Este fic es para el reto de Genee en el foro Proyecto 1-8.
Ecuaciones, contradicciones y pelirrojos.
4. Corazón, fuego y oro
En la escuela, las cosas no cambian mucho. O si lo hacen, ocurre tan lento que Koushiro no se da cuenta. Sus compañeras de clases lo ignoran en los festivales y fechas similares y él no hace mucho para agradarle a la única persona en el aula que había sido amable con él.
—¡Eres un grosero! —Le grita Mimi, sus ojos llenos con perlas de cristal, y Koushiro entiende como se sintió Taichi cuando pensó que él lo estaba insultando. Aunque Mimi realmente quiere decir lo que dice. Ella es mucho como Taichi en eso.
También sabe que es su culpa. Sigue sin ser bueno en hacer amigos.
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En los entrenamientos, todo es sorpresivamente diferente. Al principio, lo miraban con recelo y él era un desastre. Un par de meses con Taichi y Sora son casi milagrosos, en los ojos de su profesor y sus compañeros.
Todos parecen más cómodos a su alrededor.
—Parece que tenías razón —le dice el entrenador a Taichi. Koushiro sabe que sus orejas están rojas cuando atrapa a Sora sonriéndole con una pizca de diversión en sus ojos—. Tú también, Takenouchi.
Ella sonríe un poco más.
Cuando ellos tres se quedan solos, Koushiro puede leer el orgullo en sus miradas. Es algo que vio en los ojos de Yoshie y supone que tiene que doler tanto como cuando ella lo demostró... Pero no lo hace.
—Estamos muy contentos por ti —dice Sora. Es la misma expresión que tuvo cuando le dijo que creía en él y Koushiro siente algo cálido en el pecho.
Taichi alza el pulgar. —Supongo que te has ganado tu título como Koushiro, el perseverante.
—Es todo gracias a ustedes.
Él no engaña a nadie.
Sora lo mira como si pudiera ver directamente dentro de su alma. Es inquietante, de alguna forma, y tiene el impulso absurdo de contarle todos sus problemas. Taichi sacude la cabeza y le pasa un brazo por los hombros.
—Nosotros no hicimos nada. —Es imposible no creerle a Taichi cuando habla con su corazón. Koushiro no puede evitar confiar en él—. Es gracias a tu esfuerzo.
—Es un reconocimiento muy bien merecido —insiste Sora, su voz es suave—. Tienes que aprender a aceptar que eres bueno. Estás bien siendo justo como eres.
Si no supiera que Sora no tiene idea de la verdad, él creería que puede leer su mente.
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—Ella tiene razón, ¿sabes? —Susurra Taichi cuando el entrenador llama a Sora para hablar del torneo femenino y los deja solos—. Eres bueno. No dejes que te digan lo contrario.
—Nunca puedo golpear la pelota bien —protesta. En uno de los partidos, eso hizo que hiciese un gol en contra.
—¿Crees que un equipo se trata de que todos hagamos una sola cosa bien y ya? Es ayudarnos entre todos para lograr lo mejor de cada uno. Trabajando juntos, hacemos la diferencia.
Taichi suena serio y Koushiro entiende, de repente, porque él es el capitán del club.
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—A la gente le gusta decirnos como somos —le explica a Sora, una vez. Él escuchó a sus compañeras reírse de él otra vez y escuchó a Mimi defenderlo. Es raro saber que ella aún piensa algo bueno de él, pero lo hace dudar. A la gente le gusta decir como es él y Koushiro... es...
En general, lo llaman raro. A Taichi no le importa y, está seguro, a Sora tampoco.
—Creo que todos somos un poco así —dice Sora, con tristeza. Sus ojos miran al cielo con el que comparte nombre. Ella no es de señalar defectos ajenos pero puede admitir los suyos—. Lo hice.
Koushiro sabe que él lo ha hecho.
—Taichi no lo hace.
Parece que no, a veces, pero él acepta la forma de ser de las personas y las desarma con una sonrisa.
