecto y se le hizo una evaluación exhaustiva esculcando cada una de sus debilidades hasta poder encontrar algo por lo que atacarlo.
Quedó libre, pero sería dado de baja.
Al parecer no era un alfa apto para el servicio, pero dado todos los años en el MP y las influencias de los jefes le dejarían optar por un puesto mucho más sencillo donde se mantendría observado por al menos un tiempo.
Sin embargo nunca volvería a ser un funcionario del escuadrón especial.
Le quitaron la placa que había ganado gracias a su esfuerzo y quedó eximido de toda culpa.
—Es todo lo que pude conseguir —le dijo Erwin mientras le quitaban las esposas—. Ya sabes, mataste la misión.
—Hiciste todo lo que podrías haber hecho —rectificó Levi—. Gracias.
—No es una despedida Levi.
No lo era, pero lo único que deseaba era llegar a casa. Por supuesto Eren no estaba allí, con las luces apagadas y el filtro de feromonas funcionando la casa se sentía ajena a todo lo que había conocido alguna vez.
Farlan ya no podría vivir con ellos, había sido llevado a un hogar temporal donde el estado decidiría que hacer en caso de que Auruo muriera.
Levi dejó el bolso en el piso y se dio una larga ducha antes de limpiar, limpiar era la mejor manera de canalizar los problemas que tenía.
Nunca había sido una persona que se dejara llevar por las emociones y al ser un alfa debía controlarse más. Entonces botó toda la comida echada a perder y lavó los platos del fregadero, sacando las migas de moho a conciencia. El piso necesitaba lustrarse de nuevo y tan solo le tomó tres horas hacer lo mismo con los muebles, bloqueando su mente mientras repasaba los libros y los reacomodaba hasta que decidió entrar al dormitorio y terminar con todo.
El nido de Eren estaba ahí, formado con almohadones especiales que el omega había comprado en una tienda y un par de sus camisas. Los filtros de feromonas estaban apagados para mantener el aroma a enlace y calmar sus sueños y una bolsa de cheetos medio abierta era lo único de lo que tendría que deshacerse.
Sin tocar el nido fue hacia el armario para sacar una pequeña maleta y rellenarla con la ropa que Eren necesitaría, algunas camisas, abrigo y ropa interior, también objetos personales y uno de los almohadones del nido para tranquilizar su sueño. Estaba en un hospital, solo, aunque su madre fuera a visitarlo y Grisha estuviera ahí para él nunca sería lo mismo porque necesitaban del uno al otro. Seguramente Eren extrañaría el departamento, probablemente estuviera feliz de verle y entonces tratarían de que todo fuera como antes. Mientras su omega estuviera feliz que más importaba.
El seguro pagaba el hospital y su sueldo todavía corría hasta el siguiente mes, pero debía buscar un trabajo. Tenía un título aparte del ejército y aunque le gustaba trabajar en el campo y dirigir su propio escuadrón, lo más seguro era dejar sus sueños a un lado y olvidarse de todo. Convertirse en civil.
¿Qué otra opción tenía?
Él era un alfa y necesitaba mantener a su omega protegido y seguro.
Se detuvo con la cabeza baja y las manos centradas en meter toda la ropa en la maleta, respiró en el cuarto a oscuras y cerró los ojos con fuerza aplastando el pozo de sentimientos que lo atraía como una fuente magnética.
Podía sentir el zumbido elevándose en el borde de su mente, extendiendo los dedos hasta rodear su cuello.
Le habían quitado la placa en el mismo saló donde hace muchos años se la habían puesto junto a otros reclutas nuevos. El futuro de este país, así les decían y luego se unió a Erwin, congenió con su propio escuadrón y limpiaron la ciudad entera. El pasado solo era polvo cuando sentía que ese era su lugar y su sueño, haciendo lo correcto y sintiendo la libertad por sus venas. Era feliz a su manera. Las pequeñas risas ocasionadas por los malos chistes de Hanji, el ceceo interminable de Erwin, los fines de semana con el escuadrón, todo eso limpió su alma y le dio un nuevo significado a su vida. Y ahora lo había perdido, los había perdido en un abrir y cerrar de ojos.
El mismo Erwin no dejó de verle esperando alguna respuesta de su parte cuando la placa le fue quitada y los fiscales recitaban su caída y se mantuvo callado, pero él nunca fue una persona muy expresiva. Nunca lo fue, nunca podría serlo.
