No supo cómo ni cuándo, pero lo único que sabía fue que haber dormido en ese lugar en el tiempo y espacio correcto, le resultaba benéfico para su salud mental. Estando en compañía de la chica que le gustaba por el solo hecho de verla se sentía refugiado, ahora durmiendo en la misma cama, fue el mejor premio que pudo haber obtenido a lo largo de su vida.
Llevaba semanas sin dormir de corrido, pero esa noche fue la excepción, ya que pudo dormir tranquilo dentro de su pequeña burbuja de protección.
Aunque reiteró que no soñó absolutamente nada en todo el tiempo que estuvo dormido, solo sintió algunos movimientos en la cama que significaba que ella tenía pésimos hábitos de dormir y daba vueltas de un lado a otro, pero eso no le molestaba porque se sentía acompañado.
Habiendo despertado, lo primero que hizo fue voltear al lado donde ella estaba, lo que no se esperaba era que ya no estaba ahí. Desapareció.
Dónde pudo haberse ido?
Se quitó las cobijas en un movimiento subversivo y poniéndose de pie, se topó con la imagen de ella ejercitando en el suelo del departamento usando sus pants del basquetbol. Estaba haciendo lagartijas.
—Kotoko— Llamó sintiendo alivio por haber visto que no fue un sueño lo que sucedió anoche.
—Buen día— Lo miró de reojo, se veía concentrada contando las lagartijas que no quiso interrumpirla. —Ya vi a Yuuki-kun— Dijo entre bocanadas agitadas.
—Cómo esta?— Terminó por sentarse en la orilla de la cama, aún con la taquicardia de no haberla visto de cerca.
—Dormido— Se detuvo al borde de las cien lagartijas, se puso de pie y comenzó con sentadillas. —Me regresé luego de ponerle unos cuantos adornos en el cuarto donde lo pusieron, pensé que estaría despierto pero estaba tan dormido que ni me escuchó— Se rió entre el movimiento preciso de las sentadillas, al estar sonando agitada por el desgaste físico.
De pronto le entró una idea, tal vez un tanto alocada y raro de su persona, pero si quería conquistarla, necesitaba ponerse las pilas.
—Kotoko— Llamó de nuevo, captando la atención de la chica. —Te importa si hago el desayuno?— Sugirió simplemente con la monotonía que le caracterizaba.
—Qué?— Se frenó a la mitad de la cuenta, con los ojos saltones. —Preparar el desayuno? Sabes cocinar?— Él asintió. Jamás había cocinado en su vida. —Entonces, adelante— Señaló la cocina, donde una pequeña estufa lo esperaba con ansias y los sartenes le invitaban a ser utilizados. Tragó saliva un tanto nervioso, sin embargo necesitaba poner de su parte si quería que el resto funcionara.
Al parecer ella le tuvo piedad por verlo batallar en encontrar los ingredientes porque le dijo que en un cajón de la repisa donde los cubiertos se hallaban, había un pequeño recetario muy específico de preparaciones básicas de la comida japonesa.
Justo lo que necesitaba, un libro con instrucciones incluidas para preparar las recetas.
Escogió el hamburg con vegetales asados. Pan comido, podré hacer esto en el primer intento.
En efecto, mezcló la carne molida con los ingredientes requeridos de la receta como cebolla acaramelada, pan molido, huevo, etc. Remojó y partió los vegetales que ella tenia en el refrigerador como zanahorias, espinacas, repollo, etc.
Aprovechando sus dotes intelectuales, se dio el lujo de preparar por primera vez tamagoyaki, lográndolo en el primer intento.
El desayuno estaba listo y la sensación de orgullo por haber triunfado en su primer vez cocinando, quiso servirle la porción y entregársela a ella misma para que fuera la primera en probar su primer intento de cocinero.
—El desayuno está listo— Avisó con deje de superioridad.
Vio que ella estaba terminando su rutina de ejercicio y tan pronto como terminó se lanzó a la silla con expresión infantil, lista para devorar todo a su paso.
