-INFINITAMENTE-

Capítulo ocho: Recuerdos

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Me estoy enamorando, de alguien que no debe ser, de alguien prohibido para mí.

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—¿Trajiste los panqueques que prepara tu madre? —preguntó mientras hurgaba las bolsas que Jean había depositado sobre su cama

—Panqueques, ensalada, y sopa casera —enumeró el cara de caballo— todo lo necesario para sobrevivir un mes entero.

—Genial, guardaré un poco para Levi.

—¿él viene a verte? —preguntó Jean sentándose a su lado—. Cuando mi madre fue mordida por otros alfas, papá le pidió el divorcio ese mismo día…

—Levi no es tu padre, Jean.

Jean sonrió.

—Tienes razón —dijo socarronamente— ponte a cuatro patas delante de tu alfa y te perdonará.

Demonios, cuanto detestaba que Jean le molestara de esa forma.

—Maldito cara de mierda —exclamó— hablas como todo un anarquista.

Jean hizo una mueca.

—De acuerdo, ponte a tres patas —levantó las manos sonriendo— ya que tienes un brazo roto.

Eren gruñó, enojado porque fuera Jean quien viniera a traerle la tarea y no Armin.

Estaban sentados juntos, Jean sobre la camilla y Eren en la silla de ruedas que la enfermera trajo para él esa mañana. Todavía no le dejaban caminar a pesarlo puso en esa silla prometiéndole que en tres días más, y si su pierna soportaba el peso, iba a comprarle un bastón.

Más no sería dado de alta hasta que terminaran los tres meses de recuperación obligatorias.

Afortunadamente y gracias a que Karanese había cerrado, todos los alumnos fueron reubicados y Levi decidió inscribirle en la misma secundaria que Armin para que pudiera tomar sus clases en línea. La nueva secundaria de Jean también estaba cerca y el omega rubio se había hecho amigo del alfa en algún momento de las visitas semanales.

Eren esperaba que Reiner, el novio de Armin, no estuviera celoso.

De todas formas Jean no tenía mucho que ofrecer, cantaba horrible y relinchaba como un caballo, pero el sarcasmo que se cargaba le había ayudado a sobrellevar la semana más crucial de su vida. Todavía podía sentir las cicatrices que dejaron los otros alfa en su cuello, pero la piel estaba casi curada gracias a la medicina avanzada de Grisha y el olor estaba disipándose con rapidez.

Y así desde la gran discusión con Levi los días pasaron con rapidez, junto con baños con una cubeta y esponja todas las noches, maratones de series y la comida que Levi traía para él cada tarde.

Comida asquerosa, pero con un poco de práctica, comestible. Sin embargo se obligo a comerla toda para contentar al alfa, no quería pelear más con él y estaba arrepentido por todo lo que le dijo con anterioridad, pero había sido necesario.

Tarde o temprano tomarían caminos separados, hasta que las pocas feromonas que le quedaban dejaran de fluir y Levi lo viera tal y como era. Un beta sin encanto.

Suspiró y organizó sus cosas en el cuarto de hospital que ahora se había convertido en su hogar.

Jean había ido a la tienda en busca de algo para beber que no fuera agua esterilizada cuando tocaron la puerta.

—¿Puedo pasar? —preguntó un niño de cabellera rubia ceniza, empujando la puerta con ambas manos.

Eren se sobresaltó y guardo un par de libros en el maletero que permanecía junto a la cama, empujando las ruedas de su silla para impulsarse con cuidado hacia adelante.

—Si —respondió agradecido por la intrusión.

Farlan asintió y se acercó admirando la silla. Estaba despeinado y con la polera manchada con el desayuno que alguna enfermera le habría convidado.

Petra seguía en coma y Auruo no se separaba de su lado, al ser sus únicos cuidadores y debido al accidente el servicio social se había llevado a Farlan por unos pocos días y luego fue devuelto a su padre.

Ahora el hospital se había convertido en una segunda casa para ambos.

Convidó algunos panqueques al menor preguntándole sobre su día hasta que Jean volvió con un par de latas y monedas en las manos.

—Este es Farlan —presentó al niño— es el hijo de los compañeros de trabajo de Levi. Su madre es una omega, está internada. Prácticamente vive aquí.

Jean asintió comprensivo. También había visto las noticias.

Jugó con el niño e incluso hizo que sonriera un poco.

Debía admitir que el cara de caballo no era malo, a veces podía comportarse como todo un canalla pero sentía empatía por los niños como Farlan. Jean sabía lo que es tener una madre omega enferma, y un padre irresponsable.

