"Y te necesito ahora esta noche

Y te necesito más que nunca

Y si solo me abrazas fuerte

Estaremos esperando por siempre

Y solo lo haremos bien

Porque nunca nos equivocaremos"

El frío proveniente de la ventana de su habitación le resultaba molesto para confortarse debajo de las premisas de una noche aburrida, de paso el sueño no le llegaba como hubiera querido concebir.

El clic de la puerta se abrió dejando entrever una figura femenina, un tanto familiar para él, diría que una figura reconfortante. Su cabello transmutaba por su parte, en sus ojos pudo ver el brillo que tanto ansiaba experimentar, sus manos se deslizaron por los pliegues de su cama permitiéndose el primer paso para acercársele, y así activar en él las sensaciones cálidas que despegaban desde su vulnerable cuerpo.

La sed de tocarla brotaba desde sus poros, provocando que su mente se tornara borrosa, casi en blanco, como si fuera un espejismo más.

Su cuerpo reaccionó por inercia, dejando que ella se adentrara a su cama, bajo su control, bajo su dominio.

Dejó que la punta de sus dedos poco a poco rozaran la piel ardiente y suave que poseía ella, pegando sus labios sobre sus hombros que parecían formas esperando ser tocadas por él.

Se sentía tan bien.

Depositó besos sobre la punta de sus hombros, subiendo lentamente hacia su cuello que simulaba un sentido laxo para él de colmar su ardiente sed, ya que en ese momento buscaba sentirse bien, a través del placer.

El placer de tocarla, ardiendo entre sus manos donde su boca besaba la comisura de sus labios hasta el lóbulo de su oreja, la mordió suavemente para luego continuar explorando los pómulos de sus mejillas, a las con tanto anhelo se guardaba.

La sentía suave a su tacto, perfecta para él.

Sumergió su cabeza sobre la abertura de su cuello, estrechando sus amplios brazos hacia su cuerpo acercando su delgado y fuerte cuerpo sobre su pecho.

No podía describir las cosas que sintió emerger desde la boca de su estómago, o como su pecho estaba a punto de estallar con solo tocarla superficialmente, sin ejercer presión, con cierto grado de tensión.

A pesar de ser tan siquiera unos leves roces, él ya se vislumbraba renacer en cuestión de todo.

Ella entreabrió los labios, sucumbiendo ante la tentación de besarlo, de tocarlo al igual que él deseaba lo mismo. Él deseaba tocarla, olerla, rozarla, besarla, etc. Esos locos deseos suscitaban acciones lentas que a su vez aprisionaban el cuerpo pequeño de la chica que lo tenía de cabeza.

Con solo tocarla activaba en su corazón un vertedero de sensaciones que incrementaban sus anhelos, logrando sobreponer su cuerpo encima del de ella imponiendo su presencia.

Abrió su boca humedecida, logrando alcanzar sus labios capturándola en un suave beso que trazaba el significado que conllevaba su relación. La envolvió entre sus brazos, apretando el agarre, moviendo sus bocas en un juego de besos que se incrementaban en cuanto a textura, pasión.

Estaba dispuesto a avanzar, cuando…

El zumbido de la alarma lo sacó de su estado fantasioso de una zarandeada, no peor! Una burla del destino que nuevamente le hacia ese tipo de jugadas tan ruines de hacerle ver que no era un incompetente para conquistar a la persona que quería.

No se amoldaba a tener esos sueños que lo incitaban a llevarlos a la realidad. Encontrar en algún lugar la certeza de satisfacer sus deseos sustanciosos de sentirse querido.

Quiso destruir de un golpe su alarma fastidiosa, cuanto fastidio le causaba! Maldita sea! La apagó, sintiéndose impotente ante su sueño.

Yuuki le dijo buenos días un tanto confundido con su comportamiento, lo observó unos segundos previos a su salida del cuarto, con el uniforme puesto. Asumió que fue a desayunar, y él también iría a desayunar después de recuperarse de las sensaciones que su cuerpo latiente vertía sobre su cabeza. Sensaciones intensas e inexplicables que flotaban en el ambiente sobrio de su obscurecida habitación donde la luz de la mañana entraba por las cortinas de su ventana, la luz lo esclarecía y esa sensación lo sobreponía a una rabia acumulada en impotencia porque su sueño no fue real.

