Descendientes © Disney
The Trip
La noticia de que Hermes había llegado al palacio para informar de la invitación a la futura reina de Auradon y a su padre, se mantuvo bajo secreto sólo entre los padres de Ben y el Hada Madrina, quienes lamentaban no haber visto al dios mensajero en persona con el fin de saludarlo e intercambiar unas palabras aunque fueran pocas. Y es que en sí, a Auradon le costaba mantener relaciones estrechas con el Olimpo, puesto que se trataba de uno de los Reinos más inaccesibles junto a Arendelle. Pero mientras que con éste último se trataba nada más por un tema de distancia y clima, con el Olimpo ocurría a causa de la posición de sus líderes, es decir, los dioses.
Ellos tenían una forma implacable de hacer las cosas, fueran correctas o no, sin que nadie pudiera cuestionarles. Para el resto del mundo el Olimpo estaba a otro nivel, muy superior al de ellos, pero no por eso significaba que los demás eran menos. Auradon seguía siendo el Reino más grande de todos, con la mayor cantidad de habitantes y la mejor calidad de vida. En cambio, en el Olimpo, su infinita abundancia sólo podía ser atribuible a los dioses, ya que el resto de Atenas era gente bastante sencilla, sin contar que su diario vivir podía resultar un completo caos de no ser por la protección de Hércules, quien aún velaba por el bienestar de la ciudad luego de tantos años.
De cualquier modo, a la mañana siguiente de que Hermes se presentara en el palacio, Mal había acudido a la sala familiar de los antiguos reyes: Adam y Bella, la misma en la que habían discutido la posibilidad de cerrar la barrera para siempre. Ahora, sólo se trataba de una breve despedida con sus suegros para luego ir con sus amigos a hacer lo mismo.
—¿Segura estarás bien, Mal? —le preguntó Bella, un tanto preocupada al tiempo que tomaba sus manos, mostrando así un poco de reticencia de dejarla ir—. Si gustas puedes solicitar a miembros de la guardia real para acompañarte hasta la entrada del Olimpo y esperarte ahí por si necesitas algo.
—En serio. No hay problema, Bella —le respondió la chica dragón con una sonrisa algo graciosa ante lo que parecía una exageración sin sentido—. Mi padre y yo necesitamos hacer este viaje los dos solos, y es algo que concierne exclusivamente al lado de mi familia paterna. Además, que vamos para hablar en favor de que la Isla sea integrada en los Juegos Olímpicos, por lo que si ven que voy acompañada de la guardia real podrían tomarlo como una muestra de debilidad e inseguridad de parte de Auradon y lo que menos que quiero es eso.
—Lo entendemos, pero… Para llegar al Olimpo sólo hace falta un día si usas el tren, ¿por qué irte ahora si tienes tiempo hasta mañana? —intervino La Hada Madrina, también preocupada por la seguridad de la futura reina de Auradon.
—Pues papá y yo queremos compartir tiempo para nosotros —contestó ella con una sonrisa que iluminó su rostro, notándose claramente que le hacía ilusión este viaje—. Desde que era niña sólo hubo discusiones y conflictos entre los dos, por lo que esta será la ocasión ideal para hablar y pasar un buen tiempo juntos… ¿Acaso está mal?
—¡Oh, no, claro que no! —se excusaron todos al mismo tiempo.
—Todo está bien, Mal, se merecen este tiempo juntos —la apoyó Ben, tratando de esbozar una sonrisa, aunque en verdad también le preocupaba las cosas por las que su prometida podría pasar en el Olimpo. Después de todo, a pesar de que la mayoría de dioses griegos eran reconocidos por ser buenas personas, lo cierto es que nunca se sabía cómo reaccionarían tratándose de Hades y su hija. Al fin y al cabo nunca era fácil superar los rencores del pasado, más aún para los dioses.
—Vamos, querida, Mal nos ha demostrado muchas veces lo fuerte que es —dijo de pronto el rey Bestia, poniendo ambas manos sobre los hombros de su esposa—. Además, es excelente que desde ya ella esté tomando esta clase de iniciativas, lo que nos demuestra una vez más que Auradon no podría estar en mejores manos. Tenemos que confiar en ella.
—Sí… lo entiendo —dijo finalmente la madre de Ben, ya más aliviada—. Discúlpame si a veces muestro tanto temor, Mal. Supongo que la edad me ha hecho ponerme sentimental, además que ya te veo como una verdadera hija.
