"Y cuando te busco no hay sitio en donde no estés"
Los retoños de los cerezos primaverales brotaban como diamantes en bruto de los árboles de cerezos; parecían cristales los retoños que no daban a relucir su belleza natural, así quedando ensimismados en su forma temporal.
Naoki con sus dudas y demás, caminaba por el campus universitario, molesto por una razón bastante específica. Una razón que derivaba a una situación que ha tomado curso en cuanto a la perspectiva que los hombres comenzaban por tener en relación a Kotoko.
Si antes la veían como una chica ruda, ahora le veían como un objeto de admiración; tales actos hechos por los estudiantes eran imperdonables, y una inconstante carga a su lomo que no solo cargaba con su incapacidad para declarársele de frente, sino con todos los elogios que decían de ella de manera deliberada.
Resultaba molesto tener qué lidiar con sus comentarios a diario.
En la tarde recordó que Kotoko salía de entrenar pasadas las seis y media, sin pena ni gloria, recorrió los posibles lugares a los cuales ella solía frecuentar en el campus.
Pasó por la cafetería, el patio del pastizal donde se recostaba a escuchar música, el estacionamiento de las bicicletas, etc. Su último recurso fue el pasillo de los clubs donde el grupo de coro se asentaba.
Primero subió al segundo piso del edificio de clubs que era color blanco con tonalidades grises en la parte inferior del pasillo; buscó en todos y cada uno de los salones en señal de encontrarse con el que dijera "Club de canto" o al menos de coro, además él desconocía de lleno la distribución de los clubes mas que del suyo propio, claro estaba.
Cuando encontró el salón del grupo de coro, lo encontró vacío.
Ni un alma estaba presente en el salón desértico.
Frustrado, tuvo que abandonar el salón de clases con un gran sentimiento de soledad ocupando parte de su pecho. Suspiró abatido, dejando caer sus hombros y la mirada postrada en el piso en el que supuestamente bajaba las escaleras rumbo al camino habitual a su casa.
En esas, la vio a ella, justo frente a él.
Ella pasaba con la cabeza en alto, el paso rápido y firme, la mochila colgaba como péndulo de su espalda. La veía y se le paralizaba el interior por completo.
Sin dudarlo, se acercó a paso corto, buscando entre sus pensamientos algún rayo difuso que lo electrificara de alguna manera la poción de la brevedad, de lo posible y de lo mejor que pudiera ocurrírsele.
Se toparon en algún punto en que sus miradas se entrecruzaron.
—Ah, Naoki-kun, hola— Lo saludó apresuradamente, posterior a irse por otro rumbo al anterior. Frunció el ceño.
—Kotoko?— Dobló las cejas, confundido.
—Nos vemos luego!— Agitó la mano en despedida marchando a toda prisa lejos de él, algo que no le gustó en absoluto. Decidió seguirla, ni pensarlo siquiera lo hizo, ya que no le agradó la forma en que ella se le dirigió.
La tomó del brazo, sorprendiéndola al instante.
—Ahorita no puedo hablar contigo— Sopló molesta por su acción. Él, por su parte, se ofendió por el trato, restándole importancia que no debía ser tan evidente con sus sentimientos, a la vez que no le agrada ser tratado de esa manera, —Estoy apurada— Avisó haciendo gesto urgente.
—A dónde vas?— Demandó saber, ejerciendo presión en su agarre.
—Eso no importa— Se quejó soltándose de su contacto, es decir, un rechazo. Intolerable, diría él.
—No me ignores— Espetó.
Ella lo miró estática, con los ojos desorbitados, pestañeando de incredulidad; si quería captar su atención ya lo había logrado.
—Em…— Quiso corregir su cometido, pero prefirió callar dándole a ella a entender que esperaba una reacción por su parte, la que fuere, siempre y cuando hubiera una.
—No te ignoro— Ella negó habiéndose recuperado de su acción.
—Entonces?— Puso presión en su tono, enarcando una ceja.
