"Pierdo el tiempo pensando en lo esencial que a veces dejo pasar"
Tan pronto como se curó de la marca que ella le había dejado en el rostro, retomó sus actividades de la vida diaria como si nada hubiera perturbado su paz.
Tan calmo y monótono como solía ser antes de conocer a Kotoko.
Aun no regresaba a su casa, pero disponía de la posibilidad de alcanzar a verla en algún rincón de la Universidad, paseándose o escuchando música con su típica expresión desencajada del mundo; esos eran los momentos indicados para acercársele y conversar unos minutos antes de verla retirarse de las instalaciones en su bicicleta.
Perdía tiempo en lo esencial, en lo tangible que podía rozar con la punta de sus dedos sobre la superficie de su piel, podía tocarla tan vivamente que su estático cuerpo despertara como un humano más. Sin embargo, no se atrevía a hacerlo. Lo dejaba pasar, como todo en la vida lo terminaba dejando pasar.
Aun cuando reconocía que debía animarse y conquistar a Kotoko, temía por una u otra razón el rechazo de su parte, ya que sabía bien que ella rechazaba a todos los que se le confesaban. Les terminaba pidiendo ser amigos.
Si ella le dijera eso, no sabía qué haría entonces. Rendirse o insistir. Cualquiera de las dos valía, pero solo podía encajar en una sola y optar por cumplir con su palabra.
Reiteraba que rendirse no era una opción; jamás la sería.
Saliendo de sus clases que lo tocaban ese día, decidió irse por el campus universitario una vez más, en caso de toparse con Kotoko recostada bajo la sombra del árbol, con los audífonos puestos en sus orejas y el cuerpo descansando en línea recta.
Desgraciadamente, no la encontró, pero se encontró con una vista un tanto extraña debido a que no se lo imaginaba como algo que experimentaría en carne y hueso, mas no estaba de acuerdo con ver esos escenarios.
Kotoko practicaba en las gradas su canto sosteniendo en su mano derecha una botella de agua llena, siendo direccionada por el que parecía ser el instructor de canto, porque éste la dirigía en cuanto a movimientos, el tono, la interpretación de las palabras de acuerdo a los gestos faciales, y el porte ante el público, que según el instructor "debía ser imponente".
Rodó los ojos en pleno desdén, objetando que intentaran cambiar su adorable personalidad para ser una persona bronca y altanera, cuando ella originalmente no era así. No debían de cambiarla, si así la quería tal cual.
Pero en vez de interrumpir la sesión, no lo hizo, en cuanto vio en su mirada la determinación que reflejaban en el brillo de sus ojos que resaltaban más que el resto de sus movimientos frente al escenario.
Ryo la acompañaba al igual que Jinko y Satomi (sus amigas), entusiasmándola para seguir con el ritmo imparable que imponía encima y recordó que Ryo le sugirió canciones de protesta, tal vez por esa razón se comportaba en actitud hostil con el público aunque ella no fuese así; su corazón se apretujo al realizar que no aportaba nada para hacerla sentir mejor, mas que pura preocupación.
Por ejemplo: haberle golpeado el rostro con una raqueta de tenis.
Metió ambas manos a los bolsillos, se encogió de hombros y se fue.
El festival de comida japonesa rápida había venido al campus de la universidad, imponiéndose frente a él como un letrero de luces llamativas y coloridas para que se metiera a fuerzas.
Lamentablemente, fue forzoso tenerlo de mesero en el establecimiento de Okonomiyaki a lado de Kin-chan que igual, tenía el mismo stand que él. Rodó los ojos, tratando de no escuchar su molesta voz en ningún momento en que estuviera ateniendo mesas.
Matsumoto y Sudou también formaban parte del establecimiento que les asignaron, como requerimiento necesitaban ponerse de acuerdo en los puestos que ocuparía cada uno al momento de atender el puesto y no dejarlo abandonado.
Lo consideraron en el puesto de chef, al principio, pero se rehusó ya que tenía la intención de toparse con Kotoko en algún momento del día en que ella vendría y quisiera acercase a su puesto y él la atendería.
Ilusas esperanzas mantenía dentro suyo, demasiado ilusas para alguien tan liberal como ella.
Solo bastaba con desearlo para sentirse mejor.
Servía y limpiaba las mesas, acomodaba las sillas, atendía a los clientes (siendo mayor cantidad de mujeres), les traía y recogía las órdenes, etc. Una labor un tanto fastidiosa para un tipo como él, siendo tan recto y orgulloso como para atender clientes en un establecimiento que originalmente no era suyo, sino una parte del festival de su universidad.
Matsumoto le dirigía miradas coquetas cada que sus miradas se cruzaban o en ocasiones sus hombros se alcanzaban a tocar en uno de los intercambios que conllevaba ser mesero.
—Yo tendré mejor suerte que la tuya, Irie!— Kin-chan resopló desde su punto de estar. Él puso los ojos en blanco. —Ya verás! Kotoko me ayudará en mi puesto, no en el tuyo!— Advirtió prepotente, apuntándolo con el dedo índice con desdén.
Lo que le faltaba… amenazarlo con la chica que quería. Eso era caer bajo, hasta para él.
—Ese Kansai— Murmuró Matsumoto con los ojos saltones. —Tiene mucha confianza en sí mismo, pero— Agregó. —No te ha dejado en paz desde el primer día— Recalcó un detalle que no estaba de humor para recordar, mucho menos pensarlo en viva carne.
