"Creo en el amor porque nunca estoy satisfecho"

Los días pasaron y la tensión de aquel día se acumulaba en un nido de conflictos asentados en su pecho, cuan desesperación sintió consumirlo a diario! Cuan desgaste emocional lo rodeaba! Mas sin embargo, no desistiría en el nuevo reto que se le presentaba en tiempo y forma. No, más bien, se enfrentaría a las penas de tener que apoyar a su persona especial sin importar qué tan complicado sea el recorrido; si la apoyaba con la frente en alto, ella se fijaría en él como posible candidato de amor.

Tenía que conquistarla de una u otra manera, de la manera que le fuera posible y de paso, creíble. Porque no haría ridículos como cierta persona —Kin-chan— para conquistarla por obligación.

No señor, él la conquistaría para que ella se sintiera apoyada y querida por su parte, la haría sentirse segura en sus brazos, le daría todo con tal de verla sonreír, la cuidaría siempre y le concedería todos sus caprichos hasta los más nimios, también le haría ver que lo más mínimos detalles de su persona él los veía claramente y no se le olvidaban cosas tan importantes como esas.

Él, ciertamente, era el candidato ideal para ella.

Todavía no regresaba ella a su casa, pero alcanzaba verla en el campus de la Universidad en compañía de sus amigas y de Ryo. Una irritación surgió en su pecho, impidiéndole concentrarse en su vida rutinaria, que con tanta facilidad diseñó para seguir con su vida de la mejor manera posible, de todos modos, ella no regresaría a su casa aunque le doliera.

Le irritaba verla en compañía de Ryo por ser el origen de aquella idea nefasta.

Se le veía tan tranquila, que no deseaba arruinar su estado de ánimo, el mismo que tanto le fascinaba de observar a distancia sin que nadie lo notara.

Dio un suspiro abrumador y se encamino a su próxima clase en el edificio de ingeniería donde lo esperaba Matsumoto. Ya estaba muy consciente de los sentimientos de Matsumoto que ella lo quería en el sentido romántico y lo añoraba tener de novio, pero ciertamente, él nunca se enamoraría de alguien que no fuera Kotoko.

Saliendo de su última clase del día, se fue rumbo a la cafetería sintiendo que el hambre llegaba a él. Matsumoto se le arrimó, tomándole del brazo derecho donde su mano colgaba del costado.

—Me gusta estar así contigo— Dijo ella en deje coqueto.

—Hm—Sopló desairado, haciendo que ella subiera la cabeza con gesto interrogante.

—A qué viene eso?—

—A que no respetas mi privacidad— Respingó molesto.

—No tienes porqué tratarme de ese modo— Le dijo indignada con su reacción.

—Yo?— Fingió sorpresa. —Más bien, tú— La apuntó con la mirada fulminante. —Deberías de respetar mi privacidad en cuanto la necesite, como ahorita— Especificó, luego de zafarse de su contacto y dirigirse a otra dirección en caso de ser perseguido hasta la cafetería por aquella mujer tan persistente.

—Has estado de malas, recientemente— Se encogió de hombros poniendo gesto apesadumbrado.

Pues sí, él estaba de muy mal humor para lidiar con más problemas encima de su espalda.

Pasó por los pastizales de la fachada universitaria, trazando entre sus pies un camino diferente al que solía tomar, en todo caso, resguardando entre sus bolsillos del pantalón sus manos entumecidas por el simple hecho de hallarse frustrado de los sucesos que en el futuro se aproximaban.

Claramente, el destino no le tendría piedad ni siquiera de que las cosas no salieran como él deseara.

Mejor dicho, el destino lo odiaba.

Echó un respingo al aire, bombardeado de pensamientos nocivos.

De pronto, se detuvo. La vio tumbada en un rincón del pastizal, a flor de primavera, como si recargara energías positivas para activarse; en cierta forma, una preparación.

Estaba calmada, con los audífonos puestos y la respiración acompasada. Nada podía interrumpir su pequeño mundo de reflexión y música, aquel que él tanto envidiaba poder alcanzar.

Se dirigió a ella, mas no antes si no se giraba a los lados en caso de que alguien lo siguiera. Al realizar que nadie lo seguía, dedujo que era el momento de acercársele.

Precavido como pudo, se sentó a su lado, con las piernas cruzadas dejo erguir su espalda hasta recargarse de sus codos.

La suave vista lo colmaba un poco, notando que la arriba de él se situaba un enorme árbol de gran copa y el chillido de los pájaro venía acompañado de la brisa del viento.

Ella siempre sabía cómo encontrar los mejores lugares para relajarse.

Y él sabía encontrarla cuando añoraba verla.

