4. Sentimientos.
Prompt 4.-—She´s my best friend. That hasn't changed.
—It's clear your feelings for her has.
El tintineo de las copas hizo un suave eco por la habitación antes de que todo el mundo rompiera en emotivas felicitaciones hacia la pareja que acababa de comprometerse.
Sakura y Shaoran habían decidido dar por fin el siguiente paso. En menos de un año, serían marido y mujer.
Tomoyo colocó delicadamente la copa sobre la mesa antes de ponerse de pie, alisar una arruga invisible en su corto vestido de noche y caminar hacia la feliz pareja.
Felicitó primero al heredero Li, quien aun en contra de todas sus parcas y reservadas costumbres, le dio un fuerte abrazo y discretamente le susurró un agradecimiento, pues igual a como cuando fueran niños, ella había fungido de fiel cómplice en la preparación de todo el emotivo evento.
Luego, fue momento de encontrarse frente a frente con ella.
Como otras tantas veces, los ojos verdes de Sakura resplandecían. Bañados de lágrimas, proyectaban esa inocencia que ni siquiera el tiempo y las experiencias vividas habían conseguido borrar.
Sus labios pintados del más claro rosa dibujaban una tierna sonrisa. Era ese tipo de gesto que en otros tiempos, en otros años, habría provocado en Tomoyo un sonrojo y un sobresalto en el corazón.
Y cuando la castaña se lanzó a sus brazos, estrujándola con fuerza, casi como si quisiera fusionarse con ella, Tomoyo no se sorprendió al no sentir la febril emoción de antaño, los nervios a flor de piel, ni el anhelo sofocante de que aquel instante durara una eternidad.
En su interior solo conseguía albergar un profundo cariño sosegado y una innata felicidad por el hecho de que su amiga realizaría su vida con alguien más.
No estaba sorprendida, ciertamente, pues aquel acontecimiento había venido presentándose desde hacía algunos años. Sin embargo, aun quiso preguntarse el momento exacto en que la adoración por Sakura se había desvanecido, a qué hora el amor que profesaba por ella había mutado en uno diferente.
Tomoyo quiso preguntarse demasiadas cosas justo ahí, envuelta en los brazos menudos de Sakura, pero claro, no era la única que deseaba abrazar a la futura novia.
Le susurró los mejores y más buenos deseos provenientes de lo más profundo de su alma, antes de separarla delicadamente y sonreír, divertida, ante la expresión confusa en el rostro de la castaña.
Y es que seguramente ella también había sentido que aquel abrazo no había sido como los otros. Era diferente en muchas formas que ni siquiera la propia Tomoyo era capaz de explicar.
Se alejó tranquila de la algarabía de todos los invitados, optando por la privacidad que le daba el pequeño balcón del salón.
La cena de compromiso se estaba llevando a cabo en el salón principal de la mansión Daidouji (ante la gran alegría de su madre), y lo que en un principio se perfilaba como una reunión enteramente familiar, pronto se había convertido en una gran fiesta llena de amigos cercanos y lejanos, parientes segundos, terceros y cuartos (provenientes de la basta familia Li) y uno que otro socio de su madre.
Había sido bastante divertido ver la mirada de horror y nerviosismo que compusieron sus amigos castaños cuando advirtieron la cantidad exagerada de asistentes.
Acostumbrada como estaba, a Tomoyo no le pareció tan diferente a aquellas fiestas que su madre ofrecía dos veces al año.
—¿Te molesta si te hago compañía?
La chica de ojos amatista giró solo para encontrarse con la alta figura de Eriol Hiragizawa en el umbral del balcón.
Llevaba una expresión seria y una copa de vino en cada mano. No esperó su respuesta, si no que en tres largos pasos ya lo tenía a un lado, ofreciéndole una de las copas.
Tomoyo la aceptó.
—Luces algo incomodo, Eriol —dijo con un retintín molesto y burlón.
El hombre frunció el ceño y le lanzó una mirada resentida. Tomoyo no pudo evitar soltar una risa.
—No entiendo por qué ella está aquí.
—Bueno, Sakura le tiene bastante aprecio y han mantenido el contacto todos estos años. Era obvio que la invitaría.
Eriol rodó los ojos, sin responder. En su lugar se limitó a terminar de un trago su vino y ambos se sumieron en un cómodo silencio, totalmente ajenos a la fiesta que se llevaba a cabo dentro de la casona.
Su relación con Eriol Hiragizawa se había desarrollado de una manera... ¿cómo decirlo?
Accidental.
