"Ella parece sospechar, parece descubrir en mi, de aquel amor"
—Perdón?— Tosió confundido. —Dormir en tu depa?—
—Sí, es una caminata de diez minutos— Dijo con calma, las manos metidas en la chamarra negra con capucha. —Digo, la casa te queda lejos y esto es más cerca, que dices?—
—No sabría decirte—
—O prefieres estar en casa solo?— Espetó tomando la ruta contraria a la de su casa.
—De acuerdo, iré a tu depa— Accedió tentado a pasar la noche a su lado.
Su corazón latía fuertemente en su pecho, las manos le sudaban y la incertidumbre de pasar la noche con ella le resultaba irreal. Por qué accedió tan fácil? Ella pensara que está necesitado de amor y se burlara de él por infantil.
Caminaron por un ruta distinta y pacífica, donde poco a poco el ruido de la ciudad disminuía conforme se iban acercando a un pequeño edificio de unos cuatro pisos de color crema.
Se metieron al edificio, subiendo por el elevador hasta el piso tres, ella sacó un set de llaves con un llavero de una guitarra que sostenía todo.
Entrando al departamento, el olor a dulce lo empalago al punto de sentirse cada vez más adicto al olor.
—No mires mucho— Ordenó ella, quitándose los zapatos y entrando al lugar.
Él obedeció por un rato, porque no dejaba de observar los alrededores del lugar con esperanzas de encontrarlo sucio, se vio con la sorpresa de estar moderadamente limpio, algunas manchas aquí y por allá, pero nada extraordinario.
—Aún no me acostumbro a tenerlo siempre limpio— Se rió apenada, se sentó en las cuatro sillas del comedor donde una mesa de madera rectangular estaba de por medio. En el mismo cuarto, estaba la cama de funda azul marino y un tamaño medio, un librero donde estaban tópicos de cine y de historia del cine, en la pared los pósters de Soda Stereo, uno de Gustavo Cerati solista. También miró que había un tapete en el suelo de color azul marino con retazos sueltos, una mesa de noche con lámpara y una videocámara descansando allí, algunas cosas alrededor estaban esparcidas y resultaban ser hojas con contenido escrito pegadas en la pared y otras ordenadas en el suelo.
—Por qué hay papeles tirados?— Preguntó tratando de incorporarse en la alfombra, donde la suavidad y la calidez lo invitaban a quedarse postrado ahí.
—Son ideas para proyectos— Dijo con claridad. —Algunas cosas son trabajos para la escuela y otros son ideas de proyectos personales—
—Si le has puesto interés a tus estudios— Dijo irónico. —Que yo sepa eras una holgazana para trabajar—
Ella se rió nerviosa y apenada por el comentario, se giró para verlo mejor con las rodillas en el pecho y los brazos abrazándose.
—Dije que podía manejar mis cosas sola— Presumió arqueando las cejas con fingida pretenciosidad. —Bueno, cambiando de tema, tomaré un baño, puedes usar el teléfono para decirle a Oba-sama lo de Yuuki-kun— Apuntó al teléfono que estaba en la entrada junto al depósito de llaves.
En cuanto se retiró, escuchó el sonido del agua en la regadera, se sentía prisionero de sus deseos y de ser el único que esperaba algo más.
Marcó a su madre con la certeza de ser dejado a expensas de su soledad y sus pensamientos masculinos.
—Madre— Exclamó cuando la escuchó contestar.
—Onii-chan? Qué sucede? Por qué me hablas de un número desconocido?— Sonaba conmocionada. Los sonidos de las personas en la fiesta no la dejaban hablar con voz baja, sino, casi gritando.
—Es Yuuki, se enfermó y lo llevamos al hospital—
—Está bien?— Dijo con amplia preocupación y desconcierto . —Mi pequeño, dime si está bien, estaremos de inmediato allá en Tokio—
—No es necesario, no es grave— Aseguró con calma y claridad. —Estoy con Kotoko en su departamento—
—Nosotros estaremos ahí primero en la mañana— Dijo rápidamente. —En cuanto a ti, no hagas cosas indebidas con Kotoko-chan, es tan inocente y frágil.— Colgó el teléfono con esa voz picarona que lo sacaba de sus casillas. Esa mujer de seguro piensa que haremos "eso", ni hablar.
