Descendientes © Disney


Chapter X: The days in Atenas

Cuando Mal y su padre llegaron a la estación de trenes de Auradon, casi de inmediato tomaron el tren que los llevaría directo a la ciudad de Atenas, y por consiguiente, al Olimpo.

A pesar que desde hace tiempo Mal era una celebridad en todo el Reino, y más aún, después de anunciar su compromiso con Ben, lo cierto es que nadie se atrevía a acercársele debido a que estaba en compañía del siniestro dios de los muertos. De modo que así, ambos podrían pasar el resto del viaje sin ser molestados o acosados por los demás pasajeros que iban en el mismo tren.

―Cuando menos conseguiré algo de paz en lo que dure esta vieja chatarra ―comentó Hades, resoplando fastidiado mientras se acomodaba en todo el asiento a sus anchas.

―Es porque aún asustas demasiado a todos, papá ―le recordó la chica dragón, algo sarcástica―. Pero eso pronto podría cambiar si empiezas a ser más amable con los demás, y bueno… también si tienes suerte puedas reconciliarte con Zeus y el resto de demás dioses.

―Yo que tú no sería así de optimista, Malie. Y mejor que no te adelantes a hablar de tus tíos y el resto de mi… familia ―pronunció esta última palabra con total disgusto y nauseas en su voz. De sólo acordarse de que estaría de nuevo, rodeado de miradas disgustadas y juiciosas de parte de sus parientes, volvía a ponerlo de mal humor. Sólo por Mal era que estaba soportando todo esto.

―La familia no se escoge, pá ¿crees que de ser así mamá hubiera sido mi primera opción?

―Supongo que no sólo lo dices por tu madre, sino que también por mí, ¿o no? ―declaró el dios del Inframundo, mirando el paisaje que tenía al lado de su ventana con una expresión y tonos decaídos, los cuales se esforzaba por mantener en una capa de indiferencia.

Por su parte, Mal le miró compadecida. Si bien era honesta en sus deseos de querer dejar el pasado atrás, lo cierto es que no resultaba tan fácil como pensaba.

―Estamos juntos ahora, ¿no? ―musitó la chica dragón en un tono suave y gentil mientras acariciaba su mano y lo hacía mirarla directamente a los ojos―. Para empezar de nuevo y dejar el dolor y el rencor atrás. No ha sido fácil para mí y sé que tampoco lo será para ti con los tuyos, pero debes poner de tu parte y verás cómo poco a poco irás sanando por dentro.

Hades se la quedó mirando por un breve rato, hasta que finalmente esbozó una sonrisa de orgullo.

―Ay, Malie… Quién diría que saldrías tan sensata, teniéndonos a mí y a tu madre como referentes ―bromeó un poco él, moviéndole sus cabellos de manera tierna.

―Pues créeme que al principio era un total desastre ―respondió la futura reina de Auradon con una sonrisa ensoñadora―. Fue gracias a Ben que pude cambiar para bien.

―No te subestimes tanto, Malie. Tú posees más agallas y espíritu de lo que ese ex principito podría aspirar a tener en toda una vida ―le recalcó su padre, mofándose un poco de él―. Nunca imaginé que te convertirías en una de esas chiquillas que se la pasan suspirando por su novio.

―¡No me he vuelto tan cursi, pá! ―alegó avergonzada ella, delatándose al ponerse colorada―. Por cierto… ¿No tienes una predicción en este viaje sobre que el amor regresaría a ti o algo así?

Hades sólo figuró una mueca de disgusto, la cual proyectó en dirección a la ventana.

―Tendré que darle un pequeño escarmiento a esa cucaracha de Facilier cuando vuelva.

―¡Oye, no te lo tomes tan a pecho! ―comentó Mal, divertida―. Ella sólo hace lo que mejor sabe hacer, además puede que haya querido jugarte una broma para levantarte el ánimo. Estabas de lo más escalofriante cuando nos fuimos del palacio.

―¡Con mayor razón debió quedarse callada! ―se quejó el dios del Inframundo, sin quitar su mirada de molestia―. ¡Ya no estoy para esas tonterías y menos cuando me toca ir donde esa tropa de zánganos arrogantes y estirados que sólo saben vanagloriarse con lo que tienen!

―Está bien, quizá no era el momento adecuado ―atinó a decir la chica dragón, en un tono más reflexivo. A decir verdad, a ella también la habían sorprendido aquellas palabras de su amiga, pero en vista del mal humor de su padre y que ya tenían que marcharse, no le dio mayor importancia al asunto dejándolo inconcluso―. Es mejor que nos olvidemos de eso. Tenemos cosas más importantes en qué pensar.


