¿Eren?La voz de su esposo se escuchó algo hastiada a través de la línea

El de ojos verdes jadeó, con el celular muy apretado en la sudorosa palma de su mano. Se suponía que no tenía que llamar a Levi, no en estas fechas.

—¿Te desperté? —preguntó cauteloso, sentado con las piernas cruzadas sobre el suelo del departamento y la espalda apoyada en el mostrador de la cocina.

No puedo dormir.

—Yo tampoco —sonrió porque de alguna forma ambos todavía siguieran conectados.

No eres el que tiene un calambre en el pene.

—Lo siento mucho.

Escuchó algo parecido a una risa y un largo gemido, sintiendo involuntariamente la punzada de miedo y desconfianza que le aguijoneaba el pecho desde hace un par de meses, manteniéndolo alerta y estresado.

—¿Estas con alguien?

Estoy un hotel de celo, Eren, y estas paredes son de papel.

—Pero eso se escuchó como una chica, una chica gimiendo.

Levi suspiró pesadamente antes de contestar.

Una pareja reservó la habitación de al lado ¿Crees que estoy con alguien más?

No. No sé ¿Lo estás?

—Por supuesto que no —se limitó a decir.

Joder, si quieres ven. Te necesito.

—Es peligroso allá afuera, el toque de queda para omegas termina a las cinco.

No lo decía enserio.

—Levi

¿Si?

Aguantó la respiración sentado en la cocina del departamento y con el cuello descubierto, la nuca aplastando la perilla del cajón del mostrador. Derritiéndose ante la ligera incomodidad que de alguna manera le aliviaba el miedo y los miedos que crecían incontrolablemente en el fondo de su pecho y amenazaban con brotar al exterior.

Había recibido otra de esas llamadas anónimas hace unos minutos, antes de que fuera azotara las manos sobre el mostrador y pateara la estufa, antes de recordar que ya no había mancha entre sus piernas y que por eso Levi había preferido pasar el celo lejos de casa, lejos de él.

—No debemos mentirnos entre nosotros.

Escuchó el crujido de la cama y a Levi cambiando de lado.

¿Estás bien?

—Si. Solo te extraño mucho.

Volveré en cuatro días, trata de divertirte con tus amigos.

-INFINITAMENTE-

Capítulo diez: Encuéntrame aquí

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El plan de estudios de los omegas era notablemente más fácil que el de los alfas y ahora Eren estudiaba para algún día ser el secretario de algún alfa amable, esperaba, en uno de los edificios de la ciudad y forrarse en dinero. Eso no quería decir que le gustara la idea, estudiar era molestoso.

—Sólo son cuatro años, Eren —insistió Armin, sentado a su lado, mientras repasaba su propio libro de biología en la sala del departamento—. No se parece en nada a ser policía, pero nadie va a menospreciarte y podrías trabajar archivando informes en la milicia.

Eren rodeó el sofá, dejando su propio libro a un lado para prender el televisor y arrojarle el mando a Jean.

—No es lo que esperaba —masculló— la primera clase que tomé estaba impartida por una vieja cascarrabias que te enseña etiqueta ¿Para qué quiero aprender etiqueta?

Jean se burló desde el otro lado, buscando canales.

—A la mayoría de los alfas con los que te va a tocar trabajar les gusta tener un bonito omega como asistente, uno que se comporte bien y sea inteligente —comentó—. Tienes que acostumbrarte y por lo que veo ya no eres tan delicado…

Ambos omegas miraron reprobatoriamente a Jean quien levantó las manos para disculparse.

Los tres seguían siendo buenos amigos desde que terminaron el colegio, Jean estudiaba leyes en la universidad de Sina y Armin había logrado chantajear al abuelo para que le pagara la mensualidad en la facultad de medicina y actualmente vivía en los dormitorios, quemándose el cerebro con libros y trabajos prácticos y un compañero de cuarto que dejaba pelo en el sanitario.

Eren creía que Jean sentía interés en Armin e incluso hubo un tiempo en el que intentó juntarlos a los dos, pero el rubio le había dejado en claro que le gustaban alfas más grandes –sin ofender- y además había comenzado a salir con el profesor Mike, un alfa enorme y rubio que enseñaba en el internado para omegas donde Armin había estado inscrito cuando era un niño.

—Jean es el único soltero del grupo —insinuó Eren recibiendo un codazo por parte del alfa.

—Y tú eres el único omega que conozco que huele a beta —recriminó.