La suave camisa de Eren resbaló de sus manos y volvió a levantarla. Estaba descalzo, con una maleta llena de cosas que posiblemente un enfermo no necesitaría y que había metido al azar.
Chasqueó la lengua, decidiendo que sus problemas no eran prioridad en este instante.
No era el momento de revolcarse en su propia autocompasión.
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Eren tenía la cadera rota y una fractura en el brazo, la operación había iniciado sin su permiso y el mismo doctor Grisha se mantuvo al tanto de sus cuidados hasta que recuperara la conciencia.
Luego todo había sido el infierno porque las mordeduras comenzaron a infectarse y su cuerpo luchó sin entender el porqué de la invasión. No pudieron esperar más y Grisha volvió a firmar para el cambio de piel que se haría en las cuatro mordeduras de su cuello y clavícula.
Las feromonas se mezclaron y en afán de deshacerse de todas las marcas comenzaron un lento proceso natural de purificación que hacía que apestara para cualquier alfa. Para entonces Eren había despertado y no quería que nadie fuera a verlo, ni siquiera su madre, pero su alfa era quien tenía la última palabra.
—Quiero verlo —eso es lo que concluyó, con la maleta asida al brazo y la resolución férrea.
El médico de turno tomó aire, repasando lo dicho otra vez y sacando un documento tras otro para firmar.
—Normalmente los omegas permanecen en cuarentena hasta que la curación termine —volvió a decirle—, es lo mejor para ellos. Después de todo todavía no se le ha informado que perdió al feto.
Levi lo sabía fue lo primero que se le había informado, temerosos de que reprochara o iniciara una querella cuando intervinieron en el aborto que tuvieron que realizar porque su cuerpo no pudo soportarlo y la vida que crecía allí se desprendió. Repasó el documento una y otra vez, escuchó y se negó a sentarse.
De una forma u otra las decisiones siempre recaían sobre su espalda.
—No quiero que se le informe nunca —tuvo que decir porque era el camino que había elegido, la carga estaría sobre sus hombros, pero no podía dejar que Eren la llevara consigo.
Firmaron documentos, un abogado estampó el sello y los informes junto con los restos del infante fueron destruidos para más alivio del personal que hizo la intervención que para él. Normalmente un alfa habría hecho un escándalo y demandado al hospital.
—De todas formas el feto ya estaba muerto —se atrevió a decir el doctor con más confianza que antes— su cuerpo rechaza cualquier unión, ¿En verdad usted…es su alfa?
Levi reprimió un gruñido que hizo encoger al médico.
Encerrado diez minutos en el sanitario y lavándose la cara antes de encontrarse con el omega.
No ha comido en todo el día y de repente todo era una jodida mierda, pero no se permitió llorar, era más fuerte que eso.
Se mantendría fuerte para Eren y comenzarían de nuevo.
Siempre que estuvieran juntos podrían comenzar de nuevo.
El pasillo del hospital estaba a oscuras, pero podían escucharse los pasos fuertes de dos personas que se estacionaron frente a la puerta 245. La enfermera abrió la puerta introduciendo su cabeza hacia adentro.
—Tu alfa vino a verte —dijo dándole paso a Levi—, los dejaré solos
El pelinegro cerró la puerta con la espalda, Eren estaba semi acostado sobre su camilla con almohadas apoyándole la espalda y un brazo empaquetado en yeso que colgaba de una varilla, los golpes de la cara se habían reducido y tenía el torso rodeado de vendas.
Los ojos verdes se quedaron varados en algún punto de la habitación, no estaba alterado ni en shock o llorando por despecho. Levi cargaría con todo eso, pero Eren jamás.
Olía a mierda o a mofeta podrida, aún con la mascarilla especial puesta podía sentir motas del olor.
—Hola —saludó casualmente, dejando la maletita al pie de la cama para que la revisara más tarde.
—Hola —susurró Eren— ¿Estás bien? Vi las noticias.
¿Qué podía decirle?
—Me despidieron —se sentó a su lado— no es para tanto.
—Sabes que no será lo mismo, no debiste…
—Erwin consiguió un puesto en el escuadrón antidisturbios —interpuso distraídamente—, no es como si hubiera perdido mi sueño, Eren, no te preocupes.
