Me gusta, Kotoko.
Se frotaba el cabello acostado en su cama, mirando el techo sin un punto exacto, centrando sus ojos a los alrededores pestañeando con el cansancio de su cuerpo haciéndole efecto al dejarse llevar por la somnolencia.
Acababa de aceptar un hecho insólito que se había negado a aceptar durante meses. Asimilaba el hecho de encontrarse enamorado de alguien a quien apreciaba mucho y admiraba con grandeza; alguien que lo hacia estremecer con solo escuchar su nombre y se había metido debajo de su piel como aditamento para curar su malestar permanente con la vida.
Irie Naoki estaba enamorado de Aihara Kotoko…
Ya lo sabía desde hacía mucho tiempo, pero el orgullo y su personalidad hostil para con la vida se entrometieron en sus decisiones, cegándole el corazón. En el pasado sufrió un trauma provocado por su fantasiosa madre, y aunque le dolió mucho, se resignó a apegarse a personas del sexo femenino. Aborrecía a las mujeres.
Pero, desde que Kotoko apareció en su vida, las cosas pronto comenzaron a cambiar dentro de su pequeño y reducido mundo de conocimientos, a uno que lentamente se expandía; sin pena ni gloria, aceptó estar enamorado por primera vez, y reiteró que sería la única vez que se enamoraría, ya que no conocía a ninguna persona idéntica a Kotoko y tampoco quería conocer a otra mujer que no fuera ella.
Ya estaba acostumbrado a su presencia, a pesar de sus inconstantes ruidos y torpezas, la hacían la persona con quien añoraba estar. Claro estaba, ella era su tipo.
Su persona especial.
Me gusta, me gusta, me gusta, se repetía innumerables veces, tapándose la cara con los antebrazos en forma cruzada, no puedo creerlo, debo estar demente y desde cuándo estoy en mi sano juicio? No, esto no es de juicios ni nada de eso, esto es de sentimientos… se pausó sintiendo el rubor de sus mejillas incrementarse, echó un soplo de aire al respirar, admito que se siente incómodo y al mismo tiempo, se siente bien haberlo admitido luego de tanto tiempo que me negué a aceptarlo. Agarró una almohada y respiró encima de ella, poniendo medio rostro en la almohada. Ah… no puedo esperar a verla en la mañana, se dijo antes de quedarse profundamente dormido.
Sediento en la madrugada, bajó por un vaso de agua a hurtadillas; le llamó la atención ver que las luces del comedor estaban encendidas y se escuchaban voces. Quiénes eran? Se acercó sigiloso, inclinando la oreja contra la pared que comunicaba la sala y comedor con la entrada de la casa.
—No Kotoko-chan, no queremos que te vayas— Su madre chillaba con un pañuelo en los ojos, limpiándose las lágrimas.
—Te queremos aquí— Dijo su padre con aura triste. —Pero si quieres mudarte no podemos hacer nada para impedirlo—
Mudar? Cómo? Cuándo? Dónde? Por qué?
El pecho comenzó a dolerle del mismo modo en que su mente se hallaba confundida.
Se acercó más al borde de la pared, ansioso de saber más.
—Lo siento, pero quiero ser independiente— La voz de Kotoko sonaba contundente. —Quiero vivir sola—
—Hija, voy contigo— Intervino el Sr. Aihara con voz preocupada. —Nunca has estado sola—
—No, si me quedo sola no podré ser independiente, quiero probar que sí puedo hacerlo— Exigió aumentando el tono de voz. —Si veo que no puedo, regresaré—
—Ai-chan, Kotoko-chan es una chica muy capaz, por supuesto que podrá vivir sola sin problemas— Argumentó su padre, causándole que le diera una punzada en el pecho como si fueran agujas. —Cuánto tiempo necesitas Kotoko-chan?—
—Aún no lo se, cuando sepa les haré saber— Aseguró contundente. —Gracias Oji-san por darme la oportunidad de tomar este paso importante, papá yo— Suspiró fuerte y tranquilamente. —No perderé el contacto contigo, ya sabes que cuentas conmigo y te veré todos los días, si es posible. Oba-sama, agradezco mucho sus atenciones para conmigo, la visitaré cuando me sea posible— Los chillidos de su madre resonaron por el lugar, siendo tristes de saber la partida de Kotoko. —Estaré de vuelta en cuanto menos lo esperen—
Se subió habiendo perdido la sed y las ganas de salir de su recámara. Su cabeza daba vueltas al igual que el dolor en su pecho bombeando sangre hacia las extremidades de su cuerpo, dejándole una sensación de vacío. No quería volver a sentirse vacío como en el pasado.
No pudo dormir nada, manteniendo la cabeza y el cuerpo sumidos en la cama con el pánico de quedarse dormido y saber que despertaría y ya no la vería en el comedor desayunando, decirle buenos días, acompañarse en el recorrido a la universidad y cenar juntos. Se acabarían esos momentos con su partida. No quiero eso.