—¿Tienes algún problema con eso?

—Ninguno, pero estoy seguro que tú alfa sí que lo tiene para largarse a un hotel cada vez que está en celo.

Eren se puso rojo y le dio la espalda.

—No tiene nada de malo, Jean —señaló Armin—. Sabes que no podrían pasar un celo junto ahora que Eren es un beta. Levi podría perder el control y atacar a Eren y lastimarlo mucho.

—Eso no significa que no tengamos sexo, Levi también está tomando supresores —respondió el omega de ojos verdes.

—¿Y funcionan?

—Por supuesto —escaló el sofá por detrás para sentarse con Armin—. Pero sólo los toma cuando está en celo, para poder descansar tranquilo en el hotel.

—Marco también es un beta —interrumpió Jean, poniéndose cada vez más fastidioso y altanero—. Y no tiene problemas en hacerlo conmigo.

—¿Marco Bodt? —preguntó Eren.

—Si ¿Algún problema?

—Dijiste que no tenías pareja.

—Somos amigos con derechos, no compañeros.

Armin arrugó el entrecejo.

—Eso es vil.

—Marco está de acuerdo y a mí no me importa.

—No tengo idea de lo que Marco pueda ver en ti —murmuró Eren con desprecio fingido.

—Soy alto, guapo y tengo carisma.

—Entonces ¿Por qué no te casas?

Jean rodó los ojos.

—Alfas se casan con omegas, no betas. Todo el mundo lo sabe.

—El programa ya comenzó.

Eren y Armin se sentaron muy juntos, Jean se recostó en el respaldas subiendo los pies en la mesita del centro y viendo a los dos omegas tomarse de las manos cada que pasaban una escena sangrienta.

Armin tenía el cabello hasta los hombros en un corte de hongo y se lo estaba ondulando en las puntas, para verse más afeminado de lo que era.

Y Eren continuaba recortando el suyo sobre sus hombros y prefería no verse tan femenino, caminando con pantalones de correr y camisas genéricas dentro de casa. Había perdido todo su encantó, gran parte compuesto por sus potentes feromonas que incluso solían atraer betas y omegas por igual. Sin embargo seguía siendo bonito, tenía manos delicadas a pesar de manchas de tinta impregnadas en sus dedos y la mordida en su nuca permanecía intacta, siendo la prueba de que alguna vez había sido un omega.

Eren sonreía con la vista fija en la pantalla. Tenía hoyuelos en ambas mejillas y si bajaba la mirada podía ver la leve pelusa de sus piernas, tan suaves que a veces quería sentir el satén de su piel trigueña en la cara oculta de sus muslos regordetes.

Si. Jean se fijaba mucho en esas cosas. ¿Está bien? Eren era atractivo y él era un alfa.

Eren no olía dulce ni olía a nada, pero esta mañana apestaba a feromonas de alfa, muchas feromonas. Como si su alfa se lo follara cada mañana para que apestara de esa manera, pero él sabía más que nadie que eso no sucedía porque el olor se concentraba principalmente en el cuello y clavícula de Eren.

Posesivo, el tipo, Levi, era tan posesivo como un perro, pero Eren no parecía dar cuenta de ello porque sonreía a ese alfa como un cachorro en navidad.

Cerró los ojos evitando imaginarlo. Todavía sentía una espina clavada en el pecho cada vez que venían de visita y el hijo de puta llegaba temprano del trabajo, saludaba a Armin, en cambio a él lo miraba con desdén, antes de comerse la boca de Eren delante suyo y enterrar su cara en el hueco del cuello de Eren, donde estaba su glándula de olor muerta, para dejar su propio aroma.

Armin giraría la cabeza para no verlos, lo suficientemente avergonzado para mantener la cabeza en alto, pero él no. Él miraba para que cuando el otro alfa abriera los ojos y se apartara de la boca de Eren lo viera de frente.

Pero Levi ni siquiera se inmutaba un poco.

Lo hacía apropósito. Estaba seguro.

Demonios, odiaba mucho a ese alfa.

Afortunadamente el celo de ese bastardo estreñido había llegado y Eren les pidió pasar el fin de semana en el departamento porque "su alfa", o el enano hijo de puta como Jean prefería llamarle, se iba a un hotel para drogarse con supresores y dormir durante cuatro días.

