"A veces no puedo con la soledad"
El frío invierno invadía las calles de Tokio, tanto de día como de noche, siendo así que la costumbre de los residentes constaba de abrigarse y cuidarse mucho para sobrevivir las condiciones climáticas debido a que las enfermedades como el resfriado común serían las detonantes de cancelar las fiestas navideñas y pasar un buen rato en familia.
Para Irie Naoki, el clima suponía abrigarse bien, consumir cafés calientes y amargos tanto en la universidad como en casa, y estar el mayor tiempo posible en los cálidos brazos de su cama.
Los eventos entre su hermano y Nobu-chan se quedaron en el pasado, formando parte de lo que ahora llamaba: tomar la iniciativa.
Con certeza no sabía lo que requería para tomar la iniciativa, solo sabía que primero debía pasar el examen de transferencia a medicina para así, concentrarse de lleno en conquistar el corazón de Kotoko.
Esos días de frío salía a tomar caminatas por las calles con esperanzas de encontrarse un lugar dónde pudiera leer y tomar un buen café caliente y amargo.
Por fortuna, había encontrado uno donde no había una empleada de nombre Akisuki Nara.
Tomaba asiento en una esquina lejana del resto de los clientes, siendo uno de los frecuentes en esa cafetería local de poco espacio, sin embargo le tranquilizaba poder relajarse y estudiar al mismo tiempo.
Estaba planeando tomar el examen de transferencia de carrera el verano del próximo año, ya que había perdido la oportunidad de tomar el examen de invierno para transferirse al departamento de medicina. A pesar de su error, contaba con la certeza de que con su prodigioso cerebro y tiempo de estudio en esa cafetería podría pasar el examen con calificaciones excelentes, casi perfectas.
Cuando se aburría de estudiar, solo cerraba los párpados y le ponía play al walkman y sus preocupaciones se iban por la borda.
Pronto, se decía, pronto lograré ser feliz a su lado.
Uno de esos días, faltando poco para la víspera navideña, regresó a casa apesadumbrado de haber tenido un día fatídico de estudio de medicina y que el café ese día no le funcionó en lo más mínimo. El sueño acumulado y el estrés por no avanzar con sus planes le frustraban a niveles insospechados.
—Llegue—Avisó al entrar, después de insertar la llave a la cerradura.
—Onii-chan— Lo recibió su madre con animosidad. Algo en esa animosidad le llevó a cuestionarla qué ocurría. —Tenemos visita— Respondió complacida.
Kotoko apareció con algunos arreglos navideños colgados de sus hombros y sus manos, el cabello enmarañado y un suéter navideño de color rojo —similar al del año pasado, pero esta vez no tenía ningún santa, si no, unos renos cafés—.
Se notaba a simple vista que a ella le fascinaba las fiestas navideñas.
—Naoki-kun, hola— Saludó con una sonrisa de lado. —Vine a ayudar a Oba-sama a decorar la casa de Navidad—
—Ah, ya veo— Expresó con frialdad, aunque por dentro estaba lleno de gozo por verla después de unos días sin saber de ella.
—No quieres ayudarnos?— Su madre preguntó con ojos picarones.
—Paso— Tomó asiento en el sofá de la sala, cogiendo una revista de la mesita rectangular del centro.
—Que aguafiestas— Dijo con decepción su madre. —Onii-chan nunca quiere hacer nada—
—No se preocupe, Oba-sama— Aseguró la chica. —Aquí tiene mucha ayuda para poner las decoraciones— Hizo ademán de fuerza.
—Kotoko-chan eres tan linda— La abrazó con cariño y le plantó un beso en la cabeza de la chica que la miraba con incomodad por la muestra de afecto repentina. —Y hacendosa—
Se quedó pegado en el sofá durante el tiempo que esas dos mujeres decoraban la casa con adornos navideños. Poniendo focos en las paredes (unos de bombillas), arbolitos navideños en las puertas, situando el árbol grande artificial en la sala donde él podía ver cómo ella se esmeraba por ponerle sus toques cineastas al dichoso árbol.
A mi no me importa si le gusta decorar así el árbol, mientras se mire así de contenta y energética, lo demás no me importa.
La miró en ese momento con intensidad, anhelando ser correspondido con el gesto de ternura que expresaba oculto en sus pesares.
—Kotoko-chan, tendremos una fiesta de navidad en Pandai, no quieres venir?— Quiso saber su madre. Los ojos saltones y la típica insistencia daba a entender que ella tenía otras intenciones con ellos dos. Nada bueno provenía de las ideas alocadas de su madre.
