Era el primer día como estudiante universitario, lo recibió con una sonrisa interna, mientras abría la ventana de su habitación dejando entrar con ello los rayos cálidos del sol. La mañana prometía ser buena, significando que su día igual sería uno muy bueno.

Se vistió de traje negro con rayas de azul marino y una corbata azul celeste, el cabello castaño se mecía con la inercia del clima primaveral; los cerezos florecían, el viento cálido abrazaba la ciudad de Tokio; la moda estaba en ropa corta y colores claros.

Él tomó uno de sus casetes para escuchar en el receso o en el camino en el metro, se llevó el de Actually de Pet Shop Boys. Su álbum favorito.

El aparato de relajación muscular estaba guardado en su caja porque no se armaba de valor para abrirlo porque el aroma de ella se guardaba en la caja y desaparecería si se pusiera el aparato.

El libro de letras lo guardó en silencio, no tomándolo en cuenta para leerlo, prefiriendo leer a escondidas el libro de medicina que le gustaba más.

Se iría por un corto tramo con Kotoko antes de que tomara su ruta en lo que Chibi desayunaba apaciguado. Ese perro la perseguía cuando salía a cualquier lado; resultó ser muy apegado a la Kotoko y a Yuuki.

Su familia no se atrevió a mandar a Chibi a la perrera, por lo que decidieron adoptarlo como propio.

Habiendo desayunado arroz con Nattou, notó que Kotoko estaba vestida casualmente (nada que ver con su ropa formal). Unos pantalones a la altura de la rodilla de color rojo, una camiseta tipo polo de color rojo y rayas negras, una gorra de béisbol.

—Irás al Kinder con esa ropa?— Se burló.

—Y tu a un funeral?— Defendió mañosa, mirándolo con gracia.

—Tan temprano y teniendo una pelea de pareja— Resopló su madre con entusiasmo.

—Claro que no— Contestó ella bebiendo un gran sorbo de jugo.


—No puedo creer que seamos universitarios— Exclamó ella con ambas manos en las mejillas esbozando una amplia sonrisa.

—Oye, tu bicicleta— Advirtió viendo que la bicicleta se cayó al suelo, golpeando el manubrio de lado; ella se encorvó para agarrar su medio de transporte diario. —Tonta— Se burló, sonriendo malicioso.

—Ah, gracias por avisarme— Se rió traviesa, moviendo la bicicleta.

—Presta más atención a tus acciones— Señaló aseverativo, tratando de encausarla por un mejor rendimiento en cuanto a su atención con respecto a sus alrededores, con el fin de evitarse esos escenarios en que se le caigan las cosas o se estrelle contra un poste o un árbol.

—Eh, si— Cabeceó desinteresadamente, bajando la mirada a su walkman. En cuanto ella se distrajo, escuchó un ruido detrás suyo, significando que se había estrellado con algo.

Se giró a ver, y si, se había estrellado contra el poste de luz con toda la frente roja del golpe y la bicicleta haciendo contrapeso en su vientre. —Auch— Se sobaba la frente, entrecerrando los ojos del dolor.

—No te lo dije?— Recordó moviendo la cabeza negativo. —Segura que no vas al kínder?— Ironizó sobre el tema. La mueca de burla amenazaba con aparecer en su rostro. Volteó la cabeza a otro lado.

—Oye!— Le gritó indignada.

Se rió por dentro, tapando su boca con la mano con el fin de no ser tan obvio con su acción.

Sus aventuras en la universidad apenas empezaban a su lado…


Tomando el camino a la universidad, ella se separó de él para tomar su propia ruta en su bicicleta, habiéndose despedido él se encaminó al metro colocándose los auriculares para ponerse a escuchar el casete que se trajo.

Dentro de su afable pensamiento con la música, el camino se le hizo rápido y de un parpadeo estaba en la entrada de la universidad de Tonan. Se impresionó al presenciar la gran cantidad de estudiantes de distintos rubros y vestimentas diferentes a la suya, la mayoría se vestía tal como Kotoko lo había hecho ese día.

