Descendientes © Disney

Hades's favor


Ben había quedado impresionado con la idea de Mal. Sin embargo, tras varios segundos de procesar dicha idea, se dio cuenta que aquello presentaba más de un problema.

–Mal, en verdad admiro tu entusiasmo y determinación… –se acercó el joven rey a decirle cuidadosamente a la vez que su rostro figuraba una expresión de frustración–. Pero me temo que eso no será posible.

–¿Por qué no? Ya hicimos lo imposible entre Auradon y la Isla –remarcó ella, sintiéndose ligeramente abatida de las palabras de su prometido–. Este reto no debería ser mayor problema.

–No es tan sencillo con esto. Verás… el tema de los Juegos Olímpicos es un evento de suma importancia que debe de determinar el comité del Olimpo –explicó Ben manteniendo ambas manos sobre los hombros de la chica de cabello azul y púrpura mientras la miraba fijamente a los ojos–. Y el reino del Olimpo, aunque buenas personas, son de mentes más conservadoras y estrechas. Por eso, durante todo este tiempo, no he querido llevarte ante ellos porque… Bueno… No quería exponerte a otro desagradable episodio como pasó con la reina Leah.

Mal suspiró y apartó la mirada de su prometido por un instante. Ahora tenía sentido sobre porqué nunca insistió en llevarla fuera del Reino, a excepción de China y de Agrabah, para darla a conocer.

–Bueno… Aunque me hubieras invitado es seguro que aquella vez me hubiera rehusado –comentó la chica dragón cruzándose de brazos.

Ben se quedó un rato mirándola, reflexionando al respecto. Pues, ahora comprendía que desde siempre, Mal estuvo expuesta a sufrir un sinfín de juicios y recriminaciones una vez estuviera fuera de la Isla. Ya no era sólo por el lado de su madre (como si no fuera lo suficientemente malo) sino que además, por el lado de su padre había una larga lista de dioses griegos a los que éste había enfurecido.

–Por cierto, independiente a lo que pase con los Juegos… –El joven rey hizo una larga pausa antes de atreverse a hablar de nuevo y moverse en dirección a su futura reina–. ¿No has pensado en que ahora podrías… comunicarte con ellos?

Mal se giró a mirar bruscamente a su prometido luego de quedar paralizada ante lo que acababa de oír.

–¿Qué? ¡Ben, debes estar bromeando! –exclamó ella, molesta–. ¡¿Acaso tienes idea de lo que mi padre les hizo?! ¡De ningún modo querrán tener algo que ver conmigo!

–Lo sé, pero ahora veo las cosas de un modo distinto –se explicó cautelosamente él–. Pese a lo que tu padre les haya hecho ellos también son tu familia. Digo… el máximo representante del Olimpo es tu tío ¿No es así?

Mal se quedó pensativa un rato, pero su cara reflejaba cierta molestia e indecisión con el tema. No obstante, ahora que lo pensaba, podía ser que sus recién desvelados genes paternos fueran tomados en cuenta para lo que pretendía llevar a cabo.

–Supongo que podría intentarlo –dijo sin muchos ánimos al tiempo que se encogía de hombros–. Pero si ese es el caso trataré de convencerlos de incluir a los chicos de la Isla en los Juegos.

Ben soltó una leve risita ante cuan obstinada podía ser su prometida cuando se trataba de resguardar el bienestar de su hogar de origen.

–De acuerdo, pero no presiones mucho las cosas, ¿sí? –le dijo Ben de nuevo tomándola de los hombros–. Recuerda que primero tienes que ver cómo está todo con ellos antes de pedirles cualquier favor.

–Gracias, lo tendré en cuenta –agradeció ella, esbozando una sonrisa ya más tranquila–. Aunque para poner las cosas en su lugar primero deberé hablar con papá. Es él quien debe responder por lo que hizo por el bien de la familia.

A Ben no le resultaba muy probable que Hades fuera a ponerse en contacto con los demás dioses en un futuro cercano.

–No quiero sonar pesimista, pero… ¿En serio crees que tu padre vaya a hablar en buenos términos con sus demás hermanos?

–¿Por qué no? Papá está intentando cambiar –rebatió Mal con cierta molestia–. Si me cedió su brasa es porque en verdad ha tratado de hacer lo mejor para mí y el resto.

–Está bien. No quise dudar de tu juicio –se disculpó Ben, apenado–. Pero es mejor que veas este asunto con él primero, ya que él más que nadie sabrá a lo que vas a enfrentarte.

–Relájate, yo me haré cargo. Y papá estarás más que dispuesto a hacer las paces con los demás dioses si yo se lo pido –determinó ella, convencida.


–Olvídalo –fue la tajante respuesta del dios del Inframundo tras escuchar lo que su hija había tenido que decirle.

–¡Oh, vamos! –insistió Mal, resoplando frustrada–. De verdad necesito este favor de tu parte. Por el bien de los chicos de la Isla.

–Oh, Malie, está bien que busques las regalías de tu padre pero tampoco abuses –dijo Hades, recostándose en el sillón en que estaba sentado–. Créelo o no tengo mis límites, incluso si se trata de ti.

