Capítulo 1. About Roxanne
"Querido Diario:
"Vengo de la nada, vivo en lo ilógico y voy a lo desconocido"
¿Alguna vez te has sentido como una bolsa de plástico a la deriva en el viento, queriendo empezar de nuevo? ¿Alguna vez te has sentido, tan delgada como el papel, como un castillo de cartas, a solo un soplido de caer? ¿Alguna vez te has sentido ya profundamente enterrada, gritando a 6 pies bajo tierra pero nadie parece escuchar una palabra? Yo sí
¿Alguna vez sientes que no puedes más? ¿Alguna vez te sientes fuera de lugar? Como algo a lo que no perteneces y nadie te entiende. ¿Alguna vez haz quieres salir corriendo? ¿Te encierras en tu habitación con la radio encendida tan alta que nadie te escucha gritar? Yo sí
¿Alguna vez te haz sentido más solo que nunca? ¿Alguna vez te has sentido herido y perdido? ¿Te has sentido abandonado en la oscuridad? ¿Expulsada? ¿Estar al filo de romperte y nadie está ahí para salvarte? No, tú no sabes cómo es. Bienvenido a mi vida"
Una persona no entendería nada de eso, no tendría sentido para alguien que es completamente feliz. Pero Roxanne Uley no se sentía así. Todas esas palabras, estaban grabadas como fuego en su memoria. Era como en realidad ella se sentía pero jamás lo demostraba. Siempre había demostrado ser de esas personas que mostraba su mejor sonrisa a pesar de que los tiempos fueran los peores. Todo el tiempo mostrando al mundo una máscara de fuerza y felicidad, cuando por dentro se caía a pedazos. A veces fingir estar bien es más fácil de lo que uno piensa.
Su historia empezaba con la de sus padres. Sam Uley y Emily Young. Vivían en una cabaña en la reservación Quileute de la Push en Forks Washington. llena de tradiciones y leyendas. Una pareja que había atravesado por una difícil situación y que las cicatrices de Emily eran testigos de ello.
En la push, su padre tenía una familia pero no compartía con ellos lazos sanguíneos, más bien era una amor fraternal y algo más. El grupo conformado por Quil Jared, Embry, Paul, Seth, Jacob, Brady y Collin y una chica: Leah, eran muy unidos entre sí. Leah era la tía de Roxanne, pero más que su tía, era su mejor amiga. Leah le había contado la relación que había tenido con su padre y de cómo sus padres se habían enamorado. Aunque en general, las historias de la tribu rayaban en la fantasía. Siendo Roxanne muy escéptica al respecto.
Sin embargo ella había notado algo raro en el grupo de su padre. No los veía envejecer a ninguno solo a su madre y ella. Ellos parecían de la misma edad. Pero nada de eso le preocupaba, había algo más a lo debía temer. Su pesadilla que la atormentaba desde hace un par de años. Siempre era el mismo sueño...