Era bien sabido que solo los omegas se encargaban del cuidado de los niños, y los alfas solían estar tan desinteresados de su descendencia que cuando sus omegas enfermaban o morían se desentendían de los niños por completo.

—¿Donde esta Auruo? —decidió preguntar al niño cuando una enfermera trajo el almuerzo para los dos y Jean comía en el piso, sobre una manta que trajo de casa.

—La enfermera me dijo que esta con mamá —el pequeño recibió con alegría un pequeño postre—. Papá se queda a su lado, pero no me quiere cerca.

—Descuida, pronto podrás ver a tu madre —le animó Jean.

Farlan asintió, pero se quedó viendo al alfa.

—Ustedes son muy cercanos —murmuró.

—Por supuesto —admitió Jean, hinchando el pecho— éramos amigos y rivales desde la infancia, hasta que él se casó.

—Lo seguimos siendo —se entrometió Eren.

—Nunca vienes de visita a mi casa.

—Sabes que no puedo.

Jean hizo una mueca.

—Entonces no eres mi amigo.

La madre de Jean era una omega infértil. Ellos vivían en un barrio alejado del resto, conocido como la zona de los omega abandonados. Una comunidad compuesta por omegas que eran viudos y habían sobrevivido o fueron rechazados.

Jean tenía que caminar dos horas antes de encontrar la parada de buses más cercana para llegar a la escuela, cada día, todos los días. Y eso le frustraba demasiado.

Cuando Eren se había enterado del hecho rápidamente se hicieron amigos y dejaron su enemistad a un lado.

Al ser un alfa y un omega que no eran pareja, no podían ir a muchos lugares juntos, pero Jean siempre estuvo a su lado y fue el único que esperó toda la noche en el hospital desde el primer día el accidente.

Eren debía darle crédito por ello.

Hablaron un poco más y una enfermera trajo una vieja caja de legos para que Farlan se distrajera armando castillos.

Jean dijo que algún día tendría un hijo como él y nunca iba a dejarlo solo.

—Serás un buen padre —murmuró Eren.

—¿Qué fue eso? ¿Un cumplido? —se animó Jean y Eren intentó atropellarlo con la silla de ruedas.

Pero se hacía tarde y Farlan comenzó a dormitar en brazos de Jean quien al no tener feromonas maternas no podía reconfortar al niño y Eren se ofreció a cargarlo. Terminando los tres en un apretado bulto sobre la estrecha cama de hospital para que Jean pudiera sostener el peso del niño sin que Eren se lastimara.

Eren acarició la cabellera de Farlan y dejó que hundiera la cabeza en su pecho, buscando el calor y las feromonas maternas que apenas podía soltar, pero fueron las suficientes para dejarlo dormido.

Por supuesto, Jean estaba muy cerca y también tuvo la oportunidad de olerlas, lo supo porque tenía las pupilas dilatas y una extraña seriedad en el rostro.

Eren hizo un esfuerzo extra para no avergonzarse.

—Si tuviera un omega como tú —comenzó entonces sobresaltando el ambiente— nunca lo dejaría marchar.

Sus narices casi se tocaron y Eren abrió los ojos sorprendido y sonrojado por aquellas audaces palabras, conteniendo la respiración cuando el alfa olfateó por instinto.

—Tu confesión fue...aterradora —se burló, nervioso y parpadeando para romper la tensión.

—Olvídalo —Jean apretó los labios volteando el rostro— es el instinto.

Eren asintió.

—Sí, solo es el instinto.

No pudiendo apartarse más el silenció los abrumó a ambos, dejando una brecha abierta para que algo en lo profundo de su pecho le animara a olfatear la canela y el calor de hogar que provenía de la nuca de Jean y se sentía como en casa. En ese momento algo más allá de su comprensión pareció despertar y apoyó la nariz cerca de la glándula de olor del alfa.

Jean perdió el color de su rostro.

—¿Q-qué estas haciendo conmigo? —preguntó liberando pinchazos de ansiedad.

—Fue instintivo —se excusó con rapidez. Sin poder soltarse del agarre del alfa porque caería de la cama o despertarían a Farlan.

Sus rostros estaban muy cerca uno del otro y las iris miel de Jean parecían brillar, Eren apartó la mirada fingiendo que no había pasado nada.

Entonces Jean pareció armarse de valor porque hizo lo mismo, pero arrugando la nariz debido a los brotes de putrefacción que todavía soltaba el omega. Eren se sintió apenado y apretó los puños.

—Lo siento —saltó Jean—, no quise…

Su pecho se retorció, todavía vulnerable por sus feromonas descontroladas.

—¿No huele bien verdad? —preguntó con calma—. Los omegas estériles nunca huelen bien.

