2. Miénteme.

Prompt 2.-Lie to me again she whispered.

I love you he said.


Era una noche de otoño. Una bonita y fresca noche de otoño en la que la luna refulgía en todo su esplendor, las estrellas brillaban por su ausencia y la tranquilidad era tanta que resultaba ligeramente escalofriante.

La casona se encontraba en penumbras y su quietud parecía casi irreal, casi un alivio, totalmente diferente al eterno ajetreo que vivía diariamente apenas aparecía el primer rayo de sol en el cielo. Que si los niños se la pasaban correteando de aquí para allá, envueltos en la nueva aventura producto de su imaginación, donde a veces eran piratas en busca del tesoro o fuertes guerreros en medio de una épica lucha. Que si Nakuru y Spinel tenían una de sus tantas y ruidosas discusiones, o que si la dueña de la casa se la pasaba al teléfono, atendiendo llamadas en ese nuevo negocio que acababa de emprender y estaba resultando un éxito; uno que desde hacía unos meses había empezado a demandar demasiado tiempo.

Un día común en aquella casa colonial que rompía totalmente con la arquitectura japonesa del resto de la colonia.

De repente, dicha quietud se vio interrumpida por el ligero chasquido de la puerta principal al ser abierta.

Eran las tres de la madrugada, y la grande figura masculina se escurría sigilosa por entre las ya tan conocidas áreas de la casa. El recibidor, las escaleras en forma de caracol, el pasillo que conectaba con la estancia y las varias habitaciones; finalmente, el cuarto principal.

No lo había notado, pero se había vuelto un experto en entrar de incognito en su propia casa, en sortear la mesita ratona del recibidor y el eterno juguete olvidado en el centro de la estancia. Y es que al final, y aunque le doliera en el alma admitirlo, se había convertido en un completo extraño en aquel lugar, un delincuente que irrumpía en la casa a altas horas de la madrugada día sí y día también.

Entró a la habitación con el mayor de los sigilos, encontrándose con una suerte de claroscuro en donde parte del lugar era iluminado por el brillo de la blanca luna; el resto, incluida la enorme cama, se hallaban a oscuras.

Se deshizo de la ropa poco a poco, sustituyéndola por el pijama que siempre dejaba pulcramente doblado encima del buró. Había, deliberadamente, evitado dirigir su atención hacia la cama, en un burdo intento de retrasar el golpe de culpabilidad que le inundaría una vez que lo hiciera.

Pero de nueva cuenta, los botones del pijama no eran infinitos y pronto tuvo de darse la media vuelta.

Retuvo un suspiro cansino y en su lugar, los delgados labios formaron una fina línea.

Ahí estaba ella, ahí estaba siempre ella. Dándole la espalda, respirando de una forma acompasada, tranquila, fingiendo que dormía.

La sabana blanca delineaba perfectamente su delgada y curvilínea figura. Su cabello sedoso, largo y negro, se desparramaba en la almohada como una cortina y a él le entraban unas enormes ganas de tumbarse a su lado, pegar su cuerpo completamente al de ella y aspirar aquel perfume frutal que tanto le encantaba, justo como hacía todas las noches en un tiempo que ahora parecía tan lejano.

Pero todavía no llegaba a aquel nivel de descaro, todavía le quedaba un poquito de vergüenza que lo obligaba a subir a la cama y colocarse igualmente de espaldas, lo más alejado de la figura de su esposa, dejando el espacio entre ellos que a esas alturas más parecía un abismo.

De todos modos, ya era suficiente con que todo él estuviera impregnado de un nuevo perfume, uno de rosas que resultaba demasiado dulzón para el gusto de cualquiera. Un perfume que dejaba en evidencia su delito; ese del que no estaba para nada orgulloso y que sin embargo, al cerrar los ojos, no podía evitar que en su mente apareciera el recuerdo de la dueña de dicha fragancia: el ser más seductor que hubiera tenido la desdicha de toparse en esa vida; un puñado de cabellos rojos, curvas exuberantes y ojos marrones.

El demonio que lo había llevado a destruir su matrimonio poco a poco.

Y de vuelta a la penumbra de la habitación, el silencio era roto por la resonancia de una palabra que a él más le parecía un grito de desesperación:

—Eriol…

Y como no había manera de esconderse, de ocultar el pecado cometido ante su aguda perspicacia, él siempre respondía.

—Dime, Tomoyo.

Hubo un silencio que se sintió como horas. Siempre era la misma petición desde que ella se había enterado un mes atrás, y aun a ese día, seguía sin saber las razones del por qué lo hacía. Le resultaba enfermizo, pero cuando lo pensaba, solo podía llegar a la conclusión de que aquella era su manera de reprocharle su error, de recordarle y recordarse a sí misma los buenos tiempos. Lo que fue y nunca volvería a ser.

Miénteme de nuevo ella susurró.

Entonces él se tragaba un nuevo suspiro y de la misma manera enfermiza, pronunciaba las palabras que ella quería escuchar.

Te amo.

Así, él fingía desconocer la existencia de la solitaria lagrima que ella soltaba luego de escuchar su respuesta y caía en los brazos de Morfeo preguntándose cuándo sería el momento en que lo echaría de la casa, cuándo decidiría terminar con aquel ciclo que los estaba matando a ambos.

Así, la casa quedaba en silencio de nuevo.


Notas de la autora: Aquí de vuelta! Muchas gracias a todos por los reviews de la historia pasada. Me hicieron bastante feliz. Por ahí me preguntaban que si serían una serie de one-shots sin continuidad entre sí, y pues básicamente esa es la idea, una especie de fic experimental donde no seguiré una pauta narrativa, ya que las historias pueden ser en primera, segunda o tercera persona, así como en diferentes realidades, ya dependerá de lo que quiera contar.

No puedo responderles directamente, pero muchas gracias a Noir, Nozomi y Elanie por sus reviews. Que tengan buen día, nos vemos la próxima semana!