-INFINITAMENTE-

Capítulo once: Karion

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Me pierdo cuando veo la profundidad de tus ojos y me pierdo…me pierdo.

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El hotel especializado en alfas y omegas en celo era uno de esos que podrían considerarse de primera categoría.

Los pisos inferiores están destinados a los omegas, los superiores a los alfas y guardias beta custodiaban cada entrada de ascensor para que no ocurrieran incidentes deplorables en las salas de descanso.

Aun así la alcoba de Levi, que contaba con todas las comodidades necesarias para sobrevivir una semana sin salir al exterior, tenía un pequeño defecto pese a ser VIP, no estaba registrada como un espacio a prueba de sonidos.

Entonces tiene que recurrir a ahogar los ruidos de sus vecinos explorando los canales para adultos. Más la pornografía barata no le interesa en este momento y tampoco el catálogo de trabajadores sexuales que está sobre su cómoda.

En consecuencia no sucede nada fuera de lo común en todo el día a excepción de las llamadas de Eren y la masturbación frecuente que debe realizar cada cierto periodo de horas

Puede dormir tranquilo gracias a las almohadillas de olor personalizadas con la antigua esencia de su omega y utiliza la mano izquierda para masturbarse, siempre la izquierda ya que tiene la costumbre de comer con la derecha.

Solo hay una forma como Levi comienza nombrar su periodo de calor a partir de este momento: deprimente y soso.

A pesar de todo, nunca ha sido un alfa exigente y puede sobrellevar el calor con discreción.

No le importa en absoluto.

Enserio.

Algunas veces Eren llama para contarle su día a día mientras que él escucha religiosamente y responde con voz ronca y átona.

Por su puesto que lo ama.

Siempre lo hará.

Por supuesto que está preocupado y cuando vuelva a casa verán esa película que tanto le gusta, no tiene de que preocuparse.

Por supuesto que sabe que apenas salga del hotel irán a ver al obstetra, ha marcado esa fecha en el calendario por semanas, no hay manera de olvidar algo tan importante.

Entonces cuelga y come un poco de las barras energéticas de la nevera y penetra uno de los juguetes sexuales con forma de vaso por tercera vez cuando los surcos de calor amenazan con causarle espasmos.

Bebe agua cada tres horas e intenta construir un nido con las almohadas que recientemente descubrió ocultas en el interior de una gaveta. El resultado es infructuoso, su nido colapsa cuando ocupa la cama y la mayoría de las almohadas se esparcen por el piso cuando se levanta abruptamente, pero tiene la mente tan nublada que apenas le da tiempo para alcanzar a sostener el borde del inodoro antes de vomitar.

Un gemido insignificante que contrasta con su personalidad rebota en medio de la habitación blanca y vacía.

Escupe sintiendo el sabor amargo en la boca, el sudor de su frente haciendo que varios cabellos queden pegados en su piel.

Eso es lo que significa pasar solo los calores cuando se tiene pareja.

Por lo general son los viudos y divorciados los que deberían sufrir de esa manera, por lo general Levi debería estar sumamente molesto como para volver a casa y exigirle a su omega defectuoso que cumpla con su deber.

No lo hace.

No tiene el derecho.

Realmente siente que no lo tiene.

Respira bocanadas de aire con los nudillos blancos aferrados a la cerámica blanca, la bilis amarga que sube por su garganta hace que quiera apoyar la frente en cualquier superficie, pero no lo hace y en su lugar encuentra la fuerza necesaria para ponerse de pie y darse una ducha fría.

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Hoy es lunes.

Los días más críticos del celo ya han pasado.

Su ciclo solitario de calor ha sido un éxito.

Considera que esa es la mejor noticia que ha recibido a medio día y revisa todos sus mensajes encontrándose con un correo de voz de su suegra.