Jean abrió la boca como un pez, como una cría de yegua perdida a punto de decir algo, pero la puerta se abrió y ambos voltearon asustados.

—Eren —Levi empujó la puerta con el hombro, llevaba una caja algo grande y otro ramo de flores— ¿Por qué no contestas mis llamadas? Acaso...

Sus ojos se abrieron y contuvo la respiración olfateando el ambiente con cautela.

Eren empujó a Jean y este se cayó al piso azotándose el trasero, despertando a Farlan que comenzó a quejarse adormilado.

—¿Qué sucede aquí? —preguntó Levi frunciendo el ceño y dejando que su olor a alfa dominante despejara la habitación del aroma de canela molida.

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Jean Kirstein no tardó en dar cuenta de su desventaja, estaba en el piso con el culo dolorido por la caída y ese pequeño alfa seguía mirándole como si quisiera arrancarle las tripas, con unos ojos tan oscuros que le recordaron a los ojos de su padre.

El señor Kirstein que tenía esos mismos ojos y apretaba la mandíbula de la misma forma cuando perdía una apuesta y volvía a casa ebrio de dolor y con ganas de desquitarse. El parecido fue espantoso, Jean jadeó perdido en el recuerdo e intentó levantarse, pero las manos le sudaban y a juzgar por el gruñido que había brotado de la garganta del alfa era obvio quien tenía la desventaja.

Su cuerpo tembló al pensar que el alfa de cabello negro y ceño arrugado iba a echarlo a patadas al pasillo, luego arrojaría a Farlan a un lado para alcanzar a Eren que todavía no podía caminar bien, mucho menos correr en busca de algún escondite, y lo abofetearía hasta hacer que llorara y le pidiera perdón de rodillas.

No quería que Eren pasara por esa experiencia, nunca, y aunque no sabía a ciencia cierta qué tan lejos podría llegar el alfa cuando se enojaba tan solo por el hecho de tener los mismos ojos que su padre decidió catalogarlo como un personaje malvado.

Entonces plantó la cara dispuesto a enfrentar lo que fuera que cayera sobre él.

—Estábamos durmiendo a Farlan —explicó Eren antes de que él abriera la boca y Levi cambio el rumbo de su mirada hacia el niño—, Jean ofreció sostenerlo por mí.

El alfa de pelo negro se quedó quieto unos segundos, chasqueó la lengua y dejó la caja en el suelo con las flores encima sin dejar de oler a alfa enojado.

Los pozos azules y oscuros de su pupila relajándose.

—Levántate Kirstein —le dijo al pasar por su lado— no seas ridículo, no golpeo niños.

Jean se sonrojó, volviendo en sí de sus desenfrenados pensamientos irracionales y viendo al alfa apartarlo con la mirada con desdén para acercarse a Eren y darle un beso en la boca.

Levi Ackerman no era su padre y estaba claro que tampoco reaccionaba como un alfa irracional, pero lejos de relajarle la nueva información solo hizo que se sintiera humillado.

—No seas duro con él —se quejó Eren.

—¿Por qué vino? —preguntó el alfa, ignorando el hecho de que él estaba ahí.

Descarado viejo, pensó y la indignación le dio la fuerza necesaria para ponerse de pie, orgulloso de ser cinco centímetros más alto.

—Vine a dejarle la tarea a Eren, señor —respondió tratando de recuperar los trozos de su orgullo esparcidos por el suelo— y mi madre preparó el almuerzo para llevar.

Sintió los ojos azules como el hielo escudriñándole severamente y le molestó la expresión de enojo y desinterés impresa perpetuamente en el rostro del alfa.

—No tienes que darme explicaciones, niño —respondió pinchándole la herida.

Su instinto saltó como si pisara agujas y Jean le enseñó los dientes.

Eren le miro en desaprobación, acercando su silla para ponerse en medio de ambos, pero Levi los hizo a un lado como si fueran lo más aburrido del mundo y se acercó a Farlan para llevárselo.

—Auruo estuvo buscando a su hijo —musitó cargando al niño.

—Como si a ese hombre le importara —empezó Eren, pero fue interrumpido.

—No somos quien para decir que puede o no puede importarle, Eren.

—Pero es su hijo —protestó.

—Y por eso voy a devolvérselo —gruñó Levi.

Eren se encogió cerrando la boca y que lo pateara un burro si eso no hizo que los vellos de su nuca se erizaran porque esa no era forma de tratar a un omega.

—¿Siempre tienes que seguir las malditas reglas? —escupió entonces, enojado porque aquel alfa hubiera gritado a su amigo.

Vio como la espalda del alfa se tensaba y Farlan le miraba a la vez con sus ojos redondos e inocentes, pero el alfa solo suspiró saliendo sin echar un solo vistazo.

