NOTAS DE LA AUTORA:

-¡Hola! Antes que nada gracias por el apoyo, me han dado muchísimo ánimo. Espero que esta historia les esté agradando. Díganme que les está pareciendo.

-Para mí es muy divertido escribirla, no sé si hubo alguien que haya leído la versión original, estoy segura que de haberlo hecho notarán el gran cambio que le estoy dando a los personajes, sobre todo a Luffy y la manera en que llegó al pasado.

-Por cierto Sanji no reacciona como normalmente lo hace con las mujeres ya que las Sognatoris no son mujeres exactamente, son algo parecido a los seres divinos pero sin género.

-Pronto vendrá el siguiente capítulo. Les dejo disfrutar de este, besos.

-One Piece no me pertenece, los personajes son creación de Eiichiro Oda.


Capítulo 2

Hace dos años caí presa de la Nebbia Scura, fue el humano de nombre Monkey D. Luffy quien me salvó y por ello he venido a pagar mi deuda con él.

¿Nebbia Scura?—preguntó Usopp.

Es un enemigo natural de nuestra especie.

He escuchado de ustedes—Robin no podía ocultar su curiosidad—las Sognatori o las también conocidas como ''Las que conceden deseos''.

Eres una mujer lista Nico Robin.

¿Cómo sabes su nombre? —preguntó Jinbe algo cauteloso.

Yo lo sé todo. En fin ya ha pasado mucho tiempo y ahora finalmente puedo pagar mi deuda, aunque hubiera sido más sencillo antes, en ese momento...

¿Y por qué no le cumpliste a Luffy su deseo en esa ocasión?—esta vez fue Nami.

Porque no podía, nosotras podemos cumplir cualquier deseo a cualquier persona que escojamos pero solo es posible cuando recibimos el llamado.

¿Llamado? —la navegante seguía curiosa.

El llamado, el final, la muerte—una misteriosa sonrisa se posó en sus rasgos.

En otras palabras solo pueden hacerlo cuando estén al borde de la muerte—completó la arqueóloga, la criatura asintió.

Algunos de los piratas se estremecieron ante eso, Chopper incluso quiso preguntar si había algo que pudiera hacer, su alma de médico se negaba a dejar morir a nadie.

Tienes un alma noble Tony Tony Chopper pero no hay nada que puedas hacer.

¿Cómo...?

Ya lo dije, yo lo sé todo. Así como también sé cuál es el deseo que se encuentra en lo más profundo del corazón del humano Monkey D. Luffy.

Un deseo de Luffy-san—Brook tenía un aire pensativo—podría ser... ¿Ace-san? —todos los Sombrero de Paja miraron bruscamente a Brook, él solo soltó su clásica risa—Yohohoho es solo que yo daría todo por volver a ver al Capitán Yorki y mis antiguos nakamas, estoy seguro de que Luffy-san también desea volver a ver a su hermano.

Pero Sabo también... —comenzó Usopp.

Luffy-san no lo sabe—el francotirador bajó la cabeza ante eso.

Entonces—Zoro habló con el ceño fruncido— ¿revivirás a Ace?

No, hay cosas que ni siquiera nosotras podemos hacer.

¿Y qué es lo que planeas hacer?—Sanji también fruncía el ceño.

No puedo revivir al humano de nombre Gol D. Ace—Jinbe quiso corregirla, decirle que era Portgas pero al final decidió callar—ni siquiera las Sognatori podemos burlar a la muerte pero sí puedo hacer otra cosa, puedo llevarlo al momento, justo a tiempo como para evitarlo pero el tiempo también es difícil y no podré hacerlo sin un pago, sin un intercambio equivalente.

Robin fue de las pocas que entendió todo lo dicho por la criatura.

¿Qué le quitarás a Luffy?—su voz sonó un poco dura— ¿qué es lo suficientemente valioso como para dejarlo viajar en el tiempo?

En un segundo la tensión se multiplicó por mil.

Sus recuerdos, todo lo relacionado con el humano llamado Gol D. Ace desaparecerá de su memoria para siempre...


En los peligrosos mares del Nuevo Mundo un gran barco hacía su recorrido, y sentado en la cabeza de proa con forma de ballena estaba dormitando contento un Portgas D. Ace de 19 años, el joven disfrutaba del ambiente familiar que se apreciaba en el Moby Dick pero sobretodo disfrutaba de lo que él mismo llamaba aire de libertad.

