-INFINITAMENTE-
Capítulo nueve: Anónimo
—¡Abolición! — gritó uno de los participantes lanzando la pequeña botella que fue a parar sobre el descascarado casco antidisturbios que le habían dado en la central, el contenido estalló cubriendo el vidrio del visor y por unos momentos el mundo se volvió gris.
Chasqueó la lengua cuando tuvo que limpiar el contenido pegajoso uno de sus guantes, justo a tiempo para esquivar la piedra que venía en dirección a su cara. Retrocedió chocando con un compañero y volvió a la línea antes de que cualquiera de los manifestantes aprovechara ese momento de debilidad y rompiera el cerco humano.
Sus botas chirriaron sobre el asfalto mojado, pero se mantuvo firme con el escudo de plástico al frente conteniendo a más de trescientos cuerpos apretujados y sudorosos que gritaban con una y cien voces diferentes, lo suficientemente alto para aturdir sus sentidos.
Aún era temprano para dispersar a la multitud con gases o garrotes, sin la excusa necesaria para proceder y viendo que todavía faltaba mucho antes de que cualquier osado se atreviera a iniciar el caos, cincuenta uniformados con el equipo viejo, pero necesario, permanecieron haciendo caso omiso a los insultos o provocaciones menores de los omegas que se mantenían acechando y chillando con sus finas voces y potentes feromonas.
Sin embargo era obligación del gobierno suministrar con supresores y anuladores de olor a todos los alfas y betas que trabajaban en la unidad antidisturbios, por lo que Levi solo se limitó a inhalar la almohadilla de olor pegada dentro del casco cada vez que una de las molestas mofetas trataba de provocarlo para luego gritar que había sido agredido y así anteceder una lluvia de pedradas.
Las otras dos docenas de alfas hacían lo mismo y los betas solo murmuraban improperios dentro del caluroso uniforme mientras se mantenían firmes codo a codo, vigilando a cada uno de los manifestantes.
—Tres turnos más y terminaré odiando a los omegas, te lo aseguro —le susurró el beta que estaba a su lado, en son de iniciar una amena conversación para pasar el rato, pero Levi se mantenía profesional y solo asintió con la cabeza.
Era lo mismo que le había dicho Pixiv hace una semana, cuando su solicitud para entrar al grupo fue aceptada. El viejo hombre beta había arqueado ambas cejas al ver su currículo y dado las condolencias necesarias, estableciendo que él estaba sobre calificado para el puesto, pero si aceptaba entrar no sería tratado como un superior sino como un novato más del equipo.
—No sé porque aceptaste entrar aquí —se había burlado más tarde, en el almacén, mientras buscaban ropas que fueran de su talla— esta estación vuelve homo a los alfas, terminaras odiando a los omegas y cuando menos lo pienses despertarás en la cama de un alfa.
Él se había encogido de hombros rebuscando entre los cascos viejos.
—Estoy casado —le había dicho.
Pixiv solo le palmeó la espalda y no se volvieron a encontrar hasta la llamada de emergencia, cuando la central pidió que contuvieran a los manifestantes antes de que cruzaran una de las avenidas más concurridas y llegaran a la plaza donde se suponía, el concejal daría un discurso.
Lo pusieron al frente del grupo, como una especie de bautizo para los novatos, según comentarios. Le dijeron que inhalara la almohadilla cada vez que algún omega liberara feromonas y que no bebiera agua porque no saldrían de ahí hasta la medianoche.
Y lo más importante, que nunca, bajo ninguna circunstancia, golpeara a un omega.
Protegidos bajo la ley, podrían iniciar una demanda y Pixiv estaba demasiado viejo para lidiar con los federales y familias pudientes que protegían a sus retoños rebeldes con uñas y dientes.
Levi aceptó todo con presteza y soportó la humillación de los botellazos como un día más en el trabajo, pero no pudo tragar el bajo gruñido que broto desde sus cuerdas vocales cuando uno de los omegas tuvo la ingeniosa idea de aporrearle la cabeza con un garrote de goma para diversión de las cámaras.
Los golpes no los sentía ni atravesarían el casco, las vibraciones azotaban sus oídos y apretó los dientes hasta que las muelas le dolieron, pero hizo lo que se le había ordenado.
—Somos el muro, un pedazo de concreto —le había dicho Flagon esa mañana, no te mueves, soportas un par de golpes, evitas que las pequeñas perras atraviesen y terminas el día con los pies hinchados, un poco de jaqueca, pero una buena paga para la semana. No es el trabajo soñado, pero aprenderás.
