"Todo va a estar bien, quiero creer en eso. Por favor... solo no hagas nada imprudente"


El Árbol de la Vida ofrecería al mundo las luces de la esperanza. Ellos gobernarían el reino y lo llevarían hacia un próspero futuro. Cada quinientos años concebiría a dos pequeñas criaturas confiriéndoles la responsabilidad de proteger.

Niños bendecidos desde su nacimiento con un futuro inimaginable. Los salvadores de la calamidad interminable y los sucesores de la voluntad de la vida.

XxX

¡Woosh!

Las estrellas que volaban resplandecían con intensidad. Cada una brillaba con un color único y eran como pequeñas luciérnagas iluminando el camino. Solo que esta vez cargaban con una poderosa luz.

Tan rápidas como cuchillas que desgarraban el espacio cuando lo atravesaban, dejando únicamente como rastro una estela sideral.

El mundo por el que viajaban era completamente opuesto a ellos. Algo antiestético que mancharía la vista de cualquiera que lo viera.

Todo estaba envuelto por energía oscura. La tierra allí era negra y el cielo era de un malgastado color blanco grisáceo. Incluso la poca vegetación que había estaba pálida y a punto de morir.

La atmósfera era sombría y pesada. El aire golpeaba con fuerza para revelarse porque no soportaba quedarse por más tiempo.

La alteración de este mundo fue impresionante. En pocos años la oscuridad había infectado cada fibra de vida corroyéndolo todo a su paso.

Los buenos recuerdos se esfumaron fácilmente como la niebla. Ya no quedaba siquiera una pisca de esperanza. Todos los sueños de la gente se convirtieron en pesadillas que los atormentaban a diario.

¿Qué hacer?

Las figuras brillantes no le tomaron importancia. No era el momento de pensar en ello.

Cuanto más se acercaban a su destino, más oscuro se volvía su entorno.

Treinta minutos después llegaron a la región que no esperaban pisar. Porque para ellos era un lugar que merecía el desprecio de cada uno.

La velocidad fue abruptamente incrementada de inmediato y sus presencias fueron ocultadas fácilmente.

El aura tenebrosa del territorio era claramente más espesa que cualquier lugar en el que hayan estado. El cambio sutil alrededor fue evidente.

Su entorno fue peligrosamente silencioso y opresivo. Ninguna entidad podía ser vista ni escuchada. Sin embargo no le tomaron demasiada importancia.

El brillo se atenuó después de que descendieran. Posteriormente tomaron rumbo hacia un mar de neblina que bailaba con una calma falsa.

Vuelo… Vuelo… Vuelo…

Los cuerpos contenían prisa y sentían angustia. Su visión fue reducida poco a poco como una sombra que cubría sus ojos y lo único en lo que podían confiar era en sus propios destellos.

"¡Cuanto más vamos a esperar!"

Su voz tan fina como la seda, tomo la iniciativa para hablar y aliento frio escapaba de sus labios lo hacía de forma caótica. A pesar de haber recibido una respuesta no fue suficiente para calmar sus emociones.

La espesa niebla poco a poco fue disolviéndose y a medida que avanzaban escaparon por fin de su interminable ruta.

"¡Alto!"

Recibieron la orden y golpearon el viento con fuerza.

Sentando en el suelo lo encontraron. Con la cabeza hacia abajo y su cabello solapando su rostro.

Y solo un sentimiento de escalofrió los envolvió.

Algún pensamiento rondo en sus mentes. Algo que no esperaban ver.


YugenShoganai