"He estado esperando a una chica como tu"
Meditaba sobre sus estudios en la biblioteca, anotando los temas de gran interés para su futuro como médico; leía un libro de términos médicos que había sacado de una de las estanterías de la biblioteca.
Conforme estudiaba el libro de términos médicos escondido bajo un libro de ingeniería aeronáutica; anotaba con la mano derecha los temas que le interesaban y tomaría en cuenta a lo largo de sus estudios médicos del futuro. La izquierda bloqueaba la visibilidad que podía relucir el libro de terminología si se acercaban mucho las personas.
Se imaginaba la emoción poderosa que le invadiría cuando usara la bata de médico, analizando los signos vitales del paciente e investigar la causa de la enfermedad para curarlo.
Se encasillaba en el libro de terminología médica fascinado con todos los términos que se podían llegar a emplear a lo largo de las enfermedades.
Dejó el libro luego de leerlo, para tomar uno de fisiología humana y también tomar notas de los temas de interés y de su futura investigación a fondo.
Una vibración lo sacó de sus cavilaciones estudiantiles, revisó su celular viendo que era un mensaje de texto por parte de Matsumoto. Decía:
Lugar de la cita, el cine cerca de la estación Aoyama.
Veremos la película de un romance entre un sexy ciborg y una universitaria.
Besos.
Se llevó una mano a la frente, frotándose la sien con la incertidumbre llegarle hasta la garganta en un nudo nauseabundo. Películas románticas él? Ni en sus sueños las veía.
Acaso no lo conocía lo suficiente como para determinar lo que le disgustaba?
Al parecer no. No entraba en la lista de chicas de su rango.
Es más, tenía una lista de chicas de su rango? Tampoco.
Cuando pensaba en chicas, le provocaban incomodidad. Cuando pensaba en Kotoko, le provocaba una sensación de refugio. Pero Kotoko era una chica, una demasiado única y diferente al resto de las otras locas que lo perseguían, que era el enganche seguro y la intriga de querer conocerla más. Cosa que le sucedía siempre, despertando en él deseos de querer ser aquel hombre que conociera todo de ella. Cada mínimo detalle que la conformaba.
Sin saber cómo o por qué, podía asegurar que eso ya era un hecho.
Se retiró de la biblioteca perturbado de mente, prefiriendo refugiarse un rato en el tenis mientras hubiera luz de día para iluminarle el cielo.
Finalizando el entrenamiento de tenis en compañía de Matsumoto, se refrescó el cuerpo con una buena ducha en el vestidor de hombres, cerrando los párpados al caerle el agua encima, limpiando las impurezas y el sudor de la práctica conforme pasaba alrededor de su cuerpo.
Estaba exhausto de pensar tanto, de confundirse con lo simple y de enfatizarse en lo complicado. Necesitaba despejarse en su cuarto, tapado entre las cobijas con los párpados descansando. Se contentó con saber que eso es lo que haría después de asearse completo y de vestirse en ropa cómoda.
Tambaleándose con el agua mojada derramada en el piso, fue ágil al salirse ileso de la bañera. Se secó y vistió en menos de cinco minutos, utilizó sus manos para acomodar su cabello castaño mojado de lado donde el derecho era el dominante en su cabello. Se miraba tan atractivo, tan reluciente e impecable como modelo de revista.
Satisfecho con su aspecto, se fue a paso breve rumbo a su casa.
El día de su cita había llegado y lo esperaba con punzadas en la cabeza de estrés. Jamás había estado en una cita con una mujer, salió con Kotoko, pero no con una chica del nivel de Matsumoto de elegancia y madurez. Su réplica del sexo opuesto.
Se vistió con una camiseta negra básica y encima una chamarra azul con capucha, unos vaqueros cómodos y unos tenis blancos casuales.
La esperaba en la estación Aoyama con las manos metidas en los bolsillos, la cartera en el pantalón, la sensación apesadumbrada de su mente por no estar con alguien que le hiciera vibrar. Matsumoto era una buena chica, muy inteligente, talentosa, mas no le atraía.