"Roxanne había despertado en medio de una carretera, el sol estaba en su punto máximo por lo cual el calor era abrazador, el cielo tenía un azul imposible, hermoso que jamás había visto. Sintió el frío suelo contra su mejilla y eso le produjo un escalofrío. Se incorporó lentamente, se tambaleó un poco y cubrió sus ojos del sol. Tenía la extraña sensación de ser observada. Miró el lugar donde se encontraba, pronto captó una imagen. Un pueblo se erige en la cima de una colina. Caminó lentamente por la carretera, parpadeó ya que la luz del sol le seguía lastimando y cuando miró al frente ya estaba en la entrada del pueblo. Observó con detalle cada rincón del lugar, parecía como un santuario viviente de la arquitectura y del arte de los distintos períodos etruscos, romanos, medievales y renacentistas. Comenzó a caminar sin sentido por las calles llegando a una plaza llena de gente con capas rojas, donde también se encontraba una torre con un reloj que anunciaba el medio día. El mar de gente caminaba despreocupadamente por aquel pueblo tan pintoresco y lleno de misterio. Un callejón oscuro llamó su atención, avanzó por el callejón que se estrechaba más a medida que descendía. Se sorprendió al ver que al final del camino solo había una pared de ladrillos rojos, sin ventanas ni puertas. Miró a su alrededor y se encontró con una alcantarilla, hundida en lo más bajo del pavimento, sin pensarlo, se deslizó por la alcantarilla al ver que era la única salida, además de que sentía aquella presencia desde que despertó. Una vez en el túnel de la alcantarilla -que estaba en penumbra, pero no a oscuras- comenzó a caminar. Cansada de no averiguar donde estaba, corrió por el túnel que parecía nunca acabar, al llegar al final del pasillo se encontró con unas enormes puertas de hierro forjado se abrían, incitando entrar. Corrió hipnotizada por averiguar qué había dentro. Corrió a una velocidad impresionante, casi imposible y frenó en seco cuando estuvo dentro de un vestíbulo. Anduvo por los pasillos de aquel lugar que estaba iluminado por antorchas hasta unas escaleras que ascendían y al llegar al último escalón había un ascensor, entró, cerrándose las puertas detrás de ella. El ascensor siguió su curso y cuando se detuvo, las puertas se abrieron dejando ver una recepción iluminada por la luz radiante del sol. Un escritorio y una recepcionista se encontraba en aquel lugar. La recepcionista levantó la vista y le indicó el camino con un gesto. Se dirigió lentamente mirando las pinturas una llamó su atención, era ella, abrió la boca retrocediendo, tenía los ojos rojos, un vestido de color azul, estilo medieval, volvió a retroceder asustada chocando contra una armadura y al girarse había una foto más de ella pero con un vestido rojo, negó con la cabeza asusta y se apresuró a andar por el pasillo, pronto llegó a unas puertas grandes con la cerraduras de oro, aparentemente pesadas, su sorpresa fue que eran todo lo opuesto.
Las empujó con suavidad y una luz la cegó unos instantes. Lo primero que miro fue el techo, un cúpula dejaba pasar algunos rayos del sol a la sala. Bajó la vista y la siguiente imagen que captó la dejó sorprendida. Tres tronos se posicionaron al fondo, subiendo dos escalones, el área era un círculo que permitía la visibilidad de todo, columnas de mármol se alzaban a los lados. De vuelta a los tronos, se percató que había tres personas sentados en ellos. Se acercó lentamente y puedo verlos mejor. De izquierda a derecha, se encontraba un hombre castaño, en medio uno pelinegro muy familiar y después un rubio. Tenía facciones perfectas, sus pieles eran semejantes a las de la piel de cebolla, pero lo que más llamó su atención fueron sus ojos. Rojos carmesí, del color de la sangre, como los de la pintura. Los tres hombres le miraban fijamente. El pelinegro le sonrió.
—Que sorpresa… la traidora sigue viva—habló con algo de desprecio en su voz y ella tuvo la horripilante sensación de salir corriendo. Sin pensarlo giró sobre sus talones y echó a correr pero dos hombres corpulentos le bloquearon el paso. Retrocedió asustada.
—Debiste morir cuando nos atacaron—comentó el rubio en un tenue susurro. Su voz le heló la sangre y los vellos de la nuca se le erizaron.
—Acabemos de una vez con esto, Heidi llegará en cualquier momento—terció el castaño con expresión aburrida. Tragó en seco.
—Felix—pronunció el pelinegro, juntando sus manos. Uno de los corpulentos, el más alto la tomó del cuello. Tocó el brazo del tal Felix y este comenzó a chillar de dolor aquello la asustó, y al instante este le soltó y corrió de regreso por el pasillo por donde había llegado. Se sentía atrapada en una de esas pesadillas aterradoras en las que tienes que correr y correr hasta que te arden los pulmones, sin poder desplazarse a la velocidad deseada, cada vez sentía el miedo en la atmósfera.