Mikasa, la hija mayor de los Jaeger, se encuentra en el mismo hotel pasando los surcos de su propio calor en alguna de las habitaciones inferiores y Carla espera que Levi y Eren se encarguen de llevarla de regreso a casa a salvo.

Consideraría aquel suceso sospechoso de no ser porque Carla es una omega dulce que confía en él ciegamente y si Grisha no estuviera de viaje seguramente no permitiría que esto sucediese.

No puede culpar a nadie más que a sí mismo.

Él no odia a su cuñada.

Suspira y contesta el mensaje aceptando la solicitud de su suegra.

La ventilación está encendida y las ventanas abiertas. Los juguetes sexuales usados son un regalo de la casa, pero él los tira a la basura y llama a Pixiv para informarle que volverá al trabajo desde mañana.

Enciende un cigarrillo y escucha resoplar a la empleada que esparce más rociador en el aire para esterilizar la habitación.

Levi decide ignorarla, trazando la textura de su pantalón pegado al muslo.

Inhala y suelta otra bocanada de humo.

Realmente, no es como si su corazón estuviera desbocado en este momento.

El rociador vuelve a escupir en el aire, cerca del letrero que grita claramente "no fumar", gotitas mojándole la cara y cuando voltea tiene que enfrentarse con la cara agria de la señora de limpieza.

Apaga el cigarrillo y tira la colilla dentro de la papelera.

Está decidido, no caerá otra vez, porque el único que decide su propio destino es él y nadie más que él. Entonces baja hacia la sala de descanso con el bolso colgado al hombro.

Hay cuatro alfas en el área de descanso.

Dos adolescentes con batas firmemente sujetas a la cintura que hablan sin parar sobre su primera experiencia, un hombre de mediana edad con un tazón de cereal en la mano que escucha a los chicos disimuladamente y el último con la bata abierta hasta el pecho y una lata de cerveza en la mano, pero no es un cliente del hotel, no tiene la tez demacrada típica de alguien terminando el celo ni el característico olor.

Hay muchos alfa homosexuales que contratan a otros alfa para pasar sus calores, pero puede decir que este no es el caso porque un sutil olor a omega emana de ese tipo.

Un sutil aroma que reconoce casi al instante.

Y Levi lo sabe.

Levi sabe que ese es el alfa que ha estado follando con su cuñada, lo sabe porque su instinto se lo grita y porque los alfas que ofrecen este tipo de servicio a omegas deben llevar un bozal para la mandíbula, aparato que ahora cuelga del cuello del pelirrojo para permitirle beber con libertad.

No debería importarle, pero lo hace, de forma plausible y mínima y no sabe porque.

Solo debe mantener la compostura y olvidar que las manos le tiemblan como la primera vez que la conoció.

Así que naturalmente su cuerpo se mueve solo.

—No tienes la cara de alguien que quiere decir hola.

Y sin embargo aquí está, no sabe cómo ni cuándo, pero ella aparece frente a él recostada en el marco de la puerta de su habitación.

Y es que ha ido personalmente a verla.

—¿Es lo que haces cada año con otro hombre? —pregunta en cambio.

Ella se mantiene firme en la puerta, inexpugnablemente digna.

—Eso no es de tu incumbencia.

Su cabello húmedo es negro como el carbón y la palidez del rostro solo hace que los labios rojos naturales resalten en demasía, como dos pétalos fragantes.

Ella no parece notar su molestia, así que continúa hablando casualmente.

—Solo necesito terminar de armar mi bolso, puedes pasar si quieres.

Se hace a un lado y lo primero que ve es al empleado recogiendo las sábanas del piso, es un beta bastante joven, pero eficaz, ya que finge ser invisible mientras hace su trabajo.

—Apesta aquí adentro —observa.

—Tuve la semana más intensa de mi vida —refuta ella— ¿lo viste en la sala de descanso, cierto? El alfa que contraté.

Levi toma asiento en un taburete que no está ocupado y ella se quita la bata frente al espejo, él desvía la mirada hacia el chico beta que está encendiendo los ventiladores de feromonas en la esquina de la habitación.

