Descendientes © Disney

Where's mom?


La sorpresiva condición de Hades tomó por completo desprevenida a Mal, quien jamás imaginó semejantes palabras en boca de su padre después de todo lo ocurrido.

Habría esperado cualquier cosa de su parte; su brasa de vuelta, su perro Cerberus, liberar a los Titanes o la cabeza de Hércules en una bandeja, pero jamás volver a ver a Maléfica. Aquello sin duda era muy sospechoso.

–¿Es una broma? –preguntó ella, incrédula.

–Nooo ¿Tendría que serlo? –preguntó su padre de lo más casual–. Ya sé que parece una locura, pero si en verdad estás tan decidida a seguir adelante con esto no tendrás problema en llevarme con ella.

–¿Tú crees? –le espetó Mal, ahora molesta mientras daba vueltas alrededor de la habitación–. ¿Piensas ponerme a prueba precisamente con la villana que tanto dices odiar y que resulta que es tu ex esposa solo para acompañarme al Olimpo

–Oye, no te pongas así, Malie. Ya sabes cómo es esto –se explicó mordazmente el dios del Inframundo señalándose a sí mismo–. Yo hago tratos. A eso me dedico. Tú pones algo de tu parte y yo de la mía, ¿qué me dices?

La chica de cabello azul y púrpura volteó a mirar detenidamente a su padre para luego volver a apuntarlo con su dedo en actitud acusatoria.

–NO. Me duele decir esto, pero en lo que respecta a mamá no me fío ni un pelo de ti –declaró Mal de manera firme–. Por mucho que desee esto por el bien de Auradon y de esos niños no voy a poner en riesgo la seguridad de mi madre por mucho que lo merezca –Dicho esto hizo una pausa, mirando a su padre con más calma pero con tristeza y decepción– Veo que no has cambiado demasiado. Nunca debí pedirte nada.

Desilusionada, la futura reina de Auradon se dirigió a la salida del cuarto sin voltear a mirar a su padre.

–¿A qué le tienes miedo, Malie? –preguntó Hades, provocando que su hija se detuviera antes de poder cruzar la puerta–. ¿De verdad no quieres llevarme con ella por su seguridad o porque quieres evitar volver a verla?

Mal no dijo nada, solo volteó a mirar a su padre con un rostro cubierto por la vacilación y contrariedad. Pues el dios del Inframundo había dado en el clavo. Desde que dejó a su madre en la Isla de los Perdidos y asegurarse que no volviera a salir trataba de no pensar mucho en ella. Pero una parte suya se sentía horriblemente culpable. El tener a su madre como un lagarto, viviendo en condiciones deplorables mientras ella gozaba de una vida acomodada en Auradon no era algo que le gustaría admitir, especialmente frente a su padre.

–Eso… No tengo porqué explicártelo –declaró evasiva a la vez que se cruzaba de brazos.

–Ah no, porque yo creo que tu cara lo dice todo –aclaró Hades con una sonrisa de triunfo–. Puede que no te haya criado, pero te conozco demasiado bien.

–¡No! ¡No me conoces en absoluto! –negó Mal, alterada–. ¡Si lo hicieras sabrías que todo lo ocurrido con mamá me ha afectado cómo no tienes idea! ¡Y sin embargo te atreves a pedirme algo así!

–¡¿Crees que hago esto solo por lastimarte?! –alzó la voz su padre, perdiendo la paciencia al momento que se ponía en pie–. ¡No me compares con tu madre! ¡No fuiste la única a quien ella destrozó su corazón!

Un momento de tensión y silencio dio lugar entre padre e hija, mirándose fijamente después de semejante discusión. Sin darse cuenta, los ojos de ambos habían cambiado hasta tornarse de un azul y verde destellante. Aquello ocurría solo cuando estaban enojados y desprendían su poder. No obstante, al darse cuenta de algo, Mal suavizó la expresión de su mirada para volverse en uno que variaba entre el shock y la compasión.

–No mentías cuando dijiste que la amabas –señaló la chica dragón sin salir de su sorpresa–. Y sigues haciéndolo.

–¡Ay, por favor, Malie! –exclamó el dios del Inframundo, apartando la vista de su hija con una sonrisa divertida–. Está bien que desconfíes de mí, pero tampoco es para que digas semejantes disparates.

–¿Entonces por qué tanto empeño en verla de nuevo? –argumentó Mal sin dejar de mirarlo fijo–. A menos que la odies tanto como para querer aplastarla, pero no es tu caso ya que por tus palabras y actitud puede que sea otro tu propósito.

Hades dejó pasar unos segundos de absoluto silencio, pensando qué decir, pero no iba a dar en el gusto que su hija lo viera en ridículo.

–Que te quede claro que me quedaron unas cuantas cosas que decirle a tu madre después que estuviéramos casados. Y solo por eso vale la pena decírselo a la cara, aun cuando sea una lagartija –le aclaró él mirándola de muy cerca.

