"Corrí hasta alcanzarte y vencí la sórdida sed […] Lo hice por ti, por ti tuve el valor"
Estaba en el lobby del hotel donde daría lugar la tonta fiesta.
Naoki esperaba irritado a que su padre les diera el visto bueno indicándoles que podían entrar a la fiesta en los pisos de arriba. Rechinaba los dientes del coraje de estar en ese lugar.
Cuando volteó al elevador por puro gusto, se topó con la amiga güera de Kotoko caminando en brazos de un chico atractivo portando un ramo de flores para la chica.
Esa fue la confirmación de que efectivamente pasaría la navidad sola en el departamento, su papá no asistiría a la fiesta porque tendría trabajo hasta altas horas de la noche.
Esta sola. Entonces iré. No necesito su llamada, iré de sorpresa.
Quiero ver la expresión de su cara al verme en la puerta de su departamento. Será adorable.
Su hermano miraba con fascinación los enormes adornos navideños colgados en los candelabros del lobby, unas luces que cambiaban de color cada segundo y muchas mujeres con vestidos escotados enseñando sus voluptuosas curvas y demás atributos femeninos.
—Si Kotoko-chan estuviera aquí— Su madre suspiró decepcionada.
-Mamá déjala- Refunfuñó él a expensas de su plan secreto.
-Eres tan malo onii-chan- Hizo puchero. -Al menos muéstrale que la quieres-
Eso hago, madre, la iré a ver en un rato.
Rodó los ojos en blanco, anhelando ampliamente salirse de ese lugar elegante con mujeres superficiales que no se comparaban a su pequeña jugadora de basquet que tanto admiraba y le gustaba.
—Si esa Baka estuviera aquí— Le codeó su hermano en complicidad. —No dejaría de hablar de las decoraciones y de la música clásica— Se rió malicioso, mas que él solamente asintió. Si, probablemente haría eso.
Estando en la tonta fiesta, paladeaba el mal sabor de boca al estar escuchando los mismos sermones de los empresarios de su padre decirle que seria un placer trabajar con él en el futuro. Solamente se inmutaba en asentir aturdido de escuchar lo mismo varias veces.
Unos cuantos empresarios le presentaron a sus bellas hijas, unas musas bellísimas que pudieran parecer diosas del Olimpo, sin embargo ninguna lo estremeció como lo hace su chica preferida. Mi Kotoko no se compara con estas mujeres.
Bebió un poco de champaña, indispuesto a estar más tiempo en ese martirio empresarial que su padre lo sometió y decidió escaparse excusándose de ir al baño.
Adiós padre, fue un gusto ser tu marioneta, pero ahora me voy con mi futura chica.
Salió apresurado del hotel elegante, se lanzó a pedir un taxi con dirección al departamento de la chica; en el camino consiguió pollo frito del KFC y un pastel navideño de chocolate (el sabor favorito de ella). Con todo listo, llegó al departamento de Kotoko con gracia y sutileza por parte del taxista, que resultó ser un excelente conductor.
Agradecido por ese detalle, le dio propina extra al taxista y avanzó a grandes zancadas hasta el tercer piso.
Tocó la puerta con firmeza, empuñando su mano. Por favor, Ábreme.
Suspiró nervioso. La puerta se abrió dando a ver una Kotoko en traje de mesero a medio vestir, una camisa blanca abotonada y unos pantalones negros. Ella abrió los ojos como platos. Cerró la puerta de un portazo, dejándolo anonadado.
Acaso no lo quería ver?
La puerta se volvió a abrir con los mismos ojos abiertos como platos y boquiabierta.
—Naoki-kun!— Exclamó perpleja.
—Por qué me cerraste?— Se quejó estando afuera.
—Pensé que era mi imaginación— Se rió apenada, llevándose una mano a la nuca sacudiendo su cabello. —Pasa— Le dio espacio para entrar al lugar, cerrando la puerta detrás de él.
—No seas Baka— Fingió molestia.
Le enseñó la bolsa donde tenia el contenido de los productos que compró en el camino. El pollo frito y el pastel de chocolate.
—Lo trajiste para mi?— La boca caída del asombro.
—No seas tan vanidosa— Se burló, tomando asiento en la silla del comedor.