Una mano le dio una palmada en el hombro, suave y delicado: Matsumoto.
—Te hice esperar mucho?— Cuestionó con aire casual.
—No, acabo de llegar— Reparó.
Se fueron caminando por la calle hasta llegar al cine. Platicaron de cosas triviales.
—Hiciste el trabajo? El del ensayo de ingeniería ambiental— Ella le tomó del brazo derecho en señal de posesión.
—Ya lo termine— Repuso verdeando lo que se le pudiera ocurrir en la cabeza. —Tu?—
—También, si somos intelectualmente capaces para no pedir ayuda— Dijo con superioridad.
—Supongo que sí— Dijo con seriedad. —A qué se debe que quieras ver esta película?— Ordenó saber.
—Quería ver algo romántico contigo— Coqueteó. —Para que sepas lo que siento por ti— Le insinuó, de tal modo que sintió su piel erizarse del pánico.
Pasando por el cine, fueron rápidamente atendidos por el empleado de recepción entregándole los dos boletos que ella poseía en mano. La siguió hacia la sala del cine, cuando una voz inconfundible le pareció escucharla por los interiores de la sala, una voz capaz de hacer que su corazón latiera con fuerza.
Sin poder disponer del tiempo de buscar el origen de la voz, se dejó caer en el asiento del cine con ligereza en una de las filas del centro, donde la pantalla se puede apreciar claramente. La chica se sentó a su lado, en afán de cogerle la mano.
Queriendo voltear, se maldijo por dentro por intentar moverse en todas direcciones para encontrar el origen de la voz.
Empezando la película, un murmullo de alguien del asiento de atrás le hizo tensarse, un panfleto del cine les fue lanzado entre los dos asientos.
—Perdón— La voz gangosa provenía de atrás, se molestó de escucharla. Ladeó su vista hacia atrás, topándose con la sorpresa de ver a Kotoko en los asientos finales de la sala. Sola. Por qué esta sola? Fue con alguien?
Al bajar la mirada, vio otra forma familiar, una identidad inconfundible y burda: Sudou. Ese tipo fue aquel que le lanzo el panfleto y estaba justo detrás de él, sentado en el piso de la fila recargado sobre la butaca de Matsumoto.
Naoki pensó que eso había llegado demasiado lejos, incluso para alguien de su tipo.
De seguro manipuló a Kotoko para acompañarlo y la había dejado sola.
Crispó su cuerpo frustrado, contemplando la película que la pantalla plasmaba, se inquietaba de escuchar la voz de Kotoko quejumbrosa con las escenas de romance entre el ciborg y la universitaria; cuando la película terminó sintió una parte de su cuerpo despertar luego de estar sentado en un mar de aburrimiento, prefirió estar en casa.
Saliendo del cine, volteaba a ver si Kotoko estaba a la vista en algún lado, pero no estaba por ningún lado.
Decepcionado, acompañó a la chica a unas compras de vestidos en tiendas de ropa, donde se compro un vestido rojo de escote V a la altura de las rodillas, una raqueta de tenis en la tienda de deportes, hasta irse a tomar el té en una cafetería cualquiera de la zona de Aoyama.
—Qué tipo de mujeres te gustan, Irie-kun?— Le tomó de improviso, mientras bebía del té.
—Inteligentes, bonitas, que sepan cocinar, maduras y deportistas— Indirectamente describió a Kotoko, sabiéndose esas características de memoria. —Y a ti? Qué tipo de hombres te gustan?—
—Los inteligentes, atractivos, deportistas, y que sepan cómo tratar a una mujer— Opinó, reposando su mentón sobre ambas manos. —No crees que somos la pareja ideal? Quedamos muy bien—
—No sabría decirte— Resopló desinteresado. —No estoy interesado en salir con alguien— Quiso darse un aire de grandeza, para ocultar sus sentimientos. Pero, sintió que en cierta forma mintió acerca de ese argumento tan burdo y malinchista.
—Vamos, Irie, sabes que me gustas— Él la miró abstracto, con la boca semi abierta.
