Capítulo 7: La bruja del mar


Jackie se había acostumbrado tanto a las visitas de Marco que cuando dejó de visitarla comenzó a temer que se hubiera lastimado. Recordó que había renunciado a su alma y temió que algo le hubiera pasado. Se dijo que su alma pudo regresar por él y secuestrarlo o que la falta de alma lo hizo desintegrarse.

Motivada por la preocupación decidió hacer algo en lo que había pensado antes, pero a lo que no se había animado. Buscar a la bruja del mar. Era mucho lo que se había dicho de esa mujer, algunos incluso aseguraban que ella no era una sirena y otros que había estado cerca de provocar la extinción de toda la vida marina.

Jackie navegó largas distancias hasta poder llegar a los territorios de la sirena exiliada. No le dijo a nadie de su viaje pues sabía que no le permitirían realizarlo. No había ninguna ley que prohibiera visitar a la bruja del mar o pedirle ayuda, al menos no una regla escrita.

—¿Quién está en mis dominios?

Jackie tembló al escuchar esa voz. Era grave, profunda y delataba un profundo enojo. Pensó en irse hasta que recordó el motivo por el que se encontraba en ese lugar.

—No me iré hasta que me ayude.

La bruja del mar no resultó ser lo que había imaginado. No era gigantesca o de apariencia monstruosa, tampoco era una sirena ni tenía tentáculos. Lo único especialmente llamativo en ella eran sus brazos los cuales tenían un color morado oscuro, tan oscuro que podría pasar por negro.

—¿Por qué debería ayudarte? —En esa ocasión la bruja del mar no parecía tan aterradora.

Jackie comenzó a contarle su historia. Se aseguró de no omitir ningún detalle, le habló sobre su deseo de explorar el mundo más allá del mar, de tener un alma y lo mucho que le preocupaba no tener ninguna noticia sobre Marco.

—Estoy dispuesta a escuchar el precio que tenga mi deseo.

—¿Estás segura? Porque de hacerlo tendrás que pasar por mucho sufrimiento. El proceso de metamorfosis será doloroso y cada vez que des un paso sentirás como si te estuvieras parando en un cuchillo ardiendo.

—Sí, estoy segura.

Eclipsa se demoró en responder. Fueron unos minutos, pero a Jackie le parecieron eternos e incluso llegó a dudar que quisiera ayudarla. Trató de pensar en algo que pudiera ofrecerle sin saber qué podría darle. Pensó en toda clase de opciones hasta que la bruja del mar le dijo que no era necesario.

—Puedo conceder tu deseo sin pedirte nada a cambio, lo único que lamento es no poder evitarte el sufrimiento que te espera si decides continuar.

Jackie no lo entendía. Estaba dispuesta a pagar cualquier precio con tal de tener unas piernas, incluso había considerado entregarle su voz, la cual había recibido muchos elogios en el pasado, pero ella no le pedía nada e incluso se lamentaba por no poder ser de más ayuda. No parecía que mintiera y tampoco se parecía en nada a lo que habían dicho de ella.

—¿Cuál fue tu crimen?

—Mi nombre es Eclipsa y mi crimen fue amar a una creatura de la superficie. Utilicé en mí el hechizo para darme piernas y fui exiliada. No he vuelto a ver a Globgor o a mi hija, pero tengo la esperanza de poder encontrarlos algún día.

Jackie notó los puntos rojos en las piernas de Eclipsa y un escalofrío la recorrió al entender el motivo de estos y del porque Eclipsa permaneció sentada en todo momento.

—Le prometo que cuando vaya a la superficie, buscaré por ellos.

Eclipsa sonrió con amargura.

La metamorfosis fue tan dolorosa como Eclipsa le había asegurado que sentía. Jackie sintió como si su aleta estuviera siendo desgarrada y en el fondo sabía que eso no era del todo alejado a la realidad. Quiso gritar, pero de su garganta no salió ningún sonido, era como si se hubiera quedado sin voz.

Jackie salió de las profundidades del mar. Tuvo que darse prisa pues sentía que se estaba ahogando. No sabía si influía en algo que Marco la amara a pesar de que no tenía alma o si era su nuevo cuerpo el que era rechazado por el mar, nunca tuvo la oportunidad de confirmarlo. Tampoco fue consciente de su desnudez hasta que Star hizo un vestido para ella.

Encontrar a Star fue casualidad. Star y Tom se encontraban paseando por la playa cuando la vieron emerger de las profundidades del agua e inmediatamente la reconocieron como la sirena de la que Marco les habló en tantas ocasiones.

—¿Han visto a Marco?

—Salió en una aventura con su alma —fue Tom quien respondió —, volverá pronto.

A Jackie le alegró saber que Marco estaba bien. Sabiendo que no podía regresar al mar decidió buscar un lugar en el que pudiera quedarse. Quería sorprender a Marco cuando regresara.

—Puedes quedarte en mi casa —se ofreció Star.