¿Qué? ¿No eran lo suficientemente dignos para ganar la atención del señor perfecto?

Eren le golpeó en la pierna.

—¿Podrías intentar no molestar a mi marido?

Jea sintió una puñalada, ¡acababa de defender al estúpido de Eren y él continuaba excusando a ese viejo amargado!

—No soy yo el que tiene una cara de amargado —protestó—. ¿Está enojado contigo?

Eren paseó las manos por las ruedas de su silla, alicaído.

—Voy a contártelo porque eres mi amigo —dijo— Lo eres ¿verdad?

¿Lo soy? Eren y él siempre pasaban tardes enteras peleando o molestándose entre sí, era divertido y era un reto, pero también disfrutaban mucho de estar juntos.

—Escúpelo de una vez.

—Voy a divorciarme —contó—, es lo que intento, pero Levi se niega y es por eso que está tan enojado conmigo.

En ese instante el mundo de Jean cayó como un puñetazo y tuvo que sostenerse de la puerta.

—¿Por qué quieres hacer algo como eso?

Los ojos del omega vagaron avergonzados.

—Soy infértil, jean. Sabes lo que eso significa.

"Él va a devolverlo" pensó Jean olvidando la tonta confrontación territorial "Como papá devolvió a mamá. Él va a devolverlo."

Su cuerpo se tensó, pero supo manejar muy bien sus emociones porque seguramente Eren no quería contarle tal degradación y prefería un divorcio a ser devuelto.

Desde hace un tiempo las noticias no dejaban de bombardear comentarios nada agradables respecto a varios alfas devolviendo a sus omegas porque eran estériles, infértiles en el peor de los casos, omegas rechazados por no poder dar una buena camada.

Omegas muertos...

¿Y si los padres de Eren tampoco lo querían con ellos? ¿Dónde viviría Eren de ahora en adelante?

Jean tenía pocos ahorros ¿Cómo iba a mantener a un omega? ¿Sería bien recibido en la comunidad?

¿¡Porque estaba haciendo planes como si…

—Cálmate pareces una locomotora —Eren le tocó el brazo, pero Jean se apartó del omega para tomarlo por los hombros, entre la bruma de la emoción y determinación.

—Si él te dice que si —soltó de repente, decidido—, entonces voy a llevarte conmigo.

Los ojos del omega se ensancharon ante la declaración mostrando sus profundas verdes pupilas, tan hermosas como el mar, tan no suyas.

—¿Por qué tú harías algo como eso… —logra decir, azorado.

Su instinto se retuerce y desde el fondo de su pecho algo más fuerte que todo lo que ha conocido quiere vomitar lo que siente.

Porque no te dejaría solo.

Porque te necesito.

Porque te amo.

¡No! ¡No puede decirlo! Ruge a su instinto y lucha, frunce el ceño y aprieta los dientes.

Esto no puede estar pasando, pero antes de que lo diga es Eren quien interrumpe su trance y pisotea su confesión.

—No puedo irme con otro alfa, y aunque nunca te he visto como un alfa, no puedo irme contigo —vaciló—. Si dejo a Levi es porque lo amo —la fiera determinación en su mirada— y no quiero que pierda su vida con alguien como yo. No tienes idea de lo que haría por él.

Está de acuerdo.

No tiene la menor idea. No la tiene.

Afloja su agarre y deja que Eren bote todas sus frustraciones, porque para eso están los amigos.

—Recordé que tengo tarea que hacer —carraspea después, incapaz de soportar la quemazón del pecho.

Eren frunce el ceño.

—Nunca haces los deberes.

Sonríe de lado.

—Siempre hay una primera vez.

Toma su bolsa y apresura sus pasos hacia la puerta.

—Jean —se detiene cuando Eren le llama— ¿Lo dijiste enserio?

—Por supuesto —exclama— mi madre necesita una criada —dice y huye antes de que Eren comience a gritar improperios.

Todo estará bien, pero Levi Ackerman está afuera y parece molesto.

—Kirstein —sisea con desdén—. No quiero verte por aquí de nuevo

—Usted no va a detenerme.

—Lo haré —enfrenta el otro—, y no voy a detenerme por que seas un niño. Deja de hacer berrinche y no vuelvas a menos que yo te lo haya permitido —casi puede sentir el aliento de menta del alfa sobre su cara y aunque es un tipo bajito en verdad da mucho miedo—. ¿Entiendes?

Quiere gritarle que no y romper esa engerida cara que tiene, arrancarle la lengua y demostrarle que él es el alfa, pero sabe que este no es su territorio y tiene todas las de perder porque…sigue siendo un mocoso.