—Muchas gracias por traerme algo de cenar— Puso una mano en su hombro en agradecimiento, que lo hizo estremecer por dentro. —Por cierto, no te llame porque pensé que estabas en la fiesta de tu padre, te saliste de ahí? O solo te viniste directo para acá?— Abría el pollo frito del paquete, sentada frente a él con los cabellos tapándole los ojos.
—Me escape de ahí— Comentó un poco irritado de acordarse de ese lugar.
—No fue divertido?— Lo miró interesada en su respuesta. Negó.
—Estuvo aburrido— Apretó los labios del coraje. —Parecía cita a ciegas, todos me presentaban a sus hijas, fue tan molesto—
—Que mala onda—
—Ahorita papá estará molesto conmigo por haberme escapado, pero no me importa— Sacudió la cabeza, alejando las malas vibras del enojo anterior y centrarse en ella que era la razón por la cual se escapó de la fiesta. —Y tú? Qué me dices de ti? Creí que tus amigas tenían una amistad fuerte y duradera— Trató de burlarse, pero ella bajó la cabeza apesadumbrada.
—Se fueron con sus novios,— Rodó los ojos en blanco, con una mueca de disgusto.—Esas chicas!—
Se devoró el pollo como máquina demoledora en frenesí, le ofrecía de a momentos si deseaba comer también porque se incomodaba si comía sola; mientras tanto, se puso a mirar las decoraciones del departamento, un poco carentes de colores y orden. Lucía muy vacío y llegó a pensar que tal vez había momentos donde ella se entristecía estando sola.
Comió algunas piezas de pollo con un poco de té que le dio ella.
Tal vez no ha comido nada, por eso se devoró casi la mitad del pollo que le traje. Se rió a escondidas.
—Naoki-kun, eres muy lindo— Le dijo al terminar de comer.
—Yo?— Dijo incrédulo, queriendo escucharla decir de nuevo.
—Sí— Asintió riéndose. —Bastante lindo—
No Kotoko, tú eres la linda.
—Yo no digo lo mismo— Refunfuñó con altivez. —Mírate, pareces hombre comiendo así—
Ella lo miró ofendida, el ceño fruncido apretando los labios.
—Hombre me dijiste?— Farfulló. Un zape de cabeza fue lo que recibió de la chica.
—Kotoko no aguantas nada— Se llevó la mano a la cabeza, sobándose del golpe, cerrando los ojos del dolor. Tremendo golpe me dio.
—Tu tampoco aguantas nada— Concluyó con tono altanero, moviéndose de un lado a otro en la silla.
—Baka— Exclamó ofendido.
—Me gusta cuando te pones así— Se rió con las manos en la boca, cambiando su ofendida expresión a una bochornosa.
Se sonrojó de inmediato al saberse que le agradaba verlo en ese estado, aunque prefería que le dijera que le gustaba verlo sonreír o que su gran atractivo físico le agradara.
—Por cierto, tengo tu regalo— Anunció con las manos en aplauso. —Voy por él— Asintió bebiendo un sorbo de té que aun se mantenía caliente. La chica abrió el armario donde colocaba su ropa, sacando de ahí una bolsa de cartón, dentro de la bolsa de cartón se situaba un regalo envuelto para él. -Ten- Se encogió de hombros ansiosa por verle abrir el obsequio.
Quitando la envoltura se vio con la sorpresa de ser un reloj sencillo con manecillas y las horas del día trazadas con letras doradas y los contornos del reloj eran doradas igual. Debajo del reloj estaba un casete dentro de su cajita de plástico, tenía un grabado que decía "canciones para Naoki-kun".
—El casete— Habló frío, observando el casete de los lados. Ella asintió orgullosa.
—Sí, por fin lo pude terminar— Aplaudió satisfecha con su trabajo. —Puse algunas canciones, no todas serán de tu agrado, pero es un buen mix— Justificó con las cejas alzadas y los labios apretados de la emoción.
—Gracias— Concluyó con la voz seria, absolutamente contento por recibir un buen regalo. —Yo no te traje nada—
—Claro que sí, me hiciste compañía en navidad— Se defendió consternada. —Cuenta como regalo— Él asintió con una sonrisa discreta en sus labios.
Se colocó el reloj en su muñeca derecha, el casete lo metió en el saco de su traje. Lo escucharé en la noche.
—Partimos el pastel?— Sugirió con los ojos desorbitados hacia el pastel encajado que reposaba en la cocineta.
—Adelante— Dijo él, ajustándose el reloj en la muñeca por comodidad.
