Descendientes © Disney

Punishments and Regrets


Después de mirar un rato a Ben a los ojos, Audrey no pudo soportarlo más y apartó la mirada de la de él con vergüenza, sin poder evitar soltar un nuevo sollozo mientras bajaba la cabeza aún cubierta con manchas de pintura.

–¿Q-Qué ha pasado? –se atrevió a preguntar el joven rey tomado por sorpresa de aquella situación.

–¡¿Que qué ha pasado?! –reclamó furiosa Leah hacia el hijo del antiguo rey–. ¡Que mi nieta ha sido atacada es lo que pasa! ¡Desde que despertó ha sido víctima de malos tratos, miradas de desprecio, cuchicheos y ahora esto! ¡Lanzándole pintura y gritándole Queen of Mean!

Ben ya se lo temía. Después de todo lo que Audrey le había hecho al Reino era de esperar que los demás no lo olvidaran así de fácil. Ya le parecía cruel el hecho de ignorarla y aislarla, pero esto era sobrepasarse demasiado y demostraba un fuerte resentimiento que aún perduraba entre los de su pueblo.

–¿Se...Se sabe quién fue?

–¡Quién sabe! Ahora que la barrera ha desaparecido puede que hasta esos mismos chicos de la Isla estén involucrados, o peor aún sean los responsables de lo que pasó!

–¡Eso no lo sabemos, madre, y es terrible que juzgues a esos niños sin tener pruebas! –alzó la voz Aurora, molesta–. Además tú sabes que tras todo lo que Audrey provocó cualquiera que se haya visto afectado pudo tomar acciones en su contra.

Se produjo un silencio en el que nuevamente se vio cómo Audrey ya no sólo sollozaba sino que además temblaba desde su sitio, completamente mortificada por la discusión suscitada entre su madre y su abuela.

–Está bien. Vamos a calmarnos –dijo de pronto el antiguo rey, mirándolos muy serio a todos, en especial a su hijo–. Ben, los padres de Audrey son de nuestros amigos más íntimos y queridos, por eso te pido que encuentres una solución a esta situación.

–Claro... Lo sé. Por eso puedes contar con que haré lo necesario para que esto no se repita.

–Eso espero –masculló Leah, desdeñosa mientras se cruzaba de brazos–. Con la barrera rota quién sabe que clase de peligros y amenazas nos deparen.

–¡Mamá, basta ya! –se impuso Aurora–. Ben y Mal ya tomaron la decisión de unir ambos pueblos. Así que te guste o no tendrás que aceptar las cosas. Y no se te olvide que gracias a esos chicos Audrey está sana y salva.

–Y que no se te olvide que de no ser por el cetro de Maléfica y la repentina aventura de Ben con su hija nada de esto habría pasado.

–¡Por favor, mamá, abuela, ya no discutan! –exclamó de pronto Audrey, devastada ante tanta riña ocasionada por su causa–. Fue mi culpa. Sentí tanta rabia y frustración que sólo buscaba lastimar a los demás, no sólo a Ben y a Mal –confesó amargamente, volviendo a bajar la cabeza, apenada– Yo acepté tomar el poder del cetro y usarlo para mi venganza… Merezco todo esto.

Las lágrimas no tardaron en cubrir el rostro de Audrey siendo acompañadas por sus palabras llenas de amargura.

Aurora y Philip la rodearon entre sus brazos para ofrecerle consuelo mientras su madre le susurraba No digas eso, hija mía.

Ben, por su parte, no encontraba qué palabras decirle a su exnovia sobre todo el asunto. Sentía mucha pena y culpa también. Quizás de haber actuado de otra forma nada de esto estaría pasando. Pero ya era tarde para lamentarse. Ahora lo único que quería era construir un futuro nuevo y mejor, dejando todo el pasado atrás. Claro que al parecer el resto de auradianos no pensaba lo mismo.

–¿Ya tienen algún plan en mente? –preguntó delicadamente Belle queriendo romper aquel ambiente tan deprimente-

–Pensábamos en llevarla fuera del Reino por algún tiempo. Quizás a China o Agrabah –respondió afligido Philip–. Pero el último semestre está por terminar y no queremos que Audrey pierda la oportunidad de graduarse con el resto de sus compañeros.

–Entiendo –tomó la palabra Adam mostrándose compasivo con la pareja en cuestión. Al momento, puso ambas manos sobre los hombros de su hijo para volver a dirigirse al resto–. Pero no se preocupen, Ben se encargará que Audrey no siga siendo acosada hasta entonces, ¿no es así?

–Claro… –musitó el susodicho sintiéndose algo cohibido ante las miradas suplicantes de sus padres y los de Audrey. No era su intención faltar a su palabra. Por supuesto que haría lo necesario para evitar más sufrimiento en su amiga, ya que pese a todo, aún tenía mucha estima por ella y no consideraba justo que pagara de esa forma sus crímenes.

El joven rey de Auradon dirigió una última mirada a Audrey, la cual no correspondió y evitó hacer contacto directo ya que ella sólo quería dar por terminada aquella bochornosa reunión.


Cuando por fin Ben volvió al palacio Mal ya se encontraba sentada en su oficina revisando unos papeles. Tan pronto lo vio, ella se puso de pie y fue a recibirlo con un gran abrazo efusivo.