—Fiesta en Pandai?— Repitió curiosa. Su madre asintió con emoción y las manos como puños a la altura del pecho. —Tengo reunión con mis amigas—
—Cómo?— Hizo una mueca de tristeza.
—Pues eso dijeron ellas, pero yo quiero pasar navidad con Chibi— Sonrió gustosa, con los dientes frontales relucientes.
—Mejor pásala Onii-chan— Sugirió lo más persuasivo posible.
Ella meditó unos segundos con los ojos hacia el techo.
—Naoki-kun, tu que opinas?— Ella se dirigió a él con ojos curiosos, tomándole desprevenido con la mente escalonada a otros rumbos distintos.
—Di que sí— Insistió su madre en chillidos.
—'Di que si' a que?— Preguntó no del todo consiente de la situación en la que estaba metido.
—Que si quieres pasar navidad conmigo— Sugirió Kotoko de buena voluntad.
Se ruborizó al instante, asimilando la frase "quieres pasar navidad conmigo" por supuesto que sí, estaría demente si no lo aceptaba. Pero su madre lo atosigaría hasta el cansancio si accedía, por lo que su opción más fácil y para su desagrado, tendría que negarlo.
—No— Articuló intentando sonar dispuesto y contundente en su decisión.
—No?— Asimiló dando vueltas con los ojos y las cejas arqueadas. —Ok— Sonrió de lado, resignándose a formular otros planes en voz baja.
—No! Onii-chan! Qué te pasa?=- Lo regaño su madre con decepción. —Tienes la oportunidad de salir con Kotoko-chan y la rechazas—
Si supieran mis sentimientos, se dijo decaído.
—Déjame madre—
—Pero Onii-chan!— Refunfuñó molesta.
Se salió de la sala apesadumbrado por haber dicho que no.
Amaneció de un humor más seco que el desierto del Sáhara.
Cabeza pegada a la almohada, respiraciones lentas y pausadas, la mente seca y harta de pensar en el dichoso plan que quizá no ejecutaría en su sano juicio.
No quiero ir a esa tonta fiesta de papá, no pienso ir.
Se lamentaba tener que ser hijo de un empresario de gran importancia que resultó ser famosa. Quiso haber nacido con un padre como el de Kotoko, que no la presionaba por elegir el rumbo de su vida y mucho menos imponer sus deseos egoístas ante ella. La respetaba.
Tal vez su padre lo quería demasiado pero no de la manera correcta.
Lo quería a los excesos de querer forjarlo para ser el sucesor de la empresa Pandai.
Estaba más claro que el agua que no sería el sucesor de Pandai y tampoco llevaría ese estilo de vida empresarial.
El día de navidad le daba la bienvenida de una pésima manera, una manera que lo degradaba lentamente como una enfermedad degenerativa de la misma mente.
Rara vez se arrepentía de algo que hacia y con toda razón se sentía mejor al no involucrarse en los asuntos que no le correspondían, sin embargo se arrepentía por haberle dicho que no a Kotoko. Fue una pésima decisión, pero quién era él para decir que todas sus decisiones eran siempre las correctas? Nadie. Un pobre e incompetente genio que no tenía el coraje de exigir aquello que le brindaba felicidad.
Maldición.
No quiero levantarme de la cama.
Se tapó la mitad de la cara con la cobija, oliendo su propio aroma dentro de la concentración de oxígeno que la cobija y él mismo compartían en el lecho. Suspiraba bocanadas de aire caliente, frustrado por su incompetencia, con amplios deseos de coger el teléfono y mandarle un mensaje a Kotoko, diciéndole que quería pasar la Navidad con ella.
Soy un tonto si me retracto y no lo hago.
Quiero pasar la navidad a su lado, para no ir a la fiesta de papá.
Se giró volteando a la pared de su habitación, aquel color azul marino le estorbaba, le recordaba al mar que ella mencionó tiempo atrás donde se sentía como pez en el agua, uno que batalla para andar y a la vez disfruta el proceso.
Quisiera ser ese pez que la ayuda en el mar.
O al revés, ser el ayudado.
Echó una risilla dentro de la cobija, abrazándose así mismo y suspirando grandemente antes de exhalar el aire con calma. Estaba sonrojado por haber pensado en ella y él nadando en el mar como un par de peces de color verde y azul. Unos peces inseparables y felices con la compañía del otro.
Se imaginaba que estaban juntos, ya que él no podía lidiar con la soledad; aquel sentimiento que lo acompañó gran parte de su vida, el mismo que lo orilló a ser quién era, el chico frío al que todo mundo respetaba si lo veían pasar.