—Guau, Naoki-kun, que precioso te quedó el desayuno— Halagó con las manos en las mejillas, asombrada con su proeza.
—Por supuesto, acaso no sabes con quién tratas?— Presumió satisfecho de haber sido atrevido.
—Luce exactamente igual a la foto del recetario— Exclamó azorada, al parecer no estaba acostumbrada a comer tan bien luego de estar viviendo sola, eso debió de ser un manjar para ella.
Habiendo desayunado y lavado los platos, él se puso la misma ropa del día anterior estando de un mejor humor y su rostro se lo mostraba al verse en el espejo, porque las ojeras y la frustración de su gesto normal estaban lejos de ser similares.
Ella se puso una camiseta de manga larga de rayas negras con blanco, encima una camiseta roja fuerte y una chamarra con capucha de color negra, unos pantalones holgados y unas botas militares de color negro.
—A ver a Yuuki-kun— Anunció saliendo de la puerta haciendo puños en el aire de emoción.
—Parece que vas a su funeral— Ironizó con gesto burlón.
—Claro que no— Puso expresión de nerviosismo. —Al pre funeral— Chismorreó traviesa. Le gustaba cuando ella se ponía en ese modo.
—Hay que llevarle flores—
—Y una serenata de despedida—
—Tocando sus canciones preferidas—
—Para jamás olvidarlo en el más allá—
Se rieron de haber podido entenderse en la conversación, sobretodo él que no se reía con cualquiera, ni bajaba la guardia.
—Nos mata si se entera de esto— Se rió con ganas, tapándose del rostro con las manos para no ser tan ruidosa. Detalle que le pareció adorable.
—No tiene por qué enterarse— Incitó con coqueteo. —Es más, nadie tiene que enterarse de estas pláticas— Se acercó al rostro que ella tapaba entre sus manos pequeñas con desdén malicioso. —Son entre tu y yo, queda claro?— Ella asintió codeándole.
—Eres tan extraño, Naoki-kun—
—Me gusta mi privacidad— Dijo con frialdad y firmeza.
—Entonces no diré nada— Aseguró con expresión determinada, la misma con la que juró no decir nada de su deseo de ser médico. —Me lo llevo a la tumba—
—Entonces también planeo tu funeral?— Ironizó coqueto, la miró arqueando las cejas.
—Naoki-kun!— Lo empujó con el hombro avergonzada por la insinuación suya.
—No aguantas nada, Kotoko—
Su mañana iba de maravilla, estaba regocijándose de puro gozo y plenitud de estar acompañado y caminar al paso de ella, compartiendo momentos como si fueran una pareja de recién casados. Si las cosas iban bien, no dudaría que en unos meses ella terminaría por enamorarse de él.
Entraron a la habitación donde pusieron a su hermano luego de operarlo, por fortuna fue una operación exitosa y duraría una semana por lo mucho de descanso total.
—Onii-chan!— Chilló de gozo el niño al verlo entrar.
—Y a mi no me saludas, mocoso?— Una Kotoko indignada se cruzó de brazos con la boca abierta incrédula.
—Qué quieres, Baka?— Arrugó la nariz el niño con fingida molestia.
—Luego de que te salve la vida tienes el descaro de preguntarme que qué quiero—Siguió en el mismo modo.
—Yuuki, cómo te han tratado en el hospital? Estás bien?— Interfirió él esperando que no se pelearan mucho, debido a que la otra camilla estaba ocupada en la misma habitación y hacer demasiado ruido seria una falta de educación al otro paciente.
—Onii-chan— Las orbes del niño se cristalizaron. —Quería que vinieras por mi, extraño a Oka-san y Otou-san, pero más a mi Onii-chan— Extendió los brazos para que este lo abrazara. Como buen hermano, obedeció ante tal gesto.
—Ay que lindo, Yuuki-kun, no conocía ese lado de ti— Dijo aguantándose la risa. —Eres tan tierno— Soltó una risotada con ganas dentro de la habitación, provocando que Yuuki se colorara del coraje y él solo soltarse del abrazo y mantenerse atento a las acciones que ella manifestaba, no le importaba que se riera de su hermano.