Para qué le dijo que estaba con ella?
Estaba perdiendo la cabeza, pero qué más podía hacer? Necesitaba abstenerse a sus deseos irrevocables y mantenerse firme en su postura de amigo.
Se puso de rodillas en la alfombra azul marino, inhalando amplias bocanadas tratando de tranquilizar sus nervios, centrando su atención a los papeles tirados en el piso para distraer su mente. Unos trabajos eran de "Análisis del cine moderno", "Historia del cine moderno", "Reseña de mis películas favoritas". No pudo evitar esbozar una pequeña sonrisa de orgullo por ver que sí se estaba esforzando por cumplir sus trabajos como correspondía y que las tareas se miraban más detalladas que en la preparatoria. Hiciste bien Kotoko, probaste que podías ser una mejor estudiante, espero que sigas así en el futuro y yo ser parte de ello.
La puerta se abrió y la tranquilidad que había logrado manejar, se esfumó por completo.
—Puedes bañarte, si quieres— Kotoko sugirió, estaba en pijamas de pantalón y camisa de botones con cuadros azules de diferentes tonos y unas tonalidades de verde. —Oba-sama metió en una de las cajas ropa tuya, tal vez supuso que algún día vendrías.— Sacó del armario donde estaba su ropa, un cambio de ropa suya que extrañamente no se había dado cuenta que su madre se la robo de su recámara. —A veces pienso que Oba-sama es una bruja, porque predijo que algún día vendrías a mi departamento—Se rió avergonzada, dándole una atmósfera aprisionada y un tanto angelical desde su punto de vista.
Ella se secaba el cabello con una toalla que reposaba en sus hombros, sus mechones húmedos de cabello se escurrían pasando por su rostro limpio. Era una imagen placentera, tanto que las piernas le flaquearon conforme ella se dirigía a su dirección con la mejor disposición, sosteniendo su ropa con naturalidad y extendiéndosela.
—Hay una toalla allá en el baño, puedes usar esa— Repuso.
—Gracias— Dijo tieso.
Se movió con movimientos mecánicos hacia el baño que se ubicaba en la segunda puerta de la entrada, pasando por la otra puerta transparente se miraban las gotas de agua marcadas en el vidrio indicando que esa era la regadera donde ella se bañó.
Tragó saliva, Solo te vas a bañar, no pienses nada indebido.
Analizó los alrededores donde los útiles del baño descansaban sobre el interior de la regadera, un champo de fresas, un jabón blanco de olor a crema, la manija de los cambios de temperatura y la bañera.
Suspiro profundamente antes de tomarse el baño y relajarse con el agua caliente que pasaba por su cuerpo tenso, los días de extrañarla desaparecían porque estaban en el mismo lugar y cuando saliera de bañarse podrían disponer del tiempo para conversar. Con eso le bastaba para estar conforme con él mismo.
Saliendo del baño luego de haberse secado con la toalla verde olvido que se encontraba en un barandal colgada, se topó con que ella estaba preparando la cena para ambos. Su corazón brinco de gozo, parecemos una pareja recién casada. Esbozó una sonrisa traviesa, estaba bastante contento.
—Gracias por prestarme el baño— Agradeció entrando al comedor, donde reposaba una sopa miso y arroz. —Me imagino que Watanabe ha estado aquí, no?—
—Para nada— Contestó mientras cocinaba pollo frito en el sartén.—Las cosas no han estado del todo bien con él— Hizo gesto incómodo, a lo que él asumió que se había confesado y eso era la razón por la cual ella mencionó aquello.
—Por qué?— Preguntó cabeceando desinteresado.
—Se me confesó!— Exclamó sorprendida, dando un golpe con la palma de su mano en la tabla de picar. —Puedes creerlo?— Lo miró con los ojos saltones. —Pero, lo rechacé, digo, no lo detesto ni nada de eso, es solo que…— Movió el gesto a uno pensativo, como si buscara las palabras para describir la situación.