—No salgas con extraños que no conoces —recomienda después de unos segundos.

—No lo haría si tuviera la ayuda de mi alfa.

Ella se pone un vestido y los zapatos, camina hacia su taburete y le da la espalda para que le ayude con el cierre del vestido.

—¿Cómo esta Eren? —pregunta de improviso.

Su piel es suave y caliente, demasiado blanca y pierde la vista de ella mientras el cierre asciende hasta la nuca. Sus dedos le tocan la piel y el contacto le arde en las yemas.

—Bien —responde.

Ella voltea y quedan cara cara.

—Ya no hueles a él —medita y Levi tiene que evitar verle los ojos, porque cuando ve la profundidad de esos ojos se pierde, se pierde y ya no puede volver a ser el mismo.

Porque así son las reglas de este juego.

Es algo que todos saben.

Y sin embargo su corazón nunca latió por esa mujer.

—No —se aleja unos centímetros—. Ya no lo hago.

La pregunta que llega a continuación le cae como un balde de agua fría.

—¿Vas a divorciarte de mi hermano?

Levi niega lentamente y luego inhala.

El aroma de la omega es muy fuerte, tanto que la almohadilla desgastada de Eren no se compara con esta potencia embriagadora.

Se levanta del taburete y toma ambos bolsos.

—Salgamos de aquí, no quiero hacer esperar a mi omega.

Mikasa cruza los brazos, tal como lo hizo la primera vez que se conocieron.

—Voy a buscar otro alfa, uno que me ame.

—Es una buena noticia.

El aroma agrio de la angustia hace que el beta que está recogiendo las almohadas del piso se detenga para mirarlos a ambos con curiosidad.

Levi es atrapado por detrás sin poder evitarlo, el cabello negro como el carbón le roza los hombros y el cálido aliento está pegado a su cuello. Las blancas manos de cisne se ciernen en torno a su pecho.

El aroma post calor es muy fuerte todavía y las pupilas de la omega están dilatadas luego de imprimirle su aroma. Tan fuera de sí. Levi sabe que ella no haría eso si estuviera en sus cinco sentidos.

Mikasa todavía era una adolescente cuando se conocieron por primera vez, la omega destinada a ser su esposa por medio de un contrato. Sin embargo el no quiso ceder luego de haber conocido a Eren.

Los lazos del destino siempre son los más fuertes.

Es algo que Levi siempre quiso evitar.

—Si te digo que seamos amantes —sus manos no ceden y sus dedos se aprietan alrededor de su abrigo— si te digo que no te vayas, que yo podría darte todo lo que él nunca te dará. ¿Qué dices?

Dicen que hay algo de amor escondido en el instinto, pero a diferencia del noventa y nueve por ciento de la población que suele entregarse tan fácil a esas ideas…él no puede hacerlo.

Tal vez la vida le enseñó a esquivar aquellas reglas como un animal de tierra que evita adentrarse al mar.

Tal vez simplemente esté roto.

Tal vez realmente amé a Eren.

Sonríe para sí mismo curvando los labios en una mueca de molestia cuando se da la vuelta para enfrentar a la omega, sin ser demasiado brusco, pero decidido a no ceder un solo milímetro.

Ni ahora ni nunca.

El borde del vestido cae revelando los hombros de la omega, deslizándose hacia abajo para mostrar el nacimiento del cuello de cisne y los pechos blancos del escote mal arreglado. Él no puede evitar bajar la mirada de la cara blanca sin maquillaje hasta el tatuaje debajo de sus clavículas.

Así que naturalmente suelta un gruñido haciendo que el beta descubra su cuello, bastante avergonzado y molesto, pero soltando amargas ondas de miedo.

