Descendientes © Disney
Intense Feelings
En Auradon, Ben salía del palacio revisando los papeles que ayer por la noche le había mostrado su prometida ante la posibilidad de integrar a la Isla en los Juegos Olímpicos, cuando de pronto se topó con unas voces bastantes familiares en su camino.
–¡Ben! ¡Hola! –le saludaron Jane y Lonnie corriendo hacia él.
–Oh, hola… –les saludó el joven rey levantando la vista hacia sus compañeras.
–Oye, ¿es cierto que la hija de la reina Elsa está aquí, en Auradon? –preguntó la hija de Mulan sin poder contener la emoción en sus palabras–. Acabo de llegar y Jane me contó las noticias, pero me dijeron que ha estado contigo y Mal todo este tiempo.
–Ah… sí, es cierto –respondió el hijo de Adam con una sonrisa un tanto incómoda ante la excitación de la asiática–. Ayer le estuvimos mostrando los principales lugares del Reino y ahora seguramente debe estar descansando en el palacio.
–¿Crees que podamos tener una audiencia con ella? –preguntó esta vez la hija de la Hada Madrina, entusiasmada.
–Pues… No sé, pero le hablaré tan pronto termine de revisar estos papeles, ¿les parece?
–¡Claro, gracias Ben! ¡Tan pronto la veas dile que estamos ansiosas por conocerla! –le dijo Lonnie en un tono parecido al de un niño que no puede esperar a que sea Navidad.
Entonces, cuando las muchachas estaban a punto de retirarse, Ben recordó algo que lo hizo pensar en aquel asunto que le había encomendado su padre.
–¡Esperen, necesito pedirles algo!
Jane y Lonnie se detuvieron a su llamado y voltearon a mirarlo con algo de extrañeza.
–Yo… Yo sé que esto va a sonar un poco imprudente de mi parte –empezó él, indeciso, bajando por ratos la mirada–. Pero, ¿sería posible que volvieran a integrar a Audrey a su grupo
Las caras de espanto de Jane y Lonnie dieron a entender de inmediato que no esperaban semejante sorpresa.
–¡Ya sé que quizás es muy pronto para pedirlo, pero Audrey en serio ha estado pasándola muy mal –se apresuró a explicar Ben antes de recibir cualquier respuesta–. No es correcto hacerla pagar de esta forma porque así no arreglaremos nada, sólo aumentaremos el sufrimiento de una persona que ya está muy arrepentida.
Luego de eso un silencio incómodo dio lugar entre los tres. Se podía ver claramente cómo la hija de Mulan y la hija de la Hada Madrina querían evitar el tema.
–Bueno… Verás, Ben… –dijo finalmente Jane, tratando de sonar pasiva–. Aún no puedo olvidar todo lo que pasó. Ella… Audrey se apareció en mi fiesta de cumpleaños ocasionando todo un desastre; durmió a mis invitados y no conforme con eso convirtió a mi madre en piedra para luego proponerse a destruir Auradon.
–Eso… Eso fue porque se sentía muy sola y lastimada –la justificó Ben, afligido–. Sin darnos cuenta la hicimos a un lado y eso la llevó a tomar las decisiones equivocadas.
–¡¿Y eso es excusa para todo lo que hizo?! –reclamó indignada Lonnie–. ¡No, Ben! Tú sabes que ella por propia decisión decidió alejarse debido a la envidia que le tenía a Mal, siendo desagradable con todos a quienes nos simpatizaba.
–Créeme, estoy consciente de eso, pero antes que todo ella era nuestra amiga y compañera –trató de hacerlas razonar el joven rey–. ¿No podríamos simplemente darle otra oportunidad y volver a empezar?
–Lo siento, Ben… Pero como dijiste, es demasiado pronto como para siquiera pensarlo –respondió Jane muy seria incluso mostrando atisbos de rencor en su voz–. Y a decir verdad no estoy segura si alguna vez podré dejar todo atrás.
Dicho esto, Jane y Lonnie mirando de mala manera a su rey. Con tan sólo unas palabras Ben había logrado cambiar todo el buen humor que hasta entonces tenían sus amigas.
–¡Chicas, por favor! –solo alcanzó a decir Ben sin poder evitar que las muchachas se alejaran de su vista.
Así fue cómo Ben quedó solo y angustiado en el lugar, sin saber cómo podría ayudar a Audrey.
Mientras tanto, en la Isla, Hades y Mal ya habían llegado a ésta y caminaban por el centro en dirección al escondite de Maléfica.
Los alrededores parecían desolados. No era de extrañar. La población de la Isla había disminuido considerablemente desde que la mayoría de niños había decidido mudarse a Auradon con alguno de sus padres. Claro que de momento sólo se trataba de una residencia temporal, puesto que todavía tenían que cumplir con los requisitos y permisos necesarios en vista que el espacio en el Reino no era ilimitado como hubieran soñado.
–¿Queda mucho por llegar, Malie o sólo estamos dando vueltas para hacerme cambiar de parecer?
–Dije que te llevaría, ¿no? Nunca imaginé que estarías tan ansioso por volver a ver a mamá.
Hades refunfuñó. Maldijo el momento en que se le soltó aquella confesión tan vergonzosa. Nisiquiera él sabía bien porqué terminó por decir semejante barbaridad. Después de todo lo que había pasado con Maléfica, de cuánto lo usó y lo humilló, no podía ser que todavía siguiera sintiendo algo que no fuera más que repulsión por ella, ¿o sí?