—Es solo, que qué?— Ejerció presión en el tono.
—Lo miro como amigo!— Alzó la voz, incrédula. —No hay nada más que eso! O sea, no me gusta y ya, aunque me caiga bien y me duela haberlo rechazado, pero es lo mejor— Dijo sincera. —Espero que no me odie por rechazarlo—
—No creo que haga eso— Cercioró con una mirada afirmadora. —Watanabe no es rencoroso—
—Si es de ese tipo de personas, no?—
Él asintió.
—Me siento mejor— Suspiró alivianada.
—Oji-san ha venido aquí?— Interrumpió la atmósfera.
—No, tu eres el primero que ha venido aquí— Admitió, conforme reposaba las piezas de pollo en un plato individual para quitarle las sobras de grasa. Se sintió halagado por ser el primer chico que entra a su departamento y tener el lujo de ver cómo lo tiene arreglado. —A que vienen estas preguntas? No me digas que estás celoso—
Como siempre, ella daba en el blanco, sólo que él no sabía ese detalle importante, ni percatado estaba de sus emociones.
—No seas vanidosa— Respingó.
—Pero si tu eres el que empezó— Se rió con ironía.
Se quedó mudo sin saber cómo responder al comentario.
—Le hablaste a Oba-sama?— Cambió de tema, quizá percibiendo que no diría nada al respecto. El asintió. —Me alegra, porque no quiero que Yuuki-kun esté solo, que más quisiera estar haciéndole compañía— Mencionó con la cabeza agachada.
Trajo el plato de pollo frito a la mesa, dando por sentado que era momento para cenar antes de irse a dormir. Por alguna razón, la comida le sabía bien, tal vez por las horas que duró sin ingerir alimentos.
—Al menos no moriré por indigestión— Dijo burlón.
—Qué insinúas?— Espetó quejumbrosa.
—No te conviene mandarme al hospital— Continuó burlón con su mueca traviesa. —Si no, quién te hubiera sacado de ese lío? Se más agradecida conmigo—
—Mira quién habla— Respingó arrugando la nariz, haciéndose la indignada. —Si eres el sueño de todas las chicas—
—Y no soy el tuyo?— Quiso ocultar su temor a través de su máscara de burla e ironía.
—No— Expresó contundente. —Por qué deberías de ser mi chico ideal?—
—No lo se, acabas de decir que soy el sueño de todas las chicas, y tu también eres una chica— Bajó el plato de comida, acercando su rostro al de ella, sintiendo el peligro de que su corazón estallara de los nervios en su pecho. Estaba haciendo una jugada muy peligrosa con ella, sin tomar en cuenta lo que sus emociones le pedían que avanzara más hasta su boca, pero debía detenerse. No lograría nada jugando de esa manera. —Acaso no te sientes atraída cuando estamos así? No hay algo en tu interior que te mueve y te incita a querer estar de esta forma conmigo?—
—Tonterías, Naoki-kun— Se alejó de éste sin cambiar su expresión de seriedad. —Si me gustaras, te lo habría dicho desde hace mucho— Frunció el ceño. —Además yo tengo mi propio tipo—
—Ah si? Y existe ese tipo de locos como tu?— Inquirió en tono pretencioso, frustrándose del rechazo de ella, el dolor el su pecho le penetraba hasta los huesos. Ella enarcó una ceja en sospecha.
—Locos como yo?— Dijo como si se quería reír de él. —Y de seguro hay genios antisociales como tu, no?—
—Oye!— Espetó ofendido por el comentario. Si supiera que él gustaba de ella…
—Solo te pagué con la misma moneda que tu— Explicó haciendo gestos de burla combinados con fingido desdén.
—Siempre con tus frases— Refunfuñó poniendo los ojos en blanco, con los brazos cruzados. —Chica tonta— Retorció el labio inferior en una mueca de disgusto.
—Hm— Puso cara de incredulidad, alzando las cejas en aire retador. —Al menos tengo qué decir—
—Baka— Masculló cabeceando de lado, desinteresado.