—Sí, lo se— Farfulló doblando la ceja, resoplando.
—No me darás una oportunidad?— Sonó esperanzadora.
—No— Negó sin dudarlo. Ella agachó la cabeza, pensativa.
—Entonces, haré mi mejor esfuerzo para que me veas— Posó su mano sobre la de él que estaba descansando en la mesa. —Pero si me dices que prefieres a Aihara, entonces no me detendré hasta que seas mío. Desde el primer momento en que te vi, supe que tenías que ser mío—
Por qué hablaban de él como objeto de una propiedad?
Por qué lo querían alquilar como mercancía?
Acaso su opinión no valía?
—Por qué hablas así de Kotoko?— Despegó su mano del contacto, con el ceño fruncido.
Ella lució sorprendida por un momento, pero se repuso de inmediato.
—Es una chica tonta, es persistente,— Bufó. —Pero no se ve que esté enamorada de ti— Afirmó como si fuera un hecho seguro, aunque así fuere, él desconocía los sentimientos de Kotoko para con él, es más, solo sabía que ella lo veía como amigo y ya. No había más claridad.
—Cómo puedes saberlo?— Se puso de pie. —Acaso le has preguntado? No lo creo— Hizo gesto de estar en desacuerdo.
—Irie-kun, espera— Lo sostuvo de la muñeca justo cuando se iba a marchar. —No quise hablar mal de Aihara, no fue mi intención, es que siento que tiene la delantera y no quiero eso—
Es verdad, si tiene la delantera.
—Entonces en vez de estar insegura, por qué no vienes y me lo dices de frente?— Se soltó del contacto nuevamente, y se limitó a volver al asiento para terminar sus alimentos con un sabor seco en el paladar.
—Te gusta Aihara?— Preguntó sedienta de información.
—Eso a ti no te incumbe— Espetó con aire altivo.
—Por supuesto que sí, si se trata de ti— Argumentó con gesto celoso. —Yo quiero estar contigo; ella cuando te ha invitado a una cita?—
—Varias veces— Resopló. Ella abrió los ojos como bombillas alarmadas. —Y todas la he aceptado—
—Entonces es un "sí"— Supuso.
Kotoko siempre ha tenido la delantera desde el principio.
—Yo no dije eso, no hagas suposiciones de mi vida— Ordenó el con frialdad. —Lo que suceda con mi vida no es asunto tuyo, es mío y de nadie más—
Nadie podrá venir a quitarle el puesto que ya le designe.
—Déjame ser parte de eso también— Pidió con esperanzas de ser aceptada.
Kotoko es mi persona especial. Se reafirmó.
No respondió ante eso, solo dejó que el silencio los invadiera, no obstante, la miró frío y calculador, una forma de su ser aterradora que expresaba su interna frustración. Hacia pomada a cualquiera cuando miraba con esos ojos escalofriantes.
El tema de platica había tenido un punto final.
Saliendo de la cafetería con un silencio incómodo, unos jaloneos entre un grupito de personas captaron la atención del castaño que estaba atento al intercambio que se veía a la distancia.
—Qué sucede allá?— Apuntó la pelinegra con ojos asombrados ante el intercambio.
—No lo se—
Se acercaron para ver mejor lo que sucedía a distancia, tres hombres jaloneaban lo que parecía ser Kotoko? Se alarmó al ver que los hombres la zarandeaban con fuerza y ella trataba de resistirse pero la fuerza del líder del clan sobrepasaba su fuerza con creces. Un Sudou temeroso trataba de detener el intercambio fallando inútilmente.
La impotencia fue su compañero en ese momento, corrió con fuerzas queriendo detener la situación.
—Qué sucede acá?— Detuvo la mano del feroz agresor que le dio un golpe rotundo en el rostro. —Saben que la violencia a las mujeres es un delito? O sus cerebros no están desarrollados como para distinguir a una mujer— Miró amenazante a los tres, que le miraron con inseguridad.
—Qué dices insecto?— Espetó el líder con las manos en la cara golpeada.