Sintió que los minutos pasaban por allí, circulando y avanzando, sin embargo se mantenía cauto de no inmiscuirse en el pacifismo de Kotoko, quien lucía tal como la bella durmiente. Sí, era de las pocas veces en que contemplaba dormir (si es que lo hacia), en plena tarde.

Notó que abrió los ojos, realizando que no era la única persona que se encontraba dormida en el pastizal.

—Naoki-kun— Mencionó su nombre con tranquilidad, haciéndolo temblar por dentro al procesar el sonido de su voz invadirle los tímpanos. —Qué te trae por aquí?— Interrogó, estirando los brazos hacia arriba.

—No mucho— Resopló sacando la voz que temblaba por hablar con ella.

—Me vienes a acompañar?— El rostro se le iluminó al hacer la pregunta, escudriñando mientras lo veía.

—A qué viene eso?— Esquivó la pregunta, ocultando su mirada en la copa del árbol que le brindaba sombra, dando la impresión de estar en las nubes.

Ella lo miró pasmosa, cambiando sus relajadas facciones a unas cautas; frunció el ceño, extrañada con su comportamiento.

—No contestaste mi pregunta— Dijo arrugando las cejas, tratando de incorporarse a su lado.

—No hay necesidad de responderte— Deslizó la yema de sus dedos por el trazo estrecho que el movimiento del pastizal ejercía a la par con el viento, que se estrellaba contra la punta de sus dedos. Había cierto confort en aquella extraña acción, donde trataba con todo su ser de hacerse notar a un joven desinteresado con la vida, pero que ansiaba ser querido. Querido por ella. —Además, para qué te acuestas en un lugar como este?— Agregó monótono, sin cambiar ninguno de sus gestos faciales.

—Quería descansar— Respondió enseguida, doblando las rodillas hacia su pecho. —Distraerme un poco, ya que tengo que participar en ese concurso— Se quejó, encogida de hombros. —Es tan molesto participar— Ocultó su cara entre la abertura que proporcionaban sus rodillas.

La notó acongojada por el hecho de tener que participar en el concurso del que su madre forzosamente la inscribió. Su madre no tenía vergüenza por haberse entrometido en asuntos que no le incumbían.

Nadie, ni su madre, debían de angustiarla. Se merecían lo peor! Rechinó los dientes al reflexionar en la tremenda carga que se le arrimó a los hombros de Kotoko.

—No tienes qué participar, si no quieres— Cercioró tratando de sonar certero. Algo en su voz salió diferente, porque no sonó sin emociones, sino con preocupación. —No es tu obligación, Kotoko—

—Tu crees?— Levantó la cabeza de sus rodillas, dejando que éstas se estiraran por el suelo fresco y sus brazos se extendieron hasta el punto de casi tocarlo, pero no lo hizo porque quería moverlos a una distinta postura.

Se recargó en sus codos, igual a él.

—Solo digo lo que pienso— La vio de reojo, apreciando su figura esbelta que tanto le provocaban sensaciones cálidas que crecían en su interior conforme la notaba aparecer frente a su vista.

—Gracias, Naoki-kun— Sonrió reluciente, detallando de su propia piel que ella ejercía sobre él una energía radiante, que servía como el motor para que sus sentimientos siguieran creciendo.

—Como sea— Respingó, apretando los labios.

—Te enseñaré algo— Dijo de pronto, acercándosele quitándose un auricular de la oreja para dárselo a él.

—Algo como qué?— Demandó saber, alzando el mentón en posición defensiva, ya que su corazón dio un vuelco.

—Sólo póntelo— Le tendió el auricular, donde él correspondió ante el gesto. —Viajáremos por el universo— Aplaudió emocionada, agitando las piernas y la cabeza sin que su bella sonrisa se desapareciera de su rostro.

—De acuerdo— Accedió a sus sugerencias, similar a concederle todos sus caprichos.

La canción de "Pulsar" apareció justo cuando deseaba sumirse a un remolino de sensaciones dichas de las cuales equivaldrían a los sucesos que sucedían en su mente. Siendo un individuo de pocos amigos, (de hecho solo tenía uno, del que no le hablaba ni frecuentaba, por razones que no valían la pena destacar); él no era de muchas palabras, pero sí de gestos que lo permitían acercarse a las personas con las que se sentía cómodo. Cabe mencionar que solamente existía una persona que lo hacia comportarse de esa manera, con tal de obtener sus afectos para consigo crecer también, a su lado, claro estaba.

No creía en el amor, ni en las afirmaciones subjetivas que respetaban al término, ya que los consideraba como burdos. Él no creía en tonterías del amor del que su madre tanto alimentaba a su familia con lecciones confusas para él de descifrar.

Él no creía en el amor, más bien él creía en Kotoko.

Y todo le podía perdonar, siempre y cuando, ella estuviera dispuesta a pertenecerle.

P.D. (Mención a la canción "Pulsar" de Gustavo Cerati)