—Para nada, Bella, ya sabes que aprecio todo tu afecto y preocupación… —le respondió la chica de cabello azul y púrpura, conmovida, aunque luego de hacer una pausa su mirada se tornó triste—. Algo que de una madre jamás conocí.
Las últimas palabras de Mal hicieron sentir incómodos y acongojados a los antiguos reyes tanto como a la Hada Madrina y a Ben.
—¡Oh, lo siento, no sé por qué dije eso! —se excusó inmediatamente la chica dragón de lo más apenada—. Estos últimos días han sido caóticos en mi vida personal y familiar… Además de tener la cabeza revuelta por la reciente unión entre Auradon y la Isla. Soy un desastre, lo sé, pero haré que las cosas funcio…
En ese instante, Ben la abrazó efusivamente, impidiendo que dijera una palabra más al respecto. Sólo quería que se relajara y que sus últimos momentos, antes de partir al Olimpo, los disfrutara en su compañía y sabiendo que aguardaría por ella.
—No tienes que justificarte. Ya sabes que cualquier cosa estaré ahí para ti —le recordó el joven rey, mirando a los ojos a su futura reina—. Y no tienes porqué agobiarte tanto antes de irte.
Dicho esto, Ben le dio tiernos besos en varias partes de su rostro, haciendo que Adam, Bella y la Hada Madrina sonrieran enternecidos, pero si bien Mal los disfrutó, también le dio algo de vergüenza, por lo que apartó suavemente a su prometido con una sonrisa socarrona.
—Oye, todavía es muy pronto para despedidas, aún tengo que despedirme de Evie y los demás —dijo ella, divertida—. Así que guarda los besos para después, príncipe azul, que de seguro me harán falta luego.
—¿Y hacerlo frente a tu padre? Creo que es mejor disfrutarlo ahora que arriesgarme a una muerte segura —le dijo él entre medio en serio y medio en broma cuando se trataba de lidiar con Hades.
—¡Oh, ven aquí, bestia miedosa! —demandó ella traviesa, tomándolo por el cuello de su camisa para atraerlo hasta quedar pegada a su rostro mientras lo miraba con una mirada seductora.
—Bueno… Es mejor que nosotros nos adelantemos —dijo la Hada Madrina, sintiéndose ruborizada junto con los padres de Ben, quienes a su vez, se apresuraron a abandonar la sala para dejar a los futuros monarcas solos.
Un par de horas más tarde, Evie, Jay, Celia y Ben, se encontraban fuera de la preparatoria de Auradon, donde una elegante limosina púrpura se preparaba para partir con la futura reina de Auradon y el dios del Inframundo hacia la estación de trenes, la cual, en uno de sus destinos los embarcaría directo al Olimpo. Claro que una vez cruzada la frontera, tendrían que caminar por su cuenta hasta el recinto de los dioses, ya que no había otro medio para llegar hasta allá más que el convencional.
—¡En serio no puedo creer que te vayas tan pronto! —comentó Evie con aquella voz tan melodiosa y encantadora mientras tomaba las manos de su amiga—. Fuiste muy cruel al no decirme antes de tus planes. Habría aprovechado la ocasión para diseñarte un traje digno de una diosa.
—Lo sé, pero me temo que por desgracia no habría tiempo para uno de tus diseños, Evie —dijo ella, sonriendo emocionada también hacia su amiga—. Todo esto fue muy repentino, y hasta ahora no me lo puedo creer. Además, sé que todos ustedes han estado muy ocupados últimamente, por ejemplo Carlos, que partió hacia Agrabah hace poco para postular a una beca de veterinaria(*) Y tú, Jay, que te preparas para irte de viaje con Gil dentro de unos días.
—¡Oh sí, estamos muy entusiasmados! —aportó el hijo de Jaffar, mostrando sus buenos ánimos—. Sobretodo Gil que cree que no hay nada mejor que las uvas, ¿pueden creerlo? No sabe los manjares que le esperan alrededor del mundo.
—Lo entiendo tan bien, hasta hoy las fresas son mi comida favorita, y a Carlos le pasa lo mismo con el chocolate.
—Oye, Malie, pensé que la despedida sería breve. No quiero ser majadero, ¿pero podrían apresurar su interesante conversación sobre fresas y chocolate? —expresó Hades ya viéndose fastidiado de estar ahí sentado y con la puerta abierta, esperando a que su hija se decidiera a entrar para que por fin se dirigieran a la estación de trenes.