Aprendió a controlar los gruñidos y también aprendió que Flagon tenía razón. Si se quedaba quieto, el omega se aburriría y buscaría otro con quien ensañarse lo suficiente.
Todos hicieron un trabajo eficiente y pasaron tres horas más antes de que rompieran el muro cuando las pancartas cayeron y los omegas los rebasaron en número, cuando no fueron los primeros en tirar las granadas de gas.
El instinto hace que actúen rápido. Atrapa, empuja y hace retroceder sin herir a ninguno, algunos intentan morder o gritar, pero redobla esfuerzos y tiene que levantar a una adolescente para devolverla al otro lado de la calle.
La omega grita y los demás salen de sus escondites para defenderla, Flagon tropieza cuando una bala de goma le da de lleno en la cara reventando el visor oscuro y dando vía libre a que los pequeños omegas puedan meter la mano dentro en busca de sus ojos.
Es una marea humana que apenas puede contener sólo, pero de alguna forma lo logran y cuando el concejal se va a casa a salvo los omegas se dispersan gracias a los gases anuladores que tiran a la multitud.
Ya es de noche cuando sale del cuartel, bañado y consciente de los verdugones y magulladuras que su cuerpo ha ganado a lo largo del día, apoya la espalda en el asiento de cuero del auto y saca un cigarrillo para el camino.
—Te vi en televisión —le dice Eren, desde el sofá, cuando entra en el departamento.
Levi gruñe en respuesta y besa su frente, saboreando el olor a nada y sudor que exhala el cuerpo del omega, entonces siente alivio porque realmente no soportaría llegar a una casa que apesta a feromonas omega luego de haber tenido que olerlas todo el día.
Comen y se recuesta de cara sobre la cama, dejando que Eren haga lo mismo y dejando que intente mantener una conversación decente por si solo.
Eren habla de la casa y de las buenas notas de Armin, de la escuela que se está poniendo difícil cada trimestre, de la medicina que ya puede tomar sin sentir arcadas y de cómo está empezando a tener vello en las piernas porque su testosterona ha aumentado o eso dijo el médico.
—¿Debería depilarme?
Levi gira la cabeza para poder mirarlo, soñoliento.
—Déjalo —logra decir, no sabe cómo, pero a pesar de tener los parpados pesados quiere transmitir calma a su pareja— todos los hombres tienen vello en las piernas.
Y escucha la risa de Eren, pero no se preocupa por ella porque vuelve a cerrar los ojos y caer en el profundo bucle del sueño.
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Cuando Eren deja el bastón y le quitan los puntos en la cadera puede notar los ligeros cambios que ha sufrido su cuerpo, principalmente por la barba mañanera con la que se levanta y que rasura a escondidas en el baño antes de que Levi despierte por completo.
Es fin de semana.
Él es un omega y también un hombre, pero el físico de los omegas siempre ha sido sencillo y delicado como el de una chica en la adolescencia, desde hace siglos es lo que los caracteriza como madres privilegiadas además de las amplias caderas.
Eren termina perdiéndolo todo menos las caderas y aunque comience a usar cremas la pubertad estancada en la que había vivido hasta ahora comienza a desaparecer con cada día que pasa.
No tiene una vagina, como algunos omegas hermafroditas, y el médico dice que esa es la razón por la que los cambios son más notorios y bruscos conforme toma las pastillas diarias, pero el olor de las marcas que le dejaron ha cesado por completo y eso es todo lo que necesita para resignarse.
Levi hace caso omiso a las perturbaciones de su cuerpo y sigue tratándolo como antes, incluso viendo de la misma forma que antes y no sabe si el alfa trata de ignorar el elefante que descansa en la habitación o solo es considerado con él.
Sin embargo una mañana despierta y ve que el alfa le está mirando fijamente, entonces también lo nota, sus feromonas ya no están y en su lugar no huele a nada.
—Creí que un beta se había metido en nuestra cama —murmura Levi en el desayuno, pero él solo gruñe como respuesta y hunde la cara en la nuca del alfa para marcar su cuerpo con su olor antes de que se vaya al trabajo.
La gente del mercado comienza a confundirlo como un alfa luego de eso, pero conforme avanza el tiempo deducen que solo se trata de un beta viviendo carnalmente con un alfa.
A Eren no le importa llevar el aroma de Levi todo el tiempo, ni siquiera en el colegio.