–Pues bien. Vayamos a verla –le desafió Mal con una sonrisa de satisfacción–. Será divertido ver su reacción cuando nos vea juntos.

–Esa es la actitud –la apremió Hades, sonriendo travieso y procediendo a tocar la punta de la nariz de Mal con su dedo–. Esa es la hija de su padre.


Tras el acuerdo final de Hades y Mal, los dos se dispusieron a ir rumbo a la Isla, al lugar donde la chica dragón dejó guardada a su madre para seguridad de todos. Mal no había querido develarle el lugar exacto de su ubicación, pero le aseguró que lo vería por sí mismo quedando como un secreto entre ambos.

En ese momento, ambos caminaban cerca de las orillas del Reino que conectaban hacia la Isla. Para ser más precisos era la misma ruta de atajo que había tomado Mal y su equipo cuando Audrey la convirtió en una anciana.

–¿Entonces no iremos en una de tus elegantes limosinas? Qué decepción –se quejó irónico Hades viendo que tendrían que cruzar a escondidas tal y como su hija y sus amigos hicieron en aquella ocasión.

–Ya te dije que de esto no puede enterarse nadie. Nisiquiera Ben –contestó Mal muy seria mientras llevaba a su lado la motoneta que él le había regalado.

–¿Guardando secretos antes de la boda? Eso no se oye muy bien para empezar su vida feliz –comentó él sarcástico.

–¡Es sólo por ahora, le contaré todo una vez regresemos al palacio! –le aclaró Mal, un tanto indignada–. ¡Y no eres el indicado para hablar de relaciones! ¿No te parece?

–Como gustes. Yo sólo decía –se defendió el susodicho en señal de rendición–. Por cierto, ¿es este trasto lo mejor que pudiste conseguir? Me decepcionas, Mal

–Oh, perdone usted, su Alteza infernal –se burló Mal en su mismo tono–. Siento no poder hacer algo de su gusto para ir a ver a la mujer que tanto odia. Quizás usted pueda hacer algo mejor.

–Podría intentar. Préstame la brasa por un momento –le pidió tranquilamente su padre a medida que estiraba su brazo en dirección a ella.

Ante la iniciativa, Mal no sabía si Hades se lo estaba pidiendo en serio o no. Pero tras varios segundos de observarlo con atención se percató que no se trataba de una de sus bromas, por lo que lo quedó viendo con cierta indecisión.

–Vamos, Malie, ¿en serio vas a dudar de mí ahora? Deja que al menos tu viejo tenga algo de diversión de vez en cuando.

Finalmente, la chica dragón pegó un suspiró de resignación y le pasó de nuevo su brasa.

–De acuerdo, sólo trata que no llame mucho la atención.

–Créeme Malie, será algo sencillo y alucinante al mismo tiempo –la molestó él con una sonrisa de misterio.

Tan pronto el dios del Inframundo tuvo entre sus dedos su brasa azul, su cabelló se iluminó al ver de nuevo su poder de vuelta y con éste convirtió la motoneta de Mal en un flamante y oscura motocicleta al más puro estilo rockero, con llantas que desprendía llamas azules en su entorno.

Mal le miró de forma recriminatoria y de fastidio, puesto que su padre no conocía el significado de la sutileza.

–¿Qué? Debiste ver mi propio carruaje que surcaba los cielos del Inframundo y el Olimpo. Ese sí era un transporte digno de un dios.

Al final Mal sonrió divertida. Eso sí, se aseguró que su padre le devolviera la brasa. Después de todo él se la había obsequiado como muestra de redención hacia ella.

Al rato Hades se subió a la motocicleta con su hija por detrás de él, agarrándose con fuerza de su cintura. Poco después echó a andar el motor cruzando a gran velocidad el mar en dirección a la isla.

–No necesito decir que te agarres fuerte, ¿cierto?

Mal volvió a sonreír y apoyó la cabeza en la espalda de su padre. A pesar de sus diferencias, la futura reina de Auradon se sentía a gusto en la compañía de su padre. No importaba que fueran a ver a su madre. Aquello ya lo verían después que llegaran a la Isla. Por ahora sólo se dejó llevar con una cálida sonrisa en sus labios.


Un capítulo corto, creo. Pero quise dedicar esto por completo a Hades y Mal. En el siguiente ya habrá noticias del resto de personajes así como una linda reunión familiar XD No tengo palabras para agradecer su apoyo a esta historia que me da tanto gusto escribir. Tengo en mente otro proyecto xover, así que me gustaría si pudieran contestar una encuesta que hay en mi profile sobre si creen pertinente avisar de antemano todas las parejas que habrá en el fic, o prefieren dejarlo como sorpresa y descubrirlo en el transcurso de la historia.

Gracias en especial a KandraK, sailor-v y a Guest por sus reviews. Cualquier cosa no olviden comentar por si tienen alguna duda o sugerencia.