El omega asintió.
Levi le tomó de la mano, deshaciéndose en la suave calidez del omega.
Quería abrazarlo y relajarse, contarle la verdad y dejar que las manos el omega…la manos de Eren pasaran por su cabeza.
Incluso si para eso abriera su corazón entero, ofrendándoselo sin más, pero no estaba aquí por él sino por Eren.
Eren no dijo nada y él entrelazó ambas manos y se quedaron así un buen rato.
Incluso el olor sería pasajero, más temprano que tarde estaba seguro de que volverían a casa y las cosas mejorarían paulatinamente.
Uri siempre le decía que no perdiera la esperanza. Levi confiaba en Uri, sus palabras eran sabias y estaban llenas de verdad.
Se quitó la mascarilla y besó la frente del omega, intentando transmitir todo lo que tenía guardado y no podía decírselo en palabras.
Sin embargo Eren no mostró compasión.
—Deberíamos divorciarnos —soltó una vez terminado el beso tirando de su mano para liberarse.
El corazón le dio un vuelco y se hundió hasta su estómago haciendo que sus ojos se abrieran sobremanera.
—¿Qué?
—Lo que pasó fue mi culpa.
—No es tu culpa, Eren —dijo rápidamente.
El omega negó y levantó la cabeza parar mirarle.
—Soy un omega inútil, Levi —exclamó— ¿Por qué quisieras estar conmigo? Soy infértil y el tratamiento es costoso, además la medicina me volverá beta ¡Yo no quiero ser un beta! No entiendo porque querrías estar con alguien tan roto como yo.
Y no sabe que responder para que entienda que eso es algo que no le importa en absoluto, pero tiene la respuesta, la busca y la encuentra tan simple como la luz del día.
—Te amo, Eren.
El omega se estremece y jadea apretando sus cobijas con los puños.
—Dejaras de hacerlo cuando ya no huela a omega —vuelve a insistir—, cuando ya no sea bonito ni pueda darte hijos. Porque ya no seremos compañeros destinados.
—Esas cosas no son importantes para mí.
—¡Para mí sí lo son!
Calmado, intenta que el omega comprenda los sentimientos que nunca ha desvelado ante nadie.
—Todavía no es una buena razón.
Eren gruñe y niega con la cabeza.
—No soy lo suficientemente fuerte para amarte sin nuestro lazo —dice entre dientes sabiendo que sus palabras son como una estaca—, no quiero hacerlo. Estoy asustado de ti, de todos los alfa. No quiero tener miedo cada vez que me toques. Nuestra vida juntos será miserable —presiona—. Me harás miserable.
Hay algo dentro de él que se retuerce cuando el aire escapa de sus pulmones y su alfa interno se encorva sobre sí mismos al sentir el rechazo y dolor, pero Levi es más fuerte que eso y más aprensivo a los arrebatos de Eren. Como una fiera que lame sus heridas y se acurruca junto a su compañero en busca de consuelo, pero es mordido sin saber porque y sangra.
—Hablemos cuando te tranquilices —concluye poniéndose en pie para alcanzar la puerta, la mascarilla olvidada en el piso.
—No —niega Eren recuperando la crueldad de su voz—, llama a mi padre ahora mismo.
Y tampoco tiene la fuerza para mirar atrás.
—Volveré mañana —logra decir antes de cerrar la puerta dejando la habitación a oscuras y al omega que grita y arroja algo pesado que golpea la puerta.
El ímpetu de su omega solía ser tan excesivo que lastimaba, pero no lo recordaba de esa manera.
Ignorando el sordo dolor en el pecho caminó hacia la salida.
Era el miedo y los supresores los que le obligaron a decir eso, el miedo a quedar solo. Eren no lo decía enserio.
Los omegas masculinos siempre fueron mucho más bonitos que otros, incluso que las mujeres. A los alfas les gustaba eso y era lo que más los distinguía, un tonto estereotipo. Eren tenía su encanto y también era un omega con sentimientos vulnerables seguramente temía perder todo aquello.
Eren solo decía mentiras para no hacerle daño, porque Eren lo amaba lo suficiente para dejarlo ir si creía que de alguna forma podría perjudicarle estar a su lado.
O él era un tonto que había perdido el camino.