Es el grupo de omegas de su mismo grado el que pide que sea trasladado a otro grupo porque incomoda a las chicas omega, pero Eren no puede ser designado al grupo de alfas o betas ya que aunque sus feromonas hayan desaparecido y su matriz sea inútil, sigue siendo uno de ellos. Así que presenta su caso y gana aunque todos los omegas deciden fingir que no existe por el resto del año.
Son cosas que no le cuenta a Levi ya que el alfa siempre llega cansado y huraño, más callado que de costumbre y aunque se note a leguas que lleva una montaña de estrés acumulado, todavía no han tenido relaciones desde que el médico dio el visto bueno para que las tuvieran.
Limitan el contacto físico a besos y a veces ligeros toqueteos, pero como ya no lubrica más Levi no puede saber cuándo está listo y cuando no. ¿Cómo tiene sexo un alfa con un beta?
Ninguno sabe.
Empero la relación que mantienen se hace más fuerte cada día y eso está bien. Eren sabe que puede tolerar a Levi y le gusta vivir con él. Lo complementa, y de haber nacido como betas sabe que sin lugar a duda escogerían estar juntos a pesar de todo.
Ha pasado un buen tiempo desde entonces.
—¿Realmente tienes que hacer eso aquí?
Levanta la vista y Levi está mirándole inmutablemente mientras él manipula su organizador de pastillas en la mesa del restaurante.
—Es mi última dosis —responde y eso parece animar al alfa.
—Déjame ver.
Le pasa el pastillero y comienza a contarle para que sirve cada una, aunque Levi ya lo sabe, hasta que el mesero llega con los pedidos.
—De todas formas —dice Levi guardando la caja en su propio bolso— te invité a salir para que nos olvidemos un rato del trabajo y festejemos que ya eres un omega graduado.
Eso hizo que se sonrojara y pensara en el diploma que todavía guardaba en la mochila que estaba a sus pies, levantó una mano para llevarse el cabello hacia atrás, olvidando que ya lo traía bien recogido con gel para que combinara con su traje nuevo.
—Cuidar mi salud no es un trabajo, Levi.
El camarero les sirve el vino que pidieron y él cuenta las papas de la pasta antes de pasarlas al plato del alfa.
—¿Qué quieres para tu cumpleaños? —decide preguntar, cambiando de tema.
El alfa chasquea la lengua y corta un poco de carne, sus fuertes brazos viéndose gracias a que solo lleva la polera oscura de su escuadrón. Había pedido un día libre para pasarlo con él.
—No quiero hacer una fiesta.
—Las fiestas son divertidas —apunta— y puedes invitar a tus compañeros de trabajo.
—No nos salgamos del presupuesto.
Traga por la fría voz de Levi y revuelve los fideos de su plato.
Es ahora o nunca.
—Entonces podemos celebrar navidad y tu cumpleaños con mi familia.
Lo ve fruncir el ceño y decide cerrar la boca. Ese es un tema delicado para Levi, por alguna razón siempre que se trata de visitar a su familia decide evitar el tema o pide horas extras en el trabajo.
—Puedes ir el veinticuatro y volver a casa el día siguiente.
—Quiero ir contigo —suplica estirando una pierna para alcanzar la punta de la bota del mayor.
Levi es impasible.
—Estoy ocupado.
—Dijiste que pedirías días libres para esas fechas…
Levi suspira.
—Aunque me concedan un día libre si se despliega otra marcha tengo que preséntame en la central, no quiero arruinarle la fiesta a tu familia —explica—. Además puede que me den un ascenso y tendría que salir de viaje hasta año nuevo.
No puede creerlo.
—Eres tan terco e inaccesible como Mikasa —suelta, mascando con la boca llena, pero el alfa parece animarse un poco.
—¿Qué pasa con ella?
—Terminó el semestre, pero prefiere quedarse en Europa —le cuenta con desdén—, prefiere estar en una de sus clases de invierno que venir a terminar el año con su familia.
El restaurante que Levi eligió está lleno de gente, pero es distinguido y la mesa tiene dos manteles, todo rojo crema y madera. Un cesto de pan adorna el centro de mesa junto con una tarjeta que dice "Feliz graduación Eren Ackerman" y flores que el alfa escogió en persona, según chismes del camarero.
Pero ahora mismo Levi parece bastante cohibido.
—Siempre es bueno estar centrado en los estudios.
