Terminando las fiestas navideñas, donde creía que las cosas no podían ser peor. Su madre decidió invitar a Kotoko a pasar unos días en su casa, para que no estuviera sola en los próximas semanas en que los exámenes dieran lugar, aunque claro, tenía las intenciones de que Naoki le diera asesorías para pasar el año y convivieran juntos.
Lo que su madre desconocía era esto: él ya estaba enamorado de Kotoko desde hacía mucho.
Es ahí cuando realizó dentro de su raciocinio, que las cosas más triviales se vuelven fundamentales, y que lo más esencial a veces lo dejaba pasar. En pocas palabras, su enamoramiento para con ella, había nacido desde el principio, desde que miró su baja estatura y una determinación más allá de los preceptos impuestos por la sociedad, algo imperceptible que él desconocía y que quizás no logre alcanzar.
Haber convivido con ella en tiempos de exámenes, notó que había mejorado mucho en los estudios y en el entendimiento de las materias, por lo que su ayuda no fue la gran cosa. Ni derramó gotas de desesperación cuando le intentaba explicar un tema nuevo.
En uno de esos días donde ya habían vuelto a clases, Kotoko llegó a casa molesta—algo raro, a su ver—, si ella siempre se encontraba de excelente humor, resoplando y cantando canciones por doquier. Pero esta vez lucía callada. Muy callada para su propio bien.
Levantó las cejas en sospecha. Qué será lo que la tiene tan molesta? Quiso animarla, pero no sabía cómo hacerlo, o lidiar con ella. Si lo hacía, terminaría por ofenderla de la peor manera y esas no eran sus intenciones.
Su madre fue más perceptible y se aproximó a ella.
—Qué tienes, Kotoko-chan?— Le preguntó en la sala de estar, donde los cuatro: Naoki, Kotoko, y Noriko estaban presentes.
—No es la gran cosa— Dijo volteando a ver el techo con solidez, tensando la mandíbula como si quisiera golpear al primero que se le cruzara en el camino.
—Algún estúpido se te declaró?— Intervino Naoki, sintiéndose patético por haber dicho eso. Pero, por todos los medios, no quería verse obvio con sus sentimientos.
Kotoko no le respondió, es más, no hubo reacción, mas que un cabeceo desinteresado y un 'hm' escapó de sus labios.
—Onii-chan!— Su madre lo miró severa, para después prestar su atención a Kotoko. —Kotoko-chan, qué sucedió en la escuela para que estés así?—
—No quiero hablar de eso— Hizo una mueca, cruzándose de brazos en gesto de estar enfadada.
—No estarás enojada por 'eso', o si?— Presionó para escucharla hablar; eso? Se preguntó Naoki qué era aquello que su madre presentía que era la causa del malhumor de Kotoko. Habrá sido algo grande para verla en ese estado.
—Qué?— Ella se giró en dirección a su madre, doblando las cejas en curiosidad.
—Lo del concurso— Siguió intentando averiguar el motivo de su enojo. Naoki cada vez estaba más perdido en la plática.
—Usted sabe?— Abrió los ojos de par en par.
—Como no?— Resopló con expresión fantasiosa. —Si yo te nomine para el concurso número 91 de belleza!— Emitió un chillido de emoción.
Qué? Naoki se puso blanco. Concurso de belleza? Kotoko?
Kotoko se puso pálida del rostro, pasmada con la confesión de su madre; empuñó las manos, recuperando el color de su rostro en relación a lo confirmado, moviendo la cabeza en negación rotunda y una energía eléctrica emergiendo a velocidades descomunales de su pecho que insuflaba aire por la misma razón.
—Por qué?— Su voz sonó hosca.
—Para que les demuestres a todos cuan bella eres, Kotoko-chan— Respondió Noriko dando saltos de alegría con la punta de sus pies.
Antes de que Kotoko hiciera alguna locura, el timbre de la casa sonó.
Naoki se puso de pie y fue a ver quién era. Al ver de quién provenía la visita, no se objetó en dejarlo entrar: Mitsuki Ryo.
Usaba una playera azul claro con un espiral plateado en el centro que rodeaba gran parte de la playera, unos shorts bermuda de color azul celeste con dos bolsillos en ambos costados, unos tenis Nike de color blanco con cintas negras.
Su cabello lucía más aplacado de como lo recordaba. En corto, el chico había embarnecido.
—Buenas noches, Naoki-kun— Saludó enseñando una mano abierta a la altura del hombro. Él asintió con un cabeceo de lado.
—A qué vienes?— Interrogó recargado al borde de la entrada de su casa. Ryo inhaló oxígeno, antes de decir.
—Está Kotoko?—
—Si— Respondió Naoki.
—Vengo a animarla— Anunció inocentón. —Me enteré de lo del concurso y me imagino que está furiosa por eso, no?— Naoki asintió al mismo tiempo que alzó las cejas. —Es un milagro que aún no haya echo destrozos, pero sé que no falta mucho para que cometa una locura— Esbozó una mueca preocupada.