En su dormitorio, la diosa de la primavera se hallaba sentada frente a su velador de noche, mirándose emocionada en el espejo mientras retocaba sus facciones con rubor u otros cosméticos. Es por ello que, también, aquella noche no dejaba de cepillar su fino y rosado cabello a pesar que pasado mañana era el día estipulado de la reunión con Hades y su hija, Mal.

Tan concentrada estaba en su labor, que no notó la presencia de Afrodita sino hasta que se asomó a su habitación, mirándola algo asombrada antes de atreverse a hablar.

―Ah, hola Persy, veo que estás muy animada para lo de pasado mañana.

―¿Cómo no voy a estarlo? ¡El hombre que he amado por tanto tiempo por fin vuelve a casa! ―exclamó ésta, emocionada al tiempo que giraba sobre el eje de su asiento como si se tratara de una adolescente en el comienzo de su primer amor―. Ahora que volveremos a reencontrarnos es más que seguro que él y yo tendremos el final feliz que siempre soñamos.

La diosa del amor no supo qué decir. Deméter había sido muy clara en que nadie debía meterse en los asuntos de su hija. Todo lo que ella hablara, pensara o hiciera respecto a Hades era su problema y el de ella. Pero ciertamente, Afrodita había tenido mucho qué ver con la situación actual de Perséfone, por lo que no podía evitar sentirse culpable y tratar de ver en cómo podría solucionar un poco las cosas.

―Sabes, yo… Creo que no deberías entusiasmarte tanto con lo de Hades… Quiero decir… Es mejor calmarse y ver cómo están las cosas. Recuerda que él no viene solo.

Perséfone se dio vuelta al mismo instante que se puso en pie, con una mirada tan penetrante e intensa hacia la otra diosa mientras caminaba lentamente hacia ella, que por un momento ésta sintió temor de su persona.

―Es por lo de su hija, ¿verdad? No entiendo por qué tanta ceremonia por su llegada. A fin de cuentas sólo es un fraude.

―¿U-un fraude? ―repitió la diosa del amor en shock, sin poder entender a qué se refería.

―Afrodita, por favor. Tú y yo sabemos que esa chica no puede ser hija de Hades ―aseveró ella con una sonrisa divertida como si no estuviera diciendo lo obvio.

Hubo un silencio tenso en los aposentos de la diosa de la primavera, donde Afrodita se quedó congelada de la impresión. Sin duda no se esperaba aquella revelación de su congénere.

―Per-pero Perséfone… ―sólo pudo mascullar ella, tratando de encontrar las palabras exactas con qué responder―. ¿Qué te hace pensar eso?

―¡Duh! ¿No es obvio que se trató de una artimaña de la Dueña del Mal para usar a Hades? ―apuntó la hija de Deméter, segura de sí misma―. Qué mejor que tener de su lado a uno der los dioses más grandes y poderosos del Olimpo para lograr sus malvados cometidos.

A pesar de que las palabras de Perséfone tenían sentido, lo cierto era que al parecer su postura era más bien una máscara de negación. Pues era sabido que la hija de Maléfica fue capaz de usar la Brasa de Hades, algo que era posible sólo para quien tuviera su sangre.

―Persy, la verdad es que tratándose de esa tal Maléfica pensaría lo mismo que tú ―respondió Afrodita en un claro aire de desaliento―. Pero no hay duda que ella es hija de un dios, de Hades específicamente. De otro modo hubiera sido imposible que usara el poder de la llama azul que como sabes es el sello característico del dios del Inframundo.

―¡Tonterías, Afrodita! De alguna forma tuvo que ingeniárselas para engañar a los demás ―volvió a reafirmar Perséfone, tornándose ahora molesta ante la negativa de su compañera―. De seguro Hades debió dejar algo de su poder guardado en su brasa y sólo se activó cuando cruzó la barrera.

―Perséfone…

―¡Ella es un fraude y pasado mañana voy a demostrarlo! ―proclamó la menor alzando la voz con una decisión tal que angustió aún más a Afrodita.

―¿Qué… qué quieres decir?

―Ya te enterarás cuando llegue el día. Ahora si me disculpas, te agradecería que me dejaras sola. Tengo mucho que hacer antes de ver a Hades y lo que menos quiero es que mi amado me vea desaliñada cual campesina de población ―sentenció ella, volviéndose a sentar frente al espejo para continuar al cuidado de su cabello.

Dicho esto, la diosa de cabello rubio y vestido rosa salió de la habitación lentamente y sin despegar su mirada atónita de la hija de Deméter, pues, había quedado desconcertadísima con su comportamiento y declaraciones por no decir menos.

No obstante, todavía era demasiado pronto para empezar a preocuparse. Puesto que el verdadero desastre se desataría meses más tarde.