—Yo estoy centrado en mis estudios —resopla con confianza—. Tuve las calificaciones más altas de la clase y estudiaría en la milicia para ser como tú si no fuera por…
Mierda. Ahora parece que le hubieran dado una patada en los intestinos, Levi tiene una cara de perra frígida, pero sus ojos se abren un poco y lo mira, pero inmediatamente desvía la vista hacia un punto muerto de la esquina.
Por su parte él sabe que se está poniendo pálido y luego rojo.
Ese es un tema que ninguno de los dos quiere tocar, no gracias. Es un tema que todavía duele en el fondo, donde sabe que está hueco y vacío y seco. Donde todavía esta marchito.
Los segundos pasan y le sudan las palmas de las manos, pero Levi tuese y sigue cortando la carne. Adelante, atrás, el cuchillo golpea la porcelana y se detiene.
Su corazón está latiendo con fuerza.
—Tu comida se está enfriando, Eren —le dice el alfa y él se da cuenta que no se ha movido un centímetro.
Suspira y quiere tirar sus cabellos por ser tan estúpido, por siempre arruinar el momento, pero los tiene bastante engomados.
—¿Arruine nuestra salida especial no es cierto? —se anima a afirmar, con un deje de duda. Tratando de mostrarle una magullada sonrisa.
—No —niega Levi con rapidez—, sabes que estoy orgulloso de ti, pero también tienes razón. Si no fuera por mi causa estudiarías lo que quisieras y tendríamos niños, si tan solo hubiera mantenido el control aquella vez.
Sus ojeras se marcan cuando exhala.
Debería decir algo ahora, cualquier cosa. Piensa.
—Lo hiciste para protegerme —exclama— y gracias a ti estoy vivo. No fue tu culpa, todo se salió de control. No es como si hubiera perdido a un niño, ya sabíamos que no podía tenerlos antes del accidente.
El mundo pasa muy lento luego de eso, pero Levi agarra la copa por el cuello y bebe todo el vino de un solo trago.
—Voy al baño —le dice y se levanta de la mesa.
Excelente. Eren le da una probada al vino y aunque quisiera tomarlo todo no puede. Siente que ha hecho algo mal, que dijo algo, pero no sabe qué. Sim embargo no quiere dejar las cosas como están y en un arrebato de impulsividad se levanta y camina con rapidez hacia el baño.
—¿Levi?
El alfa está lavándose la cara cuando lo mira, gotitas corriéndole por la barbilla cuando se limpia con las toallas de papel del lavabo.
—¿También vas a cagar? —pregunta.
Eren niega con la cabeza y avanza decidido, buscando sus labios y entregándose a ellos en una sumisión olvidada. Los prueba y luego recorre los dientes con su lengua, chupando y obligándole a abrir la boca. Levi gime aprobatoriamente y acerca su cuerpo sujetándole la cintura con las manos.
Se separan.
—Te amo, Levi.
No es lo que quisiera decirle en esa situación, no en un baño y no cuando alguien entra, los ve y se disculpa para meterse en uno de los cubículos con rapidez.
Levi besa su cuello y su mejilla, soltándolo con suavidad.
—Realmente tengo que…
—Ah, si… —pestañea—voy afuera. Te espero.
Resuelto el problema, según cree, ordena más vino y mientras el camarero sirve él juega con su celular y chatea con Armin un rato.
—¿Tiene algún refresco además del vino? —le pregunta al camarero y este niega.
—Tenemos agua mineral.
Es cuando su celular vibra, pero no hay ningún mensaje de Armin o notificación de sus redes sociales. Es una llamada de un número que no se puede ver, pero no se trata del servicio de la línea telefónica.
El camarero se calla para dejar que conteste y Eren desliza la pantalla llevando el aparato hasta su oreja.
—¿Hola?
La gente charla y come, el vino ya está servido, pero la voz que le habla suena ronca y femenina.
Hay estática y Eren cree que es una de esas llamadas de broma y quiere colgar, pero el altavoz se activa solo y una voz neutral habla con la claridad de un espejo antes de colgar.
—¿Sabías que tu esposo te engaña?
Baja el teléfono silenciosamente, justo a tiempo cuando Levi vuelve y rompe la burbuja de incomodidad que lo envuelve.
—Me lave las manos dos veces—bufa el alfa— no tienen desinfectante ¿Puedes creerlo? —se percata del celular en su mano— ¿Hablabas con alguien?
Eren y el mesero se miran, este último retirándose con la botella.
—Número equivocado —contesta sin saber porque, pero el nudo que se ha formado en su estómago no le deja disfrutar de la velada.
Continuará