–No lo entiendo… Todo este tiempo pensé que sólo deseabas volver a tu antigua gloria como dios del Inframundo –expresó confusa la chica dragón ante la actitud de su padre–. Pero ahora que eres libre no haces nada por intentarlo.

–No necesitas entenderlo, Mal –le espetó Hades, molesto de todo el tema–. Cualquiera que hubiera tenido un rango como el mío para al final terminar como un mero prisionero sin poder, pudriéndose en una isla de mala muerte hubiera estado desesperado por volver a lo que tenía.

–¡Entonces…! –se le acercó la chica de cabello azul y púrpura, arrodillándose a su lado para poder mirarlo de frente con ojos suplicantes–. Si es así con mayor razón deberías tratar de ponerte en contacto con los del Olimpo. Sólo de esa forma tendrás la oportunidad de recuperar tu puesto.

Se produjo un silencio en el que padre e hija se quedaron mirando fijamente. Ambos permanecían serios hasta que Hades soltó una carcajada como si le hubieran contado un buen chiste.

–Oh, Mali, Mali, Mali… –repetía Hades mientras negaba con la cabeza, decepcionado–. ¿Vas a pretender que ahora te importa cómo se siente tu viejo? Me gustaba cuando eras más directa y honesta.

–Bien… Entonces sabes que esto es casi tan importante para mí como la vez que me prestaste tu brasa –sentenció Mal, poniéndose de pie y denotando dureza en su voz–. No tienes que convencer a los dioses de aceptarte de nuevo, pero al menos podrías disculparte e interceder por los chicos de la Isla.

–¡Argh! ¡Te dije que lo olvidaras, Mal! –dijo Hades, enderezándose al tiempo que perdía la paciencia–. ¡Mis buenas acciones terminaron por este año cediéndote mi brasa y despertando a esa princesa malcriada! Ya no me pidas más, ¿está bien?

Con desilusión, Mal se quedó mirando a su padre sin saber que más hacer o decir para convencerlo. Todas sus expectativas se habían venido abajo como una cubeta de ladrillos.

–¿No hay nada que pueda hacer para convencerte, cierto?

–Exacto. Ahora si me disculpas tengo hora en el sauna –comentó él mientras arreglaba el cuello de su chaqueta, mostrándose más pasivo e indiferente.

Aquella actitud de su padre fue la gota que derramó el vaso para Mal. Si bien no esperaba que todo marchara de mil maravillas, tampoco se esperaba tal desprecio ante su propuesta.

El punto de ebullición fue cuando Mal vio cómo Hades se dirigía de lo más campante a la salida del cuarto para seguir gozando de los lujos y placeres que le brindaba Auradon gracias a ella.

–¡Bien, de acuerdo, haz lo que quieras! –gritó Mal enfurecida y procedió a apuntarlo y a regañarlo con su dedo–. ¡Pero con o sin ti iré al Olimpo para hablar por el bien de esos niños! ¡Y no me importa si debo echar abajo la puerta con tal de que me escuchen! ¡De algún modo me haré oír!

Ante eso, Hades volteó y miró fijamente a su hija, desapareciendo esa sonrisa burlesca y despreocupada de su cara para dar paso a una de cierta incomodidad.

–Oh, Mali, por favor… No sabes lo que dices ni con quienes estás tratando.

–Puede que no… Pero ahora que soy la futura reina supongo que algo podré hacer –sentenció Mal, sin aflojar–. Y si todavía crees que has enmendado todo lo que no hiciste por mí durante tantos años pues te equivocas. Que no se te olvide que mi principal prioridad es lograr la unidad de Auradon y la Isla. Y no descansaré hasta conseguirlo.

Hades y Mal volvieron a quedarse quietos, mirándose fijamente durante un largo rato. Era como si por fin, pese a toda su aversión al tema, el dios del Inframundo había llegado a una complicada decisión.

–De acuerdo, tú ganas –dijo él finalmente, levantando sus brazos en pos de rendición.

–¿En serio?

–Sí. Es una locura que vayas tú sola a meterte con quienes no conoces ni sabes de lo que son capaces de hacer en tu presencia –comentó tratando de pasar como un socarrón, aunque claramente había preocupación en sus palabras–. Pero quiero que escuches bien. Voy a acompañarte, a disculparme y lo que gustes con una sola condición.

La mirada y tono del dios del Inframundo habían cambiado súbitamente tras pronunciar esto último, lo que indicaba que iba en serio. Mal pensó que cualquiera fuera su condición valdría la pena si así lograba ganarse el favor del Olimpo.

–¿Cuál? –preguntó ella con cautela.

–Quiero que primero me lleves con tu madre.


Ya está ¿Qué tal? ¿Se esperaban esta condición? xD Ese Hades qué planes tendrá en mente… si entienden lo que quiero decir, hummmm… Jejeje, en fin, espero les gustara el capítulo y sus avances. En el siguiente, ¿podría ser una bonita reunión familiar? Hagan sus apuestas :D

Gracias a todos quienes leen, comentan o ponen en alerta esta historia. En especial gracias a KandraK y sailor-v por sus reviews. Sailor-v: Lo de Audrey está lejos de acabar, lo siento u.u pero ahora hay temas más importantes que tratar como se verá más adelante. La chica podría aprovechar de enmendarse, quién sabe :P

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