Kotoko estaba tumbada en el piso, consciente, y con la boca abierta al ver a Naoki.
—Naoki-kun, qué haces aquí?—
—Si la tocan otra vez— Dijo en tono amenazante. —Se las verán conmigo—
Fue con Matsumoto y tomó la raqueta de tenis, entregándosela a Sudou, le susurró en el oído —Es tu turno de impresionarla, no me decepciones—
Cogió a Kotoko de la mano y se fugaron corriendo.
Exhausto de tanto correr por la ciudad, se frenó en el parque de Aoyama, donde un lago fresco y grande era el principal atractivo del parque. Tomando enormes bocanadas de aire, con las manos en las rodillas reposando, Kotoko respiraba normalmente como si la distancia no le había afectado una décima.
—Qué hacías ahí?— Preguntó ella, estirándose el hombro.
—Estaba en una cita— Reparó entre bocanadas de aire y la sensación de recuperar su respiración pausada.
—Con Mariana, Martha, Mariela… —Decía confundida.
—Matsumoto— Repuso con la respiración pausada. —Matsumoto Yuuko—
—Esa!— Apuntó con reticencia. —Gracias—
—Tú que hacías con esos bravucones?— Inquirió, enarcando una ceja.
—Sudou-senpai dijo que me llevaría a ver John Wick, pero fue mentira— Expresó decepcionada. —Cuando menos lo espere estaba viendo una película romántica y luego estábamos caminando por las tiendas de ropa, una tienda deportiva y cuando me estaba yendo le tiré nieve a un sujeto, se molestó mucho y amenazó con denunciarme a la policía por agraviar su seguridad, pero se me hizo muy tonta su excusa así que lo golpeé—
—No deberías de golpear a desconocidos— Advirtió. —Agradece que aparecí para ayudarte—
—No te halagues lo suficiente— Lo empujó amistosa.
—Si soy yo el que te salve del problema— Presumió irónico.
—Si quieres que diga gracias para que dejes de hacer el importante, pues gracias— Accedió quejumbrosa.
Caminaron unos cuantos pasos, admirando la belleza del lago donde las familias paseaban en el bote, las manos entrelazadas de las parejas provocaron sonrojos en el castaño, los sonidos del viento atravesando las copas de los arboles resultaba ser tranquilizador.
—Quieres subirte el bote?— Sugirió él receloso.
—En serio?— Miró con gesto incrédulo. El asintió. —Claro—
Se fue corriendo a hacer fila para pedir el bote, de modo que él la siguió a su paso por el camino. Su malhumor de la mañana se disipaba lentamente.
Se subieron al bote rojo, y él comenzó a remar con cautela ya que había varios botes ocupando el espacio del lago, entonces la libertad de movimiento del bote era escaso.
Suspirando ante el aire fresco, miraba a su acompañante infantil, haciendo diversas expresiones chistosas de felicidad por estar sentada en un simple bote; tocaba el agua con sus dedos, mojándoselos y pasándose el agua sobre el cabello a la altura del hombro.
Se consolaba con remar el bote, verla deleitarse con el reflejo de su rostro en el agua del lago, sonreía de lado estando tranquilo, contento con tener a una figura agradable frente a él.
—Por qué no es común que vengan parejas a este lugar?— Cuestionó, mientras se recargaba en el otro extremo del bote. —Se me hace curioso, porque somos dos parejas aquí—
Recordó la superstición de las parejas que pasaban por ese lago estaban destinadas a separarse.
—Es por la superstición— Los ojos se le abrieron como platos. Tomó eso como indicativo de continuar. —Dicen que las parejas que pasan por este lago están destinadas a separarse—
—Guau— Exclamó con asombro.
—Crees en las supersticiones?— La miró bochornoso.
—Para nada— Se rió burlona. —Tú?—
—Tampoco—
—Son para alejar a la gentecilla enamoradiza— Señaló ella sacudiendo las manos en el aire, su cabello moviéndose con el ritmo de su cuerpo y su sonrisa iluminaba su vista. —Si de verdad se quisieran las parejas pueden ir a cualquier lado y no creer en tontas supersticiones.—
Un splash sonó rotundo, proveniente de la balsa de la pareja de a lado. Ambos voltearon a ver lo que sucedió.
