Descendientes © Disney
8: Not Happy
El estar ante la presencia de un dios provocaba un sinfín de diversas emociones (dependiendo de quien fuera), pero sin duda las que más destacaban eran las de asombro y admiración.
Y es que Mal, a pesar de tener a un dios por padre, y Ben, al tener la oportunidad de cuando era niño estar ante la presencia de un par de ellos, no eran ajenos a sentirse como la mayoría de los mortales.
—Ok. Esto se está poniendo incómodo —declaró Hermes al ver el mutismo de los futuros monarcas al presentarse frente a ellos—. ¿Van a estar así un rato o solo yo voy a hablar?
—¡Oh, perdone usted! —se apresuró a decir el hijo de Adam, reaccionando avergonzado al momento que hacía una reverencia—. E-Es un gran honor tenerlo ante nosotros, dios Hermes… aunque bastante inesperado.
—Sí, bueno, ya me conocen… o me parece que no. Pero no soy de los que concretan citas o esperan invitaciones —se jactó mientras movía con orgullo sus gafas y se acomodaba un poco su casco—. Y tampoco soy de los que les gusta divagar así que iré al grano —sentenció más serio para fijar su mirada en Mal— Mal, hija de Hades y Maléfica y futura reina de Auradon, supimos de tu creciente interés por ir al Olimpo y discutir un tema en relación a la Isla de los Perdidos.
—S-Si… ¡Sí! —exclamó ella luego de un momento de silencio casi sin poder salir de su estupor con la noticia—. Pero… ¿Cómo se enteraron de eso? Tan sólo anoche le comenté a Ben de esa idea y recién lo hice con mi padre esta mañana.
—Bueno… Desde que nos enteramos que la barrera había desaparecido me mandaron a rondar por aquí a ver cómo estaban las cosas… Y también estar al tanto de cómo se ha comportado tu padre —confesó esto último con cuidado.
—¿Nos… ha estado espiando? —preguntó la chica dragón de manera intermitente, sin saber si mostrarse más sorprendida o enfadada por ello.
—¡Hey, ese es trabajo de Apolo, él es el chismoso de la familia! —se defendió Hermes, ofendido, aunque no tardó en retomar su buen humor para volver a dirigirse a la chica de cabello azul y púrpura—. Pero en fin, el asunto es que ahora tienes una invitación abierta al Olimpo. Eres libre de venir si lo deseas, así que… ¿Cuál es tu respuesta?
Mal se encontraba completamente anonadada y sin palabras. Es decir, ella tenía más que claro cual era su respuesta, pero no imaginaba que todo pasara tan rápido con un dios mensajero presentándose en persona frente a su puerta.
—¡Claro! ¡Claro que iré! —respondió ella finalmente, totalmente convencida—. Sólo dígame cuando y ahí estaré.
—Perfecto, entonces iré de inmediato a informárselo a los demás dioses —determinó el mensajero del Olimpo, dirigiéndose unos pasos hacia la ventana—. Estaremos esperándote en las puertas del Monte Olimpo en tres días.
—¡Espere! —lo llamó Mal antes que se dispusiera a marcharse—. Mi padre… Hades… ¿Puede él venir conmigo?
La pregunta de Mal iba con mucho cuidado y temor, pues había estado presionando a su padre a que la acompañara al Olimpo durante todo el día, y no sabría qué le diría si ahora se enteraba que, de un principio, los demás dioses nunca lo tuvieron considerado a que volviera.
—Ese fue un tema de mucha discusión en el panteón —respondió Hermes con un claro gesto de desaliento—. Pero sí, hemos decidido que también debe venir al Olimpo, ya que es por eso que has estado presionándolo, ¿o no?
—Sí… Veo que ya está al tanto de todo —le reprochó Mal a medida que se cruzaba de brazos con una expresión que pasó de la sorpresa al descontento absoluto.
—Por algo soy el mensajero de los dioses —se pavoneó él con una sonrisa de oreja a oreja—. De hecho, tan pronto se den la vuelta ya estaré de regreso en el Monte Olimpo comunicando a los demás la noticia.
—Como sea, sólo me gustaría que la próxima vez que aparezca por Auradon no sea solo para espiarnos —refunfuñó la chica dragón sin dejar de lado su molestia.