—Déjame, Baka!— Espetó encolerizado el niño, empuñando los puños. —Te daré tu lección—
Ella en vez de detenerse, se rió con más ganas, llevándose las manos al estómago.
—Uy que miedo— Resopló entre risas.
De repente, el otro paciente de la camilla de a lado se movió, reluciendo una pequeña cabeza oscura y unas manitas llevadas a la cara, sobándose las orbes de los ojos.
—Silencio, tonta, no vez que hay otros pacientes tratando de descansar— Interpuso con su voz masculina, haciendo que ella se callara lentamente.
—Otros… pacientes?— Hizo gesto confuso, arqueando las cejas de lado. Él asintió, sentado con los brazos cruzados en pose altiva.
—Aprende a mirar— Se quejó, aunque por dentro estuviera deleitado de ver sus diversas expresiones.
El pequeño cuerpecito del paciente de a lado, se bajó de la camilla, poniéndose las zapatillas del hospital, tallándose los ojos con cansancio, bostezando con una gran boca. Ella dio un salto de sorpresa.
—Si es otro mocoso— Exclamó en asombro.
—No dejan dormir— Respingó el pequeño niño con una vocecita frágil y tierna.
—Ya vez, Baka— Sonó quejumbroso Yuuki, poniendo los ojos en blanco.
—Lo siento, no sabía que había alguien más aquí— Se disculpó con una reverencia tosca. El niño se rió de gusto. Ella puso gesto confuso. —Qué sucede, pequeño mocoso?—
—Soy Nobu-chan, no pequeño mocoso— Se rió con su pequeña voz, con gestos tímidos.
—Nobu-chan, yo soy Aihara Kotoko— Se presentó con un salto de gozo y una amplia sonrisa luminosa, pegando su rostro al del niño, causando que este se sonrojara de la vergüenza. —Puedes llamarme Kotoko—
—Em, y ustedes quiénes son?— Preguntó nervioso. Los cabellos negros lacios del niño no eran relucientes como los de la chica y su piel era pálida y aparentaba un cuerpo pequeño.
Kotoko se despegó del rostro tímido del niño, sonriendo confianzuda.
—El mocoso encamado es Irie Yuuki— Apuntó a Yuuki que se quejaba del modo en que lo presentó. —El inteligente de allá, es Irie Naoki— Él asintió al saludo, con educación.
—No soy ningún mocoso— Jactó Yuuki con molestia.
—Claro que lo eres— Respingó ella con las manos a los costados.
El pequeño Nobu-chan se rió tímidamente.
—Tu eres mucho más lindo que el desagradecido de allá— Apuntó Kotoko a Yuuki con una mueca de disgusto, para luego sacudir el cabello del niño.
—Cómo me dijiste?— Regañó Yuuki.
—"El desagradecido de allá, algún problema?"— Respondió en español.
—Guau, que lenguaje es ese?— Preguntó el niño con ojos desorbitados, tomando el brazo de la chica como escudo.
—Español— Lo miró con cara absorta. —No lo has escuchado?— Negó Nobu-chan.
—Gracias al cielo que hay alguien así— Dijo alabando al cielo, Yuuki.
Ella dio un pisotón, respingando como niño berrinchudo.
—No les hagas caso, Nobu-chan— Le habló con voz baja y clara. —Es un hermoso lenguaje y es conocida como una de las lenguas del romance— Los ojos desorbitados del niño no se despegaban de ella, parecía que se la quería comer viva.
—Oye, Kotoko-san, tienes novio?— Preguntó el niño jaloneando el brazo de la chica, provocando en Naoki un tic nervioso al ver su pequeña mano tocándola con desesperación.