—En un minuto, papá. Creí que a ustedes los dioses el paso del tiempo les era irrelevante ya que cuentan con toda la eternidad para hacer lo que gusten —le reprochó la chica de cabello azul y púrpura, molestándose un poco mientras empleaba un tono irónico de voz para quejarse.
—Ya no más, chica sabionda. Desde que salí de esa putrefacta Isla de mala muerte valoro cada segundo de mi vida inmortal fuera de ésta, así que mueve tu real y villanesco trasero para llegar pronto al Olimpo y así ver si logras convencerlos cuanto antes de tu apasionante proyecto.
Tal declaración provocó silencio e incomodidad en los demás durante unos segundos, puesto que si bien no era una sorpresa en él ponerse sarcástico y burlón, sí que verlo en esa actitud mezclado con un creciente enfado, el cual, a duras penas contenía, prendía las alarmas de los jóvenes, más viendo que Mal comenzaba a perder la paciencia.
—Será mejor que se apresuren —dijo de pronto Ben para romper el hielo luego de mirar nervioso al padre de su prometida, en especial cuando éste estaba de tan mal humor, haciéndolo sentirse aún más asustado—. Así podrán pasar más tiempo juntos y recorrer más lugares… Supongo.
—¡Claro! Todos sabemos lo emocionado que está mi padre de volver a ver su familia, ¿no? Apuesto a que ese sentimiento es mutuo —recalcó ella molesta y sarcástica dirigiéndose hacia él como venganza de regañarla frente a sus amigos y su prometido.
Hades no dijo nada, aunque su rostro denotaba una tremenda molestia, lista para explotar ante la menor provocación, por lo que sabiamente el resto de adolescentes se decidieron a no hacerle mucho caso.
—Oye, Mal, ¿qué te parece una carta para saber cómo irá tu viaje? —le propuso Celia, sonriendo divertida mientras le enseñaba un grupo de cinco cartas entre medio de sus dedos con el fin que sacara una.
—Lo siento, Celia pero esta vez tendré que pasar de tus predicciones —se disculpó ella, algo cabizbaja—. Ya me encuentro lo suficientemente nerviosa como para tentar a la suerte.
—Está bien ¿Qué me dice usted, señor del Inframundo? ¿Le gustaría saber qué le depara su destino? —le ofreció la hija menor del Dr. Facilier sin desanimarse ante la negativa de su amiga.
—Mira, mi pequeña cucaracha de alcantarilla —le dijo él en un tono que sonaba bastante intimidante a la vez que la miraba fijo—. Yo ya tuve la desgracia de consultar con un trío de viejas arpías que me auguraron la victoria sobre el Olimpo solo para que al final se volviera mi más grande derrota y el comienzo de todos mis males. Así que no le voy a tu jueguito de cartas.
—¿Por qué no prueba hacerlo ahora, su deidad infernal? —lo provocó Mal con una sonrisa de placentera cizaña—. La misma desgracia no se repite dos veces a menos que vuelva a sus labores villanescas.
Hades, viendo que su hija al parecer disfrutaba el mal humor que él se traía desde temprano por tener que partir al Olimpo donde de seguro pasaría más de un mal rato, refunfuñó aún más enfadado. Pero no pensaba darle en el gusto de tener que demostrárselo, por lo que bruscamente tomó una carta y casi enseguida se la pasó a Celia, sin molestarse en mirar.
—Más vale que sea algo bueno —agregó sin más.
Celia no dijo nada por un buen rato luego de quedarse mirando la carta elegida con los ojos bien abiertos. Todos parecían anonadados de su reacción y esperaban impacientes por su predicción.
—¿Qué? ¿Qué pasa? ¿Qué es? —preguntó Evie sin poder aguantar la curiosidad.
—¿Es algo muy malo? —preguntó Mal, tornándose preocupada.
—No… Bueno… Solo algo BASTANTE inesperado —respondió Celia en vista que casi no lo podía creer. Acto seguido, volteó la carta para que todos la observaran, la cual revelaba la imagen de dos ángeles sujetando un corazón—. Según esto, el amor estará de vuelta en tu vida.
Cuando escucharon tal cosa, hubo confusión y estupefacción en el ambiente, hasta que a Jay se le ocurrió soltarse a reír en carcajadas que provocó que los demás lo miraran con pavor.
—¡No, en serio! ¡Es la mejor broma del año! ¿A quién puede ocurrírsele fijarse en el mismísimo…?
El hijo de Jaffar calló en seco al contemplar la mirada amenazante de Hades, haciéndolo pegar un sobresalto.