Suspiró frustrado, rodando los ojos, dándole a entender a Matsumoto su intención. Esta comprendió y se retiró a atender su mesa correspondiente.
Pasadas las cinco, rejuntaba los platos de las clientes anteriores.
Escuchó, de pronto, una voz que le erizaba los poros de la piel hasta erosionarle los huesos: Kotoko. Ella había llegado a su puesto!
—Ah! Tengo hambre— Anunció como si llegara a su propia casa. Sostenía su mochila del baloncesto, usando de conjunto su típico atuendo de entrenamiento y su cabello atado en una cola de caballo desaliñada de los hemisferios de su cabeza, las gotas de sudor que emanaban de su frente le dieron a entender que recién terminó de entrenar en el auditorio.
Kin-chan no desaprovechó la oportunidad, viendo que ella caminaba por los puestos con interés de probar alimento pronto.
—Qué será bueno?— Colocó un dedo sobre su mentón, resaltando sus labios apretados simbolizando que estaba pensando.
Él tampoco desaprovechó la oportunidad para acecharla.
—Kotoko!— Kin-chan habló primero. —Ven a mi puesto— Agitó el brazo libre (porque en el otro agarraba la espátula). —Tenemos Okonomiyaki! El mejor de aquí—
Por desgracia, captó la atención de ella, gracias a su no tan sutil voz. Ella se acercó con interés, olfateando y observando el puesto.
—Huele bien, Kin-chan— Comentó sonriente. El Kansai sonrió triunfal, dirigiéndole a él una mirada de reojo ganadora. —Llevas todo el día aquí?—
—Claro!— Presumió bonachón, poniendo su ceño característico que significaba que estaba por los cielos de la felicidad. Cómo odiaba ese gesto! —Te estaba esperando desde temprano—
—Tenía entrenamiento— Dijo, luego de haber ordenado una porción de Okonomiyaki por su parte. —Y preparativos para el concurso, ya sabes, se ha puesto muy pesado— Se quejó haciendo un puchero de lado, anclando sus manos en la barda del puesto.
Kin-chan le guiñó el ojo, asintiendo.
—Sabes que tienes mi voto— Le dijo confiado. —Es obvio que ganarás, si eres la mujer más bonita de todo Tonan!— Encantó con gesto de adoración al cielo, extendiendo sus brazos como si quisiera abrazar lo inalcanzable.
Qué fastidio, se dijo Naoki tensando la mandíbula. Cómo fue que ella no se dio cuenta que estoy al lado, no es tan difícil voltear hacia la derecha.
—Si, gracias— Agradeció encogida de hombros, incómoda. —Pero, las otras chicas también son muy talentosas— Opinó acerca del concurso, impresionada. —Hay una chica que iba en el circo— Enumeró con los dedos conforme le relataba cada una de las participantes del concurso.
Naoki escuchaba con atención sus palabras, grabándose el tono de su voz, las descripciones, sus gestos, sus ojos, sus manos, todo lo de ella se lo guardaba en su memoria como un tesoro encontrado en el desierto.
—Ya casi está— Cercioró Kin-chan, revisando cada tanto el pedido de Kotoko, que esperaba con ansias la oportunidad de comer todo lo que estuviera a su paso.
—Huele delicioso, Kin-chan— Exclamó alegre, aplaudiéndole. —Tienes mucho futuro como cocinero— Halagó, provocando en este un sonrojo agresivo al borde de sus mejillas. Por fortuna, ella no se percató de su reacción por estar esperando la comida.
Kotoko es demasiado amable, incluso para él, se quejó indispuesto a dejar escapar la ocasión para aproximársele en un descuido por parte de Kin-chan. Y para mi también, agregó.
—Aprecio mucho el comentario— Dijo colocando el pedido en el plato, terminando con los últimos detalles de condimentar lo restante. —Es lo único en lo que soy verdaderamente bueno—
—Me pasa lo mismo con el cine— Aseguró encogiéndose de hombros en un movimiento rápido. —Aunque no se si de verdad sea talentosa en el baloncesto, porque Ryo es mucho mejor jugador que yo, y mi amigo Nozomi también—
—No digas eso— Objetó ofendido por el comentario. —Tienes mucha chispa cuando juegas, te lo digo en serio, no porque me gustas, sino porque es una verdad— Aseguró, y por primera vez, Naoki concordó con él.
Kotoko sí sabe jugar basquetbol con mucha chispa y dedicación, si por ella no fuera, hubieran perdido el partido de aquel verano en que la vio jugar y caerse por culpa del capitán canalla del equipo contrario.
—Gracias—
Kin-chan le entregó el Okonomiyaki recién hecho, humeante y despegando un olor delicioso, notando que ese tipejo si poseía talento para la cocina.
Tuvo que admitir la derrota, pero no el fin de la guerra.
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P.D. (Mención a las canción "Oración" de Héroes del Silencio)
NOTA: Qué tal? Y sí tomaré el curso del manga en esta sección del concurso de belleza, y de algunas situaciones, mas no será exactamente igual. Pero, espero y les haya gustado este capítulo porque vendrán más problemas para el joven Naoki que tantos conflictos tiene encima. Si les gustó pueden comentar, sino espero y disfruten la lectura.