No le tomó mucho tiempo encontrar su edificio de física e ingeniería. Un edificio blanco y estrecho, lleno de hombres y escasas mujeres.

Entrando al edificio un olor hermético rodeaba el pasillo de la entrada, la blancura de afuera era la misma que adentro, las personas de ese sitio portaban el mismo estilo de ropa que él usaba. Llevaba el portafolio en la mano donde por dentro estaban: el walkman, el casete, auriculares, libretas y utensilios para escribir en clase.

Buscó su salón, del cual fue sencillo encontrarlo gracias a su gran sentido de la orientación y de los espacios; entrando al salón 102 algunas miradas se posaron sobre él, los murmullos y cuchicheos precoces respecto a su físico no cambiaban incluso en la universidad.

Se puso su máscara de frialdad e indiferencia y se sentó en el asiento de la ventana al frente del profesor.

Para colmo, los bancos estaban colocados en mesas semicirculares donde cuatro estudiantes ocupaban un lugar respectivo; una chica pelinegra se sentó a lado de él—la misma chica que le dijo dónde estaba el hospital universitario— recordó las facciones físicas de la chica. Unos rizos despampanantes decaían por su cintura, el olor elegante a rosas, un cuerpo bien formado y torneado, maquillada a la perfección y una actitud segura y elegante. Todo lo contrario a Kotoko.

—Los rumores si que son ciertos— Expresó con voz sarcástica, reclinándose en su asiento para verle mejor. —Eres más atractivo en persona que en las fotos, Irie Naoki—

—Y tu eres?— Articuló perplejo ante la seguridad manifestada en la chica pelinegra. —Te vi el día del examen de la universidad de Tokio—

—Veo que tienes memoria fotográfica— Comentó, inclinándose hacia él de forma apacible. Casi agraciada. —Matsumoto Yuuko— Extendió la mano con uñas alargadas y pintadas de rojo fuerte. Él aceptó el gesto, receloso.

—Mi nombre ya te lo sabes— Señaló como una advertencia dentro de su cerebro que esa chica de seguro expresaba un interés en él como el resto de las chicas.

—Te unirás al club de tenis?— Preguntó luego de haber retirado el contacto.

—Sí— Asintió y por inercia preguntó —Y tu?—

—Por supuesto, para conocernos mejor— Dijo con claridad. —Siempre he estado interesada en ti, Irie-kun—

Se nota, pensó. Por qué les gusto a las locas? Maldijo.

Ladeó la cabeza, ignorándole, daba a entender que era de las mujeres que no se rendirían con el primer rechazo ni con el segundo, sino que se mantendrían a la raya con tal de conseguir su afecto.

Claramente él no le daría alas, mas que platicar por obligación y educación, no por mero placer romántico. Ya estaba claro que con Kotoko las cosas eran diferentes aunque no entendía sus sentimientos ni los gustos por el sexo opuesto, pero era una persona importante y buena con él.

No por nada la había etiquetado como su persona especial.

Estando en clase, percibió por ende que la chica pelinegra que se hacia llamar Matsumoto, resultaba ser bastante capaz con la ingeniería. Presumió haber obtenido el tercer puesto de la puntuación del examen nacional. En pocas palabras, no es una chica tonta. Una pretendiente capaz.

Saliendo del edificio blanco, se topó con una Kotoko desorientada caminando rumbo a su edificio con la mirada perdida rascándose la cabeza, con mapa en mano.

Matsumoto se le pegó mientras él caminaba en dirección a su amiga.

—Kotoko— Llamó con frialdad.

Ella se sorprendió al escuchar su repentino llamado.

—Naoki-kun!— Dijo exaltada.

—Qué haces aquí?— Cuestionó con las manos metidas en los bolsillos de su traje. Matsumoto miraba con superioridad a la chica.

—Me perdí— Se rió con la mano en la nuca. —Creo que leí el mapa al revés—

—Tonta— Curveó la comisura de sus labios con gracia de verla desorientada. —Qué estabas buscando?—

—La cafetería— Musitó entre risitas de travesura. —Muero de hambre!—

—Te acompaño— Se rindió al verla tan perdida, quería ayudarla.