—Vaya vaya, está fabuloso— Aduló mirándolo de todos lados con los ojos como platos. —De qué sabor es?—
—Chocolate—
—Ay mi favorito!— Saltó una vez sentándose en la silla con el pastel en el centro de la mesa. Por supuesto que se tu sabor favorito, solo que no te diré ese detalle.
—Pártelo entonces— Le dijo.
Ella asintió, partiéndolo con la pala de cortar.
El pastel estaba cubierto por betún de vainilla, decoraciones de santas en la cima, unas fresas en la parte inferior del pastel, el centro de chocolate semi amargo con un olor delicioso y decadente.
Se lo comieron enseguida, sin decir palabra, siendo así que el silencio que pronto los invadió incitaba a la plática lo antes posible, mas sin embargo el castaño no se animaba a comenzar una conversación que quizá no llegase a nada. Temía ser descubierto con respecto a sus sentimientos más profundos, si ella lo cachaba antes de tiempo seria el fin de su historia.
Se puede decir que esta entre la espada y la pared. Una situación terriblemente vergonzosa, incluso para un genio de sus estándares.
—Te comieron la lengua los ratones?— Se burló ella con malicia al terminar de comer la rebanada de pastel.
—Perdón?— Salió de sus pensamientos, confundido.
—De pronto te callaste— Comentó sacada de onda. —Pasó algo?—
—Nada que te incumba— Espetó, enarcando una ceja.
—Siempre te quedas callado— Dijo con preocupación. —Me intriga saber qué piensas—
Pues pienso en ti, en quién más puedo pensar?
—No te diré qué pienso— Refunfuñó obstinado. Necesitaba salirse de esa situación, sus emociones le traicionaban si seguía en el mismo tema.
Si supieras Kotoko… se dijo cabizbajo. Que solo pienso en ti.
—Si no me quieres decir, lo entenderé— Trató de sonar calmada, depositó una mano en la mesa. —Si no tienes a quién decirle, sabes que siempre puedes contar conmigo—
—Está bien— Asintió, con el corazón a punto de salírsele de la boca, y satisfecho de haber salido de la situación incómoda. —Tu también haz lo mismo—
—Siempre lo hago— Movió la cabeza dubitativa. —Bueno, no siempre— Se rió apenada. —A veces no sé a quién contarle lo que pienso—
Naoki se preguntó si quizá ella le confiaba información personal que no a todos les contaba, si bien o mal, lo que sabia de ella significaba que era lo suficientemente confiable.
—Te cuento algo interesante y no le dices a nadie?— Se irguió hacia él, en confidencialidad.
—Que cosa?— Inquirió, siguiéndole la corriente.
—Prométeme que no le dirás a nadie— Condicionó. Qué será? Naoki estaba interesado en lo que le iba a decir. Asintió resoplando. —Tomaré eso como un si—
—Ya dime— Exigió saber, poniéndose nervioso por alguna razón.
Ella se acercó a él desde el otro extremo del asiento, su cabeza casi colgando en el centro de la mesa.
—El día en que sucedió el temblor, cuando me quede sin casa— Comenzó con un inquietar tremendo, parecía que ansiaba contárselo a alguien. —Estaba escuchando la canción de "cuando pase el temblor" de Soda Stereo en el walkman, y de pronto la tierra se movió justo cuando se terminó la canción— Hizo ademán de sacudir las manos bruscamente en vibración. —Bam!— Exclamó con los ojos abiertos de par en par. —Adiós casa— Concluyó con expresión azorada. —Es una de esas veces en que te suceden cosas extrañas y un tanto curiosas.—
—Ese es tu anécdota?— Musitó absorto en sus pensares.
—Claro— Arguyó orgullosa de sí. —Eres el primer en saberlo—
Se sintió bien al saberse el único en poseer semejante secreto de su vida, un anécdota relevante para ella, mas para él no era la gran cosa. A lo mejor y se burlaría de eso después, pero por el momento se mantendría reservado con la nueva posesión de su vida.
—Es bueno saberlo— Presumió con altivez.
Pasar navidad a tu lado es lo mejor que me pudo pasar en estas semanas tan arduas y tontas.
Así su navidad concluyó con un buen sabor de boca. Se retiró de su departamento al poco tiempo de que le contara el anécdota.
No se esperaba lo que le traería el futuro.
P.D. (Mención a la canción "Tabú" de Gustavo Cerati)
