Este fic es para el reto de Genee en el foro Proyecto 1-8.
Ecuaciones, contradicciones y pelirrojos.
5. Ser, estar y parecer.
Por un tiempo, las cosas siguen igual y piensan que el mundo se congela. Entonces, repentinamente, todo cambia. Sora no puede dejar de preguntarse en qué momento empezó a sentirse tan mal estando en su casa y cuando Taichi le pregunta si todo está bien, ella sonríe y dice sí, que todo está bien.
Cuando él está con ella, eso no es mentira.
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No debería ser gran cosa, piensa Koushiro cuando ve a Mimi sola en el salón. Ella apenas se aleja de sus amigas desde hace algunas semanas y él no puede acercarse. Parece que ella llegó temprano y está haciendo sus tareas o algo. No era turno de Koushiro para acompañarla pero él había ido a ver a Sora y Taichi para contarles sobre lo que había estado trabajando para mejorar el rendimiento.
Koushiro abre la boca pero las palabras no salen. Mimi lo mira por un breve momento con la ilusión brillando en sus ojos y parece decepcionada.
No debería ser gran cosa, piensa él pero las palabras están atoradas en su garganta. Mimi sacude la cabeza y lo ignora el resto del día. El resto de la semana y un poco más.
Él no puede culparla. Tampoco puede acercarse. Es una paradoja.
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Taichi es Taichi y cree que los once años no son para preocuparse. Pero claro, él es el único que llegará pronto a los once porque aún falta para el cumpleaños de Sora y no tiene idea de cuándo cumple Koushiro (¿o es que ya pasó?) así que su meta, la meta como el amigo de ambos y el mayor de los tres, es que ellos sonrían más. Con Sora, últimamente, es sorprendente difícil. Pero cuando ella se ríe, él siente que flota. Koushiro lo obliga a ser ingenioso pero sacarle sonrisas a cuentagotas es completamente satisfactorio.
Pelirrojos, piensa cuando se hunde con satisfacción en su cama, los pelirrojos son complicados. O quizás solo aquellos que son sus amigos.
—¿Hermano?
Se levanta con un salto y se golpea con la litera de arriba. Los ojos de Hikari se abren con una mezcla de sorpresa y miedo que él no pude dejar de pensar que es gracioso.
Se ríe.
Su hermana pequeña no parece ver la gracia. Está preocupada y le recuerda a Sora, un poco. —¿Estás bien?
—Por supuesto que estoy bien.
A Hikari, solo a ella, le dará siempre esa respuesta. Aún cuando no sea cierto.
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Sora sabe lo que decepción significa. Decepción es esperar a su padre todo un día y recibir disculpas que saben a excusas, es no saber que sentir por alguien que debe amar y que no está allí. Decepción es mirar el rostro de su madre y no saber lo que está mirando, es sentir que grita y nadie la escucha. Decepción es sentir que nadie la entiende.
Decepción es cuando falla, es correr todo el camino a la chancha de fútbol y ver que el equipo, su equipo, tiene la sombra de la derrota en sus caras.
Sora no pregunta, no habla, no se queja. No importa que la ignoren, ella sabe lo que sienten y duele.
Duele tanto como llegar a su casa y saber que todo significó nada.
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Koushiro sabe lo que significan las palabras difíciles y no tiene problema para enseñarle vocabulario a Taichi. De hecho es extraño, porque su amigo parece encontrar siempre algo para preguntarle y él no sabe callarse cuando se trata de desparramar datos sueltos.
Lo que no sabe es lo que aprieta en su pecho cada vez que ve la cara triste de Sora (la que ella hace cuando cree que nadie está mirando) ni por qué duele que Mimi ya no le hable en su salón.
Taichi es, como nunca antes, el rayo de sol que él no sabe que es. Y se lo agradece.
Koushiro no entiende lo que amistad significa, no más allá de lo que ve como definición semántica, pero en realidad no le importa.
Él solo quiere que Sora vuelva a sonreír como antes y Taichi no deje de hacerlo jamás.