—Bueno— Accedió Naoki dando un paso atrás, permitiéndole el paso. —Pasa—
—Gracias— Hizo una reverencia de agradecimiento y entró a la casa. Se quitó los zapatos, y en eso, Naoki se dio cuenta que llevaba consigo una bolsa de plástico con unos casetes adentro, calculó que eran unos cinco aproximadamente.
—Kotoko!— La llamó Ryo con aire confianzudo. Esta levantó la vista y se tornó hacia él, doblando las cejas en gesto interrogante.
—Ryo!— Exclamo asombrada. —Qué haces aquí?—Puso las manos en la cintura.
—Vine a animarte— Enseñó la bolsa con el contenido de los casetes.
—En serio?— Se le iluminó la cara en segundos.
No era mentira que él sí sabía animarla. Por un momento, sintió envidia por ver con qué facilidad la había animado con solo enseñarle unos cuantos casetes metidos en una bolsa de plástico!
De haber sabido, él hubiera comprado el triple de casetes sólo para ella.
—Quieres escucharlos?— Sugirió bonachón.
—Si!— Accedió dando brincos como niño habiendo ganado un juego. —Vamos afuera— Dijo, tomándolo del brazo libre.
—Kotoko-chan!— Su madre habló azorada con el cometido. —Quién es él?— Lo apuntó con desazón, a lo que Kotoko le dirigió una mirada sonsacada.
—Mi mejor amigo— Respondió orgullosamente, señalándolo con la mirada. —Desde el primer año de secundaria—
—Mitsuki Ryo— Dijo el muchacho con cortesía. —Es un placer conocerla, Sra Irie.— Hizo una leve reverencia esbozando una sonrisa caballerosa, que hacia resaltar sus facciones infantiles y optimistas que el muchacho poseía por naturaleza; con mucha razón, él era el mejor amigo de Kotoko. Si eran casi idénticos de carácter y del físico infantil.
—Seguro que vienes a animarla?— Enarcó una ceja, sospechosamente. Sin despegarle la vista de encima.
—Si, Sra.— Asintió con un cabeceo torpe. Kotoko pareció entender las segundas intenciones que su madre de seguro se estaba imaginando con sospecha e intriga.
—Es novio de Satomi— Aclaró ella, apurada por salirse al patio trasero.
—Ah— Su madre dejó escapar un suspiro de alivio. Su entera expresión tensa y atenta disminuyó un poco, mas no del todo. No dejaría que la cosa terminara así, lo más probable sería que continuaría con sacarle la sopa a Ryo con tal de confirmar que entre ellos dos solo existía la pura amistad.
—Estaremos afuera— Avisó ella certera.
Salieron por la puerta corrediza del comedor, sin más remedio Naoki se había quedado intrigado por saber de qué hablarían afuera o qué harían estando solos a la luz de la luna. Sabía que eran mejores amigos, pero también no podía evitar imaginársela con otro y eso lo enfurecía por la razón que él muy claramente se encontraba certero de sentir.
Porque la quería le hacia rabiar verla con otro, aunque Ryo fuera su mejor amigo.
—Onii-chan— Su madre le llamó con la ceja alzada.
—Qué?— Demandó saber, ocultando su preocupación en su máscara de indiferencia.
—Por qué no vas a revisar a Kotoko-chan y su— Hizo énfasis en lo siguiente— 'amigo'?— Entrecomillas. —Están pasándola bien—
—Si tanto te preocupa— Disimuló, cruzándose de brazos en el sofá. —Por qué no los revisas tu?—
—Onii-chan!— Resopló haciendo puchero. —Eres tan injusto— Bufó, dando un pisotón.
Le daba gracia molestar a su madre, ya que ella siempre lo atosigaba a él con su vida amorosa. A veces era bueno darle una probadita de la misma cuchara.
—Mejor revísalos, madre— Esbozó una sonrisa burlona, que iba de acorde a lo que decía, pero no a lo que sentía.
—Si insistes— Hizo un movimiento de hombros, se remangó las mangas del suéter de adornos florales y sacó la cámara fotográfica que disponía cuando espiaba a Kotoko o a él, en todo caso, a una distancia moderada. —Los iré a revisar desde el segundo piso— Se fugó de su vista, dejándolo solo en la sala a expensas de su aburrimiento solemne.
Miró el techo, dejando que su nuca descansara suspendida en el borde del sofá, con la intención de calmar su mente, que con injustas razones, le daba ideas acerca de la chica que le gustaba y su mejor amigo. Ideas poco agradables, y por lo tanto, poco probables de suceder.
Lo peor del caso era que no estaba percatado de encontrarse celoso. Sí, el genio se encontraba celoso de esos dos, y con justa razón, porque él y ella no solían estar juntos en todo momento, aunque la cosa fuera de ese modo. Se veían a diario, desde que ella optó por quedarse en su casa en tiempos de exámenes, pero no había otro motivo por que ella quisiera pasar a su lado; si lo hubiera, ella se lo habría dicho ya que era demasiado honesta.
Él asumía que no solían estar juntos en todo momento, porque ella compartía su tiempo con cada uno de su familia, no exclusivamente para con él. En síntesis, él quería ser su principal prioridad, mas solo era un simple deseo que no se cumpliría en algún momento.