Pasadas las once, ella cerró uno de los cuadernos donde repasaba notas pasadas y con su orientación pudo ayudarla a ordenar algunos apuntes que estaban desordenados. Al bostezo de ella, fue la indicación de que había llegado el momento de irse a dormir.
—Bueno, es hora de dormir— Se levantó de la silla, estirando sus brazos al aire.
—Dormiré en el piso— Avisó con debilidad en su voz. Los recientes nervios estaban sacando lo mejor de él.
—Pero qué dices?— Fanfarroneó ella con las manos en la cintura. —Planeas dormirte en el frío? Te dormirás conmigo— Sentenció.
—Soy un hombre sabes— Protestó indefenso.
—Y que tiene?— Lo miraba con reticencia. —Ya sabes que si haces algo indebido, te romperé el brazo— Advirtió con agresividad.
—No seas terca—
—No, tu no seas miedoso— Lo apuntó con el dedo firmemente, el entrecejo fruncido. —Te comportas como si no me conocieras— Suspiró con la boca abierta, diciendo. —Va, haz lo que quieras, luego no te quejes mañana si no pudiste dormir por el frío—
Se dirigió a la cama, la destendió sacando la funda azul marino con agresividad y se la extendió a él para que la tomara y un cojín circular de color azul cielo. Metió su cuerpo entre las cobijas y se dio la vuelta. Ignorándole.
—Buenas noches—
Confundido entre su propio dilema, quería irse a la cama con ella, pero a la vez quería acostarse en el piso y borrar los pensamientos alocados de su mente juvenil.
Al carajo mis pensamientos.
Se metió entre las cobijas donde ella estaba dandole la espalda, puso el cojín circular como almohada y apagó la luz de la lámpara de noche.
—Buenas noches— Susurró con voz suave.
Lo que había hecho fue muy impulsivo para su personalidad, incluso contradictorio en no ser alguien desesperado por ser notado por la única persona que movía su corazón.
Las calidez de las cobijas le daban la certeza de que el frío estaba lejos de su alcance, respiraba profundamente sintiendo la suavidad de las cobijas abrazar su cuerpo recién bañado y cenado.
Ella se ladeó para verlo con expresión absorta.
—No creías que vendría, no?— Dijo coqueto, ocultando el nerviosismo de su voz.
—Por qué apagaste la luz?— Resopló alarmada.
—Para dormir—
—Padezco de ceguera nocturna, no puedo ver nada— Se quejó. Por un momento se la había olvidado del padecimiento de la chica, gracias a su nerviosismo se le escapó ese detalle importante.
—Te da miedo la oscuridad, Kotoko?—
—No es eso, me da miedo no poder ver— Su voz suave sonaba como ecos a sus oídos. —Puedes prender la luz de noche, la lámpara tiene modo noche así que el alumbrado es bajito— Especificó, a lo que él obedeció, buscó el switch del aparato y encontró el modo noche. La luz del modo noche era queda, casi con efecto translúcido como una crisálida de una mariposa. Hasta podía decirse que era la luz de la luna que se reflejaba desde la ventana iluminando con su esplendor el cuarto donde los dos estaban acostados. —Gracias—
—Ya puedes ver?— Espetó en tono obstinado. —No quiero que luego te andes cayendo en todos lados y no me dejes dormir—
—Disculpa si mi presencia es una molestia para ti— Dijo en ironía.
No eres una molestia para mi y no lo serás en el futuro.
—No estás decepcionada?— Cuestionó serio, habiendo dejado pasar unos segundos.
—De qué?— Puso una expresión dudosa.
—Si no he echo nada contigo—
—No, no buscaba tener ese tipo de cosas contigo— Dijo con seriedad, un tanto incómoda. —Y que me dices de ti, Naoki-kun? Tienes en espera tu futuro—
Se trabó en el pensamiento, apretó los nudillos debajo de la cobija viendo la respiración pausada de su acompañante femenina, esperando su respuesta.
—Me preocupa si dejas todo para después y un día despertarás siendo un anciano que sentirá que no hizo nada para ser feliz— Agregó con deje de desconcierto.