—Iré a una sesión— Confesó inquieta. Le hizo señal de que se acercara. —De canto— Murmuró apurada.
Tanto apuro para una sesión de canto? Si que se lo estaba tomando en serio lo del concurso de belleza.
—Qué?— Hizo mueca de desagrado.
—Si me disculpas— Mencionó guardando su distancia. —Me voy— Recalcó la última oración yéndose a paso rápido directo al patio trasero del campus. Éste sin querer darse por vencido, la siguió con mayor facilidad ya que su altura le daba el beneficio de avanzar más rápido que ella, por lo que no se esforzó en alcanzarla. —Qué haces, Naoki-kun?— Lo cuestionó alarmada, sin detener sus pasos.
—Es ridículo que te tomes en serio el concurso— Se quejó moviendo la cabeza en negación, caminando a su lado sin despegarle la vista de encima(Y si, se veía iluso haciendo esas acciones, pero anhelaba ser correspondido por ella). —Así que iré a ver si de verdad vas a trabajar o es puro cuento— Repuso monótono.
Ella pestañeó, abriendo la boca en incredulidad.
—Bueno— Accedió al cabo de unos segundos de escucharlo. —Haz lo que quieras—
Se fueron camino al patio trasero del campus .
Habiendo llegado al patio, vio que había un círculo de personas reunidas en el zacate con las piernas cruzadas vocalizando con la dirección de una persona que se le hizo bastante familiar. Kotoko corrió hasta donde los chicos estaban reunidos, agitando los brazos para captar su atención.
—Chicos! Llegue— Anunció su entrada sonriendo apurada, seguida de Naoki, que solo la acompañaba por metiche no porque supiera cantar. —Lamento la tardanza— Se agachó pidiendo disculpas.
El chico de la guitarra acústica, aquel que le resultaba familiar o mejor dicho, conocido, dijo.
—Veo que trajiste compañía—
Kotoko volteó hacia él, percatada nuevamente de su presencia monótona y aburrida, por así decirlo, en sí no había otra característica que lo distinguiera entre el resto de la población mas que su estático rostro.
—Ah sí— Dijo ella asintiendo sacando la lengua de lado. —Naoki-kun— Sonrió cabeceando en su dirección. —Me está acompañando— Mencionó en tono presuntuoso.
Qué fue eso? Él arrugó las cejas, habiendo tomado asiento a un metro de distancia del círculo de chicos, en una banca de metal pintada de color negro con unos arcos pequeños en la parte de la recargadera.
Últimamente ella había cambiado su actitud para con él y eso le causaba cierto conflicto, reiteró que no le molestaba que ella lo presumiera o que lo alabara o lo que fuera, lo que le provocaba conflicto no era eso, sino la razón detrás de dicho comportamiento.
Suponía que quizás era por el concurso de belleza que la tenía atolondrada, sumándole que su 'amigo' Ryo andaba detrás de ella como perro, ordenándole qué hacer y cómo hacerlo con la finalidad de ganar el concurso.
Le hacían enfadar esas cosas porque Kotoko no se lo merecía de ninguna manera, si era la mejor persona del mundo.
Suspiró tratando de calmarse antes de crisparse visiblemente, logrando que una de las venas de la sien resaltaran su propia rabia e impotencia de poder ayudarla.
—Y bien— Comentó el chico de la guitarra, rasgando las cuerdas al hay se va. —Quién empieza a cantar?— Cuestionó a los chicos volteando alrededor del círculo con una sonrisa bonachona. Sonrisa compradora, diría Naoki que solo rodó los ojos en negación.
—Yo!— Kotoko levantó la mano queriendo participar. Naoki ladeó una sonrisa, contento de verla sonreír. —Yo quiero!—
Los demás las miraron inquisitivos, como si supieran que ella haría eso y por eso le daban la oportunidad de hacerlo. Por qué no la aceptaban al cien por ciento, si era una chica con las mejores cualidades y la mejor disposición para con las cosas? De seguro le tenían envidia por ser tan dotada.