—No creo que puedas contar con eso, pero en fin Arriverdechi, señores —contestó con una sonrisa traviesa.
Acto seguido volvió a producirse una nube de humo que cubrió gran parte de la oficina, y cuando se desvaneció Hermes también había desaparecido.
—Vaya… esto ha sido… completamente inesperado —apenas pudo pronunciar el joven rey de Auradon en un afán de romper el hielo luego de la partida del dios mensajero.
—¡¿Puedes creerlo?! ¡Estuvo espiándonos todo este tiempo desde que echamos abajo la barrera! —expresó Mal llena de indignación, aunque luego su rabia se convirtió en una especie de angustia y preocupación—. Ni los dioses se fían de nuestra decisión, ¿cómo esperaremos entonces que el resto lo haga?
—No dejes que eso te desanime —la consoló suavemente su prometido, abrazándola de por atrás—. Lo más importante es que ahora podrás ir al Olimpo y ayudar a integrar a la Isla en uno de los eventos más importantes de los Cinco Reinos. Tal y como dijiste, eso será un gran paso para ayudar a mejorar las relaciones entre héroes y villanos.
—Tienes razón… Me conmocionó tanto con la parte que fuimos espiados que no le tomé mucha importancia a la principal razón de todo esto —razonó la futura reina de Auradon con una sonrisa tranquila dibujada en su rostro—. El primer paso para lograr un Auradon en total armonía.
—Sé que ya te lo había dicho antes, pero ten cuidado —dijo Ben, abrazándola con más fuerza—. Hermes parece un buen tipo, pero no creo que los demás tengan la misma actitud.
—Es por eso que iré con mi padre, Ben —le recordó ella, girándose hacia él para poder mirarlo de frente—. Estoy segura que habrá más de alguien allí con rencor hacia él, pero solo puedo esperar a que vean que en verdad ha cambiado y logren hacer sus diferencias a un lado por la paz y bienestar de los Cinco Reinos.
En tanto, ya era de noche en la cima del Monte Olimpo cuando Hermes llegó a informarle a Zeus la noticia que Mal había aceptado venir junto a Hades y llegarían a los tres días acordados.
—Bien, veo que aceptaron sin problema —dijo Zeus, pensativo, parado en el balcón de sus aposentos reales mientras Hermes se encontraba levitando frente a él.
—Sí, bueno… La chica está muy entusiasmada con venir, pero no puedo decir lo mismo de su padre… Ya sabemos cómo es.
—A decir verdad, no sé qué otra cosa esperar de él —expresó el dios padre, llevándose una mano a su cabeza, confundido—. Quiero decir, lo que menos imaginé es que llegara a tener una hija durante sus años de destierro. Por muy malvada o desquiciada que fuera una villana, no imaginé que lograra mantener una relación así con él.
—Supongo que la tan afamada Dueña del Mal también debería autoproclamarse la Dueña de la Locura —se mofó un poco Hermes, y con malicia agregó—: Aunque si lo pensamos bien quizá no sea de extrañar. Ambos son viles y perversos villanos que atentaron contra la vida de bebés inocentes para concretar planes igual de malévolos.
Enseguida, Zeus hizo un gesto para que Hermes o bien se callara o bajara la voz, puesto que una figura femenina se acercaba al balcón en medio de la oscuridad que había en el fondo de la habitación.
—Querido… Hermes… ¿No habíamos acordado ya que no volveríamos a tocar ese tema?
Cuando la luz del exterior dio a ver la imagen mítica de Hera, Hermes dio un estremezón de terror y no pudo más que emitir balbuceos en los que se disculpaba y maldecía interiormente por no tener en cuenta que ella podía estar presente.
—¡Di-Discúlpeme usted, en serio no sabía que…! ¡Será mejor que me vaya, adiós!
La pareja de dioses no pudo más que ver una estela azul perderse de vista. Una vez solos, Zeus miró a su esposa con cierta culpabilidad de verla presentarse en medio de la noche con una expresión de cansancio.
—Lo siento, querida, pero no podía esperar a tener noticias de Auradon —se excusó el mayor representante de los dioses, apenado.