Será por su culpa que se iba? Pero si él no había echo nada malo con ella.
Entonces, por qué? Cuál es la razón de su partida?
No quiero esto, no quiero que se vaya.
El día de su despedida había llegado y Naoki lo veía venir como una pesadilla en carne y hueso. Aborreció ver las cajas de mudanza en el pasillo, la maleta psicodélica siendo manejada por ella, la camioneta del Sr. Aihara con las pertenencias de Kotoko en la cajuela.
Las punzadas de su pecho no cesaban con el paso de los días de ver las horrendas cajas de cartón con letreros de "ropa", "libros", "música", etc. Le daba la urgencia de llevarse las cajas de regreso a la recámara de ella para que no se mudara, pero como ella era una persona testaruda no la convencería tan fácil.
Los chillidos de su madre incrementaron esa mañana de su despedida, abrazó a la chica tantas veces que parecía que le rompería los huesos; su padre le deseó la mejor de las suertes y se dieron un abrazo amistoso, Yuuki, por otro lado, se miraba tristón aunque no lo admitiera tan fácil, le dio a la chica unos ejercicios de matemáticas de primaria con el afán de que se hiciera más inteligente. En cuanto a él, estaba seco de palabras, seco de verla con la maleta en mano, seco de todo.
Se quedó mudo, sin despedirse.
La dejó partir con el sentir amargo del presente escapándose de las manos tan fácil como respirar.
Se había ido.
La casa estaba en silencio total, el pasillo lucía callado y sofocante; un silencio invadía el espacio vacío.
Los chillidos de su madre, el silencio de su hermano, y su padre tratando de llevar las cosas por mejor rumbo. Sin embargo, la presencia del Sr. Aihara le hacia recordar quién era esa persona ausente.
La veía a lo lejos en la universidad, hablando con sus amigas y en compañía de uno que otro amigo, se sentía tan distante a pesar de haberse conocido por un año. Uno de los mejores de su vida.
Escuchaba los casetes que se compró en la de música. Ponía Actually de Pet Shop Boys, o a veces Dark Side of The moon de Pink Floyd con esperanzas de sentirse de mejor humor, de elevarse el ánimo del vacío no saciado e insoportable para su vida.
Las prácticas de tenis se volvieron monótonas, las clases también, las tareas y trabajos escolares perdían su sabor, la comida estaba mala a su gusto.
La vida estaba perdiendo su sabor, color, olor, sensación y vida propia, todo se lo había llevado ella.
Se preguntaba si estaba bien, si comía a sus horas, si trabajaba para mantenerse, si se le complicaban los estudios, si sabía hacer cuentas. Necesitaba hablar con ella, revivir la cita que tuvieron en el lago. Revivir cualquier momento que tuvieron juntos cuando ella vivía en su casa.
De nada le serviría estar triste y solo sin haber entrado en acción.
Un mes de su partida pasó y no habían platicado ni una sola vez, al parecer estaba bastante ocupada porque no lo iba a buscar, pero quien era él para que lo buscara? Ni siquiera estaba enamorada de él.
Saliendo del club de tenis, salió con la mochila de mano manteniendo la pose altiva y la expresión de frialdad y desinterés. Notó que dos chicas de aspecto familiar se le acercaban dudosas de hablar con él— la güera y la rellenita—, por lo que se giró para enfrentarlas.
—Qué necesitan?— Inquirió con frialdad.
—Irie— Corearon como guacamayas parlanchinas. —Kotoko— no entendía lo que le decían porque eran frases inteligibles.
—Díganmelo bien, no entiendo—
—Kotoko se desmayó— No dejó que terminaran la frase porque salió disparado a la enfermería, el corazón latiéndole con grave fuerza y la respiración agitada, llegó tan rápido como sus piernas le permitieron.
Entró al cuarto de enfermería en el departamento médico, preguntó por ella y por fortuna sacaron a todos los entrometidos del lugar, por lo que estaba sola.
—Es solo fatiga y estrés, en unos días estará como nueva— Dijo la enfermera con amabilidad.
Fatiga y estrés? De seguro no estaba comiendo a sus horas y había descuidado su salud por querer estar sola. Esa chica!
Se acercó a ver su cara dormida, las ojeras debajo de sus párpados reflejaban la falta de sueño, su tez pálida por la falta de alimentos, se sentía fría al toque de su mano al rozarla ligeramente con la de ella.
La contempló, deseoso de que se mantuviera en ese estado tan pacífico en el cuidado de él, al verla dormir se dio cuenta lo mucho que la extrañaba a diario, como un barco perdido en el horizonte.
Despertó quedamente, abriendo los ojos con mejor aspecto.
