En la habitación oscura; Marinette sabía exactamente qué sucedió.

De nuevo se había imaginado vívidamente cosas inapropiadas con su chaton.¡Es que ella lo ama!

Y cada mañana se convencía a sí misma de que era una cariño fraternal, incluso maternal.

Porque el pobre rubio quedó desamparado a temprana edad, restringido de afecto.

Ella le brindó todo tipo de cariño...

Pero a veces pasaba lo platónico, quiero decir, un roce de labios no es nada, pero había veces en las que se devoraban la boca.

A veces se acariciaban de manera lasciva... A veces se besaban sin ropa.

Pero se suponía que eso estaba mal,

porque Marinette quería algo serio con Derek, algo de verdad, sin embargo... Cuando sus sentimientos se destapaban, ella iba corriendo de nuevo a Adrien. Él siempre la recibía.

Ahora estaba acostada al lado de su novio, él estaba totalmente dormido, por suerte pudieron reconciliarse, pero Marinette no se reconciliaba consigo misma.

Ella pesaba continuamente:

-¿Esto que estoy haciendo está mal?¿Por qué lo hago?- ni ella misma entendía su necesidad de estar en la cama de alguien más.

siempre de la misma persona.

Ella se levantó, con cuidado de no despertar a su novio.

El roncó un poco, pero no se despertó.

Marinette suspiró aliviada.

Tapó mejor al castaño y se dispuso a salir de la habitación, abriendo suavemente la puerta, con un leve chirrido que no la preocupó, porque su novio era igual que ella; dormía como una roca.

Finalmente estaba en el pasillo, cerró suavemente la puerta.

Se encaminó hacia su habitación favorita.

Ella lo abrió suavemente; justo como ella pensó, ahí estaba su rubio favorito, jugando videojuegos a pesar de ser las 3 AM.

La habitación estaba oscura las únicas luces que se podían ver eran de la gran tv plana.

Ella se acercó a él, el chico tenía puestos unos auriculares, por lo que nisiquiera notó su presencia, además estaba muy concentrado en su partida.

-Chaton...-ella murmuró dulcemente, mientras levantaba un lado de sus grandes auriculares con orejas de gato.

Él por poco no se cae del asiento de la impresión; le da un puchero que enternece a la chica profundamente.

Ella le sonríe dulcemente el se cruza de brazos, mientras aún sentado, deja sus auriculares en la mesa.

-Vine a ver cómo estabas.- ella le acarició suavemente el hombro, mientras sus miradas se encontraban, los rostros de ambos estaban a escasos centímetros.

En sus ojos se podía ver que él quería, pero una contradicción surgió en su expresión se alejó suavemente.

Se levantó, alejando suavemente la mano de la chica de sus hombros.

-Ya hay que dormir. - dijo secamente, sin atreverse a mirarla a los ojos celestes que ella se carga.

Porque sabe bien que si la ve, volverá a caer. él no puede hacer eso, por respeto al novio de la chica que estaba durmiendo en el otro pasillo, por respeto a sí mismo.

Derrepente, la chica con ayuda de una de sus manos, tomó suavemente el rostro del chico, poniéndose de puntitas para encontrar sus labios con los de él.

Él quería apartarse, de verdad quería.

Pero su corazón acelerado no se lo permitió. se dió cuenta de que esta podría ser la última vez que la tuviera entre sus brazos, porque con el novio de su amada a metros, era casi imposible, además ese hombre sólo durmió temprano debido al agotamiento de la mudanza.

Él lo sabía, quizás esta sería la despedida.

Así que dejó que la pasión ardiente de sus labios con los de él lo consumiera.

Basta decir que no durmieron mucho aquella noche.