Este fic es para el reto de Genee en el foro Proyecto 1-8.


Ecuaciones, contradicciones y pelirrojos

9. Eclipse


Si Taichi tuviese que decidir cuál fue la peor parte del viaje, sería difícil. Pensaría en algunos momentos terribles que aún lo atormentan, aún tras haberlos vivido y dejado atrás. SkullGreymon llega primero a su presente memoria, por el mal que evoca y la falta de fe que dejó una marca luego. Una marca que profundiza una cicatriz de antaño.

Sin embargo, Nanomon secuestrando a Sora, probablemente, es el más amargo de sus recuerdos, el más doloroso de sus pesares. Porque había estado en él: en su cobardía, en su valor, al alcance de su mano y la había perdido. Aún puede ver la pirámide, puede recordar la cerca electificada, puede oír la voz de Koushiro tan sentida cuando le dijo que podrían morir allí, y que ese no era un juego de video. Taichi recuerda que tuvo miedo. Recuerda que duda y recuerda que pierde a Sora por un momento de debilidad.

Él no sabe si puede perdonarse alguna vez por eso.

.


.

Empieza antes, ese viaje. Antes del primero de agosto, antes del verano que no lo parece. Pero aquel día que se cubre de blanco cuando no debe, se graba en sus memorias con fuerza.

Una ola se alza en un campamento y traga siete niños de ocho.

Todo cambia, entonces. De algún modo, es el comienzo.

.


.

Koushiro no sabe sentir. O tal vez siente demasiado y todo se magnífica. Él ya se sabe inadaptado, a pesar de sus amigos. En efecto, sigue sorprendido de lo fácil, lo inquietante, que es perderse frente a su curiosidad. No debería de ser así.

Mira el emblema morado en su mano, ese que encontró en un pozo de agua junto a uno color azul, que le pertenecía a Yamato, y se pierde en el dibujo. Son círculos conectados, entrelazados. No es un significado claro.

Por un instante, él se atreve a mirar a su alrededor.

No hay sonrisas, solo rostros arrugados en inquietud y el sueño vencedor tras una intensa vigía. No hay llanto, como hubo antes, cuando perdieron a uno de los suyos (a otro). Hay silencio. Terrible y angustiante silencio. Y está Sora, que mira el fuego con ojos perdidos, y Koushiro sabe que su mente está a kilómetros de distancia.

En Taichi.

Koushiro la entiende, más de lo que cree. No pueden mirarse el uno al otro porque los dos saben lo que están pensando.

Ya no está el sol en ningún lado, Taichi se lo llevó consigo.

.


.

Aunque es difícil, ellos se quedan juntos. Los seis. Un tiempo, por lo menos. Es curioso, muy curioso, que los días se hayan vuelto insoportablemente lentos. Son largos, siempre lo fueron, pero el peso lo empiezan a sentir cuando se suman uno tras otro, tras otro...

—Hoy se cumple un mes —dice Tentomon a Koushiro y él teme preguntar sobre a qué cosa se refiere. ¿Un mes desde que llegaron? ¿un mes desde que salieron a de la Isla File? ¿Un mes desde la muerte de Angemon? Él perdió la cuenta de los días, porque los días no corren igual que en... Casa.

Traga saliva. Piensa en Yoshie, que le preparó deliciosos bocadillos para el viaje, y que debe estar preocupada. Piensa en la noche antes del campamento, cuando pretendía tener dulce sueños, y la sintió acariciarle el pelo con el amor de una madre. Una madre. Su madre.

Cierra los ojos.

—¿Un mes de qué, Tentomon? —Koushiro no puede contenerse.

—Desde que desaparecieron —dice rotundamente. Es evidente a quiénes se refiere.

Silencio.

—¡No lo digas así! —Palmon regaña y sus ojos son tristes, se queda sin aliento—, a Koushiro no le gusta que hables así. ¡Menos mal que Mimi o Sora no están cerca!

Tiene razón.

Palmon mira a Koushiro para que la respalde. Es muy Mimi, a veces. Son tan idénticas que casi duele notar lo diferente que es él de Tentomon.