Pero, nunca supieron que él se sentía desolado, desnudo al pasar por los pasillos del instituto, su forma superior de caminar con el mentón en alto. Significaban signos de una persona que vivía en soledad.
Parte de ese sentimiento derivaba de los intensos deseos de no pertenecer a ningún grupo social, y si una vez lo intentó fue por tonto. Sin embargo, el tiempo siempre terminaba por escapársele de las manos como arena, y el cielo terminaba por parecerle tan plano como un lago en el cielo; por eso, se imaginaba que Kotoko lo acompañaba a todas partes, que le permitía tomarla de la mano junto con el acceso de tener toda su vida entre sus brazos estrechos de tenerla para él solo.
No le dio más vueltas al asunto… se decidió en ejecutar la próxima acción:
No lo pensó veinte veces, se zafó del calor de la cobija que cubría la mitad de su rostro, cogió el celular tirado debajo de la cama y le mandó un texto a la chica diciéndole que estaba libre para navidad.
Espero que lo lea y me conteste. Espero que me diga que sí. Espero todo eso y más.
Y si me dice que sí?, Le diré a papá que tengo una cita y no podré ir a la tonta fiesta de la empresa. Si se entera que es Kotoko, lo dejará pasar porque es hija de Oji-san. Entonces no habrá problema. Solo falta que conteste.
Regresó a la cama y se volvió a tapar ansioso de las manos, girando de un lado a otro, esperando su contestación.
Su madre entró a su habitación pasadas las cinco de la tarde, chillando por todos lados apurándolo por no estar vestido para la fiesta de Pandai.
—Has estado todo el día acostado— Chilló consternada. —Levántate, Onii-chan, tu no eres así—
—Y que si no quiero?— Amenazó con la cabeza pegada a la almohada, esperando aún la respuesta a su mensaje.
Su madre le quitó todas las cobijas y con su astucia logró hacer que este se pusiera de pie a regañadientes; le sacó el traje negro y una pequeña rosa que estaría en el lugar del bolsillo de la parte visible del traje.
—Te lo vas a poner— Ordenó severamente. —Y vendrás a la fiesta—
Él rodó los ojos en consternación, agobiado por tener que asistir si no quería ir porque de seguro le iban a tirar la onda las chicas, hijas de empresarios; obviamente él sería el centro de atención de los ojos astutos de las chicas.
Su madre salió apurada del cuarto a terminar de arreglar a Yuuki.
Revisó su celular una vez más antes de colocarse el traje, mirándose con ojos violentos, el cabello alocado dándole a entender que le había crecido en ese lapso de tiempo donde apenas había aceptado sus sentimientos.
Terminándose de vestir, ajustó su corbata negra en una perfección impecable y su cabello castaño bien cepillado, resaltando sus ojos grises. Su celular comenzó a vibrar.
—Moshi Moshi—
—Naoki-kun— Contestó apurada la voz de Kotoko. —Acabo de ver tu mensaje—
—Te tardaste en contestar— Replicó con voz molesta. Se contentó por dentro de haber recibido esa llamada.
—Me canceló Jinko, Satomi no se— Dijo con la voz agitada, parecía estar corriendo. —Voy a mi departamento—
—Es un sí? O un no?— Exigió saber, quería saberlo más que nada en ese momento.
—Te marco cuando llegue a mi departamento, vengo saliendo del trabajo— Colgó.
El silencio de la otra línea resonaba en su oído, trastabilló confundido en las palabras sin sentido de la chica. Le había dicho si o no?.
—Onii-chan!— Le gritaron sus padres.
—Voy— Gritó de regreso.
—Ya llegó la limusina— Exclamó su hermano con ansias.
Se atendrá a esperarse en cuanto a la tonta fiesta, iría a regañadientes y después se escaparía en caso de que ella le marcara y le diga que lo recibiría en su departamento con los brazos abiertos.
Se metió a la limusina, llevándose a escondidas su cartera y celular bien cargado, en caso de recibir la llamada.
Te esperaré Kotoko, llámame rápido para llegar a ti.
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P.D. (Mención a la canción "Lago en el cielo" de Gustavo Cerati)
NOTA: Estaba en duda si subir el capítulo o no, porque se trata de Navidad y todavía falta para que sea Navidad, pero quise irlo subiendo porque así lo tengo planeado. Además me gustaría saber si les ha estado gustando el que llevo con la historia, lo que quiero decir es si voy muy rápido con los sucesos o muy lento, o la narrativa va bien.