—Yo… ¡Lo siento! ¡Tan sólo estaba bromeando! —se apresuró a disculparse Jay de forma atropellada sin que Hades le quitara la mirada de encima, hasta que Mal intervino poniendo una mano sobre el hombro de su amigo.
—Déjalo así, Jay. Lo mejor será que nos vayamos cuanto antes.
Al minuto después, la futura reina de Auradon procedió a dar un último abrazo a sus amigos, en especial a su rey, cuyo abrazo fue el más largo e intenso de todos acompañado por palabras de afecto y aliento.
Una última mirada entre enamorados después y la chica dragón se metió al interior de la limosina, que de inmediato partió, alejándose de la Preparatoria Auradon y del resto.
Sin embargo, sin que nadie más lo notara, de más lejos, Eliana observaba a los muchachos despedirse de Mal, enfocando específicamente su atención en el joven rey con un extraño semblante en sus ojos.
Mientras tanto, en el Olimpo, a sólo dos días de la llegada de Hades y su hija, Deméter se encontraba mirando algunos de los arreglos que había dispuesto Afrodita y algunos otros dioses alrededor de una gran mesa que estaba al aire libre, decoración a la que, para su desgracia, había tenido que contribuir con algunas de sus preciadas plantas como objeto de ornamentación.
No obstante, lo que más la enfurecía era ver a su preciada hija Perséfone ir de un lado a otro, completamente extasiada con la idea de volver a ver al dios del Inframundo. Podía ver cómo ella había cambiado de casi ser una alma en pena a regresar a ser esa radiante diosa de la primavera, que sonreía casi todo el tiempo y contagiaba a todos con su dulzura e inocencia.
Tan pronto se enteró de la noticia, Pérsefone saltó de alegría y se puso a cantar y a danzar como si se tratara de unas de esas simples ninfas que las servían. Pero para los demás era signo de preocupación, puesto que Hades nunca le puso mayor atención a la diosa de cabello rosa, y no estaban seguros de cómo la afectaría ahora que éste volvía después de tantos años. Lo que sí, Deméter estaba decidida a que nunca más su hija tuviera que volver a sufrir por culpa de ese desgraciado que prácticamente los había esclavizado cuando tomó control del Olimpo.
Esto era personal, y pronto el dios de los muertos desearía jamás haber salido de esa Isla de los Perdidos.
—Ya verás, maldito Hades. Haré sufrir tanto a tu hija como tú hiciste sufrir a la mía.
Muuuuy Feliz Año a todos y a todas :D Me atrasé más de lo que pensé, lo lamento, pero ciertos inconvenientes y eventos de fin de año desorganizan todo en cuanto a las actualizaciones. Como ven, todavía no logro editar los capítulos anteriores, pero denlo por hecho que esta vez SÍ estarán listos con el capítulo diez, que por cierto, las cosas se pondrán color de hormiga xD Ya vieron que Deméter será de temer(nada como enfurecer a una diosa) y Perséfone que… bueno, hay cosas buenas y malas con ellas que por ahora estarán como un misterio. Pero se los dije, en esto nunca hubo lo del secuestro-matrimonio, ya que se basa más estrechamente en el canon de Disney, pero esperen a encontrarse un par de sorpresas, jejeje.
(*) Referente a Carlos y al Four Cour en general, quiero aclarar que en esta historia no tendrán mucha participación como podrán darse cuenta(excepto por Mal por supuesto), ya que siento que mayormente completaron su arco al final de D3, y la verdad como la historia lo indica, esto está más enfocado en Hades y en Mal junto a los personajes problemáticos que se les vienen encima. Ah, pero no se preocupen porque eso no significa que al resto los deje de lado, eso jamás ;) Pero sí voy a darles mucha más cabida a Harry y a Uma como también a Audrey con lo de su posible redención.
Eeen fin, gracias por seguir leyendo y espero sigan disfrutando de esta historia que lo bueno está por venir xD Gracias a KandraK, Guest(Puedes apostar a que sí xD, aunque esto no se trata específicamente de dioses) Al Cisneros(jejeje, muchas gracias, espero que sea así de bueno hasta el final jajaja xD aunque todavía tengo cosas que arreglar por ahí) y a sailor-v(lol el chismoso supuestamente es Apolo según lo que dice Hermes, pero nah, todos ahí como que se pasan los chismes y quieren saberlo todo xD)
Gracias por su apoyo, trataré que el siguiente capítulo no se tarde, ya que estoy ansiosa por escribirlo en esta semana libre que tengo :D