Sin lugar a duda todo aquello en juicio a sus errores pasados y la vida quería quitarle lo que él le había arrebatado en primer lugar.
No querían sentirse patético, realmente no quería, pero contrario a lo que la gente pensaba los alfas no eran de hierro y él tan solo era un hombre de carne y hueso que estaba lastimado.
Su estómago rugió de hambre cuando llegó hasta su auto y ni siquiera se fijó en la mujer parada a su lado cuando esta le tocó el hombro.
—Hueles a lástima, alfa —le dijo.
Mikasa era toda una mujer ahora o eso podía decir. Con un atuendo sobrio y llamativo a la vez, la omega de pelo negro y labios rosas le sonrió desilusionada. Tenía la piel bronceada y un corte en la mejilla que intentó ocultar con maquillaje.
—¿Qué haces aquí? —preguntó él.
—Vine a visitar a mi hermano.
—Eren no quiere ver a nadie en este momento.
—He viajado en avión y luego en tren solo para verlo.
Recién entonces notó la maleta y el bolso que ella cargaba consigo.
—Te llevaré a tu casa —ofreció guiando a la omega hasta la maletera para que guardara sus cosas e invitándola a entrar en el auto.
Su cuñada era una omega no marcada y pese a todo todavía era peligroso caminar de noche en una ciudad tan atestada de gente.
Respiró y no sintió nada, las feromonas de su cuñada eran tenues y frescas, más no invasoras. Ella asintió y entró al auto elogiando los asientos de cuero limpio.
Su estómago volvió a rugir y Mikasa esbozó una sonrisa.
—Tal vez quiera invitarte la cena en agradecimiento —ofreció—, tampoco he comido en todo el día.
Levi bufó en respuesta y se detuvieron en un pequeño restaurante cerca de casa de Grisha.
Fue él quien ordenó por ambos mientras Mikasa conseguía una mesa.
No tenían nada que decir y las bebidas llegaron primero antes que la cena, el televisor mostraba un programa que lo distrajo hasta que una mesera se acercó a ellos con dos platos de crema de verduras, dos potes de helado y una gran porción de pollo y patatas fritas.
—Yo no pedí esto —advirtió Levi, señalando el helado de chocolate.
—Cortesía de la casa —le explicó la mujer beta que servía—, Hoy es día de parejas y su novia es muy bonita.
Ninguno corrigió a la mujer y Mikasa ofreció comerse ambos helados si Levi no quería probar ni un poco.
—Es comida gratis —se excusó y Levi volteó los ojos.
—Esa es la vida de un universitario ¿verdad? —Acusó—, coleccionar cupones y lanzarse a la primera oportunidad de obtener algo gratis.
—¿Qué sabe de eso alguien que no fue a la universidad? —Se defendió ella, luciendo arrepentida al instante—. El doctor Grisha es generoso con la mensualidad —rectificó—, pero yo quiero abrir mi propio camino.
Levi pensó que había subestimado a la chica, no era una omega remilgada y tampoco temía decir lo que quería.
Después de todo se suponía que ella fuera su esposa. ¿Cómo pudo haberse sentido una chica como ella al perder a un alfa que pudo haber sido su prometido? La mayoría de los omegas eran celosos y vengativos, sin embargo supuso que fue lo mejor para su cuñada y estaba feliz por ello.
Era una mujer apacible, de perfil tranquilo que le permitió olvidar unos segundos la realidad.
Haría feliz a algún otro alfa y estaba contento por ello.
—Escuché que te destituyeron —habló de pronto, mostrándose un poco tímida por primera vez o tal vez solo incómoda por abarcar el tema.
—Es así.
Ella sonrió, revolviendo la sopa pensativa, la cucharilla de plata en sus manos era frágil y rotaba guiada por sus blancos dedos.
—Te noto demasiado tranquilo, cuñado —observó—. En tu lugar habría preferido quedarme en casa y no salir nunca, o ahogar las penas en alguna parte.
—Solo es un trabajo cualquiera.
Oyó murmurar a su cuñada, vio los ojos negros virando en dirección a las heridas que las esposas habían calcado en sus muñecas y algunos hematomas que no fueron sanados. Y luego el fuego ardiendo en su voz.
—¿No era acaso el fruto de los esfuerzos de toda tu vida deshaciéndose en cenizas? —inquirió— Si yo fuera mi hermano preferiría reconfortar a mi alfa en lugar de quejarme por un pesar pasajero, ¿no es lo que hacen los esposos? ¿Los compañeros destinados? ¿La persona que amas?
