Capítulo 6: El valor de un alma


Pese a las palabras de Jackie, Marco estaba convencido de que no necesitaba un alma. Estaba seguro de que amaba a Jackie y de que no podía imaginar su vida sin esa sirena a su lado, pero no del valor de un alma. Se dijo que no debía de valer mucho si había vivido toda su vida sin ser consciente de que tenía una y que podría seguir viviendo si no la tenía.

Marco se dijo que un alma no podía estar relacionada con la bondad si Jackie, quien no la poseía, era tan noble y la mujer más cool que conocía. Ella había salvado su vida sin pedir nada a cambio y cada vez que la escuchaba hablar podía notar lo grande que era su corazón.

El problema era cómo deshacerse de ella. Había escuchado de cómo condenar o salvar un alma, pero no de cómo expulsarla de su cuerpo. Después de pensarlo por un rato llegó a la conclusión de que solo una bruja podría realizar tal acción y que él conocía a una persona que, aunque seguía siendo una aprendiz, podría ayudarlo y que, esperaba, entendiera el problema en el que se encontraba.

Se presentó en casa de Star, la encontró jugando con Tom. No era algo que le pareciera extraño, al contrario, la mayoría de las veces que Marco visitaba a su mejor amiga ella solía estar en compañía de su familiar.

—¡Hola, Marco! —lo saludó Star.

Tom aterrizó y lo saludó con un gesto de cabeza. Pese a lo poco que habían hablado, el pescador consideraba que el príncipe demonio era un buen tipo y esperaba que tuviera la misma opinión de él. Después de saludarlos le hizo a su amiga la pregunta por la que había ido a visitarla.

—¿Sabes cómo puedo quitarme el alma?

—¿Puedes repetir la pregunta? Creo que escuché mal.

—Dije que si puedes ayudarme a deshacerme de mi alma.

Star y Tom se escandalizaron. Esto le resultó extraño a Marco, especialmente la reacción de Tom. Siendo un demonio creyó que le daría menos importancia a un alma.

—¿Tienes idea de lo que estás diciendo?

—No puedes solo deshacerte de tu alma, ese es uno de los tabús más grandes.

—Sé lo que hago ¿Cómo puede ser bueno algo que me impide estar con la persona que amo?

—Típico de los humanos, creer que su alma no vale nada —comentó Tom y su rostro mostraba el mal humor que había en él —, si supieras la cantidad de ingenuos que acabaron en el infierno por creer que era buena idea intercambiar el alma por dinero.

—¿Sabes cómo hacerlo? —preguntó Marco ilusionado. La idea de ir al infierno le resultaba aterradora, no podía negarlo, pero no tanto como lo hacía la idea de no poder ver a Jackie.

—Normalmente un pacto se hace para conseguir un deseo y no creo que eso sea lo que buscas. Conservarías tu alma hasta que mueras, luego esta pasaría a ser propiedad del infierno y serías castigado por todos los pecados que cometiste en vida.

—¿Incluso si es por amor?

—Por amor se han cometido muchas de las atrocidades más grandes.

Pese a los intentos de Star y de Tom por convencer a Marco de que estaba en un error no lograron convencerlo de lo contrario. El joven pescador estaba convencido de que estaba en lo correcto y nada lo iba a convencer de lo contrario, ni siquiera las advertencias de quienes sabían más que él sobre el tema.

Al final fue Tom quien terminó por ceder.

—Puedo separar tu alma de tu cuerpo, pero debes saber que no es irreversible. Una vez que estén separados esta intentara por todos los medios que vuelven a ser uno solo.

—Sabré lidiar con la tentación.

Cuando Marco volvió a visitar a Jackie quiso decirle que había renunciado a su alma, pero no se atrevió. En lugar de eso se dedicó a escucharla hablar por varias horas sobre su última expedición y los tesoros que había encontrado. A Marco le pareció curioso que ella se sintiera más fascinada por una muñeca de trapo que por el collar de diamantes que había encontrado.

Se dijo que le diría después, pero siempre pasaba algo y al final no lograba decir lo que quería. Un año había pasado desde que se había separado de su alma y pasó lo que Tom le había advertido. Su alma se presentó ante él y era como verse ante un espejo empañado.

—He estado viajando. Llegué a un reino muy lejano y me uní a una tripulación pirata. Encontré toda clase de tesoros, joyas de las más valiosas y más diamantes de los que podrías imaginar. Todos serán tuyos si me permites regresar. Como carezco de una consciencia que me diga cuál es la diferencia entre lo bueno y lo malo he hecho algunas cosas que se calificarían como ilícitas para enriquecerme.

—Las joyas son tentadoras, pero no existe en el mundo nada tan valioso como el amor.

El alma de Marco se fue sin agregar ninguna palabra más y pasaron seis meses antes de que Marco pudiera decirle a Jackie del trato que había hecho. Al principio la sirena se mostró dolida y Marco no supo si era por el tiempo en que se demoró en contarle o por la naturaleza del trato que había hecho.

—¿Qué quieres que te diga? —fue su respuesta —, has tomado tu decisión.

Marco decidió cambiar de tema y contarle sobre su hermana. Mariposa crecía tan rápido que en ocasiones le costaba dejar de verla como a una bebé. Marco le contó sobre el interés que había mostrado por el mar y lo mucho que le preocupaba que pudiera lastimarse cada vez que él debía salir en busca de pescado.