Las mejillas ardían, su pecho brotaba en punzadas electrizantes al igual que su corazón que latía fuerte correspondiendo a su situación, las manos le vibraban palpitantes de tocarla… gruñó fastidiado por todo.

Igual, ya debía bajar a desayunar en vez de andarse lamentando.

Necesitaba descargar su rabia en algún momento de ese día.


La entrada a la escuela no solía parecerle interesante, pero algo en ese día le intrigaba y no estaba para lidiar con ello. Ya muy desdichado se encontraba como para echarle más leña al fuego.

Cuando entró al pasillo, realizó que estaban publicadas fotos de las concursantes de las que participarían en el concurso, entre ellas, Kotoko. Su cuerpo se frenó en seco.

Una fotografía plasmada de Kotoko casi le deja sin aire de la misma impresión que le dio al haber visto su cara y su sonrisa combinadas de una posición natural, siendo rociada con agua.

Lucía feliz, sin percatarse que alguien la estuviera mirando a distancia, sus brazos extendidos a la par alzaban su pelo como si lo vanagloriaban, usaba una chamarra roja abierta de capucha y zipper similar a un rompe vientos, camiseta blanca simple, y se alcanzaba a apreciar que usaba shorts a media pierna de color azul. El agua rociaba su pelo gentilmente, rozando ligeramente la superficie de sus pómulos sonrosados acrecentando su belleza natural, que no ponía en duda aunque no lo admitiera públicamente.

Un espasmo muscular surgió de su espalda, en señal de su enojo. Por qué tenían qué pasarle este tipo de situaciones de tan mal gusto? Puso una mano en la sien y se masajeó para calmar el terrible dolor de cabeza.

Fue al campo de tenis durante la mañana, aprovechando que el clima fresco persistía en el ambiente y pronto se avecinaba la primavera con revuelo.

Se topó con Matsumoto que le saludó un tanto resentida por su último encuentro en el campus universitario donde su mal humor lo había llevado muy lejos. Sudou lo saludó picarón, detalle que lo desconcertó. Qué habrá sido eso? Se preguntó, calentando sus músculos antes de comenzar la práctica.

No le tomó mucho en descubrir la razón por la cual Sudou se encontraba de excelente humor, es decir, para él fue como un cubetazo de agua helada caída directamente a su cabeza que ardía en rabia.

Kotoko estaba en el campo de tenis en compañía de Sudou charlando desde las redes, en cuanto la vio reír de algo que ese dijo, no pudo evitar rechinar los dientes del mismo coraje.

Ni que fuera tan gracioso, bufó en su mente, de pronto recordando el sueño que tuvo aquella mañana casi como un espejismo de su ser reflejado ante sí. Una revelación producida por su subconsciente que le gritaba al cerebro que accionara o si no, la perdería.

Tomó cartas en el asunto y se dirigió a ella, abandonando lo que hacía.

—Naoki-kun, hola— Kotoko lo notó en seguida, él asintió al saludo cordialmente. Sudou se giró a verlo con cierto gesto burlón.

—Ah! Irie— Pronunció con deje de tener contacto cercano con este. Eso fue suficiente para que apretara la quijada y se crispara. —Veo que has notado que tenemos una visita muy especial— Rodeó a Kotoko colocando un brazo encima de ella, sobrándole motivos para no perder la cordura. —Vendrá solo a participar en actividades relacionadas con la gente para promocionarse en el concurso— Especificó con auge de grandeza.

—Pero, Sudou-senpai— Dijo Kotoko quitándose el brazo de Sudou, a lo que Naoki sintió alivio al ver aquello. —No se jugar tenis—

—De eso me encargo yo— Esbozó una sonrisa bonachona, juntando las manos a la cintura ampliando su pecho, acto que le pareció ridículo hasta para de un hombre de su edad. Echó un bufido al aire que escapaba de sus pulmones, asimismo dándose la apariencia de ser alguien mejor para enseñarle a jugar tenis.