Para consolarse trató de decirse, no es como si Kotoko fuera a venir y me dijera que la acompañara al patio, digo… se le fue el pensamiento en un hilo de voz en cuanto ella justamente apareció por el comedor y se percató de su presencia.
—Naoki-kun— Mencionó su nombre de manera casual, tomándolo desprevenido y un tanto lamentable. —No quieres venir con nosotros?— Sonrió, dejando ver sus dientes perfectamente delineados en su rostro y sus mejillas sonrojadas en los pómulos brillantes, lo tentaron en grande.
—Afuera, dices?— Se sintió patético de haber formulado una pregunta tan estúpida.
—Si, a dónde más?— Dijo ella extendiendo más su sonrisa, con las manos en la cintura. —Ven— Le hizo señal de venir.
La acompañó reprimiéndose las ganas de acercarse a ella, porque si lo hacia se delataría, y consideraba que era pronto para él de confesarse.
De igual manera, Ryo se encontraba presente, por lo que decidió mantenerse callado en su patético estado de genio enamorado.
Se sentó en la banca de su madre, que estaba pintada de blanco y en los bordes unos detalles de hiedra sueca rodeaban las cuatro patas de la banca, las flores consistían en rosas al principio de cada peldaño.
Ryo se hallaba sentado en la silla de recostar de playa, de color naranja con líneas amarillas; Kotoko se hallaba sentada en la silla de playa del mismo color que la otra, pero al borde de un poste del alumbrado de la casa, específicamente el que usaban en los eventos que requerían de utilizar el patio trasero.
Escuchaban música en el estéreo de Kotoko, mirando el cielo oscuro como si buscaran en él los misterios del universo encasillados en la luz de la luna que los alumbraba celosa de sus encantos ocultos. Naoki la comparó por un instante con Kotoko, ya que ella alumbraba su reducido mundo, a la vez que en su interior se encontraban los más grandes misterios ocultos en sus encantos, encantos que le encantaría tener para él.
—Se puede saber por qué quieres que acceda al concurso?— Ella dijo en desacuerdo, negando con un movimiento de cabeza, apretando los labios.
—Por qué, preguntas?— Ryo inquirió irónico. —Pues muy fácil, porque sé que ganarás— Lo dijo como si fuera un hecho seguro.
Ella entrecerró los ojos, incrédula.
—Qué?— Sopló pasmada.
—Es obvio que ganarás— Declaró cuan discurso de presentación. —No hay chica más talentosa que tu, Kotoko, te lo digo como tu mejor amigo; participa y gana!— La apuntó con el dedo índice, sentado muy bien plantado en la silla de playa. —No lo digo como un chiste de mal gusto, si fuera así, te juro que no habría venido a verte—
Ella se quedó pensativa, recargada en el poste con su frente pegada al cuerpo metálico del alumbrado, un brazo colgando de lado y el otro en su regazo; al igual que su cabello pendía de una línea muy delgada donde decaía entre sus hombros.
—Podemos hacerle frente a esto— Siguió hablando. —Esto no es nada comparado con las situaciones que les hemos hecho frente, vamos, no seas tan negativa— Agitó los brazos con el propósito de animarla. —Tu no eres así, eres Aihara Kotoko! La chica que obtuvo el puesto cincuenta en la lista de los mejores estudiantes de toda la preparatoria Tonan!,La misma que superó hasta sus propias marcas en el partido de basquetbol e hiciste ganáramos de panzazo! La que corrió un maratón de cinco kilómetros solo para darle a Naoki-kun su maletín— Se detuvo para agarrar aire.
—Ya entendí— Kotoko irrumpió, abriendo las manos a la altura de los hombros.
—Qué entendiste?— Demandó saber, alzando las cejas de arriba a abajo.
—Está bien— Suspiró en derrota. —Participaré en el concurso—
Qué? A Naoki se le cayó la quijada de la incredulidad.
—Si!— Se escucharon los gritos de festejo de su madre desde la ventana del segundo piso; por un momento se había olvidado de que ella los observaba con su cámara.
—Qué fue eso?— Preguntó Ryo al aire, confundido.
—Gritos de apoyo!— Kotoko concluyó admirada por los gritos de su madre. —Participaré en el concurso y ganaré!— Cerró ambos puños como signo de determinación.
Un nuevo reto se les presentaba por delante.
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P.D. Esto lo tome del manga, le di un giro, a ver si les gusta, quise experimentar con la historia.
Una disculpa si me tarde en subir un capítulo, pero me daba miedo proponerme el reto de poner en la historia el concurso de belleza que sale en el manga y sentía que no les gustaría leerlo porque a lo mejor daba a entender que le daba muchas vueltas a la historia cuando quería divertirme con algunos capítulos del manga, o sea adaptarlos al estilo que tiene "Las canciones que definen nuestro amor", aunque afirmo que quiero prolongar la historia para darle más profundidad a los personajes porque faltan cosas por poner, por quitar, entre otras. Pero bueno, me lo propuse y aquí esta.