—No, por qué?—
—Es que dijiste lenguas del romance— Señaló con los ojos saltones. —Me preguntaba si tenías a alguien para hablarle así—
—Esas cosas son para después— Negó con la mano en el aire. —Por qué no mejor nos cuentas la razón por la que estas aquí?— Se llevó de la mano a Nobu-chan, tomando asiento a lado de Naoki en la silla vacía y el niño tomó posesión de las piernas de Kotoko. —No como el mocoso de allá— Miró a Yuuki, sacándole la lengua de manera infantil.
—Tengo un problema de riñón— Mencionó el niño tristón. —Es incurable, así que siempre estoy en el hospital—
—No me digas— Suspiró sorprendida.
—Kotoko, por que lo callas?— Espetó Naoki, perturbado de ver que Nobu-chan tomaba confianza con la chica y eso le irritaba. —Y Nobu-chan, mejor ponte de pie para que estires un poco las piernas—
El niño obedeció a Naoki con ojos aterrados al cabo de escuchar la voz fría del chico genio y la pose altiva que no dejaba entrever a nadie.
—No lo calle, Naoki-kun, fue una expresión— Explicó con el entrecejo fruncido, para después ponerse atenta a lo que diría Nobu-chan. —Continúa—
—Pues no hay más— Dijo tímido, llevándose las manos a las mejillas sobándose con nerviosismo.
—Parece que no sales ni a ver la luz del sol— Dijo incrédula. —Incluso puede decirse que no tienes aspecto de disfrutar la vida—
—Oye, no seas maleducada con la enfermedad del niño— La regaño Naoki, rozando un poco su hombro con el de ella, queriendo fingir que reposaba su cabeza en la pared.
Ella se encogió de hombros, extrañada.
—Solo digo que no parece que lo dejan divertirse— Explicó manteniendo la calma. —Dime, Nobu-chan, es cierto que tu enfermedad no tiene cura?—
—No escuchaste lo que dijo?— Espetó él, poniendo los ojos en blanco y rechinando los dientes. Ella lo codeó haciendo una mueca de disgusto.
—No es curable— Aseguró Nobu-chan.
Ella meditó unos segundos antes de decir.
—Pues yo creo que son puras estupideces— Se quejó negando con la cabeza.
—Baka no le metas ideas— Sentenció Yuuki alarmado.
—Tu ni te metas, mocoso— Advirtió con deje de agresividad, haciendo que Nobu-chan se encogiera de hombros. —Nobu-chan— Bajó su tono, mirándolo amistosamente. —Lo que quise decir es que sería mejor que disfrutaras el día a día sin importar que, me explico?— El niño asintió quedamente. —Pero, hay una medicina que todo lo cura— Dijo con deje de travesura. —Te digo cuál es?— El niño estaba azorado, con los ojos saltones como rana. —El rock— Presumió.
—Eso no es medicina— Se quejó Yuuki.
—Pero bien que la escuchas— Se defendió ella. Naoki no pudo evitar sacar una sonrisa burlona con el comentario. —El rock lo cura todo, es la mejor medicina junto a la risa— Alzó la mano, con los dedos en puño, levantó uno —Si te sientes triste, escucha rock— Levantó dos —Si te sientes enojado, escucha rock— levantó tres dedos —Si te sientes contento, escucha rock— Levantó cuatro dedos. —Si te sientes enamorado, escucha rock— Levantó cinco dedos. —Si no tienes una emoción concisa, escucha rock porque sí— Aseguró con suma seguridad y una amplia sonrisa de orgullo. —Es mi cura a todos mis malestares y la razón por la que siempre estoy tan energética—
Los ojos del niño estaban tan desorbitados que lucía como estrabismo, sin embargo, Naoki estaba fascinado con la presentación de la música de Kotoko. Simple, pero clara. Le encantaba escucharla platicar de un tema sin ser específico.
—Tiene razón— Interfirió Naoki receloso. Ella lo miró con su rostro luminoso, encantada con su comentario.
—Onii-chan!— Expresó indignado su hermano menor. —Bueno es verdad— Admitió derrotado con la cabeza agachada. —El rock si es la mejor medicina—
—Ya vez que sí— Aseguró con el pulgar arriba.