—Dónde estoy? Qué pasó?— Se movió despacio, conforme él la iba ayudando a levantarse. Llevando su brazo detrás de su cintura donde se sintió cálido, su pierna reposaba en la camilla rozando ligeramente su mano. Quería quedarse quieto.
—Te desmayaste— Quiso sonar desinteresado. —En el entrenamiento—
Ella se percató de su presencia.
—Naoki-kun!— Chilló de emoción al verle con su inexpresivo rostro. Se abalanzó a él en forma amistosa, abrazándolo del costado libre, apretando suavemente su cuerpo. De modo que se le erizó la piel, su corazón dio saltos de gozo por ser recibido con cariño por la chica que le gusta.
—Eres una tonta al descuidarte— La regañó con frialdad. —Cómo pudiste entrenar si te sentías mal? La enfermera dijo que es fatiga y estrés, te lo buscaste, Kotoko, no siempre estaré para ti— Ella puso cara de niña regañada, encogida de hombros, le dio un apretón en el abrazo que le hizo a él estremecerse de gozo por dentro aunque por fuera necesitaba mantener la fachada de molestia.
—Sí, tienes razón, me descuide— Admitió la derrota, ocultando su rostro en su costado. —Me descuide al querer hacer todo y mira lo que me pasó.—
—No seas testaruda, si mi madre te recibiría con los brazos abiertos— Expuso, sacando la tensión acumulada de los últimos días de extrañarla tanto. Puedes abrazarme todo lo que quieras, Kotoko, no pondré resistencia, ya que me gustas no me molesta que lo hagas.
—No— Se alejó de este, con gesto determinado. —Necesito aprender a vivir sola—
—Cuál es tu afán de hacerlo?— Inquirió, frunciendo el ceño.
—Quiero probarme a mi misma que puedo ser independiente— Admitió, ordenando sus ideas. —Pero, ahora ya no se cómo hacerlo, no he comido mucho y el trabajo que tengo es latoso—
—Renuncia, y vente a vivir con nosotros de regreso— Ordenó en forma de regaño. —Si no puedes hacerlo ahora, hazlo después— Posó sus manos sobre sus hombros para poder mirarla fijamente, sonrojado y nervioso por dentro, necesitaba mantener la calma. —Eres parte de la familia, no puedes desaparecer así sin más—
Ella le sonrió sincera, los orbiculares de sus párpados se tensaban y sus dientes frontales resaltaban como perlas preciosas.
—Te quiero, Naoki-kun— Lo volvió a abrazar, sintiendo que podía morirse ahí mismo. No procesaba las palabras, solo dejó que sus brazos la sostuvieran en la cintura, acariciando con sus dedos su cintura, su cabello negro, sus hombros, envolviéndola con ternura.
Le dijo que le quería.
Olía a dulce, el olor que lo hipnotizaba con solo inhalarlo una vez, perdía la cabeza con sentirse querido por ella. De pronto, tomándolo de improviso, ella se despegó de él, y sobó los mechones de su cabello.
—Pensaré en lo que me dijiste— Aseguró guiñando el ojo. —Por el momento me cuidaré y les probaré que puedo hacerlo—
—Pero, Kotoko, no seas necia, regresa a casa!— Alzó la voz indignado, hace unos momentos le dijo que le quería, que significaba esto?
—Quiero pensarlo bien, cuando menos lo esperes ya estaré de vuelta— Se rió despreocupada, tanto él sintiéndose excluido de su vida, le dio un sopapo en la cabeza. —Oye!— Hizo gesto de indignada.
—Eso te pasa por testaruda— Se quejó, llevándose una mano a la frente. Si supieras cuan preocupado estaba por ti, tonta. Suspiró frustrado.
—Esta necia y obstinada chica te probara que puede hacer lo que dice, ya veras que sí— Se dio ánimos sola, empuñando las manos con expresión determinada, aquella con la que pasó los exámenes de la prepa, con la que corrió cinco kilómetros para darle sus útiles para el examen nacional, esa mirada con la que llegó a la ceremonia de graduación con Chibi. Por supuesto que podía hacerlo sola, no necesitaba probárselo a nadie, pero al parecer a ella misma si.
—Mejor te dejo, antes de que me contagies tu necedad— Dijo amargo, ocultando su preocupación.
Qué podía hacer para convencerla de regresar? Quería que volviera su casa y que las cosas siguieran su curso normal.
Tal vez no lo quería de esa manera, si lo quisiera como pareja le hubiera hecho caso y le daría besos en el rostro, lo cual él no se rehusaría, al contrario se dejaría besar cuanto ella quisiera, pero la cosa no iba por ahí, sino lo quería como amigo. Y eso lo cambiaría él.
PD. Qué les ha parecido el capítulo? Espero y les haya gustado, me gustaría saber si les gustó o no.