Esos son los instintos primarios que vienen tatuados en el ADN de las personas no importa el paso del tiempo ni la modernización, aunque todos sean iguales los de clase inferior como los betas no pueden dejar de evitar mostrar respeto, está en su naturaleza de sumisión.

Empero esta vez a Levi no le importa porque no puede apartar la vista de las grandes letras de tinta sobre la piel de Mikasa que rezan: KARION.

Esta vez su corazón si está latiendo muy fuerte y rápido, tanto que siente calor en sus oídos.

Sus propios ojos se abren y su convicción vacila.

—¿Cuándo te hiciste un tatuaje? —tambalea su voz, juntando y encajando las piezas de este rompecabezas enfermo.

Comprendiendo el horror de la verdad.

Mikasa solo se sube el vestido para cubrirse, la súplica olvidada, pero ya es demasiado tarde.

—Responde —insiste él, dos grados más bajo de lo que desearía y dejando que la voz de mando actué por si misma.

Ahora solo es el odio y temor que se impone ante su instinto y agarra los hombros de la omega con fuerza, buscando respuestas en esos profundos ojos negros.

—Días antes de que asaltáramos a tu omega —dice de mala gana luego de contener la respiración.

Levi piensa que ella es más inteligente que esto, no puede ser tan estúpida como para haberse unido a un grupo de disidentes que pronto será disuelto.

Según tiene entendido, Erwin ya tiene a la serpiente atrapada por la cabeza, sólo queda amplificar las redadas a omegas involucrados quienes hablaran una vez que se les torture.

El gobierno ya ha concedido el permiso y es lo que la sociedad espera, un castigo ejemplar para los terroristas y luego la muerte. Las fotos de Eren y los omegas asesinados fueron publicadas y estos meses solo han ganado más y más simpatía del público que exige se encuentre a los culpables.

Este juego enfermo de un grupo de omegas ansiando suprimir su deber de género ha comenzado a cansar a la gente.

Todo el que encuentre a un sospechoso tiene el deber de informar a las autoridades.

El agarre de sus manos se afloja y Mikasa retrocede, afortunadamente el beta no ha visto nada comprometedor y Levi le pide que salga de la habitación a lo que el chico accede con rapidez.

Tiene tantas cosas que preguntar. ¿Cómo? ¿Por qué? ¿Por qué tenían que matarlos? ¿Porque le hiciste eso a tu hermano?

¿Por qué mataste a mi hijo?

Es ahí cuando se detiene. Siente la boca seca y una opresión en el pecho.

Debería buscar explicaciones, pedir respuestas, coger el maldito teléfono y llamar a Hanji o llevar a la omega a las oficinas de Erwin personalmente y obtener un ascenso.

Muchos alfas han estado haciendo eso últimamente.

La imagen destrozada de Eren se le viene a la cabeza y su alfa interno le dice que tan solo debería matarla. Acabar con la serpiente antes de ser mordido. Cortarle la cabeza.

—Tienes que volver al extranjero —dice en cambio—. Elimina cualquier rastro que te incrimine con ese grupo y desaparece por unos años...

Eren no tiene idea de lo que le fue arrebatado y estar aquí con ella sólo hace que su acto sea más repugnante, pero todo esto es por el bien de su omega. Aquello que no sepas, no puede hacerte daño.

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Desde que tuvo suficiente edad para comprar por sí mismo Levi le había proporcionado una tarjeta de crédito pasándole una mensualidad cada mes.

No se considera un omega adicto a las compras y todavía no tiene hijos a quienes mimar y la ropa que tiene es más que suficiente ya que no es una chica ni un omega andrógino, así que todo lo que no ha gastado ha ido ahorrándolo en una cuenta independiente.

Sin embargo hoy la tarjeta esta en números rojos y no tiene idea de lo que debería hacer cuando la cajera se queda viéndolo en silencio.

Debería llamar a Levi para recordarle que olvidó depositar su mensualidad, pero todavía le queda algo de dignidad así que no lo hace.