—Es tu novia?— Preguntó la pelinegra, por un momento se había olvidado de su presencia.

—No, somos amigos— Respondió ella con despreocupe. —Aihara Kotoko— Se presentó agachando la cabeza con animosidad.

—Matsumoto Yuuko— Dijo con presencia y autoridad. Se inclinó al brazo de él con signo de posesión —Voy con ustedes, Irie-kun—

—Bueno, más compañía— Expresó ella sonriendo.

Arribando a la cafetería, ella se fascinó con el olor de comida proveniente de las estufas, los sonidos de las personas platicar y el hecho de hacer fila para ordenar.

—Que interesante es esto de ser universitario— Comentó ella con asombro.

—Eres una niña o que?— Inquirió con ironía Matsumoto, tomando a la chica de improviso, porque la miró con gesto cuestionable.

—Cómo?— Arqueó las cejas en duda. —Si lo que quieres decir es que si soy una chica, es verdad—

—De verdad eres universitaria?— Preguntó con tono más persistente. —Te vez muy infantil para estar en un lugar como este—

—Acaso no me vez aquí?— Dijo con ironía y una sonrisa traviesa.

Naoki sonrió de lado, sintiéndose mejor por haberse acercado a ella y acompañarla en el primer día.

Cuando fue su turno de pedir, ella ordenó el combo A al igual que Naoki, porque le llamó la atención el contenido de alimentos.

—Aquí no hay lonche F— Se mofó de esta, sonriendo de lado.

—Oye!— Le dio un empujón en el brazo izquierdo, ofendida. Le agradaba ver sus reacciones. —Puedo pedir lo que quiera— Hizo una mueca indignada.

Al darles la orden al mismo tiempo, notaron la gran diferencia de porciones siendo el mismo platillo. Los dos fruncieron el ceño telepáticamente.

—Por qué las porciones están disparejas?— Espetó él con fastidio, cruzándose de brazos.

—Viene a quejarse de cómo manejo el negocio?— Una voz inconfundible le azoró los oídos, ese cara de chango sin vergüenza estaba postrado con superioridad frente a él.

—Kin-chan!— Exclamó Kotoko con sorpresa abriendo los ojos de par en par. —Qué haces aquí?—

—Trabajando preciosa, para poder mantenerte— Se cruzó de brazos con posesión y superioridad.

—Bueno, gracias por darme comida de más— Tomó la tanda de comida y se fue a tomar un lugar dentro de las mesas de la cafetería, viendo la comida como triunfo.

—Deberías de tratarme con respeto— Inquirió él, enarcando una ceja. —Pocas porciones es de cobardes—

—Dices que cambie mi manera de ser por tus tontas acusaciones— Se rió fingidamente, cosa que le irrito más. —Si tanto detestas mi comida porqué no traes tu propio lonche— Lo miró con repulsión.

—No hables tan familiar conmigo— Obscureció su mirada.

—Quién dijo que quiero ser familiar contigo?— Devolvió la mirada del mismo modo. —Estúpido genio! No sabes cómo detesto a las personas como tú— Lo apuntó con desprecio.

—El desprecio es mutuo— Replicó haciendo una mueca de disgusto. —Ahora sírveme la porción que me corresponde— Exigió, cruzado de brazos.

—Confórmate con lo que te serví— Ladeó la cabeza desinteresado, apretando los labios en forma de puchero. —Genio cobarde—

—Qué cosas dices de Irie-kun?— Intervino Matsumoto, para acabarla de amolar. —Es más hombre que tu, idiota!— Le tomó del brazo, aprisionándolo en su agarre en instinto de posesión. —Vámonos— Ordenó con seguridad, apretando el contacto mientras que él llevaba en sus manos la tanda de comida desproporcionada. Quería irse en dirección donde Kotoko estaba sentada sola, devorándose la comida como chamaco desquiciado, pero si lo hacia esa chica pelinegra se entrometería en su conversación, sería mejor platicar con Kotoko estando en casa.

Esto será un largo camino hacia mi futuro como médico, se dijo con orgullo.