Se giró para ver a dos hombres detrás de ella, volvió la vista al frente. Unos jóvenes, gemelos, chico y chica le tapaban el paso en la entrada del callejón. Uno de ellos, el chico de cabellos castaños, estiró ambas manos al frente y de sus palmas comenzó a salir una densa neblina negra que se acercaba lentamente hacia ella. Corrió pero al instante frenó en seco y retrocedió de vuelta al callejón, Felix y el otro chico ya no estaban, estaba atrapada. Justo cuando llegó a la pared, los dos corpulentos aparecieron cerrándole el paso. Sin pensarlo, le proporcionó un golpe a Felix, pero este lo esquivó con facilidad, la tomó del cabello para después lanzarla contra el cobrizo, se sujetó de su saco negro para no caer, este amablemente quitó sus manos del saco y lo acomodó con elegancia. La castaña volvió a atacar con un golpe pero el cobrizo lo evadió en un limpio movimiento, sin embargo este le proporcionó un codazo en la costilla que la mandó contra la pared de ladrillo rojo. La neblina avanzó peligrosamente, hasta envolverla por completo dejando ver sólo su rostro, no sentía nada era como si la le hubieran anulado los sentidos, excepto el de la vista. Los cuatros oji-rojos se acercaron.
—¿Qué haremos con ella, Jane?—preguntó el castaño apoyando su mano sobre el hombro de la rubia. Esta suspiró con pesadez.
—Decisiones, decisiones, Alec—murmuró poniendo su vista en la pelinegra que forcejeaba por escapar, sin éxito, soltó unos sollozos—¡Quieta y cállate!—ordenó Jane, al instante se quedó callada —Vamos a torturarla—respondió con una alegre sonrisa. Pronto volvió recuperar sus sentidos, pero ojala no lo hubiera hecho. Jane le sonrió. La luminosa y alegre sonrisa de un niño inocente y, de forma súbita, sintió que se quemaba. El fuego recorría cada vena de su cuerpo, se apoderaba de cada centímetro de su piel, roía todos y cada uno de sus huesos hasta la médula. Hasta la última célula de su cuerpo refulgía en la peor agonía inimaginable. El dolor en los oídos le impedía oír sus propios gritos, estaba tirada en el piso—Que divertido—admitió Jane y en cuanto habló, el fuego desapareció.
—¿Por qué no me matas de una maldita vez?—preguntó desafiante y burlona. Felix le soltó una bofetada, sacando sangre de su labio inferior. El cobrizo fue el que con todas sus fuerzas tuvo que contener las ganas de lanzarse contra ella y morderla. ¿Cuánto dolor sería necesario para causarle la muerte? ¿Por qué no le arrancaban la cabeza de una buena vez?.
—Eres una aguafiestas...pero si deseas morir...—Jane borró la sonrisa y su rostro se volvió inexpresivo—¿Demetri?—llamó Jane con pereza y con un bostezo mientras el chico de cabellos cobrizos se acercaba a ella.
—¡No! Espera... no quiero morir... no se porque él quiere matarme, por favor, te lo suplico—pidió entre lágrimas pero Jane se echó a reír.
—No hacemos excepciones—le respondió, divertida—ni damos segundas oportunidades. Es malo para nuestra reputación—se encogió de hombros. La castaña negó asustada y solo susurraba que la perdonaran, aunque técnicamente no sabía cuál era su crimen—Encárgate de eso, Demetri—dijo Jane con indiferencia y con un gesto del mentón hacia la joven—Quiero volver a casa—murmuró.
—No mires—susurró el gemelo de Jane y cerró los ojos. Solo sintió los colmillos de Demetri sobre su cuello, succionando su sangre. "Vampiro" pensó y entonces...
—Volterra—susurró Roxanne abriendo los ojos de golpe e incorporándose de la cama. Su rostro estaba iluminado por la tenue luz de la luna blanquecina que coronaba el firmamento. Estaba sudando frío y su pecho subía y bajaba a causa del susto. Su corazón parecía caballo desbocado. Le costaba trabajo respirar.
Cada noche tenía la misma pesadilla desde que tenía memoria, cada noche era la misma sensación de miedo, de no poder escapar. Miró su reloj. Eran las cuatro de la mañana y no lograba conciliar el sueño. Suspiró profundo. Tomó el vaso con agua que estaba en su mesita y bebió con lentitud. Dejó el vaso en su lugar, volvió a acomodarse en la cama y se tapó con la cobija, esperando no volver a soñar aquello.