A la mañana siguiente, el tren que había partido de Auradon ya había llegado a la ciudad de Atenas.

Al poco rato, Hades y su hija Mal ya salían del vagón que se les había asignado, llevando respectivamente un bolso negro de estilo hard rock y otra una maleta mediana de color púrpura con el emblema de un dragón en ésta.

Tanto padre e hija se quedaron contemplando la vista de la ciudad por unos instantes. Sin duda se había modernizado bastante desde la última vez que el dios del Inframundo tuvo la desdicha de estar en ella con el fin de deshacerse de Hércules; misión fallida que terminó por ser el inicio de su larga agonía en el río de las almas perdidas. Sin embargo, al observar a Mal, su lamento se transformaba en dicha, pues ella era la luz salvadora de su eterna oscuridad.

―Pues bien, ya estamos aquí ―dijo él con su sonrisa jocosa mientras abría sus brazos en señal de un grato recibimiento―. ¿Qué gusta hacer primero, su siniestra Majestad?

―Pues dímelo tú ―respondió ella, esbozando una sonrisa en el mismo tono que su padre―. Ya has estado aquí antes, ¿o no?

―Ya conoces la respuesta a eso, Malie, y no es algo que me agrade repetir ¿o crees que no es suficiente castigo estar aquí de vuelta?

―Hablando en serio, papá… ―dijo la susodicha en una sonrisa y voz más comprensivas―. Sabes que te agradezco todo lo que estás haciendo. Y… ―tomó su mano de forma tierna, mirándolo de la misma manera―. Este día es para nosotros dos, para relajarnos antes del gran día de mañana.

Hades se volvió hacia su hija, mirándola por unos momentos con algo de seriedad para luego volver a sonreír de forma casi arrogante tal y como acostumbraba a hacer cuando había sentimentalismos de por medio.

―No me digas que la hija del dios del Inframundo se está ablandando y teme conocer a la familia de papi ―bromeó él, causando que Mal sólo lo abrazara fuertemente sin importar más.

Entonces el dios del Inframundo quedó estático. Aquel gesto no era el primer gesto de amor y perdón que su hija había tenido con él. Pero la verdad era que nunca dejaba de asombrarse por lo extraordinaria que había resultado ser Mal pese a no formar parte de su vida. Le molestaba sentirse culpable y, sobretodo, lamentaba no haber podido hacer más para ayudarla a tener una vida mejor, y en cambio, se cegara por la ilusa idea de encontrar una forma de escapar de la Isla. Sólo que el tiempo pasó y esa escapatoria nunca la encontró, logrando sólo una hija adolescente que lo odiaba por haberla abandonado y una ex esposa con aires de venganza, usándola como instrumento ante la menor oportunidad.

En fin, ya todo eso era parte del pasado y ahora sólo deseaba compartir tiempo con Mal, dándole todo lo que pudiera hacerla sentir feliz y segura como debió ser siempre.

Al infierno con la ciudad de Atenas, el Olimpo y los demás dioses. Ella era todo cuanto le importaba y por ella era que soportaría lo que fuera.


No pasó mucho tiempo para que ambos llegasen al centro de Atenas, dónde la enorme estatua de Hércules se imponía en todo su esplendor en la calle principal.

Los transeúntes de la ciudad se paseaban por la plaza, sin reparar en Hades o en Mal, pues estaban demasiado ocupados en movilizarse con sus puestos de trabajo, ya sea vendiendo artesanía o comida. De vez en cuando se les ofrecía algo del mercado a la futura reina o al Señor de los muertos, pero éstos lo rechazaban de manera amable(al menos Mal lo hacía, tratando que su padre no los mirara de forma tan aterradora para así espantarlos)

Una vez ambos estuvieron frente a la gigantesca estatua dorada, Hades no pudo evitar gruñir con algo de rabia, pues la imagen de su archirrival tenía esa misma sonrisa de arrogante e idiota, posando como un vencedor. Casi podía sentir el ardor de las llamas azules saliendo de sus manos y de su cabello, hasta que su hija fue quien lo tranquilizó, tomándole una de sus manos.

―Pá, vamos… ―trataba de calmarlo su hija―. Recuerda que en Auradon decimos "pasado pisado" Esto ya no te tiene porqué importar.

―Lo sé, pero nada más ver la imagen de ese zopenco no puedo evitar recordar todas aquellas frustrantes y humillantes derrotas de mis súbditos ―admitió él, lanzando un suspiro de fastidio―. ¿Sabes lo más irónico de todo? Fue gracias a mí que empezó a hacerse tan famoso.

En ese preciso instante, padre e hija fueron interrumpidos por uno de los ciudadanos locales, quien se les acercó confiadamente para entablar conversación con los dos.