—Bien Kotoko!— Sonrió el muchacho de manera infantil, resaltando su perfecta dentadura, y ahí fue donde le cayó el veinte. El chico era Nozomi Yuuki, otro de los amigos de Kotoko desde la secundaria.
—Si, bueno— Se puso de pie, acomodándose el cabello que ya estaba a la altura del pecho resaltando sus grandes ojos color avellana.
—Espera!— La retuvo Nozomi con las manos en alto, haciendo que Kotoko se quedara pasmada.
—Em— Balbuceó.
—Canta una canción personal— Pidió demandante, retorciendo el ojo. —Una que relate un hecho importante en tu vida, esas son las canciones que mejores le llegan a uno; las emotivas!— Exclamó inspirado, extendiendo los brazos al aire no sin antes agarrar la guitarra para evitar que esta se cayera al suelo.
Kotoko se quedó tomada desprevenida, a lo que se quedó pensativa con el dedo debajo del mentón arrugando el ceño.
Naoki la analizó, curioso de saber lo que ocurría en la mente enigmática de Kotoko, la mente que tanta intriga le provocaba.
Qué pensara? Qué cosas se le vendrán a la mente cuando reflexiona o cuando está pensando en una respuesta para responder? Serán pensamientos buenos o pensamientos malos? O solo serán las respuestas para curar su malestar?
De pronto, se acercó a Nozomi con gesto serio, se inclinó a su oído y le susurró algo, moviendo la mano derecha para expresar una idea.
La curiosidad de Naoki estaba al pique.
Kotoko se posicionó en el centro del círculo con los brazos a los costados, la cabeza en alto, modificando su despreocupado semblante a uno serio y dispuesto.
—Bueno, voy a cantar—Anunció, viendo de reojo a Nozomi que esperaba la señal para empezar a tocar la guitarra. Ambos asintieron en unísono.
Comenzó a cantar la canción de "Cactus" de Gustavo Cerati con seriedad, balanceando su peso a través de los pies que se iban meciendo a su antojo; él, por el otro lado, la analizaba con quietud, pero al mismo tiempo con contenido, queriendo por un instante tomarla entre sus brazos y salir huyendo de allí mas no podía hacerlo hasta tener asegurada su posición en su corazón.
Ah! Suspiró atolondrado de tantos pensamientos en un solo espacio de tiempo que se entremezclaba con aquello que contemplaba con quietud. A veces podía parecer un hombre poco coherente, aunque reiteraba que no se consideraba demasiado orgulloso para su propio bien (Aunque en realidad sí era un hombre exageradamente orgulloso y narcisista), asimismo, lidiar con su orgullo y narcisismo no eran los objetivos que se había propuesto.
Nada de esas tonterías que lo harían perder el tiempo en lo valioso que tenía justo frente suyo. Tenía a una mujer que quería, que añoraba con fervor, con la mujer que él soñaba despierto y se la imaginaba en todas partes, incluso cuando debía prestar atención en clase. Agradecía de antemano no ser un desastre en cuanto a estudios se refería, porque era obvio que su coeficiente intelectual de doscientos resultaba benéfico en esos casos.
Gracias a su inteligencia disponía del tiempo para poder ver a Kotoko cantar cuando un estudiante promedio estuviera rompiéndose la cabeza tratando de hacer la tarea.
Sonrió de lado, victorioso, pero desdichado al no ser el novio de Kotoko todavía.
Depositó ambos brazos a los costados, respirando lenta y pausadamente conforme la veía cantar y fluir con la letra de la canción, misma que expresaba con seriedad.
Ella de pronto, sonrió cambiando su serio semblante a uno liberador. Fue ahí, cuando la canción terminó y con ello, algo sucedió en ambos que a él le hizo clic.
Sus miradas se cruzaron en ese breve instante.
Será que el amor comenzaba a brotar entre ellos?
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P.D. (Mención a la canción "Cactus" de Gustavo Cerati)
