"Y no puedo operar con este fracaso, cuando todo lo que quiero es estar completamente al mando"

Decidió ir a las pruebas de tenis donde pensaba unirse al club como un rato para despejar su mente. El entrador de nombre Sudou, un sujeto bigotón de aspecto de vendedor de carros usados, era famoso por ser muy amigable con las personas pero al darle una raqueta de tenis se transformaba en un monstruo imparable.

Con la ropa deportiva puesta, salió a la formación con el resto de los estudiantes de nuevo ingreso que presentarían las pruebas de introducción al club.

Agazapado con su inconstante mente, su salud física estaba en perfecto estado siendo así que podría ganar un partido de tenis sin esfuerzo.

—Buen Día para todos ustedes nuevos miembros del club de tenis— Dijo Sudou con aire bonachón, usando de igual manera la ropa del tenis con colores fuertes y el cabello erizado. —Los llamare por su nombre y pasaran al frente para evaluar sus habilidades y destrezas en el tenis, si son nuevos en esto, no teman por favor porque tratare de ir lo más despacio que pueda, de acuerdo?— Todos asintieron. —Bueno, empezaremos con el mejor, Irie Naoki—

Lo llamó con aire retador, a lo que él correspondió frunciendo el ceño y suspirando con desinterés. Las adulaciones de las chicas le estorbaron por ser tan bochornosas.

Plantó firmemente sus pies en la cancha verde de tenis, viendo cómo cambiaba de color Sudou al tomar la raqueta con instinto animal. Con un golpe duro y consistente, comenzó el partido de tenis entre esos dos titanes del deporte, corriendo por todas partes de la cancha, sudando exhaustivamente y con la respiración acompasada. Naoki podía ver más allá que solo la pelota verde de tenis ser golpeada por él mismo y por Sudou. Empleando la onza de consistencia golpeó la pelota con el propósito de ganarle. Viendo que en efecto su golpe surtió efecto y Sudou echó un grito desesperado al aire.

Volvieron a jugar otro mini partido de tenis con más intensidad y reñido, abarcando toda la cancha en su máxima capacidad de expansión.

Naoki volvió a ganar justamente.

Satisfecho con su rendimiento típico del tenis, se retiró con aire triunfal a darse una rápida ducha e irse a estudiar a la biblioteca.

—Irie! Vuelve aquí!— Exclamaba furioso el entrenador, a lo que él ignoró rotundamente. Que tipo tan desagradable y extraño, se dijo, es un pésimo perdedor.

Matsumoto le guiñó de forma interesada el gesto, provocando en él una sensación extraña. En cierta forma, quería que fuera Kotoko quien le diera apoyo en todo lo que hiciera.


Las inconstancias de su atolondrada mente no paraban de torturarlo, y en cuanto al nivel de tortura, sería uno muy elevado, porque lo perseguían pensamientos obsesivos con esa chica. Por más que se negara a estar a su lado, más quería estarlo.

Era como si su voluntad no valiera lo suficiente como para accionar lo que su lado racional le ordenaba.

Si el amor era de esa forma, entonces sería la primera vez que le sucedía algo a tal grado que pavor se daba de sí mismo. La comida sabía diferente, dormir se sentía diferente, verse en el espejo cada mañana era diferente, caminar por las calles resultaba diferente, hasta tomar agua era diferente. Su pequeño y reducido mundo se abría lentamente y al mismo tiempo de un parpadeo. Porque ahora todo comenzaba a parecerle diferente.

Conforme pasaban los días los atardeceres crecían en él como pequeños detalles que antes no se había percatado de apreciar; los lindos matices del cielo rojizo se oscurecían en el horizonte dando paso a la noche tranquila.

Si el silencio antes le brindaba certidumbre, ahora apreciaba el ruido como un nuevo capítulo de su vida. Las texturas de su día a día cambiaban, cada que veía a Kotoko y la escuchaba reírse, hablar, incluso su silencio llenaba su vacío.

Negarlo a esos extremos en que sus sentimientos más claros no podían estar, resultaba risorio. Negar que sentía algo fuerte por ella, estaba para volverse loco.

Sin precisarlo mejor, diría que fue hechizado por su magia de manera indiscreta. La innegable atracción por ella lo orillaba a acceder a muchas de sus sugerencias, cosa que en su vida creyó imposible.