Él trata a todo el mundo igual (excepto, tal vez, a Hikari y un poco a Sora) y cuando él dice algo que hiere, no es adrede. Su cara cuando se disculpa (si es que se da cuenta que debe pedir disculpas) lo dice todo.
Taichi es de oro pero él es tan despistado que no lo sabe.
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—¿Siempre llevas tu computadora a todas partes?
Koushiro mira fijamente a Hikari, aunque la pregunta no suena con malicia.
Ella debe ser uno o dos años menor que él pero son casi de la misma altura. Es frustrante.
—Sí.
Ella asiente. Pregunta simple, respuesta simple. Está bien.
Taichi los invitó a su casa, como de costumbre, pero Sora estaba tardando mucho, así que él decidió llamar por teléfono.
Mientras Koushiro espera, Hikari es su única compañía y él no puede sentirse del todo cómodo. Ella, por otra parte, no se ve intranquila.
—Hago lo mismo con mi silbato. Me recuerda a un viejo amigo.
Koushiro no le dice que la computadora le ayuda a olvidar.
—¿Eres bueno con las computadoras? Mi hermano no lo es.
Cuando Taichi regresa de mal humor porque Sora le colgó, se queda escuchando una explicación que no llega a que entender del todo.
Hikari escucha con atención y Koushiro dice más palabras que las que puede seguir.
Se sienta con ellos en el sillón y sonríe, fingiendo que está entendiendo todo.
Él quiere aprender más sobre Koushiro.
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Sora suspira. No es justo, piensa, hacer que sus amigos tengan que esperar por ella innecesariamente. Sabe como se siente eso. No es justo dejar a su mejor amigo con la palabra en la boca. También sabe como es.
Pero ella espera que su padre llegue de visita en cualquier momento y no quiere irse.
—Sora...
Su madre parece muy triste cuando le dice que Haruhiko no vendrá, después de todo, y da excusas en su nombre que suenan casi convincentes. Toshiko parece triste pero eso no se compara con lo que siente ella.
Se encierra en su habitación y no llora...
No llora.
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Taichi busca a su mejor amiga en el salón pero se choca con alguien a mitad del patio por ir distraído.
—¡Lo siento!
Ishida Yamato resopla. No es la primera vez que tienen una conversación parecida.
—Nunca miras por donde vas, ¿cierto?
Ese chico lo pone a la defensiva. Es un efecto raro. —Estaba buscando a Sora.
—¿No has pesando que Takenouchi no te quiere a su alrededor todo el tiempo?
La expresión de su rostro es tan herida, de pronto, que Yamato se arrepiente de haberla provocado.
Suspira.
—Creo que la vi por allá —dice en voz baja y señala hacia un rincón. Una ofrenda de paz.
Taichi estira el cuello y Yamato sabe que la encuentra por la forma en la que sus ojos cambian: se encienden como una chispa. Pero él no se aleja enseguida.
Yamato no sabe si son sus palabras las que lo detienen y vuelve a sentirse mal.
—¡Hey, Sora! —Taichi la llama y ella parece reconocerlo a la distancia.
Taichi no puede ver su cara pero ve que agita un brazo hacia él. Un saludo. Su señal de bienvenida. Entonces, sus pies reaccionan.
Yamato los ve encontrarse a mitad del camino y ve que ambos le sonríen (Taichi lo señala y Sora lo saluda con la mano).
Busca la armónica en su bolsillo y les devuelve el gesto, antes de darse la vuelta.
Él no entiende esa amistad, pero el tal vez sea malo con el concepto general y ya.
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Koushiro no puede evitar buscar a Sora y Taichi con la mirada cada vez que no está en su salón.
Jamás es difícil encontrarlos. Y cada vez que los alcanza, ellos le sonríen.
Es una sensación fascinante y no puede darle nombre. Pero espera que nunca lo deje.
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—Es como... Um—dice Kenji, uno de los chicos del club de fútbol, a un niño de la escuela en las tarimas—, es como si pensaran lo mismo. Estoy seguro que pueden llamarse mentalmente y por eso siempre hacen jugadas juntos. El entrenador dice que son un gran equipo.
—Taichi-san y Sora-san son asombrosos. ¡Yo quiero jugar como ellos algún día! ¡Usaré unas goggles como él!