—Sí, señor.

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La noticia del accidente de Eren había impactado a toda la familia. Carla en particular fue la única que estuvo a su lado todas esas noches hasta que Grisha le ordenó que volviera a casa porque el juicio de Levi ya había terminado y no era necesario que ella estuviese ahí.

Esta sería la primera vez que se vieran ante de volver a casa y aunque su relación con Levi todavía era tensa ninguno quiso disgustar a Carla y solo por eso permitió que Levi le acompañara en la reunión.

—Estas siendo cruel con tu marido —puntualizó Carla cuando él volvió a reiterar su petición de divorcio.

De todas las personas que sabía que lo juzgarían nunca espero que fuera su madre la que comenzara.

—Conmigo no tendrá una buena vida —insistió dejando la incomodidad a un lado.

Sus padres sentados frente a él y Levi de pie en la entrada, estudiando el piso y con los brazos cruzados. Mikasa era la única que le dio un abrazo y se sentó a su lado, Mikasa y su sonrisa de perlas y zapatos negros de marca.

A diferencia de todos en la sala, ella estaba radiante.

—Hablamos de esto Eren —se entrometió el alfa, calmado, pero con el rostro sombrío.

—Eren lo hace por tu bien —comentó Mikasa, que a diferencia de su madre o Grisha parecía ser la única persona en el grupo que apoyaba su decisión.

Tenía que agradécele más tarde.

—Mikasa —protestó Carla, pero ella se plantó frente a todos sin bajar la cabeza ni un solo instante.

—Es la verdad mamá.

—Tomaré la medicina y me convertiré en un beta —volvió a decir Eren mirado a su padre—, las medicinas son caras y ninguno de los dos tiene un trabajo, no quiero ser una carga para Levi, papá. Por favor recíbeme en casa.

Grisha parecía avergonzado y molesto, por primera vez levantando la voz.

—No. protestar

—Pero, papá.

—Levi perdió todo por ti —se opuso Carla—no puedes dejarlo cuando más te necesita, es tu pareja, es tu alfa y aceptaste.

—Era un niño para aceptar cualquier cosa.

Carla jadeó con las manos tensas sobre su regazo y su padre apartó la mirada, inclusive la sonrisa de Mikasa había vacilado y esta vez Levi lo miraba a la cara.

No debió decir aquello, no de esa manera y estaba seguro de que malinterpretarían la situación. Pero Mikasa tomó su mano dándole fuerzas para continuar. Mikasa que vino tan arreglada y bonita y parecía ser la única que velaba por su bienestar.

—¿Estas arrepentido, Eren? —preguntó Levi haciendo que flaqueara.

—¿Por qué querías estar con un omega infértil? Nadie lo hace —dijo sintiéndose abochornado cuando su padre apretó los puños y mucho peor cuando Levi pareció decepcionado.

—Deja de sentir autocompasión por ti mismo —reprochó su padre.

Haciendo caso omiso, Eren miró con fijeza a su marido.

—Sé que en mi situación harías lo mismo por mí.

Levi se sienta en el taburete junto a la puerta y respira todavía con el traje de luto que se ha negado a quitarse por respeto a las familias de su escuadrón.

—No serás beta para siempre —suplica Carla.

—¿Y si lo soy?

—Sabes que no me importaría —reafirma Levi—, pero no puedo ni quiero forzarte a hacer algo que no quieres Eren. Si sientes que nadie tomó en cuenta tus sentimientos cuando me casé contigo, puedes volver a casa de tus padres.

Esta vez es Grisha el sorprendido.

—Pero no te daré el divorcio —añade y se mira las manos antes de salir—. Con permiso.

Es cuando lo pierde de vista que se derrumban deja que los pinchazos que siente en la garganta fluyan libremente.

Mikasa pasa una mano por su hombro para reconfortarlo y Carla se niega a darle la razón.

—Cometes un error —le dice— el peor error de tu vida.

—Es lo correcto —persiste Mikasa.

—¿Cómo puede ser lo correcto —rompe la madre de ambos—. Te has vuelto tan frio, Eren. Y no puedo apoyar esto que tartas de hacer.

Mikasa tira las protestas de sus padres y acaricia su cabello.

—Yo misma buscaré un buena bogado para ti —le susurra—, sé que lastimará a tu marido, pero saldrá adelante.

—¿Tú crees? Pensaba que era lo correcto, pero ahora…

—Él es fuerte —oprime ella y algo parece radiar en su mirada—, es lo que se espera de un alfa.

Lo que se espera de un alfa. ¿Qué es?