—Me gustaría conocer a tu familia —le dijo Jackie con expresión soñadora —, por la forma en que hablas de ellos parecen ser personas maravillosas.

—Lo son.

Jackie tomó la mano de Marco y le pidió que la acompañara a las profundidades del mar. Al principio no apartó la mirada de él, temerosa de que el mar cobrara su vida, pero no fue así. El pescador parecía tener problemas para caminar, pero no para respirar. Tal y como su abuela le había dicho, sin un alma, el mar no lo rechazaría.

—¿Qué quieres ver primero?

—Estoy abierto a sugerencias.

Jackie lo tomó entre sus brazos, como si se tratara de un bebé, y nadó lo más rápido posible hasta el último barco hundido que había encontrado. Una vez allí comenzó a hablarle de su más reciente descubrimiento y a preguntarle por la función de cada cosa que veía.

A Marco no le molestaron las muchas preguntas que Jackie le hacía, al contrario. Adoraba la forma en que sonreía cada vez que le hablaba sobre alguna cosa que desconocía y la sensación de ser útil para su amada.

El día en que se cumplió el segundo año de haber renunciado a su alma, Marco volvió a ver a su alma. En esa ocasión también tenía una historia por contar, pero lo que le ofreció fue muy diferente a lo de la vez anterior.

—Ya que dijiste que no te interesaba el dinero estuve viajando por el mundo. Visitado las bibliotecas más grandes y estudiado con los monjes más sabios. Todo el conocimiento del mundo es mío y será tuyo si aceptas deshacer el trato que se hizo hace más de dos años.

—Jackie me ha llevado a conocer las profundidades del mar. Pude ver barcos hundidos y verla nadar a velocidades que no creía posibles. No conozco a su familia, pero ella me ha dicho que no descarte esa posibilidad ¿Qué puedes darme que mi sirena no pueda?

El alma del pescador no dijo nada y tan solo se marchó. Marco se preguntó qué nueva estrategia utilizaría para convencerlo, pero no fue hasta un año después que supo de los planes de esa parte suya a la que había renunciado.

—El año pasado me preguntaste ¿qué podía ofrecerte yo que tu sirena no pueda? Y la respuesta a la que llegué fue aventura. Estuve viajando, visitando los sitios en los que se intercambian historias hasta que escuché una que llamó mi atención, unas tijeras capaces de llevarte a cualquier lugar, incluyendo nuevos mundos. Quise traerlas para ti, pero consideré que era mejor que me acompañaras pues la única forma de conseguirlas es venciendo a la guardiana. Acompáñame a esta aventura y nunca más volveré a molestarte.

La primera opción de Marco fue negarse. Se dijo que prefería estar con su sirena antes que emprender un viaje del que no sabía cuando regresaría, pero la promesa de una aventura era demasiado grande para resistirla y sabía que su alma era consciente de este hecho. Recordó sus palabras y se dijo que esa podía ser la solución a su problema, que solo sería una aventura y que luego podría entregarse por completo a la mujer que amaba.

—Está bien, acepto, pero que sea una aventura rápida y regreso con mi amada.

No fue una aventura rápida y mucho menos corta. Desde el principio Hekapoo se mostró poco dispuesta a entregar sus tijeras, en especial si se trataba de un humano. Ella le dijo que debía apagar la llama sobre su cabeza, tarea que parecía sencilla hasta que Hekapoo creó cientos de clones. Marco se lo tomó como un reto personal y un motivo para seguir con su misión e ignorar el paso de los años.

Pasó un año antes de que Marco atrapara a la primera Hekapoo. Había estado corriendo detrás de ella utilizando los portales que creaba, en esa ocasión decidió ponerle una trampa. Se encargó de preparar un platillo bastante apetitoso y esperó a que su presa fuera atraída por este, algo que pasó con gran antes de lo que imaginó.

—¿Ves? —le dijo su alma —, te dije que sería divertido y será mucho más fácil si nos unimos. Con los conocimientos que he adquirido, apagar esa vela será muy fácil.

—No, hacerlo sería renunciar a Jackie y quiero volver a verla.

La segunda Hekapoo se encontraba en una dimensión muy parecida al desierto de la Tierra. Las tormentas de arena le impedían ver donde se encontraba y decidió usar eso a su favor. Creo un refugio sabiendo que la guardiana de las tijeras también tendría problemas para estar en eso lugar y esperó hasta que ella lo visitara.

En esa ocasión la espera fue mucho más larga y solo pudo apagar la llama utilizando una vara que había encontrado durante uno de los muchos días que estuvo vagando en el desierto. Con el paso del tiempo se fue dando cuenta de que la caza se iba volviendo más difícil. No sabía si era que ambos iban aprendiendo del otro o si era Hekapoo la que se estaba divirtiendo con él.

—¿De verdad crees que lo podrás hacer sin mí? —le preguntó el alma de Marco de forma burlona.

Marco sabía que su alma no estaba del todo equivocada al decir esas cosas. Durante el tiempo que habían estado separados se había dedicado a viajar y a tener innumerables aventuras y a adquirir grandes cantidades de conocimiento.

—Sé lo que me has dicho, pero piénsalo de este modo. Podemos unirnos hasta que logres cumplir con tu misión y nos separaremos después para que puedas volver a ver a Jackie.