Jackie nunca llegó a considerar que Marco se hubiera olvidado de ella, incluso después de que hubieran pasado años desde la última vez que lo vio. Comenzó a explorar el mundo de la superficie, pudiendo ver más allá de lo que podía ver siendo una sirena y teniendo a dos buenos amigos que la ayudaban a entender lo que era desconocido. Lo único que la detenía era el dolor que la acompañaba cada paso que daba.

Pero sí llegó a extrañar la vida bajo el mar. Sentía nostalgia al pensar en sus hermanas, en las largas horas que pasaban conversando o en las aburridas lecciones de su abuela. El mundo que estaba explorando le parecía fantástico, no lo podía negar, mas no era suficiente para hacerla olvidar toda una vida en el mar.

Estaba tan absorta oliendo unas flores que no notó que se había separado de Star y de Tom o de la persona que llevaba todo el rato observándola. De haberlo hecho habría notado que ese hombre lucía alterado y que llevaba un arma oculta bajo el brazo.

—Deme todo lo que tenga.

Jackie negó. No entendía por qué le exigía algo así y lo único que llevaba consigo eran las flores que había recogido durante el camino, algo que no deseaba entregar. Como respuesta obtuvo una puñalada en el abdomen, un dolor que sentía cada vez que intentaba caminar.

Star y Tom trataron de ayudarla, pero no había nada que hacer por ella. La vida se le había escapado a través de esa herida.


Marco y su alma volvieron a ser una sola después de que el pescador llegara a un templo que parecía abandonado. Los monjes que vivían en este lo aceptaron como una más de ellos y accedieron a enseñarle todo lo que sabía con la condición de que les ayudara a reparar el lugar en el que vivían.

Fueron años en los que se dedicó enteramente al entrenamiento y a los trabajos en el templo. Fortaleció su alma con las palabras de los monjes y su cuerpo con las largas jornadas de trabajo y entrenamiento a los que era sometido durante gran parte del día. Cuando se despidió se sintió listo para atrapar a Heckapoo y dedicó otros años a su búsqueda. Cada vez que cruzaba un portal iba perdiendo un recuerdo de la vida que tuvo antes de emprender esa aventura con su alma, pero era algo de lo que no era consciente y que su alma no le dejó saber.

Las técnicas de camuflaje le fueron de gran utilidad para esquivar a la guardiana de las tijeras. Era rápido, pero no hubiera podido acercarse a ella de no ser por el factor sorpresa.

El día en que Marco sopló la última llama fue poco después de que se cumplieran treinta años de haber dejado su hogar y a Jackie.

—Te las has ganado —le dijo la guardiana de las tijeras mientras le entregaba su premio —, pero eso no es lo único que has obtenido, también puedes quedarte aquí todo el tiempo que desees.

—Quizás después, ahora hay alguien que espera mi regreso.

Marco sabía que había estado varios años lejos de su amada, su cuerpo que había cambiado era una clara señal de eso, pero no era consciente de cuantos años habían pasado y menos de que habían pasado décadas desde la última vez que estuvo en el mar, charlando con la sirena a la que amó con todo su ser.

Cuando vio a una pequeña niña de cabellos rosados lo primero que pensó fue que Star había teñido sus cabellos o que había hecho un hechizo mal que la había hecho rejuvenecer. Quiso saludarla, pero todo lo que logró fue asustarla y hacerla salir corriendo.

"Qué extraño", pensó. No le dio importancia, su prioridad era encontrar a Jackie. Con cada paso que daba en dirección al lugar en que la vio por primera vez podía sentir como las ansias por el reencuentro se hacían más grandes.

No encontró a nadie. La llamó a gritos, pero nadie acudió a su encuentro. Pensó en acudir a su lado, idea que descartó al recordar que tenía su alma de vuelta. Fue con Tom esperando que pudiera ayudarlo de nuevo, encontrándose de nuevo con la niña que había huido al verlo acompañada de una adulta que le resultó demasiado conocida.

—¿Marco? —preguntó la mujer mayor y fue en ese momento que el pescador la reconoció.

—¿Star?

—Tienes suerte de ser tú, estaba por golpearte por asustar a mi hija.

Un segundo vistazo a la pequeña bastó para que Marco descubriera la identidad del padre. La mayoría de sus facciones eran similares a las de Star, pero allí estaban varios rasgos que le recordaron a Tom, incluyendo unos cuernos que apenas sobresalían de sus cabellos rosados.

—Creí que eras tú —Marco intentó disculparse, pero no lo hizo al estar desesperado por respuestas —. ¿Qué sabes de Jackie?

—Ella vino a la superficie a buscarte hace años, no sé cómo consiguió unas piernas o un alma, pero lo hizo y le dije que volverías en un tiempo.

—¿Dónde está?

Pese a lo mucho que Marco necesitaba conocer esa respuesta, la expresión de Star le hizo sentir que había cometido un error al hacer esa pregunta. La respuesta que obtuvo confirmó sus más grandes temores.

—¿A dónde vas? —fueron las últimas palabras de Marco.

—Al mar —respondió, odiándose por haberse ido años atrás —, al lugar en donde la vi por primera vez.