Este fic es para el reto de Genee en el foro Proyecto 1-8.
Ecuaciones, contradicciones y pelirrojos
10. Un viaje de ida y vuelta
A veces, cuando piensa en sus días previos al Mundo Digital, él recuerda los pocos rostros que se repiten. Sus padres. Hikari. Sus abuelos. Hay más, desde luego. Sora. Koushiro. Sus amigos. Sus compañeros del club de fútbol. Sus profesores. Todas caras de recuerdos que lo acompañan. Algunas tienen nombres grabados a fuego, otros están escritos de arena.
Agumon parece destinado a ser algo más. Su compañero de vida, tal vez.
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Hikari lo recibe con los ojos cansados del sueño, el rostro pálido y enfermizo por una gripe que vuelve con una venganza. Hikari es la que abre la puerta cuando él vuelve a casa un primero de agosto que no debería ser.
Ella sonríe a Koromon como si lo hubiera visto antes, como si fuera un viejo amigo que regresa a casa.
Ella lo mira con ilusión, parece contenta con tenerlo de regreso, y él se siente más perdido que nunca cuando la misma respuesta suena en el teléfono.
Está en casa.
Pero sus amigos, ellos no.
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Koushiro aparece como una fugaz imagen en su pantalla. Suena tan poco él que Taichi se siente sumergido en agua helada. No hay rastro de Sora, la siempre presente, la siempre confiable Sora, y él siente una soledad que no espera. No puede quedarse allí cuando sus amigos lo necesitan, no puede quedarse allí.
No puede.
No puede.
¿Cómo puede volver a un punto de partida que se le escapa?
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Agumon es alegre y entusiasta y justo. Es inocente, una expresión triste que Taichi no puede dejar de mirar cuando le pregunta que hará. Él dice que pueden quedarse, que Agumon puede ser parte de la familia.
Hay tantas respuestas a sus preguntas sobre el futuro, él no sabe cómo dar la correcta. Koushiro es mejor en eso.
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Agumon le enseña que está bien tener miedo, si luego te atraves a superarlo. Que no tenerlo al enfrentar tus pesadillas, eso te vuelve temerario e irresponsable.
Taichi, a veces, se abruma con los miedos. Pero, aún así, con sus miedos, su corazón resplandece en naranja y él puede levantarse cuando se cae.
Taichi aprende eso gracias a Agumon.
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Recuerda a Jou marcando números en una playa, su firme creencia que responderían y quiere marcar ese número desconocido y darle esperanzas.
Recuerda a Mimi llorando por sus padres y algo se anuda en su pecho cuando la voz alegre de su hermana se difunde en la habitación, un contraste entre almas inocentes.
Recuerda una melodía desgarrada que brota desde una armónica, la mirada de Yamato brillando en azul agridulce.
Recuerda a Takeru y sus pesadillas, y de repente se siente tan cansado como antes, como cuando era una decepción para todos, para sí mismo.
Recuerda a Koushiro y a Sora, sus pelirrojos, sus mejores amigos. Sus sonrisas, sus muecas y pese a que tiene a Hikari con él se siente extrañamente perdido en un lugar familiar.
Él no debería estar ahí, no debería sentirse así. Él no debería pensar en quedarse. Él no debería sentir que tiene que irse.
Taichi corre tras Agumon y la decisión la toma como toma todas sus decisiones.
En el fondo, sabe que tenía que volver con los que estaban esperando.
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Hikari se queda atrás, con el cielo abierto delante de ella y escombros volando hacia un agujero. Taichi y Koromon se le escaparon de las manos, volando a un mundo que ella no conoce y con una promesa que le aprieta el corazón. Si ella hubiese sido más fuerte, no lo hubiese soltado. Pero ella no es, así que tiene que esperar que él regrese. Esperó cuatro años por Koromon, después de todo, y él regresó.
Hace sonar el silbato durante el camino a casa. Pero nadie responde.