Quien sabe cómo se lo tomaba Sudou, pero él se lo tomaba como la oportunidad de dar un paso más, aunque sea chiquito, no importaba si eso hacia que el corazón de Kotoko se inclinara más a su lado. Con tal de asegurar su puesto en su corazón, lo demás no importaba.

Kotoko movió los ojos de un lado a otro, señal que interpretó como provechosa: estaba dudando de Sudou.

—Baka— Habló fuerte y claro, captando la atención de ella. —Vienes conmigo— Dictó.

El calentamiento inició para todos los integrantes del club, mas sin embargo, la visitante de ese día constaba de nada más y nada menos que Aihara Kotoko.

Obvio, él no soportaba la idea de verla como el centro de atención, asimismo verla como objeto de aplausos y gritos. Qué horror! Claro, pero ella se encontraba determinada en ganar el concurso a cuesta de todo, por lo que respetaba, él necesitaba ceder a las divagaciones que se planteaba producidos por el mismo enojo de saberse como el amigo que solo la acompañaba en la Odisea, cuando él quería ser más que amigos. Mucho mucho más.

Las chicas corrían y prontamente se cansaron a mitad de camino, los hombres resistían un trecho extra en el calentamiento, pero ella, bueno, les ganó a pulso.

La destreza de esa chica escandalosa hechizaría a cualquiera, sino hasta dejarlos anonadados de la resistencia y ganas que le ponía a la corrida.

La veía correr con sus cortas piernas por el alrededor de la cancha, respirando profundamente en gesto serio, totalmente determinado. Se le notaban las ganas que tenía para afrontarse al reto.

Las chicas refunfuñaban al verla arrebasarlas por segunda ocasión en una vuelta, luego una tercera y al final una cuarta.

Terminando el calentamiento era hora de asignarles sus parejas para el entrenamiento del día, dicho estaba que Matsumoto era la pareja de su preferencia aunque Sudou no estuviera de acuerdo con ello, no obstante le asignaría a Kotoko con la intención de convivir con Matsumoto. Más claro no podía ser, que a Sudou le gustaba Matsumoto, pero eso no significaba que dejaría pasar lo que sucedió con el brazo rodeándole los hombros a Kotoko. Cuanto fastidio le causó!

Sudou eligió a Kotoko como su pareja, lo cual le dio gusto.

—No se jugar tenis— Le susurró a este con duda. —Me ayudarías?— Le sonrió tímidamente. Su corazón palpitó feliz por sentirse tomado en cuenta.

Asintió.

—Aihara!— Sudou le gritó desde la otra cancha, haciendo que esta se tensara con el llamado. —Deja de hablar!— Ordenó cambiando su semblante bonachón a uno voraz.

—Si!— Aseguró formando un puño de su mano en señal de confianza.

Naoki trató de enseñarle lo básico de jugar tenis, el movimiento de raqueta, la posición de los pies, el saque y lo vital: no cerrar los ojos cuando la pelota viniera en camino.

Al cabo de una hora, no hubo avances de notable mejoría mas que ver cómo ella trataba fútilmente de hacer el manejo de la raqueta porque la aventaba por mero instinto al otro lado de la cancha con la intención de defenderse. Esto provocó que se molestara con ella por eso, aunque siempre le perdonara todo, pero saber que ambos no pudieran tener algo en común era el origen de su enfado.

En sí, no tenían nada en común, ni siquiera el deporte que practicaban.

De pronto, Sudou sugirió que jugaran un doble de parejas, pero Kotoko se rehusó por no saber manejar a la perfección lo básico del tenis.

—No seas miedosa, Aihara— Burló Sudou.

Naoki tensó la mandíbula, nadie se burlaba de ella cuando él estuviera presente. Y llamarle miedosa? Imperdonable! no lo dejaría pasar.