Todos me han dejado solo, le había dicho Levi alguna vez hace años y él había pensado en el tío Kenny que nunca conoció y en Uri Reiss, aquel omega del que Levi conservaba tanto, pero no tenía nada.

¿Iba a hacer lo mismo?

Todos están muertos, había susurrado Levi y él le besó los labios y se acostaron juntos y le había prometido que él no era como todos ellos.

Yo nunca me apartaré de tu lado.

Y Levi le había creído porque se aferró a él con sus brazos y su corazón.

No puede. No puede hacerle esto. Ni siquiera es lo que quiere y lo que cree que está haciendo por su bien es incorrecto. Necesitan estar juntos y salir adelante, juntos. Porque incluso más allá del destino y la naturaleza, sabe que lo ama sinceramente.

Se despide de sus padres y va a empacar sus cosas, pero Levi ya lo ha hecho y está esperándolo en el cuarto.

De pie y cansado, vestido con las ropas de luto del día cuando velaron a su escuadrón y con las ojeras más oscurecidas que antes. Sabe cuan cansado está el alfa, pero lo que más lamenta es no poder consolarlo como desearía.

Vacío, sin feromonas ni instinto, Eren nunca se ha sentido tan desnudo.

—Puedes quedarte en casa de tus padres si así lo deseas —dice entonces y el corazón se le encoje—, pero no te daré el divorcio.

Sabe que es un buen hombre, que a pesar de ser alfa nunca ha oprimido a otros que son inferiores a él y que aun cuando estaba cansado siempre se ha preocupado por que no se sintiera solo.

Y por todas esas cosas le duele demasiado lastimar a Levi.

—No me arrepiento de haberte conocido —le dice entonces como una ofrenda de paz—, no debí decirte eso enfrente de mis padres.

—No debiste —refuta en voz baja el otro.

—Estuvo mal —insiste Eren desplazando su silla hasta quedar cerca del alfa y tomarle de la mano—, pero incluso si no fueras mi destinado, yo te amo.

Levi se deja tocar y le mira largo rato.

—Lo sé, mocoso.

El entendimiento es silencioso como todo lo que han pasado hasta ahora y Eren deja que los dedos de Levi aprieten y tracen ondas por su brazo hasta llegar a una de sus mejillas y siente el tacto duro de la yema bajando hasta la hendidura de sus labios.

El alfa se ve cansado y cansado, entonces Eren lo deja caer y acepta el abrazo tan natural que se da entre ellos con la cara hundida de Levi en su cuello y las respiraciones pausadas.

La silla chirria y se mueve hacia atrás, pero Levi se sostiene por sí mismo deteniendo el aparato y quedando cerca del omega, muy cerca para pedir lo que tanto ha anhelado y temido.

Eren traza curvas por la espalda del alfa y desea quedarse así con él para siempre.

—No puedo ir a casa —le dice más rato— tampoco a casa de mis padres.

—Entonces quédate conmigo.

—No —niega rotundamente—prefiero quedarme con Armin por un tiempo, solo hasta que el cambio termine, no puedo soportar que me veas así.

Ve la desaprobación brillando en los ojos del alfa, pero traga y se recompone subiendo la mirada.

—De acuerdo —acepta— está bien. Solo por unos días.

—Sí y después volveré a casa.

Levi suspira encantado y cierra el trato con un beso en su nuca maltrecha e inservible.

Verdaderamente ha caído por ese omega aun cuando solo lo hizo para quedar libre del instinto no pudo evitar aprender de Eren cada día hasta quedar prendado de todo eso que pueden hacer juntos.

Lo tiene impreso en las venas y por primera vez esta consiente de lo que sintió su tío aquel día cuando conocieron a Uri Reiss.

Tal vez antaño quiso evitar el sentimiento, tal vez ahora se permite hundirse dentro y revolcarse en el gusto del amor como un cerdo en el lodo. Y es que todo en Eren Jaeger es perfecto y su compañía es tan necesaria como el aire mismo.

Moriría por ti, quiere decir, pero se limita a besar la frente del omega que no sabe que ya lo tiene en sus manos.

—Te amo —le dice en cambio esperando hacerle entender todo lo que siente.

Eren se sonroja abochornado y tuese.

—¿Cuánto? —pregunta con atrevimiento y Levi ladea la cabeza admirando sus bonitos ojos coronados por espesas pestañas que parecen retarlo a responder.

—Infinitamente —se limita a contestar.

La silla vuelve a chirriar cuando levanta al omega por la cintura para subirlo sobre su regazo y dejarse caer en la cama con Eren sobre su cadera y lo único que desean durante toda la noche es que este momento permanezca eternamente.

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Jean llega a casa molesto, haciendo caso a las preguntas invasivas de su madre y prefiriendo encerrarse en su habitación sin cena ni ruido.