Recordaba claramente la multitud de veces en que había tenido que hacer de "chaperona" de su mejor amiga solo para que ésta fuera capaz de tener una cita decente con el joven Li, allá cuando todos presumían de unos 20 años recién cumplidos, principalmente debido a las exageradas condiciones del hermano mayor de Sakura, quien ridículamente les había prohibido salir juntos a menos que cada uno llevara a un chaperón.
De esa manera, se había visto involucrada con Eriol en un montón de escenarios románticos, y aun a pesar de la incomodidad de las primeras veces, la relación entre ambos había ido fluyendo de una manera bastante accidental, casi al descuido, lo suficiente para que ambos dejaran las formalidades de lado y pudieran llamarse realmente amigos.
De eso hacía ya seis años.
—¿Qué me dices tú? —preguntó Eriol luego de un rato, lanzándole una mirada de soslayo que le dejaba entrever un temor bien disfrazado. Casi como si creyera que ella se rompería en cualquier momento —. Todo este circo es demasiado, incluso para ti. Me preocupa que te lo estés tomando con tanta calma.
Tomoyo sonrío tranquila, pareciéndole muy tierna la preocupación de Eriol, pero creyéndola innecesaria.
Pero no podía culparlo. Al final, había sido precisamente a ese hombre a quien, entre lágrimas desconsoladas, le revelara los más íntimos sentimientos que solía albergar por su mejor amiga.
Había sido durante una noche de otoño hacía tres años, cuando la confesión de Sakura, esa narración de su tierna y excitante primera vez con Li Shaoran, la había dejado totalmente quebrada, desamparada, y con los pies firmemente postrados en el umbral del departamento de Eriol.
Ella solo lo había soltado apenas le abrió la puerta. Así, sin tacto, sin pudor, de la forma más cruda en que un sentimiento tan hermoso y tan inútil podía ser dicho.
Y Eriol había tenido la delicadeza de consolarla sin hacer una sola pregunta, porque al final no eran necesarias. El chico lo había sabido desde aquellos tiempos en que solo eran unos niños. Al igual que ella, su aguda percepción le dejaba entrever cosas que los demás solían pasar por alto.
—En otro tiempo esto me habría destrozado, pero hoy solo me siento muy feliz por Sakura —fue la sincera respuesta de Tomoyo, aun a pesar de la mirada desconfiada del inglés—. Acepté que mis sentimientos no eran correspondidos de la misma manera y que debía comenzar a ver por mí misma, seguir con mi vida.
Eriol la observó directamente por primera vez en todo ese rato y quedó gratamente sorprendido al darse cuenta de la expresión serena pero firme, de la muchacha.
Había estado temiendo esa noche desde que había llegado la invitación al correo de su departamento.
Le preocupaba ver a Tomoyo de nuevo con aquella expresión destrozada, inconsolable. Y es que en aquel entonces le había parecido tan desgarrador y tan injusto que alguien como ella, capaz de un amor extremadamente puro y entregado, tuviera que sufrir de esa manera.
—¿Estás diciéndome que saldrás de su vida? Eso destrozaría a Sakura.
Tomoyo negó con la cabeza.
—Ella es mi mejor amiga. Eso no ha cambiado.
—Está claro que tus sentimientos por ella lo han hecho.
El silencio que le siguió a aquella aseveración fue imposible de romper, pues lo cierto es que Eriol había dado justo en el clavo.
Los sentimientos de Tomoyo Daidouji hacia Sakura Kinomoto habían cambiado, y aun cuando la amatista no sabía cuándo, sí sabía perfectamente a causa de quién.
Ni siquiera ella, que era buena anticipando las cosas, hubiera sido capaz de prever aquello.
Sucedió meses después de la confesión de Sakura, cuando ella era un alma en pena que deambulaba de aquí para allá con una sonrisa hueca y los brillantes ojos apagados.
Eriol había sido bastante considerado al no hacer preguntas en el justo momento de su quiebre, pero perceptivo y entrometido como era, no le había dado tregua demasiado tiempo.
Tomoyo recordaba claramente la noche en que en medio del cumpleaños número 23 de Rika Sasaki, él le había soltado un comentario bastante contundente: Eres como una muñeca vacía, Tomoyo Daidouji.
Ambos, ya inducidos en la embriaguez de un alcohol demasiado fuerte, se habían enzarzado en una discusión bastante diplomática. Fue ahí donde Tomoyo descubrió un hecho curioso.
Eriol Hiragizawa había vuelto a Japón en un intento de escapar de un mal de amores.