—Está bien… Entiendo —respondió ella a pesar que su expresión y tono desganados no cambiaron en absoluto—. Así que Hades y su hija vendrán a vernos después de todo.
—Sí… ¿Segura que estás bien con eso? Porque si gustas puedo cancelar y presentarme personalmente en Auradon para discutir…
—No. Todos los dioses ya acordamos que tu hermano y su hija vinieran hasta aquí —le interrumpió su esposa, poniendo una mano al frente—. Debemos ser diplomáticos y escuchar lo que esa jovencita tiene que decir. No olvidemos que será la futura reina de Auradon y debemos tenerla en cuenta queramos o no.
En ocasiones a Zeus le costaba descifrar los sentimientos de su esposa. Hera podía mostrarse muy compasiva y comprensiva aún con quienes habían obrado mal, pero tratándose de Hércules no podía ocultar su descontento por quien había osado arrebatarlo de su lado, y peor aún, atentar contra su vida. De modo que la situación era extremadamente delicada, más aun tratándose entre dioses capaces de hacer estremecer el mundo y desaparecer todo vestigio de vida si se les ocurría desatar toda su ira.
—Sé que esto no es fácil, querida. Créeme que a pesar de lo buen muchacho que resultó nuestro Hércules no logro olvidar lo que Hades nos hizo —confesó Zeus con amargura—. Pero debemos hacer esto por nosotros. No queremos que el Inframundo se quede sin su legítimo dueño y tengamos que seguir haciendo turnos para guiar a todas esas almas perdidas.
—Cierto… Pobre de mi hermana Deméter —se lamentó Hera, lanzando un suspiro—. Ella más que nadie odia la idea de tener que volver a ver a Hades. Y no puedo decir que no la entienda después de todo lo que ha pasado con Perséfone.
—Lo sé —musitó Zeus al momento que se sentaba sobre su cama en compañía de su esposa—. Pero confío en que todo esto nos ayude a resolver las cosas para que por fin Deméter y su hija puedan seguir adelante con sus vidas.
Luego de haber escapado de los aposentos reales de los dos principales dioses, Hermes volaba tan deprisa que no reparó en una columna a base de plantas que se puso delante de su camino, haciéndolo chocar y caer sobre el mullido piso de nubes que tenía el Monte como superficie.
—¡Ouch! —se quejó él tratando de acomodarse sus lentes.
—Bueno, bueno, ya estás de regreso —dijo juguetonamente una voz femenina en la que podía notarse cierta malicia—. ¿Qué tienes que decir sobre tu visita a Auradon?
—De-Deméter… —pronunció alterado Hermes, saliendo de su estado de contusión—. ¿Por qué hiciste eso? Si no fuera por mi casco ahora tendría un chichón del tamaño de Kronos.
—Oh, deja de ser tan melodramático, querido, y dime si ese infeliz de Hades y su mocosa vendrán al Olimpo o no.
—Pues… sí —respondió el susodicho, algo temeroso de ver y escuchar a la diosa de la Agricultura en una actitud tan demandante e intimidante.
Una sonrisa siniestra y enigmática se formó en los labios de Deméter para después pronunciar en un tono igual de misterioso:
—Perfecto.
Lo sé, dije que arreglaría los capítulos con la próxima actualización, pero resulta que esta semana tengo un trabajo que hacer así que no tuve tiempo de enfocarme en eso, lo siento i_i De todos modos, ya empieza a gestarse el gran embrollo en el Olimpo jejeje
Solo puedo decirles que no se dejen guiar por las primeras impresiones. Todo el asunto del secuestro no tiene nada que ver aquí, ya sé que suelto un spoiler, pero recuerden que esta es la versión de Disney y no tiene mucho que ver la historia original del mito. Empezando aquí nunca se hace mención que todos son parientes de todos. Lo digo por todo el asunto incestuoso que se traen los dioses xD
Como siempre agradecer los gentiles comentarios de KandraK y sailor v, jejeje, vaya que a ser un inconveniente para Mal xD la relación va a tener muchas pruebas en el camino, más porque cada uno está enfocado y atendiendo asuntos por separado, y a Guest que sí, pretendo corregir los capítulos, pero debo darle prioridad a mi trabajo que es lo primordial u.u creo que después de las fiestas estarán listos :D