—Yo...

—Además, estás contando los días mal —dice Gomamon, con certeza. Puede que sea fingida, sin embargo—. No puede haber pasado un mes...

—¿Por qué no? —pregunta Koushiro, aunque no debería. La pregunta le araña la garganta al caer de sus labios. Sabe que se va a arrepentir de preguntar porque la respuesta no la quiere.

Palmon llora. Cuando regresa, Mimi le grita a Koushiro por hacerla llorar y él se disculpa varias veces.

Y, por alguna razón, no se siente igual que semanas atrás.

—¿Qué está pasando? —pregunta Yamato, sus brazos en alto, en un gesto apaciguador que no habría usado con Taichi.

El estómago de Koushiro se retuerce incómodamente.

—No fue culpa de él —Palmon dice, cuando sus lágrimas se secan—... Tentomon es insensible. Él... él mencionó que ya pasó un tiempo…

.


.

Sora suspira cuando ve a Mimi quedarse dormida tras la discusión con Koushiro, no, no con. Sobre. Acerca de. Koushiro no discute, es experto en evitarlo todo.

A ella le cuesta mucho más que a su joven compañera y no es porque no está cansada.

Lo está.

Realmente, lo está.

—¿Estás bien? —pregunta Takeru, que ha sido sorprendentemente tranquilo. Él se queda con los digimon cuando ellos discuten, los distrae y ahora mira a Sora con cuidado.

Ella sonríe.

—Sí —responde—. Quiero que la fogata siga encendida. Por si acaso.

En las orillas del desierto, en la oscuridad desolada, se siente como una tarea inútil. Les da calor, en las noches frías, pero a Sora le cuesta mirar cuando Yamato enciende el fuego. Agumon era quién lo hacía.

—Él va a encontrarnos seguro —dice Takeru, y sus ojos son profundos pozos azules—. Nos buscará como fue a buscarte.

A Sora, el recuerdo, la desgarra. Cuando ella lo necesitó, Taichi le había tomado de la mano y la había salvado. Cuando él la necesitó... Ella había estado demasiado lejos para alcanzar.

Llora, en silencio, cuando se da vuelta y finge dormir. Es curioso que empieza acurrucándose contra Piyomon más a menudo que no.

Es un consuelo, el cariño de su digimon.

No haberlo ayudado... Eso, probablemente no se lo perdonará.

Piensa en su rostro sonriente y quiere olvidar que le falló.

—Sora, despierta —Alguien dice.

No es Taichi.

Yamato.

.


.

—Tenemos que mantenernos en movimiento —es la voz de Yamato la que rompe el silencio en el frío desierto. Un susurro roto, tan triste.

Koushiro mira el fuego y sus ojos reflejan las llamas como un espejo y sus dedos se mueven sobre el teclado. Está de espaldas y resuelto: no quiere ver el rostro de Sora, el dolor que refleja. Koushiro sabe que no debe escuchar la discusión pero no puede evitarlo. Su curiosidad es más grande que la precaución.

—Volverá aquí—dice ella, desafiante, pero su voz tartamudea. Ninguno de ellos discute en voz alta, Koushiro lo aprecia. Los demás duermen—, volverá. No podemos dejarlo.

—Quiero que vuelva—dice Yamato y hay una ferocidad en su voz que sorprende. Entonces, silencio—, pero, mientras tanto, ¿qué?

—Él volverá, Yamato —ella susurra, suspira su tristeza—, tiene que volver. Es Taichi.

Koushiro se relaja un poco en la fe de ella.

Yamato se aleja, sin decir nada, y él sabe que está preocupado, ellos lo saben.

—Él va a volver —dice Koushiro, en voz baja. Sora lo mira y sus ojos tienen lágrimas silenciosas. Ella necesita recordarlo tanto como el resto de ellos—, vamos a estar bien.

Cuando ella los deja, apenas unas noches después, Koushiro no es ni remotamente sorprendido.

El tiempo sigue moviéndose, a pesar de todo.


N/A: La última escena es una edición de algo que escribí para otro fic publicado así que siento que hice un poco de trampa ;)