—Vamos, Kotoko— Le dijo agachando la cabeza a su oreja. —No le daremos el gusto— Ella alzó la vista, transformando su semblante serio a uno determinado. El brillo de sus ojos resaltó simbolizando la emoción a lo desconocido, del cual lo orilló a sonreír de lado.

—A participar!— Declaró al aire, subiendo la raqueta alrededor de su centro.

—No es un concurso— La corrigió desdeñoso.

En cuanto empezaron a jugar, Kotoko falló todos los tiros que se le aproximaban. Se veía chistosa tratando incontables veces de darle aunque fuera una vez a la pelota de tenis con la raqueta, pero era inútil, ella no tenía la destreza para manejar el balón de una manera indirecta, sino directa.

Era irónico que fuera una profesional jugando al baloncesto pero en el tenis era un fracaso.

—Kotoko!— Le gritó para que golpeara la pelota con la raqueta, pero no vio cómo fue que sucedió, pero ésta le dio un golpe en el rostro con la raqueta que se escuchó como un estruendo.

Agregándole que al principio ella no se percató de que le había dado un golpe en el rostro, en cuanto notó que la pelota rebotó en el suelo haber atravesado el otro lado de la cancha, se giró a ver qué fue lo que golpeó con la raqueta. Cuando realizó que fue a él quien recibió el tremendo golpe, jadeó del susto expresando la terrible vergüenza que sintió cuando le vio el gesto de fastidio que él mostraba.

El rostro entero le ardía producto del impacto que recibió, y en cuanto a detalles del dolor podía decir que ella poseía una inmensa fuerza porque el dolor era agudo, provocando punzadas en la superficie de su piel.

—Perdóname, Naoki-kun— Se disculpó alarmada, mirando para todos lados en búsqueda de una pronta solución.

—Está bien— Dijo limitado de emociones, manteniendo la calma.

—No, no está bien— Insistió tercamente, lo empujó con la mano abierta dejando que la raqueta se cayera el suelo. —No parece que estés bien, te vez fastidiado—

—Aihara— Sudou se aproximó a ellos como si nada hubiera pasado. —Déjalo, él puede cuidarse— Le puso una mano a la cabeza de ella en señal de complicidad, algo que no le gustó del todo. Algo sucedía con esos dos que no le agradaba, pero no estaba de humor como para lidiar con esas cuestiones. Lo haría después.

—Pero— Protestó contra Sudou, quitándose la mano de encima, dando un paso atrás. —Naoki-kun necesita ir a la enfermería— Anunció.

—Kotoko— Naoki pronunció monótono. —No es para tanto—

—No digas eso— Dijo ella indispuesta a dejarlo solo, detalle que lo conmovió a él. —Te ayudaré—

—Aihara qué testaruda— Apareció Matsumoto en la escena. Esa situación no podía ser peor, para el pobre genio que sufría de un dolor en el rostro y se encontraba en compañía de la chica que quería sin que ella misma lo supiera. —No vez que lo fastidias?— Opinó dirigiendo su vista a su presencia, como ocurría siempre que deseaba permanecer a su lado, a lo que él se negaba a ella.

—Si lo fastidiara me lo dijera directamente, no crees?— Preguntó subiendo el mentón de manera altanera con ambas manos en sus caderas. Qué imponente se veía ante sus ojos! Le encantó verla defendiéndolo a su manera, tal como a él le gustaba. El silencio de Matsumoto fue la respuesta suficiente para entender la situación tal cual era.

Se lo llevó a la enfermería con la intención de curar el golpe que era visible en su rostro, las líneas de la raqueta reflejadas en su rostro detallaban la fuerza en que ejerció el golpe.

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P.D. (Mención a la canción "Total eclipse of the heart" de Bonnie Tyler)

NOTA: Qué les ha parecido el capítulo? Un poco atrevido, diría yo, pero decidí atreverme a modificar algunos contextos de la trama con el fin de darle continuidad, aunque a veces pienso que hago sufrir mucho a Naoki, pero el del manga/anime apenas si sufre la puntita del iceberg mientras que a Kotoko le queda cargar con todo el sufrimiento de quererlo, es por eso que lo invertí, o más bien, le di una nueva dirección.