Cuando dejó su pueblo en el East Blue a los 17 años él salió al mar con hambre de gloria, quería llegar a lo más alto, quería ser el Rey Pirata; o al menos eso se dijo a sí mismo. Se convirtió en Capitán de una tripulación pirata, sintió la presión de tener que hacerse un nombre y sobretodo velar por sus nakamas, siendo desde pequeño una persona algo solitaria aquello le costó bastante y si bien amaba las aventuras sobre todo las batallas y se divertía junto a sus nakamas, había algo en su interior que no se sentía correcto, algo que lo estaba oprimiendo.

Algo que no le dejaba ser completamente libre.

Tuvo que chocar contra el gran muro que era Edward Newgate ''Shirohige'' para finalmente hallar su respuesta.

Cuando llegó a la tripulación bajo el cobijo de Shirohige encontró aquello que había buscado durante toda su vida pero que realmente ni él mismo sabía que lo hacía, un lugar al que pudiera llamar hogar, un lugar donde era aceptado. De pronto tuvo un padre, muchos nuevos hermanos y por fin se sintió libre; claro todo lo libre que se podía sentir, porque a pesar de interactuar con ellos, de amarlos a todos, él todavía llevaba ese gran peso en su interior. Esa carga que parecía no abandonarlo nunca. Ese miedo que lo carcomía por dentro.

A pesar de todo lo que ya habían vivido Ace todavía no se atrevía a contarles su verdadero apellido, no se atrevía a revelar que era el hijo de Gol D. Roger.

Era en esos momentos cuando más echaba de menos a aquel que lo había aceptado por completo, incluso con su asqueroso linaje.

Rara vez sentía nostalgia pero cuando se trataba de Luffy era distinto, él era su hermano pequeño, aquel que junto a Sabo había logrado salvarlo de la soledad. El que logró mostrarle el verdadero significado de la palabra "familia".

'' — ¡Ace! Shishishi…''

Sonrió al recordar la enorme sonrisa de su hermanito al llamarlo, Luffy siempre parecía feliz al estar con él y ese simple detalle había llenado de calidez el corazón de un pequeño Ace de 10 años y seguía haciéndolo incluso ahora.

—Me pregunto qué estará haciendo el idiota.

— ¿Qué idiota?

— ¡WAAAA! ¡Maldita sea Thatch!—gruñó algo molesto.

—Jajaja solo por tu cara valió la pena—cuando el cocinero vio a su nuevo hermano menor tan concentrado su lado malvado se había activado, por lo que sin dudar se había acercado para darle una pequeña sorpresa.

—Tks— Ace desvió la mirada, el Comandante de la Cuarta División siempre actuaba de esa forma, simplemente no tenía remedio. Le gustaba hacer bromas o molestar a los demás en especial a Marco y bueno, Ace tenía que admitir que no podía evitar divertirse con las caras que el comúnmente aburrido Marco hacía cuando se trataba de Thatch.

—Aun así dime, ¿quién es la afortunada que te tiene sonriendo y suspirando?

—Jaja no hay afortunada—Ace sonrió, siempre lo hacía al recordar a su familia—estaba pensando en mi... —se detuvo abruptamente.

Habían pasado algunos meses desde que decidió aceptar la marca de Barbablanca y vivir como uno de sus hijos, confiaba en él y confiaba en sus nuevos hermanos pero a pesar de eso en todo este tiempo no les había revelado muchas cosas y una de esas era la existencia de Luffy. Dentro suyo había alguna especie de instinto protector que le impedía hablar de él, como si el solo hecho de que los demás supieran de su existencia lo pusiera en peligro.

Luego levantó la cara y vio los amigables ojos de Thatch, una de las primeras personas a bordo que lo aceptó 'al diablo, ¡es Thatch! Mi nakama, puedo confiar en todos mis nakamas' pensó con decisión.

—Estaba pensando en mi hermanito—pese a que no quería hacerlo su voz sonó algo más baja '¡Maldición, estoy siendo ridículo!' se reprendió.

— ¿Hermanito? No sabía que tenías un hermano—Thatch estaba realmente sorprendido, Ace era todo un misterio cuando se trataba de su vida personal, así que fue una gran revelación saber que tenía un hermano.

—Sí, verás se llama Luffy, es tres años menor que yo y siempre solía meterse en todo tipo de problemas—sonrió al recordarlo, a medida que más hablaba más confianza sentía—y bueno hoy al ver el paisaje simplemente lo recordé, a Lu le encantaría ver esto—los rasgos de Ace se suavizaban al hablar del tal Luffy, parecía quererlo mucho notó el cocinero. Y por la manera en que lo describía Thatch sentía que ese muchacho le caería bien—pero en fin supongo no falta mucho para verlo.

— ¿Qué quieres decir?—no ocultó la curiosidad en su voz.

—El idiota dice que se convertirá en el Rey de los Piratas jajaja así que no tardará en zarpar—por más que lo intentaba Ace no podía imaginarse a Luffy convirtiéndose en el Rey Pirata, siempre había sido un llorón.

