Capítulo 5: En la superficie


—No me gusta la superficie —fueron las palabras de Charlie en cuanto regresó de la superficie —, en especial los piratas. No me vieron, pero estuvieron bastante cerca de atraparme.

—Creí haberte dicho que no debías acercarte a sus redes.

—No tenía opción —se quejó Charlie —, tenían atrapados a muchos peces, no podía quedarme sin hacer nada.

Esas palabras parecieron disminuir el enojo de la matriarca. Jackie se dijo que su hermana había hecho lo correcto y que si ella se hubiera encontrado en la misma situación habría hecho lo mismo. Nadie sabía que era lo que les pasaba a los peces que eran capturados en la superficie, pero nadie creía que se tratara de algo bueno, en especial porque eran muy pocos los que regresaban y quienes lo hacían no querían hablar del tema.

—Esta vez tuviste suerte, pero la suerte no es eterna y a veces para sobrevivir se debe ser egoísta —le dijo la abuela, más que enojada lucía preocupada.

Charlie agachó la cabeza avergonzada. Pese a sus palabras ella volvió a subir a la superficie y Jackie conocía el motivo. Charlie se había tomado como meta personal proteger a todas las creaturas del mar que pudiera. Su hermana no se lo había dicho a nadie y el único motivo por el que ella lo sabía era porque lo había descubierto por casualidad.

El día del cumpleaños de Jackie llegó y ella finalmente pudo ir a la superficie como tanto lo deseaba. Sus familiares se reunieron del mismo modo que lo habían hecho con sus hermanas y la abuela le dio los mismos consejos, palabras que ella había memorizado al escucharlas en tantas ocasiones.

—Mantente alerta —le dijo tu abuela —, sé lo ilusionada que estás por ir a la superficie, pero no puedes dejar que la alegría nuble tu juicio y te impida ver el peligro. No te acerques a los humanos por ningún motivo, incluso si piensas que es lo correcto. Tal vez no lo parezcan, pero son peligrosos y tienen armas con las que pueden hacer mucho daño a la gente del mar y a ellos mismos.

Jackie asintió y le aseguró a su abuela que se portaría de manera prudente. Nadó lo más rápido que pudo con dirección a la superficie, incapaz de poder esperar por más tiempo. Era primavera por lo que no pudo ver la nieve de la que sus hermanas le habían hablado, pero si vio a un grupo de pájaros regresar a casa después de haber migrado por el invierno.

Sus ojos se posaron sobre el cielo, observándolo hasta que notó que los ojos le dolían. Durante unos segundos todo lo que vio fue oscuridad. No se arrepentía de lo que había hecho pese a las molestias. Sabía que no debería volver a hacerlo, pero le quedaba la sensación de haber visto algo que para ella era completamente desconocido. Estuvo girando unas cuentas veces, disfrutando la sensación del sol en su cuerpo hasta que lo vio.

Era un pequeño barco que se encontraba a lo lejos. Decidió acercarse motivada por la curiosidad. Había escuchado que los humanos solían construir máquinas para suplir sus muchas carencias y una de esas era la que el humano frente a ella estaba usando para navegar.

Lo más prudente hubiera sido alejarse, pero Jackie no lo hizo. Se aseguró de quedarse a una distancia prudente y desde allí se quedó observando al humano. Poco después se enteraría que era un pescador, uno de los tipos de humanos que Charlie y su abuela le habían aconsejado evitar. Nuevamente ignoró los consejos de sus familiares, le parecía absurdo que ese humano pudiera hacerle daño.

Grande fue la sorpresa de Jackie cuando gotas de agua comenzaron a caer del cielo. Sus hermanas le habían hablado de la lluvia, pero era la primera vez que ella la experimentaba en carne propia. Jackie había pensado que se trataba de algo hermoso hasta que el cielo comenzó a oscurecer y los vientos a golpear con fuerza.

En cuanto vio al pescador supo que estaba en problemas y que estos serían mayores si permanecía tanto tiempo en el mar. Lo vio intentar alejarse y vio su barco ser destruido por una ola de gran tamaño. El pescador no pudo hacer nada para evitar hundirse en las aguas del mar. Intentó nadar, pero todos sus esfuerzos fueron en vano.

Las sirenas eran consideradas como las creaturas del mar más veloces, capaces de recorrer grandes distancias en pocos segundos. Jackie no era la excepción así que cuando vio al pescador sumergirse en el mar y consciente de lo que les pasaba a los humanos cuando se quedaban sin aire, decidió que debía salvarlo. Nadó con gran rapidez hasta dar con el pescador y con igual velocidad lo llevó hasta la costa.

Jackie se habría evitado muchos problemas de haberse ido en ese momento, pero no pudo hacerlo. Ella sabía que nunca estaría tranquila si no verificaba por sí misma que el humano vivía. Lo vio toser y emprendió la carrera de vuelta al mar. Jackie se dijo que si lograba irse sin que el pescador sería como si no hubiera roto las reglas, pero no fue lo suficientemente rápida y el pescador pudo verla alejarse.

Cuando regresó sus hermanas la esperaban ansiosas. Les habló de su aventura en la superficie, omitiendo todo lo relacionado con Marco, consciente que de hablar solo tendría más problemas. Sus hermanas se sorprendieron al escuchar de la tormenta y es que bajo el mar estas no se sentían. Escuchar a su abuela felicitarla por su prudencia la hizo sentir culpable y desear poder decirle la verdad.