Un día de primavera, el sol acariciaba con sus rayos el camino a la universidad. Vacilando con su calor, los pasos agigantados del genio, que avanzaba en pleno estupor odiando el cambio de clima a uno de verano.

Su blazer azul marino combinada con la camisa de manga corta de cuadros de distintas tonalidades azuladas, un pantalón caqui y zapatos de vestir café claro con cintas. Llevaba puestos los auriculares escuchando un álbum que se compró en la tienda de música, cuando pensaba que quizás debía alejarse discretamente de Kotoko para aclarar sus sentimientos con prontitud.

Los bellos cerezos brindaban un nuevo color artístico al camino, con los pétalos rosados cayendo con la gravedad en curiosos zigzagueos hasta agolpar con acera de la banqueta.

Naoki los veía caer por los alrededores, haciendo una mueca de suspicacia, metiendo las manos en los bolsillos del pantalón, completamente aburrido. Sí, esa era la palabra: aburrido.

El genio se hallaba aburrido por andar tan temprano solo de camino a la escuela, sumándole que cabía la posibilidad de venir acompañado de esa chica; aborrecía con creces no poder venir acompañado a la escuela y entrar por las puertas solo.

Siempre solo! Era el colmo de los colmos para él.

Un palmoteo lo hizo girarse en dirección del golpe.

—Kotoko?— Dijo al realizar de quién provenía aquel palmoteo. La vio asentir y se quitó los audífonos en seguida. —Qué haces aquí? No tenías clases hasta las diez?— Preguntó fallando al ocultar su asombro.

—Tengo clases ahorita— Respondió, llevando la bicicleta entre ambas manos, caminando a su paso. —Me avisaron anoche que las adelantaron— Agregó.

—No era para que fueras tan ruidosa— Fingió quejarse, aunque por dentro diera brincos de gozo al saber que no se iría solo a la escuela.

—Qué escuchabas?— Lo interrogó ojeándolo.

—Black Celebration, de Depeche Mode— Le hizo saber, enseñándole el walkman que ella le había prestado.

—Ese lo conozco!— Exclamó admirada. -Me encanta!- Expresó enamorada.

Siguieron caminando hasta llegar a la escuela, la veía de reojo cuando notaba que volteaba para otros lados admirando el paisaje, en donde quiera que hubiera naturaleza. Sacaba el teléfono y se ponía a tomarle fotos a los cerezos que volaban en distintas direcciones.

Naoki, decidió ser el siguiente en hablar.

—Tus clases van bien?—

—Ah claro— Respondió casualmente, sacudiendo la mano en el aire como quien diría una persona despreocupada. —De ti no pregunto nada, porque se que te va excelente— Hizo señal de excelencia.

—Porque tengo cerebro— Presumió obstante de sus sentimientos.

—Ah descuida— Se rió de lado. —De eso no me cabe la menor duda— Dijo como si de un cómplice se tratara. De pronto, se echó a reír en su propio mundo.

—Ya te llego la locura?— Exteriorizo burlón. —O acaso te esta afectando la madurez?—

—Cállate— Ladeó la cabeza, meciéndose con su misma risa; usaba una camiseta polo de color rojo de manga corta, shorts azul marino a la altura de la rodilla, tenis Adidas blancos con cintas negras, el cabello recogido en una mini coleta, ya que su cabello había crecido un poco.

—Callarme yo?— Replicó haciéndose el ofendido. -Al menos tengo cerebro qué presumir- Alzó el mentó, dándole aspecto de todo un rey.

—Aihara— La voz de Sudou le llamaba desde la entrada de la universidad. —Aihara, ven aquí— Naoki frunció el ceño al ver al pésimo perdedor que era precisamente el presidente del club de tenis. Que molestia… pero, peor la molestia que sintió al ver que no le hablaba a él, sino a Kotoko. Y para qué? Qué era lo que quería con ella? Una irritación desastrosa invadía su pecho mezclado con ardoroso coraje. —Te estaba buscando, por qué me haces esperar?— Alzó la voz regañándola por su aparente tardanza.

Kotoko hizo ademán despreocupado—típico—, esquivando los regaños que Sudou le decía furioso, tomándola de la mano abruptamente y llevándosela sin su bicicleta.

-Pero mi bici- Replicó preocupada. -Debo estacionarla- Forcejeó con Sudor, que al parecer no deseaba soltarla.

Naoki apretó los puños, echando un soplido encolerizado; tragó saliva antes de cerciorarle a Kotoko que se encargaría de su preciada bicicleta .