Prefiere guardar el móvil en el bolsillo del pantalón y voltea para ver a Jean parado en la fila a su lado.

Los ojos del equino se estrechan y su labio se frunce expresando su descontento.

Ni lo sueñes, Jaeger.

Ocurre una pelea de miradas entre ambos que dura unos pocos segundos y diez minutos más tarde Eren abraza sus compras y Jean guarda su propia tarjeta de crédito mientras masculla que cobrara los intereses.

Armin ha vuelto a casa de Mike y Jean decidió darle un aventón al supermercado antes de volver a su propia casa. Los días de acampar en el departamento terminaron ya que Levi volverá hoy.

—¿Por qué no trabajas? —pregunta Jean mientras conduce y Eren, que ha estado mirando el camino con el brazo apoyado en la ventana, no le contesta.

Los estudios para convertirse en el bonito secretario omega de algún CEO son relativamente más fáciles de lo que alguna vez imaginó y bien podría tomar un trabajo de medio tiempo, pero sabe que no debe forzar su cuerpo si quiere volver a ser un omega.

Se dirigen al hotel donde Levi los está esperando y no ha pasado ni diez minutos cuando Jean comienza a apestar el vehículo con feromonas de protesta.

—¿Tienes algún problema conmigo? —decide quejarse.

—Estoy haciendo de chofer para tu esposo y hermana, deberías ser más agradecido.

—Siempre estás ahí cuando te necesito ¿Por qué debería hacerlo?

Jean tuerce la boca y acelera.

—Realmente no sabes lo que es la gratitud.

Eren se queda callado y continua mirando el camino.

Él conoce la gratitud, lo hace.

Realmente lo hace.

A pesar de que todas sus hormonas omega se han extinguido y su útero encogido, Levi todavía lo conserva en casa y todavía mantiene su marca de unión intacta. Hoy en día ningún alfa es tan considerado como su esposo y la gente nunca deja de recordárselo.

Suspira y estira los brazos.

—¿Qué hay de Marco? —pregunta a Jean.

—Lo deje en casa.

Marco es la pareja de Jean, todo el mundo los ha visto juntos a pesar del escándalo que significa mantener relaciones con un beta.

—Tienes que ser más considerado con él —trata de aconsejar porque sabe que las relaciones donde un alfa u omega está involucrado con otro beta son vistas como un tabú para la sociedad.

—No te metas en vida —Jean rueda los ojos—. No eres mi madre.

—Marco también es mi amigo —protesta—. Los fines de semana voy a ayudarlo en el orfanato. Farlan está ahí ¿Lo sabias? Levi y yo planeamos adoptarlo pronto.

—¿Por qué harías eso? —las manos de Jean aprietan el volante—. Alfas no soportan niños que no han sido engendrados por ellos. Con el tiempo Ackerman lastimará a uno de los dos, está en nuestros genes.

Auruo había decidido acabar con su vida una semana después de la muerte de Petra, Levi todavía sentía remordimiento aunque tratara de ocultarlo. Nunca lastimaría a Farlan.

—Levi no es así.

Puede escuchar la risita de Jean y le molesta, quiere golpearlo, pero es azotado por una respuesta imprevista.

—Voy a terminar con Marco.

¿Qué demonios?

—Mi madre dijo que era hora de sentar cabeza, ya sabes casarme…

—Con una omega —termina.

Jean lo mira por unos segundos y vuelve la vista al frente al doblar una cuadra.

Ambos entienden la situación. El mundo no está preparado para que los alfas y betas se mezclen. Sigue siendo una aberración.

—Una omega bonita o bonito cualquiera mientras sea omega. El decano de la universidad ha dicho que recomendaría mi nombre a un despacho de abogados muy famoso y ya sabes cómo es la gente de clase alta. Si quiero sobresalir necesito un omega colgado del brazo, no un beta.

—Marco te ama.

—Un alfa no puede estar con un beta, Eren.