Koushiro esconde su sonrisa de orgullo.
Se asoma y ve a un niño de cabello granate correr hacia el patio y se pregunta a qué grado pertenece. No se ve mucho más grande que Hikari.
Kenji lo saluda sin malicia cuando lo ve y Koushiro hace una pequeña reverencia.
Todavía es muy bueno para ser tímido. Pero está mejorando en lo demás.
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—Escuché que dicen que Sora-san y tú tienen telepatía cuando juegan al fútbol—Koushiro no puede dejar de comentar. No son las palabras exactas pero es bastante apropiado para la situación.
Taichi arruga las cejas, confuso.
—¿Qué es telepatía?
Koushiro se ríe.
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Es uno de esos días cuando juegan juntos en el parque y sorprendentemente ni Koushiro ni Taichi terminan en el suelo.
—¡Sora! —El pelirrojo olvida, incluso, la formalidad—¿Estás bien?
Ella se mueve muy despacio y lo mira con ojos llenos de fuego. Koushiro quiere disculparse pero no tiene idea por qué debería hacerlo.
No quiere pedir perdón por preocuparse.
Taichi llega corriendo a su lado y la ayuda a levantarse con facilidad. Él es, posiblemente, la única persona de la que Sora acepta ayuda. Taichi se ve tan inquieto como Koushiro se siente.
Esa fue una caída muy sorpresiva. Y dolorosa.
—Ayer cuando volvía a casa me tropecé, me duele un poco el tobillo—Sora les sonríe a ambos—. No es nada.
Koushiro no le cree. Pero la sonrisa de alivio en el rostro de Taichi le hace pensar que él sí.
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Sora llega a su casa y una ráfaga de dolor en su pie la obliga a sentarse en la entrada.
Su madre la ve y camina hacia ella con mucha prisa.
—¿Sora? ¿Qué pasa?
Se ve tan angustiada que Sora hace lo que nunca hizo.
—Me caí en el entrenamiento, mamá... Me duele mucho.
Su pie parece cada vez más hinchado.
Toshiko suspira.
—Te dije que no deberías seguir con esos juegos de niños.
Los ojos se le llenan de lágrimas y no sabe qué duele más.
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—¿Taichi? ¿Koushiro-kun? ¿Qué están haciendo aquí?
El pie tiene que estar en lo alto, recuerda. No se mueve para saludarlos.
Taichi la mira, preocupado. —No fuiste a la escuela. Te traje los deberes.
Sora lo mira. Ella conoce a Taichi.
—Se los pedimos a Yamato-san —aclara Koushiro y ambos sonríen.
—No voy a poder seguir entrenando con ustedes, muchachos.
Taichi se horroriza. Casi. —¿Por qué?
Ella pone los ojos en lo obvio, señala su pie.
—Tengo un esguince. El doctor me dijo que tengo que tener cuidado un par de semanas o empeorará. Quiero estar lista y bien para el torneo...
Koushiro absorbe la información. Una parte de él está decepcionado, la otra se angustia. No le gusta lo que ve en la expresión de su amiga.
Taichi, como siempre, lo sorprende.
—Pero volverás con nosotros, ¿verdad? ¡Eres la mejor del equipo!
Sora suelta una pequeña risita y Koushiro siente la atmósfera iluminarse. Taichi siempre logra eso.
—No te rías, que es la verdad. Todos lo dicen. Koushiro puede confirmarlo, él es un chismoso aunque lo oculta. Un chismoso encubierto.
El pelirrojo asiente a la primera parte. Luego, mira a Taichi. Ha llegado al punto que entiende cuando él está bromeando.
—Tú tampoco eres tan malo.
Taichi revuelve hacia él, falsamente indignado. Tal vez un poco de ello es real. No es fácil de decir.
—¡Oye! ¡Soy el capitán! ¡Y soy tu senpai! Tienes que darme más respeto... ¡No te rías, Sora!
Ella sonríe ampliamente a Koushiro.
—Pelirrojos —dice Taichi, como si fuese un insulto.
Pero su sonrisa lo delata.