—Qué pasó?— Preguntó Kotoko con preocupación.
—Se cayó mi bolso— Chilló una Sra. de mediana edad, llevándose las manos a las mejillas con el rostro enrojecido de la vergüenza, su pareja la consolaba.
De pronto, Kotoko se puso de pie, se quitó el gorro, el chaleco y la camiseta y los tenis.
—Qué haces?— Preguntó Naoki alarmado.
—Cuídame esto— Ella estaba en camisa básica blanca de tirantes, hizo posición de clavadista y se lanzó al agua como bala.
—Kotoko!— La llamó espantado. Las prendas de ropa las tenia en las manos, pero prefirió posar su mirada al agua esperando a que ella saliera. La Sra. Exclamó asustada de verla tirarse al agua.
Pasados unos segundos, su cabeza salió a flote, nadando en dirección de la balsa de la Sra. donde le hizo entrega del bolso mojado.
—Gracias, muchísimas gracias, no se como compensarte esto— Chillaba la Sra. goteando lágrimas de felicidad.
—No es necesario— Se excusó y se dirigió a él nadando en crol, su cabello mojado se miraba más obscuro y largo, mechones de cabello bloqueaban sus cejas y parte de las pestañas. Le extendió la mano, a lo que ella lo jaloneó directo al agua.
Chispas de agua fría se sumergieron entre sus prendas, dejándolo empapado de pies a cabeza. Las carcajadas de ella le hicieron entrar en sí cuando sacó su cabeza a la superficie.
—Por qué hiciste eso?— Dijo molesto. Ella se carcajeó como niña traviesa, haciendo que este se sonrojara. Su risa, cabello mojado, el rostro se le iluminaba el doble con el agua y el atardecer del sol haciendo que su belleza fuera más visible.
—Solo ríete, Naoki-kun—
Iba a abrir la boca para decir algo, pero no se resistió a las carcajadas de esa chica por lo que dejó de restringirse y comenzó a reírse. Se echaron agua en la cara, jugando sin que les importara que las familias se les quedaban viendo como si fueran un par de locos.
Posteriormente, se salieron del lago entregando el bote limpio e intacto, mientras que ella sostenía entre sus brazos la ropa que se quitó antes de echarse al agua donde se transparentaba ligeramente la camisa blanca básica de tirantes, dejando ver su abdomen tonificado y plano, los brazos musculosos y las gotas de agua cayendo de los mechones de cabello destilando un efecto atractivo y brillante.
Caminaron hasta la sombra de un árbol para colgar la ropa mojada y esperar que se secara la que traían puesta. Se sentaron en el césped seco con olor a tierra mojada, el viento pasaba por las copas de los árboles creando un efecto relajante para Naoki, que abrazaba sus piernas sentado y aspirando las grandes cantidades de aire puro.
Miró de reojo a su acompañante, recostada sobre el césped con los ojos cerrados, los brazos sirviendo de almohada bajo su cabeza. Su pecho se ampliaba y se empequeñecía conforme respiraba profundamente.
Sus piernas extendidas de par en par, el pantalón mojado y la camiseta blanca comenzaba por secarse un poco, aunque alcanzaba ver el vientre de la chica y eso lo hacía sonrojarse.
Esto que me pasa es normal? Qué es exactamente? Será que esto que me pasa es a lo que llaman "amor"?
Esas preguntas le daban vueltas, atosigando su mente por mucho que se encontrara tranquilo, quería cerciorarse que ella se sentía de la misma manera que él.
Ella abrió los párpados con un gran suspiro de aire.
—Que gran clima, no crees Naoki-kun?—
—Supongo— Contestó devolviendo su mirada al lago.
—Ojalá pudiera quedarme aquí— Suspiro, incorporándose a la par con él.
—Por qué?—
—Es tan pacífico estar en un lugar sin preocupaciones y que la naturaleza te lo brinde, es maravilloso— Se puso en ovillo, los mechones de pelo tapaban sus orejas y parte de sus cejas.