—Creí que no habías visto a Eren —cortó él.
Mikasa se encogió de hombros.
—La verdad es que papá llamó para que no viniera a verle —contó— dijo que estaba alterado y mi presencia no era necesaria.
—Y tú hiciste lo contrario.
Mikasa asintió en aprobación.
—Ese es mi encanto.
Sabía que no debía dejarse llevar, pero estaba demasiado roto como para detener el fluir de la herida.
—Soy un alfa y el mundo entero espera mucho de mí —sentenció dejando que el ceño fruncido cayera junto con una octava de su voz— más de lo que puedo darle.
No hablaron el resto del camino ni él dijo nada cuando Mikasa prefirió quedarse en un hotel que en el hogar donde había crecido.
El cielo estaba limpio y estrellado cuando Levi deshizo el nido de su omega y puso todas las fundas de almohada en la lavadora y encendió el filtro de feromonas en la habitación.
Se cortó un dedo intentando pelar las verduras para el almuerzo que planeaba llevarle a Eren cuando fuera a visitarlo mañana y vio la sangre manar hasta agotarse bajo el grifo, se puso una curita y apagó su teléfono cuando Grisha comenzó a llamarle.
Esta noche dormiría en el sofá, pero se quedó viendo la televisión hasta tarde, viendo sin ver y pensando en las palabras de Eren y en el espacio vacío del armario donde antes su uniforme solía estar.
Erwin le había organizado una reunión de trabajo en el equipo antidisturbios, dirigido por un viejo beta y varios betas y alfas de la policía que hacían de muro en las protestas contra el gobierno.
Era lo único que podía ofrecerle en ese momento, pero Levi lo tomó como un salvamento.
Había entrado a la milicia buscando olvidar, pero salió con una carga mucho más pesada que antes.
Apagó el televisor y se quedó a oscuras, apoyando la nuca en el respaldar del sofá y un brazo cubriéndole la cara cuando la humedad se filtró por sus mejillas.
Te vez patético, hubiera dicho el tío Kenny, tan patético como yo.
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Ella despertó a las ocho y media, un rayo de sol acarició su antebrazo y su negra cabellera le hizo cosquillas en la nariz.
El camisón transparente que rodeaba su cuerpo se abrió dejando ver sus pechos cuando despertó, removiéndose a duras penas del tibio calor de las sábanas nuevas del hotel.
Ser soltera a esa edad, cuando la mayoría de sus congéneres omega estaba casado, no era problemático.
Todo el mundo se preguntaba porque su alfa destinado aún no había aparecido, pero a ella nunca le importó ni quiso responder las preguntas.
¿Acaso no se prometió no confiar en un alfa nunca más desde que el malnacido de Levi la cambio por su preciado hermano?
Ella se quitó el camisón tirándolo al piso y pateándolo lejos, entró a la ducha del hotel dejando que el agua se llevara sus malas ideas y emociones.
Tenía un cuerpo bonito, senos grandes y curvas finas, su abdomen marcado por el ejercicio no era un problema que bloqueara su atractivo.
Al salir rodeó su cuerpo con una toalla a la altura del pecho y se sentó en el tocador para arreglarse.
Su cabello era sedoso y negro, lo peinó largo rato y dejó que cayera sobre sus hombros.
Un poco de maquillaje iba a cubrir la herida de su mejilla, cuando estuvo arreglada decidió probar algo nuevo. Máscara para los ojos, brillo labial y algo de perfume.
Escogió sus mejores zapatillas y algo de delineador en los ojos. Se pintó las uñas con un color del caramelo y dejó que la toalla cayera de su cuerpo antes de ponerse la ropa interior de encaje.
Era la segunda vez que se arreglaba de esa forma.
La primera había sido para recibir a su prometido sin saber que antes de conocerle mejor terminaría llorando en su habitación y pudriéndose de rabia contra el destino que se lo quitó, pero no sería así para siempre
Ella recuperaría lo que le pertenecía por derecho.
Se lo repitió frente al espejo una y otra vez, siempre mirando el pequeño tatuaje que sobresalía en su clavícula.
Un tatuaje en letras simples que decía contenía solo una palabra.
Karion.