Al final calló, repitiéndose que si ella lo ignoraba sería como si nada hubiera pasado. Días después se enteraría que no era tan sencillo. No podía dejar de pensar en ese pescador y desear volver a verlo a pesar de creer que era imposible y que lo mejor para ambos era que sus caminos permanecieran separados.

Cuando volvió a la superficie lo hizo por curiosidad. Quería seguir explorando ese lugar que tanto le interesaba. Volver a ver al pescador fue algo que no se esperó, menos que este la reconociera en cuanto la viera como la mujer que había salvado su vida en medio de la tormenta.

—¡No te vayas! —escuchó al pescador gritarle.

Jackie se volteó sorprendida y esperó por una respuesta. Después de varios minutos decidió que era momento de continuar con su exploración o de volver a casa si no quería que sus familiares comenzaran a preocuparse.

Escuchó al joven pescador murmurar varias palabras que no logró entender. Pensó que se trataba de otro idioma hasta que escuchó un gracias y supo que solo era su timidez la que le impedía hablar. La sirena pensó que ese joven pescador era adorable.

—Me llamó Jackie y solo hice lo que cualquiera hubiera hecho en mi lugar.

El joven pescador pareció quedarse congelado por algunos minutos antes de comenzar a remar y marcharse lo más rápido que pudo. Jackie creyó que nunca volvería a verlo y se preguntó si había hecho algo que pudiera insultarlo. Por más que lo pensó no logró dar con la respuesta y eso hizo que se sintiera aún más culpable.

Durante varios días la rutina se repitió. Jackie solía inventar alguna excusa, cada vez menos creíble, para subir a la superficie y dedicarse a girar sobre las piedras y unas cosas cuyo uso y nombre desconocía que los humanos solían colocar en las aguas. El pescador solía acercarse, a veces se dedicaba a pescar, aunque Jackie siempre lo descubría buscándola con la mirada y olvidándose de la pesca en cuanto la veía.

Pasaron seis meses antes de que supiera el nombre del pescador y de que este volviera a dirigirle la palabra.

—Hola, soy Marco.

—Lindo nombre, soy Jackie.

Jackie no pudo evitar reírse a ver a Marco sonrojarse, le pareció lindo. Giró unas cuantas veces alrededor de su bote, divirtiéndose al ver su cara de felicidad cuando se mostró nuevamente ante él.

—¿Qué haces tan alejado de los otros humanos?

—Me gusta estar aquí, aunque otros dicen que está maldito.

Jackie se preguntó si esos rumores era por las sirenas que en el pasado solían utilizar las rocas detrás de ellas para cantar. En aquel entonces las creaturas del mar ignoraban la incapacidad de los humanos para respirar agua por lo que no esperaban que estos, incapaces de ignorar su invitación terminaran hundiéndose en los mares y encontrando la muerte en vez de la diversión que le prometían.

—Me lo imagino, aquí hay muchos barcos hundidos.

Jackie comenzó a contarle a Marco sobre los barcos que había visitado y los tesoros que había encontrado. La sirena no tardó en descubrir que pese a lo malo que era el pescador hablando, era muy bueno escuchando y eso era algo que le gustaba. Con el tiempo iría agregando más cualidades a la lista y es que sin que se diera cuenta, Marco se había convertido en una constante en su vida.

Tiempo después Jackie se encontraba en una de las lecciones que su abuela solía impartirle. Ella no estaba prestando atención a su profesora, pero sí luchando contra sus propios deseos de quedarse dormida. O al menos así fue hasta que escuchó algo que llamó su atención.

—Otro de los motivos por los que los humanos no son permitidos en las profundidades del mar es por su alma. Nadie sabe exactamente qué es esta, pero sí que les permite acceder a una vida más allá de la muerte. Las sirenas no las tenemos, es por eso que, aunque vivimos más tiempo, unos 300 años, todo se acaba para nosotros cuando esta vida termina.

—¿Hay alguna forma de conseguir un alma?

—¿Para qué? Una vez que tienes una no puedes volver al mar.

—¿Qué es ese lugar al que van los humanos cuando mueren?

—Algo desconocido y prohibido para las sirenas.

La matriarca se negó a seguir hablando del tema pese a las preguntas de Jackie e incluso la regañó por la insistencia que mostró.

—Desear cosas que no puedes tener solo te causará problemas.

Jackie cesó de insistir, pero no se olvidó del tema. Constantemente pensaba en cómo conseguir un alma y de manera discreta comenzó a preguntar por la bruja del mar. Si lo que había escuchado sobre ella era cierto, era la única capaz de conceder su deseo. Cada vez que preguntaba por ella obtenía la misma respuesta, una advertencia de que debía desistir de sus planes.

—Es una pena que no podamos estar juntos —le comentó Jackie en una de sus numerosas visitas —, las creaturas del mar no tenemos alma.

—Podría renunciar a mi alma.

—¡No digas algo así!

Jackie se escandalizó. No entendía cómo podía hacer Marco para sugerir algo así con total tranquilidad. Desde la primera vez que su abuela le había hablado sobre las almas había pensado que se trataban de algo maravilloso e incluso sentido algo de envidia hacia los humanos por ser capaces de poseer algo así.

—¿Qué puede tener de maravilloso algo que me impide estar contigo?

—Dices eso porque no sabes lo que es no tener una.

La conversación terminó en ese momento. Jackie estaba molesta, pero no fue el enojo lo que la hizo retirarse abruptamente si no divisar a otro barco cerca. La sirena no tenía ningún problema conversando con Marco, pero no quería agregar a otro humano, sentía que estaba arriesgando demasiado y que era mejor mantener las cosas de ese modo.