No hay nada que pueda decir al respecto, sabe que es verdad.

—Eres un idiota y lo sabes.

—Lo sé —masculla Jean y su voz se hace más suave—. Siempre he sido un idiota.

Conduce hasta el hotel donde Levi y una omega parecida a él los está esperando. Es Mikasa, la hermana mayor de Eren.

No puede evitar pensar que hacen buena pareja.

Eren sale del auto y abraza a la omega y saluda a su alfa.

Levi sigue siendo un enano que no cambia la mirada agria del rostro ni siquiera cuando Eren trata de darle un beso en la cara. No puede entender a esos dos, así que solo abre la puerta delantera del auto y le pide a Mikasa que suba, la omega no ha cambiado en todos estos años. Es bonita y huele bien, como siempre.

No intercambian muchas palabras entre ellos hasta que la pareja ingresa a la parte trasera del auto y tiene que saludar al alfa y evitar gruñir con desagrado.

No le gusta que alfas estén en su auto.

Y definitivamente no le gusta que ese alfa en particular se encuentre dentro de su auto, sentado y con un brazo rodeando la cintura de Eren.

No puede evitar vigilarlos de tanto en tanto por el retrovisor. Eren parece más animado que de costumbre y está contándole cosas al oído a ese alfa antipático.

¿No puede cambiar esa cara que tiene? ¿Porqué no puede sonreírle a Eren?

¿Por qué no trata a Eren como un omega?

¿Es porque ya no huele como uno?

Los omegas deben ser tratados con delicadeza, si Eren fuera su omega no le dejaría salir de casa para hacer de mandadero. Y definitivamente lo trataría mejor que a los demás omegas, aunque ya no huela como uno Eren siempre ha sido mejor que otros.

Los omegas son criaturas quisquillosas y fastidiosas, a excepción de Eren.

Aparta la mirada del retrovisor y escucha el suspiro de Mikasa.

¿Ella está bien?

Es la hermana mayor de Eren y todavía no está casada a pesar de ser bonita. Y no le gusta para nada la manera como ha estado viendo a Levi desde hace unos momentos.

La omega cruza las piernas y sostiene su bolso sobre su regazo mientras mira la cajuela de su auto con detenimiento y curva la comisura de sus labios simulando una sonrisa.

¿Qué es lo que ve?

Se detiene en un alto para inspeccionar el lugar solo para darse cuenta que la foto que ha robado de la casa de Eren está dentro de la cajuela abierta de su auto, cierra la puertita con rapidez y no puede evitar sonrojarse cuando Mikasa se queda viéndolo con esos ojos negros que parecen observar todos sus secretos.

No le gustan ni un poco.

Levi mira por la ventana y no ha notado nada, para su alivio, y Eren tan solo permanece con el rostro enterrado en el cuello del alfa para perfumarse con su aroma.

Jean traga para calmar el temblor de sus manos cuando Levi levanta la cabeza y es descubierto a través del retrovisor.

—El semáforo es verde —anuncia.

—Lo sé, lo sé —logra decir—. Solo dame tiempo, ustedes dos están apestando mi auto y es nuevo.

Levi frunce el ceño.

—Eren ni siquiera tiene feromonas.

El comentario los toma por sorpresa a los tres, pero Levi parece tan irritado que ninguno discute.

Sin embargo no ha visto la foto y eso es lo único que le importa a Jean en este momento, así que deja pasar el mal humor que se carga ese alfa y la forma como Eren no suelta su brazo un solo segundo cuando los deja en la puerta del hospital.

—¿Volverás a viajar? —pregunta Eren a través de la ventana y Mikasa se encoge de hombros.

—Quizás, si encuentro algo que me motive.

Levi agarra a Eren por el hombro y tira de él diciéndole que es tarde.

Eso es muy desconsiderado de su parte, si Eren fuera su omega le diría que todo va a estar bien.