Resultaba que la reencarnación del poderoso Mago Clow no estaba exenta de sufrir decepciones amorosas, y cuando ambos se percataron de la situación del otro, no pudo si no causarles una tremenda gracia, pues realmente era una gran ironía.
Así, aquella fiesta de cumpleaños había terminado con ambos en el departamento del inglés, con Eriol echando fuera a unos confundidos Spinel y Ruby Moon, y con decenas de besos arrebatados y caricias demandantes.
No habían pasado de ahí, pues en algún momento de la noche Eriol había soltado entre susurros el nombre de cierta mujer pelirroja, la misma que fuera su maestra de matemáticas cuando niños y que lo había dejado por otro hombre.
La misma que en esos momentos se paseaba despampanante por el salón de la familia Daidouji, del brazo de aquel hombre desconocido que ahora era su esposo y con un notorio embarazo que anunciaba estar en su etapa final.
Era hilarante para Tomoyo que fuera Eriol el preocupado por su bienestar, cuando él mismo seguramente tampoco la estaba pasando bien.
Sin embargo, rememorando la noche en que había compartido tal intimidad con Hiragizawa, Tomoyo ahora podía esclarecer que el cambio comenzó en ese momento. Eriol había resultado ser la distracción perfecta para que ella poco a poco dejara de lado sus sentimientos por Sakura. Con sus sonrisas fáciles, sus platicas interesantes y esos besos fugaces que le robaba de cuando en cuando, había conseguido desvanecer la devoción que profesaba hacia la castaña.
Pero al final no seguían siendo más que amigos, unos que se habían encontrado en el momento oportuno.
Y así estaba bien.
—¡Aquí están!
Ambos voltearon a la puerta del balcón, viendo a una apresurada Nakuru que ya les fruncía el ceño.
—Sakura y Li han estado buscándolos. Ya han comenzado con las fotos, dejen de estar tonteando.
Y sin esperarlos siquiera, volvió a desaparecer.
Eriol rodó los ojos y Tomoyo soltó una risa divertida.
—Ella simplemente no cambia —murmuró el inglés para sí mismo.
Acto seguido le ofreció su brazo caballerosamente y le regaló una mirada intensa, casi suplicante.
—No vas a dejarme solo allá fuera, ¿cierto?
Tomoyo no dudó en aceptar la cercanía.
—Solo si tú tampoco lo haces.
El inglés le sonrió cálidamente antes de bajar el rostro y depositar un fugaz beso en sus labios, mismo que la dejó descolocada por un segundo antes de que consiguiera esbozar la misma sonrisa serena de siempre.
—Debes dejar de hacer eso o cualquiera podría pensar que tenemos algo —dijo Tomoyo en un falso reproche, a lo que Eriol solo se encogió de hombros y comenzó a guiarla dentro del salón.
—¿Quién sabe, Tomoyo? Tal vez después de tanto tiempo sí que tenemos algo —le respondió misteriosamente, guiñándole el ojo y dejando la duda pululando por el aire.
Negó con la cabeza, decidiendo pasarlo por alto esta vez.
Ya habrá tiempo, se dijo Tomoyo a sí misma mientras se aferraba con fuerza al brazo de Eriol y juntos volvían a la fiesta.
Notas de la autora: Cuando me encontré con esta premisa, lo primero que se me vino a la mente fue a una Tomoyo diciéndole adiós por fin a su amor por cierta castaña. He aquí el resultado de dicha idea con Eriol siendo su ayuda.
Muchas gracias por los reviews del capítulo anterior! Me dio bastante ilusión saber que todavía hay lectores de esta parejita por aquí, dado que he notado que el fandom ha estado un poco abandonado.
En fin, sin más paso a responder los reviews de las personas a las que no puedo responderles en privado. A todos muchas gracias de nuevo y espero volver la otra semana con una nueva historia. Saludos!
Nozomi: Me alegra bastante saber que te ha gustado la historia de la Ladrona Amatista. Definitivamente habrá una continuación, pues hasta yo me quedé con ganas de saber más del misterio. Espero traerles pronto una nueva entrega sobre esa trama. Cuídate, saludos!
Kara: Gracias por darle una oportunidad a la pareja! Aun cuando no son canon, lo cierto es que tienen tanta química que dan bastante para un montón de historias. Aquí mismo en FF hay unas joyas que vale la pena leer. Muchas gracias por empezar a leer otras de mis historias, ya me iras diciendo que te parecen. Cuídate, saludos!