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Koushiro no es bueno con las emociones. No cree que pueda serlo alguna vez. Pero su amiga vale la pena el esfuerzo y más. Él espera hasta que están solos para hablar porque de otra forma, no va a poder.
—Yo... um...
Sora no se ríe, pero su sonrisa es más sincera de lo que ha sido desde hace algunos días.
—¿Algo te preocupa, Koushiro-kun? Sabes que te ayudaré si necesitas algo, ¿verdad?
Sora es una mezcla increíble de seguridad e inseguridad que él, por un momento, olvida lo que tiene que decir.
—Sí, lo sé.
Sora sonríe un poco más en eso y eso... es diferente.
—Tú también... lo sabes, ¿cierto? Te ayudaré si lo necesitas.
Los ojos, rubíes líquidos, parecen sorprendidos y Koushiro quiere decir más pero no puede y Sora sonríe y parece que entiende algo que él no.
—Gracias.
No hay solución para un problema del que no se habla, pero ambos están bien con eso.
Por el momento.
—Espero que disfrutes tus vacaciones de primavera. Taichi me dijo que va a ver a sus abuelos.
—¿Tú te irás? —Él pregunta.
—Aún no lo sé. A Kyoto, quizás. Mi padre...
Sora se queda callada y luego sonríe. O sonríe y se queda callada. Koushiro no pude precisar que sucede más rápido. No sabe si lamenta haber hablado de más, no sabe si ella solo estaba pensando en voz alta o si, simplemente, piensa que está bien ser un poco más... Real.
Tampoco sabe cuál de los dos huye primero. Koushiro está aterrado de la posibilidad de la realidad tanto o más.
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Se encuentran a Taichi en un pasillo y él se disculpa por no haber llegado al entrenamiento, también por no haberlos encontrado antes. Dice algo pero lo olvidan cuando notan lo culpable que se ve.
Lo único que importa es que ríen de nuevo y todo es normal y así están bien.
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Son tan diferentes, ellos dos. Koushiro no deja que las personas se acerquen, siempre marca una distancia con el mundo (quizás ni él se da cuenta) y Taichi los mantiene a todos lo más próximos que puede, al alcance de los brazos (para protegerlos, para abrazarlos o solo porque sí).
Sora se da cuenta que entiende más lo primero aunque lucha constantemente con algo que le duele y le pesa. Y, de alguna forma, eso cambia algo.
¿El qué? Aún no lo sabe.
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Son tan parecidos, ellos dos. Taichi y Sora lo cuidan como a un hermano pequeño y Koushiro no deja de sentirse bien por tenerlos. Ellos lo miran como si no importase que él sea el bicho raro que apenas tiene amigos y como si no importase que a veces él no quiere estar con ellos. Los dos son cálidos y los dos son protectores.
Koushiro los mira, juntos y por separado, y ve contradicciones absolutas en cada fragmento de recuerdos. En ellos, en cada uno. Entre ellos, en ambos. Y en realidad, en algún momento, eso dejó de ser importante.
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Son tan similares, ellos dos. Y tan distintos a la vez. Taichi no habla del color de pelo, aunque es tentador. Tampoco es que sean bondadosos y pacientes y simplemente... buenos. Sora se enfada cuando se meten en problemas pero la preocupación brilla en sus ojos. Koushiro no se enfada en voz alta pero eso no lo hace menos genuino, él lo oculta mejor. Sora y Koushiro lo esconden todo como si le diese pena mostrarse.
Taichi no lo entiende. Él realmente no lo hace. Ellos son brillantes, piensa con una sonrisa y sus ojos se cierran con cansancio. Él no los entiende pero ellos son sus amigos y los valora. Él no cambiaría un solo pelo de sus cabellos rojos, tan incomprensibles como pudiesen ser.
Es bueno que no sepa darse por vencido.
Piensa pasar mucho tiempo probándoles eso.
N/A: Lento pero seguro, Genee.
¡Gracias por leer!