Los hospitales pueden ser aterradores para los omegas, lo sabe mejor que nadie.

Se queda viéndolos desparecer por las puertas corredizas y sin querer ha bajado la mirada para ver la parte trasera de los vaqueros de Eren, no puede negar que le quedan bien.

Mikasa recuesta la cabeza en la cabecera del asiento.

—Un omega convertido en beta deja de tener dueño —dice para su sorpresa—. Cualquiera que lo quiere puede reclamarlo.

Esta vez mira a Mikasa con nuevos ojos, sorprendido por la crudeza de sus palabras.

—No hables de él como si fuera un pedazo de carne.

—No soy la que tiene una foto suya escondida en el automóvil.

Omega atrevida.

—Es un error sin importancia —masculla— ¿En verdad quieres que te lleve a casa?

—Me quedaré callada.

—Haz cambiado, Mikasa.

—Tú también. Eren y tu crecieron juntos, pero ahora eres más alto y tienes barba —observa ella—. ¿Te gusta mi hermano?

—Por supuesto que no.

—No es asunto tuyo.

—Yo también puedo guardar un secreto —dice ella, dejando caer ligeras feromonas dulces—. Soy buena en ello.

De repente se siente como si el tiempo se hubiera detenido.

Se siente como un dejavú.

Ella siempre fue su primer amor.

Realmente no sabe lo que está haciendo cuando la omega posa una de sus manos sobre su rodilla y él no hace nada, ni siquiera sabe porque continúa conduciendo aun cuando ya hace mucho pasaron la casa de los Jaeger.

Solo sabe que no puede detenerse, ni siquiera cuando abre la puerta de casa y Marco está sentado viendo la televisión cuando ambos entran por la puerta y suben a la habitación de arriba.

Puede escuchar como el volumen del programa de cocina aumenta y traspasa las paredes, tal vez incluso algún vecino tenga que venir a tocar la puerta y quejarse por el ruido, tal vez incluso entonces el sentimiento de estar repitiendo esta escena nunca pueda ser removido de su memoria.

Las feromonas de Mikasa son dulces y huelen bien.

No son los primeros alfa y omega que deciden engancharse juntos por un rato, suele suceder con mucha frecuencia.

Marco no huele a nada especial y el olor de Eren es mucho mejor que el de cualquier otro omega, pero no le pertenece. Pero Mikasa huele a fresas.

Su alfa interior gruñe con frustración, pero los labios tersos de la omega cubren los suyos y cierra los ojos.

Si los tiene bien cerrados puede besarle las clavículas y los hombros, si está muy concentrado puede atisbar un ligero rastro del aroma de Eren en ella. No en balde son hermanos.

El programa de cocina que está sonando cambia a una película de acción, ningún vecino ha llamado todavía, pero puede escuchar los disparos y gritos en un idioma extranjero.

Marco siempre fue un beta obediente, casi un santo, que le permite hacer lo que quiere.

Eso no cambia el sentimiento de vergüenza cuando su conciencia le grita que es n bastardo infeliz.

De pronto todo se siente como una broma, nada es real, todo es una obra de teatro y ellos tan solo son actores que siguen un papel del guion. Si no es real no dolerá tanto.

Mikasa grita el nombre de Ackerman cuando entra en ella para anudar e incluso aquella revelación deja de sorprenderlo.

Acomoda la cabeza de la omega en una almohada y respira profundamente mirando el tatuaje de su pecho, es bonito al igual que ella.

Es veneno al igual que ella.

Ya no se escucha ningún sonido en la sala de estar de la casa, presupone que Marco ha salido para ver a su madre o comprar comida para los gatos. O quizá incluso se haya ido para siempre.

Se siente mezquino cuando no siente nada ante la revelación y luego se siente asustado cuando los ojos oscuros de la omega se posan sobre los suyos y lo condenan a permanecer en un camino sin salida.

—Puedes decirme Eren siempre que quieras.

Continuará…..