―¡Ah! Pero qué tenemos aquí ¡Turistas! ―exclamó sonriendo halagador él, con ganas de ganarse unos pesos con alguna pillería―. ¿Es su primera vez por Atenas? Dejen que los guíe este humilde servidor. Conocerán lo mejor de la ciudad por un módico precio.

―En realidad no… ―trató de explicar Mal, pero el otro se adelantó, sin dejarla terminar de hablar.

―Déjenme indicarles un sitio ideal dónde comer, sólo síganme ―apuntó el individuo y procedió a tomar de la mano a Mal con cierta galantería―. Por aquí, bella señorita.

―¡Oye, no toques a mi hija! ―exclamó indignado el dios del Inframundo, haciendo que el otro soltase la mano de la susodicha al instante, pues el tono y rostro de éste iban cargados de una fuerte amenaza.

―¡Oh, lo siento, sólo trataba de ser cortés con la dama! ―se excusó él, aún algo temeroso. Al momento, se dedicó a observar bien el rostro de Hades, como si tratara de recordar a alguien familiar―. Por cierto… Usted me resulta cara conocida… ¿No ha estado por aquí antes?

Ahí fue que Mal activó sus señales de alarma. Las cosas hasta ahora habían sido muy tranquilas, pero de seguro con la reputación de su padre en Atenas, y en general toda Grecia, causaría pánico en la población por razones obvias.

―¡No! ¡Sólo somos visitantes de paso! Tenemos conocidos en esta ciudad y venimos a verlos, es todo ―se apresuró a intervenir Mal, inquieta.

―Está bien… sólo que ese cabello y esas ojeras me parecen familiares ―meditó él mientras que Hades seguía mirándolo sin inmutarse―. Oh, bueno… Ya que están aquí, ¿qué les parece si les cuento un poco sobre la historia de nuestro Gran salvador y más grande héroe; Hércules? Estoy seguro de que quedarán fascinados con cuántos tipos y monstruos malos derrotó.

―No, gracias. No estamos interesados ―respondió tajantemente el dios del Inframundo con un claro toque de irritación.

―¿Qué? ¿Por qué? Si es el ser más extraordinario que ha existido sobre la Tierra ¡Incluso fue capaz de darle su merecido a ese malvado dios traicionero del Inframundo que osó desafia…

―¡Te dije que NO, gracias!

Inevitablemente, la brasa aún estando en manos de Mal se activó, así como el cabello de su padre empezó a echar llamas llamando la atención de todos, en especial la del individuo que se les había acercado, quedando pasmado, ya que al fin había caído en cuenta sobre la identidad de con quién estaba tratando.

―N-no no puede s-ser… Ha-Hades ¡Es Hades! ―gritó lleno de pavor, después de recuperar dificultosamente el habla para luego salir corriendo aterrado.

La gente de su alrededor no tardó en hacer lo mismo, huyendo despavorida y gritando como desquiciados. En unos instantes la ciudad entera parecía haberse vuelto un completo caos ante las miradas de la chica dragón y de su padre.

―Bueno… Podemos olvidar la idea de relajarnos aquí ―comentó ella, casi indiferente del escándalo armado por su llegada.


N/a: ¡Estoy de vuelta! Para empezar diré que tengo buenas y malas noticias; la mala es que suspendí mi xover debido a que estos serán mis últimos fics. Ya no cuento con el tiempo e inspiración necesarios para empezar más historias escritas, lo siento mucho u.u La buena, es que este fic y el de Dear Sister tendrán actualizaciones más seguidas y cuerda para rato, pues estoy muy inspirada en ellas y con mucho qué contar :3 También me complace que más gente se una al seguimiento de esta y otras historias, eso me anima mucho, pues así como disfruto escribiéndolas, espero también me hagan saber si sienten lo mismo :D

La verdad, sólo arreglé los dos primeros capítulos de la historia, todavía dejé pendiente algunos, ya que de lo contrario esta actualización se seguiría retrasando y no quería eso Dx Como ven, se dan algunos indicios del pasado de Hades en la Isla y el estado emocional de Pérsefone, ¿pero qué tuvo que ver Afrodita ahí? Quédense en sintonía para averiguarlo, ya que como dijeron esto se va a poner MUY feo :O

Agradezco infinitamente los gentiles comentarios de KandraK,sailor v(jejeje, no hay que apresurarse con Eliana, pues todavía la chica permanece como misterio y no se sabe qué intenciones trae xD, para tu agrado creo que habrá más Bal que de la misma pareja principal del fic :.:), nina del carmen y Adanessu, espero la espera haya valido la pena ya que este capítulo va dedicado especialmente a ustedes :3