Tan enfrascado estaba en aquellos pensamientos que casi no notó cuando su hija se detuvo en un callejón, y por medio de una pequeña piedra que tiró a una señal que indicaba peligro con las rocas, se desembocaron unas escaleras que conducían a unos departamentos allí arriba.
–¿Vas a quedarte ahí o vas a subir? –le preguntó su hija viéndose divertida ante su momentánea distracción.
–¿Y esto? ¿Algún elegante sitio que tu madre dispuso para formarte como su fiel sucesora? –preguntó con sorna el dios del Inframundo pretendiendo así desviar la atención.
–Ja,ja, qué gracioso –dijo ella con una expresión de fastidio, haciéndole un gesto con la cabeza para que se apresuraran a subir–. Vamos.
Una vez llegaron al último piso, padre e hija entraron al departamento en el cual Mal se refugió después de escapar de la presión de lo que significaba ser novia del rey de Auradon y antes que se desatara toda esa pelea contra Uma. Todo lucía tal cual desde esa vez y Hades no pudo evitar sorprenderse y a la vez maravillarse en vista que sí parecía un lugar bastante elegante para los estándares de la Isla.
–Buen gusto para el decorado, Malie –la elogió él con una sonrisa divertida–. Sin duda es una cualidad que sacaste de mí.
–Qué bueno que te guste. Por cierto… ¿No olvidas algo? –le siguió el juego la chica de cabello morado y azul dirigiéndose hacia unas cortinas, donde al correrlas, dejó ver una jaula de mediano tamaño en la que se encontraba una lagartija con tonalidades verdes y púrpuras.
A principio Hades no supo cómo reaccionar. Había visto las noticias y sabido por todos los medios, pero jamás creyó verlo en persona.
–La Gran Dueña del mal… El terror de todos los villanos –susurró el dios del Inframundo casi sin podérselo creer. Entonces se acercó a ella para poder observarla mejor, pero cuando lo hizo no pudo evitar soltar una risa que se volvió incontrolable luego.
–¡Muy bien, ya fue suficiente! –le dijo Mal, poniéndose de mal humor–. ¡Si tienes algo que decirle, díselo ya y acabemos con esto!
–Aw, qué mala eres, Malie. Déjame disfrutar esto –alegó su padre sin dejar de reír–. No tienes idea de cómo soñé con una oportunidad como ésta.
Mal se cruzó de brazos, mirándolo con impaciencia. Hades por su lado sólo se enfocó en agacharse hasta quedar a la altura de la jaula y así mirar lo más cerca posible a su ex esposa.
–¿Dónde están tus mastodontes ahora? ¿O tu molesto pajarraco Diablo? Ya no hay nadie que te cuide las espaldas, ¿eh? "gran Dueña del mal"
A pesar que sus palabras estaban cargadas de burla y resentimiento, una parte suya parecía vacilar. Era como si una extraña mezcla de sentimientos encontrados dieran lugar a una batalla en su interior para salir en forma de emociones.
–Tú misma te buscaste esto –finalmente le dijo con una abrumante seriedad–. Tomaste todo de mí y creíste que podías salirte con la tuya, ¿no Pero ahora tienes exactamente lo que te mereces, "querida"
Mal miró a su padre con cierta compasión. Sin duda había muchas cosas que ella desconocía sobre la historia de sus padres. Cosas que quería saber tal y como se lo dijo la mañana de ayer antes de ir a recibir a la princesa Eliana. Pero en el fondo, Mal sabía que no era un asunto fácil de tocar a profundidad, más ahora que veía a su padre expresarse de esa forma.
–¿Ya te descargaste lo suficiente? –finalmente preguntó la futura reina de Auradon en un tono cansado.
Hades no respondió de inmediato. Dejó pasar unos segundos antes de ponerse de pie y volverse hacia su hija en su acostumbrada actitud.
–Supongo que eso será todo por hoy –expresó él en su característico tono jocoso mientras arreglaba sus vestimentas–. ¿Ahora es tu turno de cantarles sus verdades?
–No… –suspiró ella sin quitarse ese tono cansado y de abatimiento en su expresión y voz–. Sólo quiero regresar a Auradon y… y que me acompañes cuanto antes al Olimpo para así poder hacer algo que ayude a los chicos de la Isla y… olvidar de una vez por todas que estuve aquí.
Terminado de decir eso, Mal se apresuró a salir ya que no podía soportar las emociones que la embargaban, haciendo que su padre cambiara de expresión por una preocupada.
Su hija estaba en lo correcto cuando le dijo que ver a su madre no era una experiencia agradable. Ahora se sentía culpable.
Al instante, se preparó para salir también, pero antes echó una última y larga mirada a su ex esposa lagartija hasta que finalmente salió tras Mal.
Para los que se preguntaban dónde estaba Maléfica xD Bueno, yo supongo que es donde se escondió Mal ya que no se arriesgaría a dejarla libre tanto por su seguridad como la de otros. La historia de Hades y Maléfica tengo pensada ponerla en algún momento(las frases del dios dejan mucho en qué pensar) pero por ahora hay otras cosas en que enfocarse, como la ida al Olimpo, ya que a partir de ahí es cuando verdaderamente partirá esta historia :3
Agradezco sus gentiles comentarios, sobretodo a KandraK y sailor-v que han apoyado desde el comienzo. Me gustaría que más se unieran y que dieran sus opiniones y/o sugerencias, ya que de eso se nutre un fic y las ganas de actualizar para un autor.
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