Golpea la pared y luego la almohada, mirando con furia la guitarra tirada en la esquina de su cama y la ropa sucia que funge como adorno en cada rincón, hay una lata de soda medio llena sobre la pantalla de su computadora y la avienta con fuerza mojando el exterior de la pared celeste.

"Solo eres un mocoso", recuerda junto con la media sonrisa petulante del alfa que le lleva muchos años y más, que siempre está un paso delante y que le ha arrebatado todo y lo único que ha deseado en el mundo.

Son las nueve y media cuando su madre toca la puerta suavemente y Jean le grita que se vaya y lo deje en paz, echado entre las cobijas deshechas no puede quitarse el aroma de Eren de la cabeza ni la forma de sus pestañas cuando cierra los ojos mientras se acercaba a sus labios inconscientemente.

Su respiración se acelera y siente el frio en los intestinos quemándole por dentro.

Los días pasan de esa misma forma y la rutina sigue su curso, hace oídos sordos a los regaños de su madre y golpea la puerta al salir con la mochila al hombro cuando vuelve a encontrarse con Eren en el nuevo salón de clases, cerca del grupo de estudiantes omegas que están examinando el bastón atado al brazo que debe llevar.

Se detiene con los ojos abiertos y la mandíbula floja, principalmente porque cuando olfatea con disimulo para sentir la fragancia del omega ya no puede oler nada. Ni siquiera el aroma de Levi Ackerman sobre la piel del omega.

Entonces su instinto ruge como nunca lo ha hecho y le dice que lo reclame porque es suyo, siempre fue suyo y será.

El celo de Jean se adelanta dos semanas y es su madre quien hace las llamadas correspondientes para que pueda faltar a clases y deja una bandeja con comida cada noche al pie de la puerta de su habitación.

Jean sale de noche y se escabulle para robar comida chatarra del refrigerador y bota a la basura la que su madre ha preparado, más tarde entonces los supresores tardan en hacer efecto y siente tanto dolor en la mano que piensa que se le va a caer, pero su nudo no ha cedido y duele mucho cuando no tiene nada tibio en que reconfortarse.

Cierra los ojos recordando a la chica beta que le ha confesado su amor en la hora del receso hace un par de días y ya ha mirado suficiente prono como para sentir nausea, pero su instinto no está satisfecho y tiene que morderse los labios para callarlo.

Despierta con fiebre al día siguiente y decide quedarse encerrado toda la mañana, aferrado a un sueño imposible que no puede ser.

Cede a media tarde rogándole a su madre para que le compre anuladores de feromonas y un supresor inyectable, pero es Marco quien entra más tarde con la compra en mano y los apuntes de todos los deberes, retándole por haber hecho llorar a la señora Kirstein con su actitud.

Jean gruñe bajo la sábana y su alfa interior captura el olor de Marco reconociéndolo como beta, no tan diferente del Eren actual y un poco más suave porque Marco es suave en todo lo que hace.

Es un puto santo que prefiere ser amigo de un alfa perdedor como es él en lugar de estar con el grupo de betas de la escuela o rezar en el seminario de su padre loco.

Si tan solo fuera otro el que estuviera en su habitación ahora mismo y no Marco, piensa arrullándose con la idea de tenerle bajo sus brazos y ver esos pozos verdeazulados sin fondo. No importa cuánto pierda o cambie, Eren siempre tendrá bonitos ojos y siempre será alguien que se mete en problemas, tan parecido a él, tanto como si hubieran sido hechos para estar juntos a pesar de sus diferencias y la sola idea de mecerse entre sus piernas le llena de dicha.

Sus pupilas están brillantes y sus fuertes feromonas alfa saturan cada esquina del cuarto, espesas y dominantes.

Marco se sonroja cuando le escucha jadear y balbucea que esta dejando las compras sobre la cama y volverá más tarde si lo necesita, pero salta desde su lugar cuando la fuerte mano de Jean agarra su brazo y tira.

Debería salir de una vez antes de que la señora Kirstein golpee la puerta y pregunta porque tarde tanto.

Debería…

Sin embargo traga con fuerza y se anima a mirar más allá de la cama, desafiante hasta que una fuerza descomunal lo empuja al suelo y siente el peso más fuerte sobre su cuerpo cuando una poderosa mandíbula se hunde en su nuca, buscando una glándula que no existe en una dinámica tan baja como la de él, pero enterrándose sin piedad.

Tal vez es por eso que se queda quieto, no quiere que Jean le arranque la yugular y es sabido que los alfas en celo son peligrosos y violentos.