—Yo también quiero eso— Dijo con pacifismo en su voz.
—Verdad que sí?— Se estiró de cuerpo completo tomándolo de improviso. Acaso a esta chica no se le acaba la energía?. Se puso de pie de un salto y se estiró los brazos con movimientos rápidos, luego se sacudió la cabeza como perro para secarse el cabello.
—Pareces perro— Bromeó.
El cabello danzaba, casi agraciadamente conforme las gotas de agua caían en el césped con las sacudidas bruscas.
—Me gusta secarme así el cabello— Resopló cuando se detuvo. —Es divertido—
—Eres muy extraña—
—A menudo me lo dicen— Se rió despreocupada.
Agarró la ropa colgada de la rama del árbol, colocándose la camiseta roja de manga de tres cuartos y blanca del centro, el chaleco rojo y el gorro rojo, por lo que él igualmente se puso la ropa que estaba seca.
—Quieres comer algo?— Sugirió él, queriendo prolongar el rato juntos. Ella asintió.
—Hamburguesas— Se le iluminó el rostro con solo mencionarlas.
—Vamos— Accedió.
Pasaron por un Burger King en la zona de Aoyama, ordenando el combo que incluía papas fritas y soda. Se sentaron en las bancas de afuera, viendo pasar a los transeúntes, los sonidos del claxon de los vehículos, los murmullos de la gente sonaban a lo lejos como ecos.
Ella devoraba la hamburguesa como si fuera la última comida de su vida: los cachetes inflados y la boca sucia la hacia verse como la niña que era.
Él comía tranquilamente, hasta podría decirse que elegante y con gracia, algunas chicas que pasaban frente a ellos lo miraban con coqueteo, detalle que le incomodaba a pesar de estar acostumbrado a ser el centro de atención de las mujeres sin intentarlo.
Kotoko le arrebató las papas fritas.
—Vas a engordar— Dijo irónico. —Cómo piensas conseguir novio con ese apetito—
Ella se crispó.
—Déjame!— Respingó arrugando la nariz. —Estoy delgada, no ves bien?— Se levantó la camiseta enseñando su vientre tonificado, provocando que las miradas de las personas se desviaran a ella con interés.
—No me enseñes eso— Se quejó, aunque su corazón dio brincos de nerviosismo al volver a ver esa imagen, el vientre blanco, suave y un tanto húmedo por haberse mojado en el lago.
Ella se rió y bajó la camiseta, ocultando su vientre de los ojos del público.
—Pensé que padecías de miopía con esos comentarios— Dijo sarcástica, bebiendo la soda y mordiendo la hamburguesa con despreocupe. Sin percatarse del rostro colorado del castaño a su lado.
—Al menos no tengo ceguera nocturna— Resopló irónico, poniendo expresión burlona. Claramente volteando a otro lado para ocultar su cara colorada de ella.
—Eso dolió— Dijo, haciendo puchero le dio un codazo en el costado izquierdo.
Regresando a la casa, tomaron el metro, sentados el uno al otro contemplando a las personas mientras platicaban de cosas triviales, pasando el rato que les quedaba del día porque la noche acaecía en el cielo y los últimos rayos de sol se miraban a la distancia. Una capa rojiza cubría el cielo, los puntos blancos se iluminaban en el cielo oscuro, centelleantes a la distancia.
Colocando la llave para entrar a casa, sintió ganas de no entrar y que su tranquilidad se acabara, por alguna razón quería huir de su hogar con la chica sin mirar atrás. Sin embargo, incapaz de lograr semejante hazaña, hizo el clic en el seguro y entraron a la casa. Su día había acabado con un hecho seguro:
Aihara Kotoko le gustaba.
PD. (Mención a la canción "Waiting for a girl like you" de Foreigner)
NOTA: Espero y este capítulo les haya gustado, es un poco más largo que los demás. Pueden dejar sus comentarios y opiniones, si les gustó o no les gustó el capítulo.