—No lo dejaré para después— Se quejó, sabiendo que ella más que nadie tenía razón en ese argumento y negarlo estaba lejos de su alcance.
—Entonces— Inquirió.
—Es que no estoy seguro de poder manejar esa decisión— Admitió, sonando sincero. —Si lo hago, no quiero decepcionar a mis padres, siempre han trazado el camino de mi vida sin que yo opinara, solamente lo acepte porque nada me interesaba. Siempre he sido así, Kotoko, una vida sin esfuerzo— Notó que los ojos de ella se posaron sobre él, intensamente, lo cual se puso nervioso. —Pero ya no quiero acceder a los planes de papá y los de mamá, siento que eso no es vivir—
—Tu puedes decidir sobre tu vida— Opinó con contundencia. —No temas, yo siempre apoyaré tus decisiones aunque los demás no lo hagan, porque yo confío en Naoki-kun—
Curveó la comisura de sus labios en una sonrisa de lado, una oleada de orgullo lo atosigó encima, siendo tomado en cuenta. Por supuesto que ella lo apoyaría, ella le había dicho que lo quería y que son amigos aunque el tuviera otras intenciones, pero se aseguraría de que ella cambiara de opinión respecto a él en el futuro.
—Yo quiero ser doctor— Recordó esa frase que le confesó en el pasado. —Y quiero dedicarme a eso el resto de mi vida—
—Me alegra escuchar eso de ti— Sonrió orgullosa.
—Voy a tomar el examen de transferencia de carrera y comenzaré el siguiente año con mis estudios en el departamento de medicina— Aseguró como un recordatorio de cumplir con su palabra haciéndola testigo de ese suceso. —Trataré de decirle a papá cuando haya sido transferido al área de medicina, porque si le digo ahora me obligara a ir a trabajar a Pandai con el afán de convencerme de lo contrario, por eso prefiero tomar las riendas en el asunto y después se lo contaré—
—Si, me parece ese plan— Dijo convencida. —Pero no lo dejes pasar mucho, porque no quiero que te arrepientas de tu decisión. No le des tantas vueltas al asunto cuando ya sabes qué hacer—
—Tampoco, pienso caer en la trampa de mi madre— Mencionó con recelo, tapándose con más abundancia entre las cobijas, sintiendo el aliento pausado de ella resoplar cercano. —Quiere que tu y yo seamos pareja, pero no le daré el gusto de la manera en la que ella quiere, porque quiero tener el control de mi vida amorosa también, así que si me gusta alguien lo haré a mi modo— Viendo que ella no le contestaba, siguió hablando. —Si le doy el gusto a ella, no me la sacaré de encima y seré su marioneta toda la vida. Siempre se burlara de mi y si no lo hago a su modo, podré tener al menos esa libertad de poder elegir lo que quiero para mi vida y disfrutarlo en el proceso.— Se detuvo al ver que ella dormitaba pacíficamente a su lado, los párpados cerrados dejando ver sus pestañas castañas y finas, su respiración pausada y profunda donde provenía el olor a dulce de su aroma natural. —Siempre haces eso en los momentos importantes— Susurró, girándose a la mitad para poder verla de mejor ángulo, suspirando afablemente contemplándola dormir mientras él pensaba que en todas las facetas habidas y por haber de ella. La más hermosa era dormida.
Todo resaltaba en belleza natural, los mechones de cabello negro bloqueando las cejas y parte de las orejas, una pequeña sonrisa saliendo de sus labios pequeños y finos, de color rosado. Las mejillas sonrosadas eran más visibles cuando dormía y más aún cuando ejercitaba.
Se grabaría esa imagen de ella en su cabeza para el futuro, en caso de que lo rechazara cuando se confesara ante ella, pudiera consolarse con las imágenes de los momentos que convivieron gracias a su memoria fotográfica.
—Buenas noches— Fue lo último que dijo antes de dejarse llevar por los brazos de Morfeo.
P.D. (Mención a la canción "Corazón delator" De Soda Stereo)