Tal vez no debió venir, pero con la mejilla pegada al piso puede escuchar el traqueteo en la cocina de abajo y lo pies de la señora Kirstein que se arrastran afanosos removiendo la cacerola y piensa en lo vergonzoso que seria que la mujer omega lo encontrara en esta situación, con su hijo meciéndose en su trasero y sacando sonidos animales por la garganta.

Solo es un beta que no puede aliviar a un alfa ni tiene lo que se necesita para ser su pareja.

Marco pertenece a una dinámica baja, tiene tres hermanos pequeños, sus padres son betas, su padre es el guardia del barrio de omegas abandonados y ministro de una iglesia, su madre es ama de casa y le gusta ayudar a los omegas sin hogar a salir adelante.

Él tiene una beca para asistir a la universidad central y ocho gatos, su madre espera que sea un gran doctor y su padre desea convertirlo en ministro, pero el abuelo que está de visita siempre sonríe en la cena mientras golpea su bastón cerca de los gatos que duermen a sus pies y pregunta ¿Por qué no ambas cosas? Y sus hermanos le palmean la espalda ya que representa el orgullo de la familia.

Orgullo que se ha visto desmoronado cuando disfrutó de su primer beso con el presidente de la clase hasta que su padre los descubrió y estuvo a punto de matarlo a golpes de no ser porque el otro beta llamó a la policía.

Los betas no tienen dos géneros como algunos alfas y omegas, por lo tanto es antinatural que pudieran emparejar con personas de su mismo sexo. Marco no podría tener hijos con otro hombre ¿No es así? Marco debe buscar una chica bonita como su madre y casarse con ella cuando salga de la universidad.

Ese es el orden natural de las cosas, decía el señor Bodt con las manos aferradas a la cabeza y la decepción calcada entre sus lágrimas.

Desde entonces Marco se ha mantenido alejado de los chicos a excepción de Jean que, a pesar de ser un sueño y su primer amor, es un alfa y los alfas están fuera de su liga.

No tiene lo que se necesita para complacer a un alfa y sin importar cuan dedicado y leal sea nunca podrá hacer que esos ojos lo miren de la misma forma con que miran a Eren.

Aun así gime y agarra con fuerza los cabellos de la nuca de Jean lo voltea y comienza a besarlo, tratando de hacer el menor ruido posible y con la ciega determinación de que sin importar su dinámica puede demostrarle a Jean que es capaz de complacerlo.

No está tan seguro cuando tiene que morderse el brazo para no gritar cuando Jean se entierra en su interior y sabe que habrá sangre porque después de cada embestida algo va creciendo y creciendo más allá de lo que es capaz de soportar.

—Jean... —dice sin embargo, anegado por las lágrimas y la conmoción de que no hay placer sino dolor.

Jadea esperando que todo pase y aunque sea el alfa diga su nombre.

Di mi nombre.

Dilo por favor.

—…Eren —susurra en cambio y su corazón de rompe mientras casi puede escuchar como su padre se burla de él.

Y no puede evitar llorar quedamente cuando Jean queda dormido y él todavía no puede moverse un centímetro.

Los ruidos de la cocina de abajo han cesado por completo.

En el otro lado de la ciudad Mikasa hace lo mismo cuando su celo sale a la luz y nadie se apiada de ella aún con todos sus supresores en mano.

Hay muchos otros alfas que vinieron después de su cuñado, alfas de buena familia que intentaron cortejarla y ha salido con algunos en la universidad, pero no puede evitar rechazarlos a todos y cada uno.

Es más fuerte que antes, más independiente y todo lo que ha logrado lo ha forjado sola, pero cuando volvió a encontrarse con su cuñado en el hospital donde dieron de alta a Eren, recordó.

Recordó haber olido las mismas feromonas como el primer día en que se vieron y la misma sensación burbujeante en el estómago, la cuerda invisible que los unía tirando y tirando para que esté cerca de él.

Aun así él ni siquiera volteó un segundo por ella.

Aprieta los labios, frustrada y su instinto duele y arde.

Ya es de noche y las luces están apagadas en toda la casa, ella permanece encerrada en el sótano bien iluminado y con un cuarto especial para su celo, pero aun así sus piernas duelen y sus uñas se clavan en la almohada porque no importa cuántos supresores tome no puede dormir al instinto que le dice que allá afuera debe de haber hay alguien esperando por ella.

Se toca hasta que encuentra sangre en sus dedos y entonces decide parar con la esperanza de que ahora que él ya no tenga a su omega pueda darle otra oportunidad.

Porque fue suyo desde un principio y debe recuperar lo perdido.

Ella recuerda, su instinto sabe la verdad y no puede dar un solo paso atrás.

Continuará…