–¡Ben, me tenías preocupada! –expresó la chica dragón mirándolo fijamente–. No contestabas mis mensajes y no sabía si llegarías tarde.

–Lo siento, pero necesitábamos privacidad para discutir algo muy serio que pasó.

–¿De qué se trata? –preguntó Mal ahora más preocupada.

El joven rey lanzó un suspiro de agobio antes de atreverse a contestar.

–Es Audrey… Ha sido atacada repetidas veces desde que despertó, en la escuela, en la calle, donde sea que la vean… Debido a… Ya sabes…

Mal se lo imaginaba. Al igual que Ben se mantuvo en silencio sin saber qué decir al respecto. Sin duda lo que había hecho Audrey merecía un castigo así como muchos de sus padres habían tenido que hacer. Claro que injustamente sus hijos hayan tenido que cargar con sus pecados también.

–De verdad lamento escuchar eso –sólo pudo decir con pesar la hija de Hades y Maléfica–. Pero no podemos permitirlo, el tratar de devolverle el daño no arreglará las cosas.

–Yo también pienso lo mismo –afirmó Ben, apesadumbrado–. Pero por lo visto el resto de auradianos no piensa igual.

–¿Entonces… Crees que quienes la atacaron fueron los mismos chicos del Reino?

–Pues… No tiene sentido que los chicos de la Isla hayan tomado represalias contra ella ya que sólo se concentró en atacar al Reino.

Aquello tenía sentido. Si bien Audrey, con el poder del cetro, pudo haber tomado control sobre la Isla también, ella no lo hizo. Podía ser que al sentirse identificada con ellos no quiso hacerles daño, o simplemente que al intentar hacer un ataque en su contra éstos podrían liberarse y representar una seria amenaza para ella.

–Es cierto… La mayoría pensaría que la culpa ería de la de los malvados chicos de la Isla y sus malévolos padres –comentó con sarcasmo y de cierto mal humor la chica de cabello azul y púrpura, cruzándose de brazos y mirando hacia otro lado. De seguro más de alguien es esa junta habría apuntado aquella posibilidad.

Ben, al percatarse de lo afectada que se sentía su prometida de sólo pensar que los chicos de la Isla siempre serían objetos de sospecha ante cualquier incidente que pasara en el Reino, se acercó cariñosamente por detrás de ella para estrecharla por su cintura.

–Sé lo que estás pensando, pero no te preocupes. No dejaré que nadie atente contra esos niños ahora que las cosas marchan tan bien.

Mal no pudo evitar sino sonreír llena de ternura, de modo que se volvió hacia su prometido y le dio un apasionado beso en los labios para mostrarle todo su agradecimiento.

–Sé que lo harás… Ambos lo haremos –afirmó ella, conmovida al tiempo que tomaba sus manos.

–Y por cierto… ¿Cómo te fue con la princesa Eliana?

–Bastante bien, creo. Aunque la verdad la chica parece tener serios problemas para llenar las expectativas de su madre –respondió la futura reina de Auradon, pensando en los acontecimientos de aquella tarde–. No puedo decir que no siento algo de lástima por ella, porque ya sabes… Soy un ejemplo andante de problemas de mami y problemas de papi.

Ben sonrió y volvió a abrazarla con ternura. Le encantaba que pese a todo lo que Mal había sufrido ella fuera capaz de tomarse las cosas con humor a diferencia de lo que muchos podrían decir.

–Pero es una buena chica –acotó Mal–. Tiene un buen corazón, algo frágil e indecisa quizás, pero parece buena a fin de cuentas. No te imaginas lo mal que se sintió después que te fuíste.

–Espero que no demasiado. Siempre agradezco una opinión sincera aunque duela.

–Lo sé. Opino lo mismo –dijo Mal para luego volver a poner su atención en los papeles que había estado revisando–. Pero es cierto que no será así de fácil que héroes y villanos se integren en un futuro pronto. Esto tomará tiempo y mucho esfuerzo. Por eso he estado viendo los próximos eventos aquí en Auradon y ver si los de la Isla pueden integrárseles.

–Claro… Es una buena idea –dijo Ben maravillado ante la idea–. Pero no habrá actividades o eventos importantes sino hasta después de graduarnos, lo cual es sino en tres meses.

–Exacto, pero después de la graduación tenemos un enorme y majestuoso evento que puede ser la clave para el comienzo de la integración de ambos lados.

Ben intentó hacer memoria de lo que hablaba su prometida. No le costó mucho, pues ese era el año en que el máximo evento deportivo de Auradon y de los demás Reinos se llevaba a cabo.

–No dirás acaso…

–Exacto… Los juegos Olímpicos de los Cinco Reinos.


Lamento la tardanza. Mi PC no funciona bien y tuve que rescribir muchas veces este capítulo ;_; Espero les gustara y agradezco su tiempo en leer, comentar o poner en favoritos. Ojala puedan expresar sus opiniones, sugerencias u teorías para hacerlo más entretenido :D Siempre estoy abierta a opiniones que ayuden a continuar la historia con más fluidez.

Sí, se vendrá un gran evento y por supuesto nuestro dios griego favorito y Mal tendrán un gran papel y responsabilidad que tomar, pero también habrá peligro… jejeje

Muchas gracias a sailor-v y KandraK. Ojala más gente se sume para hacer la trama más dinámica :D