Jean se regocijaba pensando que seguramente Levi estaría sufriendo, los celos dolían mucho cuando estabas sin tu pareja, el nudo de la polla se hinchaba y se negaba en bajar y esa tortura podía durar horas y horas mientras que él acapararía su territorio y dejaría regalitos de feromonas en algunos rincones estratégicos de los muebles.

Bebió cerveza con las manos a ambos lados del sofá, complacido de sí mismo.

—Jean —se quejó Eren, casi indignado ante su risa— acaban de matar al protagonista.

—Voy al baño —dijo poniéndose de pie y dejando solos a los dos omegas.

Orinó y se arregló el cabello y la pequeña barba que estaba criando en el espejo.

Quería hacer una jugarreta, como poner el cepillo de Levi en el inodoro, pero todos los utensilios de limpieza estaban bien guardado y solo veía la medicina que Eren tomaba para volver a ser omega.

Se lavó las manos esperando encontrar algo, pero lo único que vio fue una fotografía en la esquina del marco del espejo. Una foto del alfa cara de estreñido con Eren sonriendo a su lado.

Era reciente y aunque el idiota de ese alfa tenía una mueca forzada, estaba sujeto a la cintura de Eren e incluso intentaba sonreír.

Ese alfa no se merecía a Eren, demonios, nadie se merecía a Eren.

Su instinto rugió afirmativamente.

Arrancó la foto y la guardó en su bolsillo trasero luego de arrugarla con fuerza antes de salir.

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Eren abrió los ojos sobresaltado por la vibración del celular que rebotaba sobre la mesita de noche.

Enojado y con el corazón latiéndole muy fuerte.

Armin dormía profundamente a su lado y no quería despertarlo, tampoco podía salir porque Jean se había adueñado el sofá para sí mismo y preguntaría cual era el problema si lo veía vagando por el departamento a las dos de la madrugada.

Y por supuesto no quería dar explicaciones, no podía.

¿Sabías que tu esposo te engaña?

No le había dicho nada a nadie, ni siquiera a Levi. Mucho menos a Levi.

Levantó el celular en la mesa de noche y salió de la cama en silencio, viendo como Armin babeaba sobre su almohada, roncando ligeramente con los cabellos dorados esparcidos en distintas direcciones.

—…Mike —susurró su amigo, más no abrió los ojos y siguió durmiendo.

Ahogó el sonido del celular deslizando el punto verde y esperando que todo terminara rápido, esperando la voz estática de la mujer de siempre, de la mujer que ya era parte de su rutina.

Hola. Soy mamá ¿Esperabas a alguien más? ¿Levi quizá?

No se trataba de ella, sino de su madre.

—No mamá —suspiró aliviado— ¿Tienes idea de la hora que es?

Lo siento, cariño, pero Mikasa entró en celo y está atascada en el aeropuerto por el toque de queda. Tu padre no está en casa y debo ir por ella.

—¿Ella está bien?

Si, los guardias le dieron un lugar donde dormir, llamó hace media hora. Tu padre piensa que está abusando de los supresores porque ninguno ha funcionado.

—A Mikasa le gusta encargarse sola.

Lo sé, es tan testaruda. Por casualidad ¿Sabes dónde se hospeda Levi? Necesito dejar a tu hermana en un hotel confiable.

—Levi está en el Royal, te enviare la dirección —dijo sin titubear un instante—, dice que es muy limpio, pero las paredes son de papel. Asegúrate de que los pongan a ambos en el mismo piso, si surge algo Levi podrá encargarse de todo.

Eres de mucha ayuda, Eren. No sabría que hacer sin ti. Cuídate, cariño.

—Adiós mamá. Dile a Levi que dije hola y vendré a recogerlo en auto el lunes.

Colgó.

Era extraño. Desde que recordara haber emparejado con Levi…los celos de Mikasa y él sincronizaban un día antes o después, pero siempre estaban sincronizados.

Negó con la cabeza, conectando el celular que ya casi no tenía batería y rascándose la espalda.

No debía pensar mucho en esas cosas.

Solo era una casualidad.

Bostezó volviendo a la cama y a los brazos de Armin que lo acogieron afectuosamente, aspirando las feromonas omega que le ayudaban a dormir.

Luego del lunes iría al ginecólogo con Levi para terminar el tratamiento y comenzar con las inyecciones que lo volverían fértil otra vez. Entonces hablaría con el alfa sobre esas llamadas y toda la pesadilla acabaría pronto.

Y quizá hasta tendrían un bebé, su primer cachorro.

Continuará…