—Vaya tu hermano sueña en grande, me gustaría conocerlo—y no mentía, el chico parecía ser todo un caso y le daba mucha curiosidad.

En ese momento una enorme explosión puso en guardia a todos los comandantes y miembros de división a bordo incluido Ace que no era comandante pero sin duda en poco tiempo se había ganado el respeto y reconocimiento de todas las personas a bordo del Moby Dick.

— ¿Qué fue eso?—la tensión en el cuerpo de Thatch era evidente.

—Vamos—la expresión de Ace se endureció completamente, no permitiría que nadie le faltara el respeto a su padre y menos a su barco.

En el medio del barco había una espesa capa de humo saliendo. En sus mentes todos se preguntaban quién era lo suficientemente estúpido como para retar a Shirohige tan descaradamente.

'Nadie puede ser tan estúpido como Ace' no pudieron evitar pensar algunos.

Marco fue el primero en llegar y les ordenó a todos que se quedaran donde estaban, lentamente se acercó al sitio esperando encontrar algún tipo de trampa y para su gran sorpresa vio a un muchacho joven que no parecía pasar de los veinte años, tenía un sombrero de paja que le resultaba demasiado familiar y una insana cantidad de heridas en todo su cuerpo. Eso último le hizo moverse.

— ¡Traigan una camilla rápido! ¡También necesitaré ayuda aquí!

Sin perder tiempo la tripulación acató la orden y una de las enfermeras no tardó en llegar. Desde su lugar algo apartado Ace contemplaba a sus nakamas mientras estos trataban de ayudar al extraño, al notar que no había ningún peligro se relajó notablemente y un nuevo sentimiento lo invadió, sentía una gran curiosidad por ese sujeto que había aparecido de la nada en el Moby Dick por lo que lentamente caminó hacia el lugar.

A medida que se acercaba empezaba a sentirse ansioso por alguna razón. Tenía un mal presentimiento y para Ace que siempre confiaba en su instinto aquello no fue un buen augurio en lo absoluto. Lo primero que vio al llegar al sitio fue una cabellera negra que parecía rebelde y fue bajando su mirada hasta llegar a un sombrero de paja bastante familiar, 'sombrero de paja… ¿sombrero de paja?... ¡SOMBRERO DE PAJA!'

— ¡LUFFY! —En cuestión de segundos Ace yacía a lado de su hermano — ¿Lu qué tienes? —Lo tomó en sus brazos y lo empezó a sacudir — ¡vamos Lu no me hagas esto! ¡despierta maldición! No te atrevas a morir mocoso llorón—el pánico estaba a punto de acabar con él. Por más que le hablaba no respondía y sangraba demasiado, su hermanito no podía morirse en sus brazos, él no lo soportaría.

Marco lo golpeó en la cabeza con mucha fuerza.

— ¡Ya cálmate-yoi!

— ¡¿Qué mierda te pasa Marco?!

— ¡Deja de actuar como una histérica Ace!

— ¡¿A quién demonios llamas histérica?!

— ¡A ti! ¡¿Ves alguien más por aquí?!

—Etto... mmm... Comandante, Ace... —la enfermera quería atender al chico pero no podía porque esos dos (Ace) no lo soltaba.

— ¡QUÉ! —respondieron al mismo tiempo.

—Desearía atender al chico si me lo permiten…—puso una sonrisa incómoda.

— ¡LUU!

— ¡CÁLLATE! —Marco lo volvió a golpear.


Sintió una brisa fresca rozar su piel, había recuperado la conciencia hacia algunos segundos sin embargo sentía tanta paz en ese momento que se quedó en esa posición solo disfrutando del olor tan familiar y del sonido del mar golpeando la costa. Finalmente los rayos del sol alcanzaron su rostro y no le quedó más opción que abrir los ojos.

El inmenso cielo azul fue lo primero que vio. Podía sentir como la ansiedad invadía su cuerpo por completo.

Realmente estaba allí, todavía no podía creerlo. Era demasiado, miles de sensaciones se arremolinaban en su interior pero no tenía dudas era ese lugar. Tenía que ser ese lugar.

Armándose de valor se levantó y comenzó a caminar; perdió el aliento al reconocer ese gran árbol justo en medio de la isla, tan familiar y a la vez tan distante. Ya habían pasado más de veinte años.

Se estremeció nuevamente.

—Ha sido mucho tiempo, no pensé que alguna vez volvería aquí—una lágrima escapó sin su consentimiento—cuanta nostalgia, Ohara.

Y así con muchos sentimientos encontrados en su interior, Nico Robin inició su camino.