—Yo me encargo de ella— Aseguró con fingido desdén.

—Gracias, Naoki-kun— Le sonrió antes de ser jaloneada de la mano por su entrenador.

Supuso que quizás el motivo era urgente, pero lo que no le cabía en la mente era el cómo se hicieron tan cercanos si ni siquiera se los había presentado él mismo. De dónde se conocían? Si es que se conocían antes de asistir a la universidad. O había otro motivo detrás de su relación? Fuera lo que fuera, no le agradaba ver cómo Sudou la forcejeó apurado, para después alejarla de su vista.

Ya luego se encargaría de asentar cuentas con ese tipo.


Finalizando las clases se fue a la biblioteca, en busca de un libro que esperaba, le facilitaría la tarea. En cuanto una voz que lo tenía muy perseguido, le habló:

—Irie-kun— Matsumoto lo había pillado buscando un libro determinado en la biblioteca. —Qué buscas?—

—Un libro de ingeniería— Contestó serio, mientras buscaba entre los libros de devolución.

—Yo tengo lo que buscas— Cercioró, haciendo ademán coqueto. Sus ojos decían "quiero estar contigo", al igual que su cuerpo. —Te daré el libro, a cambio de que me hagas un favor— Soltó como si lo hubiera planeado tiempo atrás.

—Qué favor?— Interrogó de inmediato.

—Te diré después— Vaciló con un mechón de sus largos cabellos rizados entre dos de sus finos dedos, pasándolos como si quisiera peinarse una trenza. —Primero te doy el libro, es más importante el trabajo que debes realizar con él— Aseguró, parpadeando escasamente.

—Bueno, gracias— Forzó una pequeña sonrisa amable.

—Te veré después— Se retiró en aire triunfal.

Las intenciones que Matsumoto tenían para con él no le agradaban, es más, le daban un mal presentimiento.


Estando en su habitación, dejó que su abdomen se estirara en la cama expandiendo sus largas piernas mientras leía con seriedad impasible, meditando sobre el favor que Matsumoto mencionó que quería pedirle, algo en eso no sonaba bien.

Su hermano coloreaba un dibujo que hizo de Kotoko para su "diario de observaciones de Kotoko" que decidió darle seguimiento a pesar de que las vacaciones de verano habían terminado hacía mucho.

Supuso que quizás lo hacia porque nunca se aburría con esa chica y quién no? Ni él mismo se aburría de ella.

Su celular vibró en el tono de una canción de Pet Shop Boys ("West End Girls") lo sacó de su lectura. Revisó el contacto. Matsumoto Yuuko. Esa chica loca, pensó, de seguro querrá algo de mi o algo a cambio por haberle pedido prestado ese libro de física que esta en el librero y ya leí, es eso.

—Moshi Moshi— Contestó apesadumbrado.

—Irie-kun, te moleste?— Preguntó con interés.

—No— Resopló tranquilo. —Qué se te ofrece?—

—Leíste el libro que te preste?—

—Sí, gracias por prestármelo— Asintió.

—Quiero algo a cambio— Demandó con naturalidad, sonando elegante en su voz con un deje de manipulación hacia él.

—Ya te dije gracias— Refunfuñó sin acordarse del trato que hicieron aquella vez.

—Ten una cita conmigo a cambio del libro— Una punzada de estrés le llegó a la cabeza, poniendo los ojos en blanco. Esa chica es una lanzada contra mi, se dijo.

—A dónde?— Quiso saber.

—Veamos una película de romance— Dijo ella. —Le iba a dar los boletos a mi hermana, pero preferí gastarlos contigo—

—Está bien— Accedió con desinterés. —En dónde?—

—Te mandaré los detalles por texto— Colgó el teléfono con despedidas afectivas. Él solo lanzó el celular al suelo de la alfombra con enfado. Cómo se dejo manipular tan fácilmente? Por qué era tan descuidado?

—Onii-chan?— Su hermano estaba desconcertado por verlo tirar el celular al suelo.

—No es nada— Negó.

Ahí iba a la basura nuevamente su tan ansiada paz, cuando en verdad quería estar al mando de su propia vida, y teniéndolo todo no podía lograrlo. Estaba perdiendo el rumbo en el camino por pensar siempre en él mismo.

PD. (Mención a la canción "Pale Shelter" de Tears for Fears)